¿Cómo le pedimos a los sujetos que se responsabilicen de sus acciones totalmente? La pandemia y el cuidado individual, que implica el cuidado ajeno, están modificando los límites de las ideas de libertad, responsabilidad y acción. ¿No debería más bien, bajo este mismo foco, pensar mayor responsabilidad sobre el Estado y las instituciones? Todos estos planteamientos surgen en este ensayo sobre el covid a la luz de la ética de Spinoza.
Durante la epidemia de covid-19 hay un foco de discusión importante sobre las restricciones para salir o no salir de casa, y la nueva exigencia de herramientas sanitarias como el cubrebocas o el gel antibacterial. Estas y otras muchas más se han vuelto exigencias que limitan y generan un nuevo desarrollo de la vida pública y privada.
Me parece que vale la pena hablar del problema de la responsabilidad ligado no sólo a las instituciones y a cómo han enfrentado la situación, sino también desde los mismos individuos. El problema de la responsabilidad no puede pensarse sin tener claro que todo parte de la relación voluntad-libertad, y además subsume a estos dos conceptos para desarrollarse efectivamente en el mundo de una manera muy particular. La voluntad no es una simple facultad que quiere o desea desde un impulso meramente individual. Es más bien una estructura ordenada en la que el sujeto participa pero que no se constituye únicamente en función de él; integra todo aquello que en mayor o menor medida participa conceptualmente de este mundo. Por ejemplo, cuando decimos que queremos un teléfono nuevo en realidad no estamos hablando de un deseo que venga de una voluntad propia, como si al sujeto mismo naturalmente se le pudiera adjudicar el deseo de un teléfono; se trata más bien de una sujeción específica que permite el deseo mismo, y así, en un segundo momento, la acción que sucede a ese deseo.
Segundo, la libertad. La libertad no es nunca libertad indeterminada. Al conjugarse a través de la voluntad, la libertad no puede concebirse como un espacio vacío dentro del cual el sujeto únicamente pone en juego sus deseos; igual que la voluntad misma, tiene sus limitaciones. Por supuesto que no existen limitaciones atemporales de la libertad: la libertad se construye, se determina y se limita dadas las condiciones histórico-materiales que permiten su conjugación, y con ellas convive y se desarrolla a lo largo del tiempo. Por ejemplo, decir que todos somos libres de comer caviar todas las tardes no tiene al parecer limitación alguna en sentido de posibilidad; es decir, no hay nada en el mundo que impida que eso suceda, pero ¿por qué no vemos a todas las personas comiendo caviar cada tarde? Es muy claro que las posibilidades histórico-materiales simplemente no pueden dar lugar a ello, y que un porcentaje importante de individuos en el mundo, en efecto, no consume caviar cada tarde. Los sujetos asumen su libertad sólo en la medida en la que las condiciones histórico-materiales se los permiten. Si esas condiciones no están dadas, el sujeto A nunca llegará al objetivo B.
Ahora, parecería oportuno inclinarse por una distinción ontológica del sentido de responsabilidad, para dividir entre una que corresponda a los individuos y otra a las instituciones, sin embargo no lo haré, y para efectos de este texto tomaremos por válida de nuevo la distinción analítica entre la responsabilidad de los individuos y la de las instituciones.
La responsabilidad ha dado un nuevo giro durante la emergencia sanitaria al tiempo que observamos de manera mucho más real y cercana una serie de desigualdades que no representaban de manera tan palpable la gravedad de hoy en día, donde cada sujeto se juega la vida a través del posible contagio con cada salida a la calle, con o sin las herramientas sanitarias indicadas.
En este giro la responsabilidad se focaliza intensamente en los individuos a través del castigo. En México hay campañas masivas que invitan a los ciudadanos a mantenerse en casa con frases como “Si te cuidas tú, nos cuidas a todos”, donde la responsabilidad queda sujeta al individuo, y al mismo tiempo mantienen una liga con el castigo tal cual se muestra en situaciones como la de Jalisco, donde Giovanni López, un trabajador de la construcción, fue asesinado por la policía luego de una detención violenta bajo el pretexto de no portar cubrebocas mientras caminaba por la calle. La experiencia de otros países latinoamericanos ha sido más o menos similar; desde un Perú con órdenes de confinamiento, toques de queda y cierres de fronteras, hasta una Colombia que pensando desde Medellín, ha logrado controlar al virus a través del uso de data y tecnología para sobrellevar y organizar a su población.
Todas estas medidas de seguridad se han vuelto una norma que desde una supuesta moral subjetiva castiga desde la individualidad a los otros individuos y esconde la estructura del castigo que conlleva dicha organización. Si bien la responsabilidad constituye una parte amplia del espectro de la acción de los individuos, ese espectro no le pertenece únicamente al individuo: éste logra configurarse estructuralmente a través de las instituciones y el Estado, manteniendo así un vínculo ontológico imposible de romper, pero, tal como se ve en Latinoamérica, sí logra disfrazarse.

Ilustración: Mariana Villanueva
Creo que podemos obviar el asunto de no sobreponer una autoridad moral, exigiendo un supuesto sentido de responsabilidad a las mujeres y los hombres sin ningún medio material para poder subsistir durante un encierro tan largo. ¿Y los demás qué? ¿Podemos sobrellevar el encierro y respetarlo con disciplina kantiana? Y tomando en cuenta la estructura que determina y constituye al sujeto, ¿el Estado qué responsabilidad adquiere?
