
It is a serious thing
just to be alive
on this fresh morning
in this broken world.
–Mary Oliver, Invitation
Las librerías del mundo enloquecieron con la salida de Intermezzo (2024), el nuevo libro de la irlandesa Sally Rooney. El día del lanzamiento, se tiñeron de azul índigo para combinar con la portada; colocaron piezas de ajedrez gigantes y merch por doquier. En cuestión de días, ya se exhibían millones de ejemplares en docenas de idiomas alrededor del mundo. Las redes estallaron con emoción febril, anunciando el comienzo del “mes de Rooney”: “la reina está de regreso”, decía un video tras otro. En Irlanda, hasta el metro se cubrió de imágenes promocionales que la llamaban “el fenómeno literario de la década”, “la Salinger para la generación de Snapchat”.
¿Por qué tanto revuelo? En ese momento, no tenía idea; pero ahí estaba yo, dejando caer con suavidad tres novelas suyas frente al cajero de Gandhi. Tenía que descubrir qué de sus obras convoca tanta gente, suficiente para que la consideren un “clásico en vida”. Y ahora —cuatro libros, una serie de televisión y decenas de entrevistas, podcasts y reseñas leídas o escuchadas después— estoy preparada para compartirles, parte por parte, como en una disección de laboratorio, la “anatomía” del fenómeno Sally Rooney.
I. La voz de una generación
“No tengo ninguna otra vida de la que escribir”.
–Sally Rooney, en entrevista con Louisiana Channel
Así la llaman. “La voz de su generación”, “la primera gran escritora millenial”, con apenas 33 años. Y no es difícil ver por qué. Su primera novela, Conversaciones entre amigos (2017), por ejemplo, está protagonizada por Frances, una estudiante universitaria que se involucra románticamente con un hombre casado. Su reflexión en torno a las relaciones humanas trasciende la obvia pregunta moral sobre la infidelidad para cuestionarse también cómo la naturaleza jerárquica y transaccional del capitalismo impacta nuestras estructuras sociales: con quiénes establecemos vínculos, cómo expresamos nuestro afecto, qué sentido de la responsabilidad sentimos unos con los otros.
La autora ha admitido en varias ocasiones que con esta, su primera obra publicada, buscaba el tono correcto para lo que después se convertiría en su novela más popular: Gente normal(2018). En ella, seguimos el romance de Marianne y Connell, dos jóvenes que, si bien se encuentran en el mismo pequeño pueblo de Irlanda, tienen experiencias de género y clase radicalmente distintas que afectan su manera de navegar la escuela, relacionarse con sus familias y, más adelante, independizarse. No es casual que la dinámica entre ellos comience con una conversación en la que se menciona el Manifiesto comunista, o que se aborde la crisis de vivienda.
Este tono reflexivo —sensible, ameno, pero no por ello menos poderoso— permea también la correspondencia casi confesional entre Alice y Eileen, dos amigas que protagonizan Dónde estás, mundo bello (2021), la tercera novela de Rooney. Ellas comparten sus preocupaciones, sueños, decepciones y romances a través de correos electrónicos que, no por su vistazo a la vida íntima de cada una, se ven exentos de mencionar temas globales como la crisis climática, la salud mental, la exploración de la sexualidad, la teoría de género y la inestabilidad económica (indagaciones pertinentes que, además, parecen estar en tendencia entre las generaciones más jóvenes).
Intermezzo continúa esta línea. Los personajes principales son Ivan y Peter, dos hermanos con diez años de diferencia entre ellos, así como personalidades y profesiones distintas, que lidian con el luto por la pérdida de su padre mientras entablan relaciones románticas poco convencionales e intentan sanar la brecha entre ellos. La huella de la religión institucionalizada en la respuesta a la tragedia; la crisis laboral y la disparidad de salarios por cuestión de género; el cansancio crónico del trabajador o profesionista promedio; la precariedad de nuestra definición contemporánea del “éxito”; los peligros del sobreconsumo y los desechos; todas estas problemáticas se vuelven actantes indirectos en la novela, como motores invisibles detrás de varias de las decisiones de los personajes. “Pertenezco a una generación que creció en torno a la crisis financiera”, explica Rooney en una entrevista, “y soy consciente de cómo esa experiencia generacional está presente en mi trabajo. La relación de mis personajes con la vivienda, por ejemplo, ha estado ahí desde el primer libro”.
