Las matanzas con arma de fuego se han convertido en una verdadera epidemia en los Estados Unidos. El siguiente ensayo recuerda el origen de las más terribles de todas: las que ocurren en establecimientos escolares. Una historia siniestra en la que Columbine es mito y modelo.
La reciente matanza escolar en Uvalde, Texas, tiene un triste e ilustre antecesor: el tiroteo en la preparatoria de Columbine el 20 de abril de 1999, en donde dos alumnos, Eric Harris (1981-1999) y Dylan Klebold (1981-1999), después de asesinar a trece personas, cometieron suicidio en la biblioteca de la escuela e iniciaron una infección que puede rastrearse hasta el presente: la de otros tiroteos inspirados por estos dos.1 ¿Qué es lo que posee Columbine que funciona como punto de partida para otras masacres escolares?
El tiroteo en esta preparatoria fue inmortalizado por Michael Moore en su documental Bowling for Columbine (2002) y desmenuzado por Dave Cullen en su extraordinario libro Columbine (2009), un minucioso y extraordinario recuento de lo sucedido aquella mañana de 1999. Columbine representa un parteaguas en la cultura norteamericana, no porque antes no hubiese tiroteos escolares —valga recordar a Charles Whitman, que con un rifle de francotirador mató a 25 personas escondiéndose en una torre en la Universidad de Texas— sino porque en Columbine se usaron tecnologías específicas para narrar la masacre, por el momento político en el que sucedió y por ser la culminación de una extraña alza en tiroteos escolares ocurridos entre 1997 y 1998,2 cuando desde 1994 el país había visto una disminución sostenida en el número de homicidios.3 Desde el principio, Columbine fue malinterpretado, pues Eric Harris y Dylan Klebold no habían planeado un tiroteo escolar, sino un ataque terrorista.
A partir de Columbine, las armas en Estados Unidos se convertirían en uno de los espacios político-electorales más sensibles, pues la aprobación de la Brady Bill en 1993, que permitía una verificación de antecedentes en los compradores de armas, sería, según el propio Bill Clinton,4 la principal responsable de la derrota de los Demócratas en las elecciones intermedias de 1994. Newt Gingrinch, el nuevo orador de la Cámara de Representantes, un Republicano, percibió la oportunidad que se avecinaba y declaró que ninguna otra legislación en torno a las armas pasaría bajo su mandato.5 A partir de ese momento las armas habrían de votar. Además, apenas unos días después de la masacre en Columbine, la National Rifle Association (NRA) —de por sí ya ofendida por las subsecuentes legislaciones en torno a las armas—decidió tener su reunión anual en Denver, Colorado, estado donde ocurrió el tiroteo.

Después de Columbine, las siguientes masacres escolares serían vistas como una forma cada vez más espontánea de violencia desbocada, pero también como un producto social que navega los espacios de la política, de la cultura y de las emociones. No es ninguna sorpresa que en Estados Unidos la discusión en torno a las armas ya no tenga mucho que ver con la Segunda Enmienda —a pesar de que esa sea su raíz— sino con la división político cultural entre Demócratas y Republicanos. Por ejemplo, según el Pew Research Center, mientras que un 57 % de aquellos que se identifican como Republicanos poseen un arma o viven con alguien que tiene una, entre Demócratas el porcentaje cae a 25 %.6 La misma división demográfica y cultural puede verse respecto a la creencia de si el cambio climático es causado por actividad humana7 o a la división política respecto a la vacunación contra el covid-19.8 Según la revista The Economist, tan solo entre 2020 y 2021, en Estados Unidos se vendieron 43 millones de armas.9 En el estado donde vivo, Wisconsin, 45 % por ciento de la población posee un arma.10 Tan comunes se han vuelto estas masacres que The Washington Post comenzó a publicar un resumen de cada masacre escolar en su página a partir de Columbine.11
La perversa narrativa de la NRA de que “solo un tipo bueno con un arma puede detener a un tipo malo con un arma”12 —palabras textuales del vicepresidente Ejecutivo en 2012, Wayne La Pierre, en respuesta a la masacre en la escuela primaria de Sandy Hook— ha mostrado su escalofriante ineficacia. Mientras Salvador Ramos —autor de la masacre en Uvalde, Texas— mataba niños dentro de la escuela, la policía esperaba afuera, según reportes de medios locales. A los padres de familia que querían entrar a la escuela para salvar a sus hijos los rociaron con gas pimienta y los tiraron al suelo.Algo similar sucedió en Parkland, Florida, donde el ahora retirado oficial de seguridad de la escuela, Scott Peterson, decidió no entrar a la preparatoria para confrontar a Nicolás Cruz, que mató a 17 personas e hirió a otras 17. Lo contrario ocurrió en Columbine, al menos parcialmente, pues un oficial de policía, Neil Gardner, intercambió disparos con Eric Harris y Dylan Klebold. Y esa fue toda la confrontación, ineficiente y mínima. Los equipos SWAT tardaron horas en entrar, y cuando lo hicieron Harris y Klebold ya habían cometido suicidio.
