Nasir despierta desorientado, mareado, perdido, sube las escaleras y se despide de Andrea pero sólo le responde el silencio. Insiste, no hay respuesta. Prende la luz y un rojo intenso invade su mano. Andrea ya no está. Ahora, en medio de la muerte, su única certeza es el miedo, el dolor y la persecución.
Nasir, horrorizado y asustado, huye. El chico tímido e inseguro domina su actuar y se arrepiente, quizá, de haber tomado sin permiso el taxi de su padre, de haber conducido errante por Nueva York, perderse y aceptar, sin explicación, llevar a Andrea (Sofia Black-D’Elia), misteriosa y seductora, hasta la playa y luego a su departamento pasar la noche con ella.

The Night Of es una miniserie producida por HBO, dirigida y creada por Steven Zaillian (el responsable del guión de La lista de Schindler, de Steven Spielberg) y Richard Price, un valioso trabajo que trata de alejarse de las convenciones establecidas del género policiaco y que ambiciona alcanzar niveles de lectura más atrayentes como las implicaciones culturales, políticas y de raza en un asesinato.
Basada en la serie británica Criminal Justice (2008) producida por la BBC, la producción de HBO inicia con un golpe certero al presentarnos con una fugacidad implacable el vacío y la inconformidad que experimentan Andrea y Nasir, una trágica compatibilidad que terminará con Nasir siendo acusado de asesinado bajo circunstancias salpicadas por la discriminación y el abuso de poder: todo es un secreto a voces: la clave está en la ascendencia paquistaní de Nasir.
Con una inminente cadena perpetua o una condena a muerte, John Stone (John Turturro), un abogado venido a menos, decide tomar el caso de Nasir primero, por la fama y la polémica que inyectará a su carrera y luego, como un acto de pertenencia pues The Night Of mira a los grupos excluidos, señalados y vilipendiados por la gran ilusión de la democracia, un mundo en donde el dinero y el color de la piel son piezas clave para obtener visibilidad.
El mundo en donde se sumergen Nasir y John abre paso a una disección detallada sobre un caso criminal que, lejos de centrarse únicamente en los detalles del asesinato (la violencia, la crueldad), prefiere instalarse en la vida que llevarán todas las personas cercanas a Nasir una vez que es arrestado: su familia, sus amigos y la comunidad paquistaní en Nueva York: el desempleo, el señalamiento, los rumores, la exclusión. Este interés por los daños colaterales permite concentrar, por un lado, todas las texturas que tiene un caso así, pero, al mismo tiempo, fractura el ritmo y el foco narrativo en el personaje de Nasir para extenderse hacia historias secundarias.
Así, lo que hacen Zaillian y Price es una herencia directa de las producciones de David Simon (The Wire, Treme, Show Me a Hero): una aproximación a la condición humana a través de pequeños universos que se alejan de la espectacularidad dramática para hacer de sus personajes un elemento más verosímil. La decisión de hacer de la transformación de Nasir, del chico frágil, vulnerable e incorruptible a otro que descubre la naturaleza oscura de las personas, es una de las virtudes de The Night Of pues no fuerza ni hace superfluo la inmersión a la estratificación social en Estados Unidos.
Por ejemplo, el mundo narrativo que se crea en Rikers Island, la cárcel en donde es encerrado Nasir, es representado en Freddy (Michael K. Williams) y su organización estratificada por el poder y la violencia que pone sobre la mesa la discusión racial que perdura sobre la comunidad afroamericana. Este anclaje a personajes de este tipo logra que la serie no se pierda en el escabroso mundo del dramatismo. Aquí no hay ni buenos ni malos, ni inocentes ni culpables, cada uno lleva consigo sus demonios, sus aciertos y sus fracasos, cada uno, a su manera, es participe de la desilusión de una sociedad que se niega a reconocer la otredad.
En ese sentido, The Night Of es cercano al desasosiego que permea al cine negro, una mirada que se mueve en diferentes tonalidades, que elimina el blanco y el negro como dogmas absolutos, un patetismo que rodea a los personajes (la urticaria de Stone, la fragilidad de Nasir, la incredulidad de Alison, las dudas de los padres de Nasir, el oportunismo de la fiscalía de Nueva York) y que los transporta a escenarios que personifican con delicadeza la imperfección del mundo: una fotografía a cargo de Robert Elswit (colaborador frecuente de Paul Thomas Anderson) que destaca por sus tonalidades sombrías, verdosas, encuadres que estudian, como se hace desde el guión, grandes escenarios con planos abiertos en momentos decisivos (el juicio), hasta planos cerrados que se enfocan en la transformación anímica: los tatuajes de Nasir, la celda de Freddy con los diálogos cargados de tensión y rabia contenida.
Clara en sus intenciones, con una narrativa más compleja y un estilo visual superior a la mayoría de las producciones televisivas policiacas, The Night Of no termina de establecer el camino que quiere explorar cuando se mete de lleno en la vida de Rikers, en la ambición de Don Taylor (Paul Sparks), el padrastro de Andrea, y de Ray Halle (Paulo Constanzo), el agente de seguros, o en los problemas personales de John, y se separa del proceso judicial que enfrenta el protagonista; aunque esto signifique un engranaje coral, no se percibe la solidez de cada historia; además, en el personaje del detective Dennis Box (Bill Camp) persiste la imagen del americano promedio que se conduce por el camino de la rectitud, un estereotipo que probablemente contradice este afán crítico que inicia en el sistema de justicia y que logra llegar hasta la estructura social estadounidense.
La libertad es relativa, ¿en dónde se encuentra?, ¿en las calles lejos de la cárcel?, ¿en una nación que cimentada en la desconfianza y los prejuicios?, ¿en una comunidad que condiciona la pertenencia? The Night Of es desesperanzadora, agridulce, frontal como la mirada triste de Andrea que observa a Nasir por el retrovisor, pero también dolorosa como la noche que los dos conocieron a alguien que vivía al margen de la sociedad, invisible, como la noche que cae.