Ahora bien, es justo preguntarse si Rooney no trata estos temas de forma panfletaria. En Gente normal, por ejemplo, la mención del marxismo durante una clase que toman los protagonistas podría sonar forzada. Aunque tiene sentido que esta postura sociopolítica sea, hasta cierto punto, necesaria para establecer un romance entre dos jóvenes de clases sociales muy distintas —como es el caso de Marianne y Connell—, traerla a colación durante un diálogo escolar podría hacernos pensar en un ensayo encubierto. No es precisamente verosímil que una de las primeras interacciones entre dos estudiantes europeos de preparatoria involucre a Marx. Sin embargo, Rooney admite en la misma entrevista que esta no es su intención:
No es que me sentara y me dijera a mí misma: “Voy a ser una novelista que escribe sobre la relación de mi generación con la crisis de la vivienda”. Pero estaba simplemente en el aire. […] Pienso, ¿cómo hago que este libro sea la versión perfecta de lo que puede ser? Tengo estos personajes. Tengo estos escenarios. ¿Cómo les hago justicia?”
Pienso que esta es una buena defensa. Después de todo, como alumna de letras, he escuchado más de una vez que la política, la economía o la sostenibilidad surjan en mis conversaciones con amigos y familia. En la era de la (des)información, el contexto lo amerita. Quizá la falta de verosimilitud en ciertas interacciones vaya en favor de un bien mayor: abrir un espacio dentro de la ficción para entablar conversaciones que, especialmente entre la gente joven, se consideran cada vez más necesarias. También podría tratarse de un recordatorio: aunque las estructuras macrosociales parezcan estar fuera de nuestro alcance, lejos de la rutina diaria, nos trastocan; impactan nuestras relaciones y conducta personales.
La manera en que Rooney se aproxima a este tipo de problemáticas se ha vuelto más compleja conforme avanza su carrera. En novelas más recientes, como Dónde estás, mundo bello e Intermezzo, los retos socioeconómicos que enfrentan los personajes no forman parte de ningún diálogo escolar, pero sí de su cotidianeidad y monólogo interior. Se cuelan en gestos pequeños, ideas, divagaciones, costumbres del día a día; microconflictos que parecen ajenos al argumento de la novela, pero colorean la perspectiva de cada narrador. Si bien algunos lectores siguen encontrando en la literatura de Rooney un tono político persuasivo, otros argumentan que omitirlo haría imposible transmitir con honestidad la experiencia del mundo que tienen sus personajes (y que comparte mucho de su público). Esto último nos lleva a la gran propuesta del trabajo de Rooney (una conversación, además, muy afamada dentro de la literatura): transformar la vida en escritura.
II. Escribir gente “normal”
“¿Qué significa amar a alguien que no existe?
¿Y qué significa amar a alguien que sí?”.
–Sally Rooney, en entrevista con Rosa Lyster
¿Entonces el éxito de Rooney se debe a su retrato del mundo contemporáneo? No exactamente. Aunque es una pieza importante, desde luego; la “voz de su generación” no puede ignorar cómo se lleva la realidad material y económica al ámbito personal. Leyendo sus novelas, queda claro que a Rooney le interesa explorar distintas manifestaciones del desequilibrio de poder en las relaciones interpersonales, ya sea por divisiones de clase, como en Gente normal; por diferencias de edad, como en Intermezzo; o por desequilibrios en términos de género, como en Conversaciones entre amigos.