Eric Harris, “un psicópata”13 observaba una tendencia al “sadismo” y “rasgos paranoides”, como una obsesión en torno a la “independencia y al autocontrol”.14 Los psicópatas no sienten nada “profundo, complejo, o estable”.15 Klebold, por otro lado, sufría de varios trastornos de la personalidad, como una “timidez extrema que puede llegar a ser socialmente debilitante” o rasgos esquizotípicos de la personalidad, reflejados en “aberraciones cognitivas que pueden incluir un uso idiosincrásico del lenguaje”,16 como la creación personal de un idioma o el uso inadecuado de palabras. Se ha sugerido que Eric Harris hubiese cometido el tiroteo con o sin Dylan Klebold, el cual, según algunos de sus compañeros, era sólo un “seguidor”. Los diarios de los adolescentes, publicados en 2006, ayudaron a los investigadores a penetrar en sus mentes. En palabras de Langman: “Los pensamientos de Eric son perturbadores; los procesos mentales de Dylan están perturbados”.17 Si, como dice Cullen, para los psicópatas el “horror es puramente intelectual”,18 habría que añadir que para alguien como Klebold el horror es puramente una interrupción más en el mundo. La relación entre estos dos es más complicada, pues sus personalidades eran totalmente opuestas. Se ha insistido en la timidez de Klebold y en los arranques de cólera de Harris. Dice Langman:
El diario de Eric estaba lleno de pensamientos homicidas, con pocas referencias al suicidio. El diario de Dylan estaba lleno de pensamientos suicidas, con pocas referencias al homicidio. El odio de Eric estaba dirigido hacia los otros inferiores. El odio de Dylan estaba dirigido hacia su yo inferior.19
Mientras que la psicopatía de Harris y su narcisismo y egoísmos extremos lo llevaron a pensar que era Dios, Klebold llegó a la misma conclusión, pero por el camino contrario: sintiéndose tan diferente que pensó que no era humano, sino un ser divino. Estos rasgos de la personalidad de cada uno se expresaron en la matanza. Mientras que Dylan Klebold es responsable por la muerte de 5 personas y por las heridas de otras 7, Eric Harris es responsable por la muerte de 7 personas y por las heridas de otras 12. Los dos le dispararon a William Sanders, un profesor de la escuela, por lo que, según Dave Cullen, “no sabemos a ciencia cierta quién lo mató”.20 Eric Harris disparó 121 veces; Dylan Klebold, 67. De hecho, algunos testigos de la masacre afirman que Eric Harris “le decía a Dylan dónde disparar”.21
Columbine, además, ha resonado en la cultura norteamericana por una suerte de caja de eco mediática de la masacre. En YouTube, todavía hay videos de Harris y Klebold practicando su puntería en bosques cercanos a la preparatoria, así como proyectos escolares en donde ambos actúan como guardaespaldas en contra de bravucones que acosan a alumnos. Los famosísimos y muy buscados “vídeos del sótano”, en donde Harris y Klebold hablan de sus planes, fueron resguardados y, dicen algunos, destruidos por la policía después de la masacre. Si llegaran a aparecer, más de uno pagaría por verlos. El único medio que accedió a ellos fue la revista Time, en donde Eric Harris llegó a decir, con escalofriante exactitud, que empezarían una “revolución”22 Según el reportaje, los adolescentes calcularon 250 muertos, pero las bombas caseras que habían hecho fallaron en aquel momento. Ambos perpetradores fueron prolíficos en sus odios, ecuménicos o personales, volcados en sus escritos, que algunos leen con fervor. Los rastros de la vida digital de Harris y Klebold difícilmente desaparecerán de internet. Harris, además, creó varios niveles para Doom, un popular videojuego de disparos. Estos niveles pueden verse en YouTube y descargarse en algunas páginas. Se puede jugar —literalmente— dentro de la mente del asesino.
Por otro lado, la masacre de Columbine sucedió en medio de la legislación que aprobó la administración de Bill Clinton (1992-2000) para limitar la posesión y adquisición de armas. Nada de eso importó, pues Eric Harris y Dylan Klebold, a pesar de ser menores de edad, lograron adquirir varias pistolas y escopetas que usarían en la masacre.
