Una de las conclusiones de los estudios sobre la violencia de género en la educación superior es que, en ocasiones, el silencio y la complicidad de las autoridades universitarias imposibilitan el desmantelamiento de estas conductas. Aun cuando existen medios para denunciar, las víctimas enfrentan distintas trabas, desde el miedo a contar su historia, hasta la falta de sanciones.