Pero no todos los conflictos a los que se enfrentan los personajes son de esta índole. También los vemos pasar de la adolescencia a la adultez; los acompañamos mientras lidian con la pérdida de un ser querido; deconstruimos con ellos una antigua filosofía de vida; aprendemos a través de ellos lo que implica querer y ser queridos por gente imperfecta, gente normal. Estos problemas, que se sienten gigantescos, se revelan en lo más pequeño: la recámara, el atuendo, el acento, la conversación que acompaña el desayuno; tocan hasta el lenguaje corporal y aterrizan en gestos y rituales diarios, así como en divagaciones mentales con las que los narradores parecen perder el rumbo sin querer. Como dice su novela más popular con respecto a Marianne y Connell, “eventos aparentemente menores adquieren un significado loco”.
Mi hipótesis es que ahí yace el gran atractivo de Rooney: en el retrato ameno y detallado de la fricción ineluctable por la que tantos de nosotros pasamos entre dos mundos, el interior y el exterior, el social y el íntimo. Ella es también una gran observadora; por eso transmite con precisión ingenieril cómo solemos movernos por el mundo bajo la influencia de inseguridades comunes, deseos sencillos, preocupaciones compartidas. Cada detalle es una revelación, una ventana diminuta pero abierta hacia la riqueza interior de sus personajes, sus vínculos y choques. Sus personajes pueden ser contradictorios —¿no lo somos todos?— y equivocarse sin comprometer la dignidad y la empatía con la que los acoge su autora. Es más, como declaró en una entrevista: “Creo que, para que la novela funcione como forma, se requiere cierta ambigüedad moral para engrasar las ruedas”. Rooney nunca muestra a sus personajes bajo la luz dura del juicio; no le interesa sentirse moralmente superior a quienes protagonizan sus novelas, ni provocar esa sensación en quienes la leemos.
¿Cuántas veces se ahogan en sentimientos de vergüenza o culpa o insuficiencia? ¿Cómo no entender su dificultad para comunicarse de la forma correcta y en el momento preciso? ¿Cómo ignorar que sueñan con lo que sueña cualquiera: estabilidad, aceptación, cariño? En suma, ¿cómo leerlos y no reconocernos en ellos?
III. Conversaciones e interludios
“Te tomas las conversaciones demasiado en serio, dice ella. […] El lenguaje no encaja en la realidad como un juguete que se ajusta a una ranura. La realidad es una cosa y el lenguaje, otra”.
–Sally Rooney, Intermezzo
“Qué gran día para las chicas que no saben comunicar lo que sienten”. Al menos diez videos distintos con esta leyenda encontraron su camino hasta mis redes sociales el día del lanzamiento de Intermezzo. Las cuatro novelas que ha publicado la autora irlandesa hasta el momento comparten justo eso: la dificultad para transmitir con claridad y en el momento óptimo un “te quiero” o “te he echado de menos”. Leer a Rooney es encontrarse con un entramado de palabras no dichas que tiran de los personajes sin descanso y cuelgan del aire con cada nueva conversación.
Se trata de un problema especialmente juvenil —lo cual podría explicar la edad promedio de mucho de su público lector; y que se le considere “la Salinger para la generación de Snapchat”. Sin embargo, no creo que los libros de Rooney sean disfrutables sólo para la juventud; como animales sociales que somos la comunicación es la base de todas nuestras interacciones, y la adultez no siempre trae consigo un dominio de esta habilidad. Rooney lo acepta frente a Adrienne Westenfeld y Maura M. Lynch: “La falta de comunicación es algo que siempre ha interesado a los novelistas. Como escritora, te interesa el lenguaje y te interesa dónde el lenguaje falla”. “Creo que, para mí, el diálogo es una forma de trabajar las dinámicas entre los personajes, explorando sus relaciones y jugando con las dinámicas de poder que surgen cuando estos se encuentran en la página”.
Así que el diálogo es clave. Sin embargo, basta con abrir alguno de sus libros, cualquiera, para ver que no utiliza comillas ni guiones largos. A simple vista, parecería que no hay diálogos, pero se encuentran entramados con el resto de la narración, tal como los intermezzos se intercalan entre otras piezas musicales o dramáticas. Así lo admite para la revista STET. “No entiendo la función que cumplen en una novela, marcando algunos fragmentos particulares del texto como citas. Quiero decir, [cuando] se trata de una novela escrita en primera persona, ¿qué no todo es una cita?”.
