Tlaloc y la mano del PRI

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Esta semana se inauguró en la cartelera un auténtico viaje en el tiempo (y a una mentalidad) que ya se nos fue pero que sigue presente. Esa fue la era del desarrollo estabilizador y esa mentalidad fue la del proyecto de nacionalismo revolucionario que promovió el PRI de aquellos años. Se trata de la película documental La piedra ausente. El filme, dirigido por la antropóloga Sandra Rozental y el documentalista Jesse Lerner, retrata el traslado del Tláloc en 1964: el viaje ¿secuestro? de la roca monolítica, del enorme «ídolo», desde el pueblo de Coatlinchán hasta el recién inaugurado y modernísimo Museo de Antropología.

la piedra ausenteLa presentación del documental es sobresaliente por varias razones. Primero, entrevista a varias generaciones de habitantes de Coatlinchán para retratar los recuerdos del secuestro y traslado de la roca. A partir de esas entrevistas también rastrea la existencia simbólica del Tlaloc en el pasado y en el presente de ese pueblo enclavado en las orillas del lago de Texcoco. El documental también presenta entrevistas con los encargados del proyecto: el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez y su equipo de ingenieros. Por otro lado, la conexión de la efigie con nuestro pasado prehispánico es tomado con buenas dosis de sentido del humor en una serie de animaciones notables, hechas cuadro por cuadro, que divagan sobre los orígenes y significado de la roca. Por último, el documental utiliza una gran cantidad de material original de la época. Imágenes que literalmente transportan al público a una ciudad en construcción, en plena vía hacia la modernidad y con una clara idea de la nación que quería construir. Y no que ésto sea necesariamente bueno. Las entrevistas a un engoladísimo Torres Bodet como Secretario de Educación son muy propias del gusto por el «hombre universal» en aquella época. Las intervenciones presidenciales y la asociación con Televisa para transmitir el evento del Tlaloc como una suerte de propaganda del régimen, son muy buenas para pensar cómo, una década después, ocurriría algo similar con la nueva basílica de Guadalupe. Y las reacciones del arquitecto Ramírez Vázquez a las protestas de los pobladores de Coatlinchán son también documentos de valía cultural en sí mismos. Todos retratan una era, una ciudad y una mentalidad política que, aunque el documental no hace explícitas, sí que las deja ver.

La película, no sólo contrasta sutilmente aquella época con la nuestra, sino que también ayuda al espectador a entender un poco mejor el contexto y las pistas que llevarían al desarrollo del gran proyecto olímpico de Ramírez Vázquez, así como a algunos de los impulsos autoritarios que alimentarían los peores acontecimientos de 1968.

Por todo lo anterior, este es un filme entretenido y evocador que al montarse en un momento histórico particular, invita a seguir reflexionando sobre una identidad compartida y una manera de pensar el mundo que aunque ya empieza a abandonar nuestras mentes, aún nos acompaña en las rocas, en las calles, y en los museos.

Vaya a verla y a confrontar. Tlaloc así lo hubiera querido.

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Publicado en: Cine