Recuerdo aquí una sección del Apéndice a Ética I de Spinoza:
todos los hombres nacen ignorantes de las causas de las cosas, y […] todos los hombres poseen apetito de buscar lo que les es útil, y de ellos son conscientes. De ahí se sigue, primero, que los hombres se imaginan ser libres, puesto que son conscientes de sus voliciones y de su apetito, y ni soñando piensan en las causas que les disponen a apetecer y querer, porque las ignoran. Se sigue, segundo, que los hombres actúan siempre con vistas a un fin, a saber: con vistas a la utilidad que apetecen, de lo que resulta que sólo anhelan siempre saber las causas finales de las cosas que se llevan a cabo, y, una vez que se han enterado de ellas, se tranquilizan, pues ya no les queda motivo alguno de duda.
La cita nos sirve para entender una vez más que la acción y la responsabilidad llevan de la mano la libertad de cada sujeto, misma que no puede visualizarse como una verdadera libertad sin antes haberse hecho consciente del proceso de emergencia que producen sus acciones. Es decir, no hay verdadera libertad hasta que haya consciencia de la misma. Y entonces ¿trastoca esto el sentido de responsabilidad de cada individuo?
Aunque los medios estatales han cumplido con la labor de mantener a la población informada sobre la situación actual de la pandemia, de ahí no se sigue necesariamente que esa sea la única información que estos sujetos reciben, y no se trata, además, de la única información existente; además habría que contar con la estructura conceptual que participa de cada sujeto y que le permite configurar sus acciones y comportarse de un modo particular en el mundo del coronavirus.
¿Dónde se coloca toda esta información? ¿Cómo le pedimos a los sujetos que se responsabilicen de sus acciones totalmente? Y aún más grave, ¿cómo generamos una mecánica del castigo que subsuma la idea de que los sujetos no pueden ser enteramente responsables de sus acciones dado que no tienen las condiciones materiales para lograrlo? No quiero decir que la estructura supera al sujeto y que por ello éste no es responsable de toda acción de sí, pero creo que la suma de la parcialidad de la información que se recibe debido a las condiciones de ideologización, junto con las condiciones materiales históricamente insuficientes para la población actual, produce una situación que responsabiliza de distintas maneras a los sujetos.
El Estado debe cumplir una función específica, proteger la vida de los sujetos que participan en él. Si el estado mismo no logra las condiciones materiales que permitan a cada individuo constituirse como el sujeto específico que necesita esta sociedad, simplemente no estará cumpliendo con su finalidad última. Me queda claro que ni el Estado ni el individuo pueden comportarse como los absolutos responsables de las acciones de los sujetos, pero el Estado sí cuenta con muchos más elementos para configurar un espacio material que faculta un mejor acomodo de los individuos, al tiempo que los prepara para un mundo sujeto a situaciones tan graves como la pandemia actual.
Estudios detallados muestran cómo las cifras de gobierno no reflejan y por tanto no comunican de manera veraz la situación actual en el país; otros estudios brindan información a los gobiernos para prepararse a situaciones complejas. En La Gran Pausa (Malpaso, 2020), un libro compilado por José Ramón Calvo para explicar desde distintas perspectivas la situación de la pandemia, el mismo autor señala cómo la situación actual fue prevista de algún modo por analistas y científicos de la OMS en un informe que en octubre de 2019 decía:
Los gobiernos y las instituciones internacionales deben adoptar medidas audaces para preparar al mundo para las emergencias sanitarias, reconociendo que invertir en la preparación antes de que se produzca una crisis salva vidas y ahorra dinero […] ya es hora de que se tomen medidas urgentes y sostenidas.
La responsabilidad de las instituciones gubernamentales cobra una dimensión completamente distinta después de anuncios e información de ese tipo. ¿Por qué entonces colocar el foco de la responsabilidad en los individuos? ¿Por qué generar medidas de prevención extremas? El neoliberalismo como medida de configuración política actual establece un sistema de responsabilidad individual lo suficientemente sólido como para que los sujetos, atados a la imaginación spinozista, y frecuentemente, sin consciencia de los procesos de emergencia de sus voliciones, se enfrenten a un mundo estructural que no les permite comportarse de muchos otros modos.
Los sujetos se encuentran cada vez más determinados por una estructura, al mismo tiempo que se suponen a sí mismos como causa entera de sus voliciones, generando entonces el escenario perfecto para que la amplia estructura del Estado les coloque en un proceso ideológico que los responsabiliza individualmente por todas y cada una de sus acciones sin otorgarles en principio las condiciones materiales de equidad para ejercicio de la libertad en el mundo. Por si fuera poco, implementan una lógica del castigo donde además nada asegura un proceso digno de justicia.
Así, el mecanismo de la supuesta voluntad facultativa, de la mano de la estructura gubernamental nos permite re-evaluar nuestra relación con el mundo del covid para producir una nueva frontera de problematización. De momento ésta sólo queda planteada, y nos deja una gran tarea por resolver.
Cristina Abogado Compean
Maestra en filosofía por la UAM, feminista y cofundadora del seminario SpinozaMx.