La apertura al público de la Residencia Oficial de Los Pinos supone un gesto simbólico que intenta perforar el imaginario del poder que se ha construido en México a lo largo del siglo XX. Sin embargo, si esta “entrega al pueblo” no es capaz de crear sus propias condiciones críticas, corre el riesgo de producir doctrina e ideología, como advierte el siguiente ensayo, que a la par hace un recorrido curatorial por la otrora sede del Poder Ejecutivo.