The Rain: un menguado postapocalipsis juvenil

The Rain, la primera serie danesa de Netflix, es un thriller distópico que nos enfrenta a uno de los miedos más profundos que se fraguan en nuestro imaginario colectivo: la posibilidad de desaparecer a causa del daño ejercido sobre la naturaleza.

Dirección: Jannik Tai MosholtEsben toft Jacobsen, Christian Potalivo, Natasha Arthy
Guion: Jannik Tai Mosholt, Christian Potalivo, Esben toft Jacobsen
País: Dinamarca
Elenco: Alba AugustLucas Lynggaard TønnesenMikkel Boe FølsgaardLukas Løkken
Productora: Miso Film
Distribuidora: Netflix
Año: 2018

En estos días de efervescencia geopolítica y sensibilidad ecológica, no es difícil concebir que una catástrofe natural causada por el ser humano tenga un impacto tan fuerte que traiga la destrucción a la mayoría de nuestra propia especie. ¿Qué sucedería entonces? ¿Cuál sería la nueva organización social (si es que la sociedad, con el tiempo, llegara a reorganizarse después del cataclismo)? En The Rain esas preguntas se responden tácitamente, desde una óptica híbrida, situada entre el terror y el documental, y bajo un marco de ciencia ficción postapocalíptico.

Producida en Dinamarca, esta teleserie de ocho episodios cortos (entre 35 y 48 minutos de duración) nos sumerge en un universo fracturado que descubrimos a través de la historia de Simone, una joven muchacha que súbitamente se ve inmersa en una situación excesiva: se encuentra refugiada dentro de un búnker nuclear y debe hacerse cargo de sí misma y de Rasmus, su hermano menor. Ambos se ven obligados a pasar seis años sin salir a la superficie, pues un virus patente en la lluvia ha causado la muerte de tres cuartas partes de la humanidad y sigue siendo una amenaza. El acecho de un elemento natural y cotidiano como la lluvia delimita el terror contenido en la vida de estos hermanos —con los cuales el espectador se terminará identificando—. Al momento de su regreso a la civilización (o lo que queda de ella), los dos jóvenes tendrán que lidiar con los diferentes clanes de supervivientes que merodean por las poblaciones danesas y sobre todo con un extraño grupo militar vinculado a la compañía donde trabajaba su padre.

De una manufactura austera pero apropiada, The Rain no sobresale por la originalidad de su historia, ni por la interpretación —correcta, pero fácil de olvidar— de Alba August o Lucas Lynggaard. Lo que impacta en la serie es la facilidad para atrapar al espectador (sobre todo si éste nació después de 1980) pese al tibio desarrollo de sus narrativas. La duración de los capítulos y una poética audiovisual que conjuga géneros como la ciencia ficción o el thriller, y formatos como el de la novela gráfica o los videojuegos, hace que seamos indulgentes y dejemos a un lado por momentos la floja ejecución de la trama y su evidente confusión a la hora de acumular tópicos.

Por otra parte, su estrategia visual reposa sobre un principio muy simple: un tránsito entre el pasado preapocalíptico (flashbacks que explican el carácter y las acciones de cada personaje) y un desarrollo rápido —quizá demasiado— de la línea narrativa del presente. Las abundantes situaciones de tensión por un peligro inminente contienen una transición marcada por primeros planos y acercamientos que se resuelven de manera adecuada, con excepción de algunas secuencias en donde los giros son demasiado predecibles o se alejan de lo obvio para luego desembocar en éste. Asimismo, tampoco se puede dejar de lado una reprobación de esas interminables y abundantes escenas melodramáticas —que por lo general recrean un momento de proximidad amistosa o romántica entre dos personajes— en las que se recurre a la cámara lenta y a un fondo musical amoroso (o que pretende serlo).

Sin embargo, el uso de estas herramientas y modos no es el mayor problema de The Rain. De hecho, hay producciones que le preceden en temática y narrativa, como es el caso de The Walking Dead —conocemos a cada personaje a partir de flashbacks reveladores y los vemos actuar dentro del grupo de supervivencia, a veces de manera inverosímil—, y hay otras que se desenvuelven en una atmósfera juvenil, oscura y apocalíptica como la aclamada serie alemana Dark. El inconveniente con The Rain es que el uso de estos recursos es torpe y superficial, pues la alternancia entre los flashbacks, las escenas misteriosas y la progresión del relato no obedecen a una estructura narrativa sólida (a veces confunden más de lo que explican) y no cuentan con la profundidad necesaria para el desarrollo psicológico de sus personajes (que al final carecen de interés por su poca complejidad).

En otras producciones el espectador siente la tensión emocional tras cada corte, se puede imaginar a sí mismo en una situación similar, pues la historia goza de verosimilitud (en muchas series no es necesario un relato realista para ser creíble). No sucede así en The Rain, donde hace falta comprender (o pertenecer a) los códigos efectistas y banales de narrativas como la saga Crepúsculo, o simplemente dejarse llevar por las intrigas de conspiración y el ritmo frenético de los episodios para completar la primera temporada —y terminar con una inevitable sensación de vacío.

Sería un poco ingenuo creer que un gigante de la producción y distribución como Netflix no es consciente de las falencias de su entrega. No obstante, lo más plausible es que en su búsqueda y propuesta de nuevos públicos, está tratando de llegar rápido y sin miramientos a otras audiencias reacias a sus obras más aplaudidas. Además, es cierto que, de por sí, el mero hecho de plantear la crisis de sociedades “avanzadas” como la estadounidense, la alemana, y esta vez la danesa, puede resultar fascinante para el joven espectador, tan difícil de sorprender e interesar.

A pesar de todo esto, es innegable que la creciente pasión de la teleaudiencia por series de futuros apocalípticos o distopías pone de manifiesto una extraña sincronía y un morboso interés. Dicho de otra manera: ¿por qué nos gusta ver, aunque sea en la ficción, nuestros derechos personales y democráticos pisoteados o puestos en peligro en manos de un Sistema, un Cataclismo o un Poder que lo engloba todo?

 

Camilo Rodríguez
Periodista cultural y consejero editorial en Éditions Maison des Langues.
Twitter: @Cajme.

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Publicado en: La caja ilustrada