Ser latino es estar lejos, de Alexander Apóstol

¿Quién está dispuesto a desplazarse, a desaforarse,
a descentrarse, a descubrirse?
Julio Cortáza, Rayuela

Fotografías de Julieta Chávez. Cortesía de la Coordinación Arte y Cultura de la Universidad Iberoamericana.

En el contexto de la Guerra Fría, Julio Cortázar escribe Rayuela, una novela no lineal que, entre otras cosas, reflexiona sobre lo que implica para su protagonista vivir fuera de su país natal. Al mismo tiempo, la estructura innovadora del texto invita al lector a trazar su propio recorrido dentro de la historia, desplazándose por capítulos como quien salta casillas en un juego.

La rayuela, el avioncito, se convierte así en una poderosa metáfora del desplazamiento, tanto narrativo como social, que experimentan los personajes, y que hoy también representa la realidad de millones de personas que deben o deciden abandonar su lugar de origen en busca de una vida mejor. Este juego infantil se resignifica en clave migratoria: saltar, avanzar, retroceder, caer, volver a empezar.

A partir del geometrismo —una tradición estética profundamente arraigada en el imaginario latinoamericano— y la utopía del constructivismo, el trabajo del artista Alexander Apóstol (Venezuela, 1969) gira en torno a la modernidad latinoamericana como promesa incumplida y a las múltiples derivas sociales, políticas y afectivas que dicha falla ha generado.

Fotografías de Julieta Chávez. Cortesía de la Coordinación Arte y Cultura de la Universidad Iberoamericana.

Con esto en mente Apóstol presenta Ser latino es estar lejos en la Galería Andrea Pozzo de la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México. Con la minuciosa curaduría de José Luis Barrios, la instalación multidisciplinaria traza una cartografía emocional sobre el fenómeno de la migración, las deportaciones masivas y la urgencia de atender estas problemáticas desde una dimensión sensible y humana.

Once grandes retablos negros —que en realidad son composiciones formales inspiradas en el diseño de rayuelas— rodean el espacio expositivo. Como espectadores, transitamos la galería y nos encontramos con estos mapas geométricos que nos hablan de travesías y desplazamientos. Al seguir sus líneas, inevitablemente somos conducidos hacia los extremos laterales: del lado izquierdo, el color rojo; del derecho, azul. Un guiño visual a la polarización ideológica que atraviesa muchos de estos procesos migratorios.

Fotografías de Julieta Chávez. Cortesía de la Coordinación Arte y Cultura de la Universidad Iberoamericana.

Migrar es también cruzarse con otros en el camino. Quien deja su tierra se encuentra, en su tránsito, con las rutas y trayectos de otros cuerpos desplazados. Para retomar lo que Rodrigo Parrini sugiere en su texto “El mapa son los otros: narrativas del viaje de migrantes centroamericanos en la frontera sur de México”, los migrantes centroamericanos que cruzan México han desarrollado mapas orales para orientarse: indicaciones que viajan de boca en boca, por celulares, en llamadas, notas de voz, consejos o advertencias compartidas al paso.

Cada retablo revela un listado casi imperceptible de nombres de lugares que componen esos mapas orales. La sonoridad, cacofonía y calidez de esos nombres contrastan con la rigidez y perfección de los tableros, evidenciando la tensión entre la esperanza que motiva el acto de migrar y la hostilidad del territorio que se atraviesa. Las Juntas, Nacajuca, Guna Yala, Zapallal. Piedras Negras, Lajas Blancas, Agua Prieta, Tacotalpa. Turbo, Tumaco, Tulcán.

Fotografías de Julieta Chávez. Cortesía de la Coordinación Arte y Cultura de la Universidad Iberoamericana.

La pieza, premiada en la Bienal de Cuenca 2023, se amplía en su versión para la Ciudad de México con el fin de formar parte de un proyecto aún más ambicioso. Los retablos se acompañan de una obra coral inédita compuesta por Elisa Schmelkes. Inspirado en el canto cardenche, un coro entona un lamento nombrando esos lugares que conforman el mapa oral de la ruta migrante en México. Además, Apóstol invitó a la coreógrafa Marisol Cal y Mayor y a un grupo de bailarines a traducir esos movimientos migrantes en gestos corporales. El recorrido del cuerpo sobre planos cromáticos alude a la abstracción y al geometrismo latinoamericano, convirtiendo el desplazamiento físico en coreografía de la memoria.

Finalmente, para esta versión, el artista colaboró con la Casa de Acogida, Formación y Empoderamiento para Mujeres y Familias Migrantes y Refugiadas (Cafemin) en la Ciudad de México. Allí trabajó con un objeto clave en la vida del migrante: el celular. Con la cámara del fotógrafo Oswaldo Ruiz, Apóstol compuso líneas y figuras a partir de estos dispositivos, cada uno cargado con una poderosa memoria afectiva, capaz de contener rutas, rostros, voces, despedidas y esperanzas.

Fotografías de Julieta Chávez. Cortesía de la Coordinación Arte y Cultura de la Universidad Iberoamericana.

Ser latino es estar lejos busca acercarnos al fenómeno migratorio desde las huellas del desplazamiento, más que desde la representación directa del migrante como objeto. Intenta recuperar las pulsiones, emociones y afectos que configuran esta experiencia desde una perspectiva profundamente humana y sensible.

Tal vez la pregunta que nos recibe —y acompaña— a lo largo del recorrido de la exposición es: ¿qué puede el arte frente a la migración y otras crisis contemporáneas? Como en Rayuela, la respuesta no es lineal. Tal vez el arte no ofrezca soluciones, pero sí puede abrir espacios para la conexión, para una reflexión crítica, y para imaginar otras formas de habitar el dolor. En medio de lo inabarcable, el arte nos recuerda que existe otra dimensión para mirar lo que duele: una que interpela, que conmueve y que, quizás, nos mueve a actuar.

Fotografías de Julieta Chávez. Cortesía de la Coordinación Arte y Cultura de la Universidad Iberoamericana.

Ser latino es estar lejos de Alexander Apóstol se puede ver en la Galería Andrea Pozzo de la Universidad Iberoamericana. En un horario de lunes a viernes, de 9 AM a 7 PM. Para personas ajenas a la Universidad por favor escribir a andrea.decasorivero@ibero.mx 

Andrea de Caso

Es Historiadora del Arte por la Universidad Iberoamericana y Maestra en Teoría Crítica por la School of Visual Arts en Nueva York. Fue asistente curatorial de la colección artística del MUAC y actualmente es Responsable de exposiciones e intervenciones culturales en la Ibero, CDMX.

Fotografías de Julieta Chávez. Cortesía de la Coordinación Arte y Cultura, Universidad Iberoamericana.

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Publicado en: Curadero