Un estudio de Charles DiMaggio, del Departamento de Cirugía de la Universidad de Nueva York, acerca de los tiroteos masivos ocurridos entre 1981 y 2017, concluye que la prohibición sobre armas de alto poder contribuyó a que hubiese un “70 % menos de probabilidades de que hubiese muertos”.23

Otros son más cautos, como un estudio encargado por el Departamento de Justicia estadunidense, el cual concluye que “es probable que el impacto de la prohibición sobre la violencia con armas de fuego sea, en el mejor de los casos, pequeño, y quizás demasiado pequeño para una medición fiable”.24
Finalmente, la plétora de motivos sobre el actuar de Harris y Klebold contribuyeron al mito. Acosadores escolares, cultura gótica, Marylin Manson, videojuegos, o la “Mafia de las gabardinas” —pues los asesinos las usaron antes y durante la masacre— alimentaron la leyenda de Columbine. El motivo, sin embargo, era otro: los adolescentes, inspirados en Timothy McVeigh —que bombardeó en 1995 el Edificio Federal de Oklahoma City— querían provocar el mayor ataque terrorista en la historia de Estados Unidos. Nos acordamos de las armas utilizadas, pero no de las bombas que se encontraron en la cafetería de la preparatoria y que, afortunadamente, no explotaron. Por eso empezaron a disparar. Tampoco parece haber demasiado eco en la planeación —les tomó un año— en donde Harris llegó a calcular que, para las 11:15 a. m., habría más de quinientas posibles víctimas.
Para más señas, el ataque en Columbine fue planeado para el 19 de abril de 1999, aniversario del bombardeo de McVeigh, del asalto en Waco, Texas —en donde un grupo religioso prefirió inmolarse antes que entregar sus armas al Gobierno Federal norteamericano— y de la disolución en Arkansas del grupo armado La Alianza, la Espada y el Brazo del Señor, que le había declarado la guerra al gobierno en 1983. Debido a que Eric Harris no consiguió municiones sino hasta la noche del 19, la matanza se aplazó para el día siguiente. A las 11:19 de la mañana de aquel día sonaría el primer disparo.
Columbine ya era mito, modelo, y continuación.
Guillermo Fajardo
Escritor. Doctor en literatura y cultura hispanoamericana por la Universidad de Minnesota Twin-Cities.
1 Langman, P. “Role Models, Contagions, and Copycats: An Exploration of the Influence of Prior Killers on Subsequent Attacks”, Schooler Shooter info, versión 2.1, 19 Junio 2017, p. 14.
2 Langman, P. Why Kids Kill: Inside the Mind of School Shooters, Palgrave Macmillan, 2009, p. 4.
3 Cooper, A. y Erica L. Smith. “Homicide Trends in the United States, 1980-2008”, U.S. Department of Justice, November 2011.
4 Tau, B. “Clinton: Don’t trivialize gun culture”, Politico, 20 de enero, 2013.
5 Zremski, J. “Gun-Control Law Face Uphill Battle”, The Buffalo News, 7 de junio 1996.
6 Parker, K., y otros. “America’s Complex Relationship with Guns”, Pew Research Center, 22 de junio 2017.
7 Saad, L. “Global Warming Attitudes Frozen since 2016”, Gallup, 5 de abril 2021.
8 KFF, “KFF Covid-19 Vaccine Monitor”, KFF.
9 “Perhaps make it a bit harder to buy one?” The Economist, 28 de mayo 2022.
10 McCracken, H., y otros. “Gun Ownership in America”. Rand Corporation.
11 Cox Woodrow, J., y otros. “More than 311, 000 students have experienced gun violence since Columbine”. The Washington Post.
12 Lee, S. “How the ‘good guy with a gun’ became a deadly American fantasy”, PBS, 8 de junio 2019.
13 Cullen, D. Columbine, Hachette Book Group, 2021, p. 236.
14 Todas las citas vienen de Langman, P. Why Kids Kill: Inside the Mind of School Shooters, Palgrave Macmillan, 2009, p.42, 35 y 33. Ibid., 33.
15 Cullen, D. Columbine, ob. cit. 2021, p. 243
16 Ibid, p. 51 y 54.
17 Ibid, p. 52.
18 Cullen, D. Columbine, ob. cit. p. 243.
19 Langman, P. Why Kids Kill: Inside the Mind of School Shooters, ob. cit. p. 62.
20 Cullen, D. “Columbine FAQ”, Dave Cullen.com
21 Langman, P. Why Kids Kill: Inside the Mind of School Shooters, ob. cit. p. 63.
22 Gibbs N., y Roche, T. “The Columbine Tapes”, Time Magazine, 20 de diciembre 1999.
23 DiMaggio, Ch., y otros. “Changes in US mass shooting deaths associated with the 1994–2004 federal assault weapons ban: Analysis of open-source data”, Journal of Trauma and Acute Care Surgery, vol. 86, 1, enero 2019, pp. 11-19.
24 Kope S. Ch. y otros. “An Updated Assessment of the Federal Assault Weapons Ban: Impacts on Gun Markets and Gun Violence, 1994-2003 Report to the National Institute of Justice, United States Department of Justice”. Jerry Lee Center of Criminology, junio 2004.