En teoría, tiene razón. Y, si bien esto causa frustración para muchos lectores, considero que es esencial para que sus libros “funcionen”. Al interior de los párrafos —en ocasiones, dentro de un mismo renglón—, el diálogo y el monólogo interior parecen ser uno mismo; se mezclan, se equilibran. La experiencia “real” y la imaginada se encuentran un poco “a la Joyce”, otro irlandés. Por supuesto, para algunos lectores, también se confunden; a veces es difícil saber a ciencia cierta si algo se dijo o sólo se pensó. La falta de marcadores de diálogo como comillas o guiones sostiene a nivel estilístico esa barrera porosa entre los dos mundos que mencionábamos: el exterior, social, y el pensamiento, la vida íntima. Es tan importante lo que se dice, como lo que no. Los silencios pueden valer lo mismo que una confesión si pensamos que todo lo que contenemos, nos contiene de vuelta; lo que guardamos en el pecho, a su vez, nos resguarda. Y en el tipo de intimidad que construye Rooney para sus protagonistas, hay verdades y reflexiones que se comparten con gestos sutiles, sin tener que decirse en voz alta.
Además, Rooney muda puntos de vista con técnica magistral y un conocimiento íntimo de las voces de sus personajes, al punto de que no es necesario indicar quién relata cada capítulo de Intermezzo, por ejemplo. Cada narrador tiene su propio ritmo y vocabulario. La longitud de las oraciones, la cadencia, el tono, los detalles que atrapan su atención, las preguntas que los consumen, todo esto se desarrolla con vividez y el resultado es algo similar a un coro donde cada voz se distingue y, a su vez, parece influir sobre el resto. El resultado es una melodía donde incluso los destiempos y las desafinaciones son legítimas, comprensibles.
Rooney trata a sus personajes como si jugara ajedrez —esta comparación sienta particularmente bien tras la publicación de Intermezzo, donde el ajedrez es un tema recurrente. Cuenta en entrevista con Martin Krasnik que “cada vez que mueve a un personaje, le interesa ver cómo se mueven los demás”. Sus protagonistas se definen y se nos dan a conocer no tanto a partir de experiencias pasadas —la historia como identidad: somos lo que hemos vivido—, sino a partir de sus interacciones —somos en relación, en comunidad. Rooney no cree en el individualismo tan característico de nuestra era: “no hay tú sin otros”. Somos un cúmulo de experiencias, sí, experiencias en compañía.
IV. Ahí estás, mundo bello
Hay un fragmento de Gente normal que sintetiza la razón por la que quise estudiar literatura:
Una noche, la biblioteca empezó a cerrar justo cuando [Connell] llegaba al pasaje de Emma en el que parece que el señor Knightley se va a casar con Harriet, y tuvo que cerrar el libro y volver a casa caminando sumido en un estado de extraña agitación emocional. Se hace gracia a sí mismo, involucrándose de ese modo en el drama de las novelas. No parece algo intelectualmente serio preocuparse de con quién se casan o dejan de casarse unos personajes de ficción. Pero así es: la literatura lo conmueve. Uno de sus profesores lo llama “el placer de ser tocado por el gran arte”. Con esas palabras, suena casi sexual. Y en cierto modo, el sentimiento que provoca en Connell que el señor Knightley bese la mano de Emma no es por completo asexual, aunque su vínculo con la sexualidad sea indirecto. Lo hace pensar que la misma imaginación que emplea como lector es necesaria también para entender a la gente real, y para entablar una relación cercana con ella.
Siempre he sostenido que el gran poder de la literatura, especialmente de la ficción, yace en lo que exige de nosotros: la empatía como base de la comprensión. Y esto aplica para autores y lectores por igual. Connell tiene razón, la literatura nos con-mueve: nos mueve en conjunto; nos obliga a mudarnos temporalmente de cabeza; nos impulsa hacia afuera, hacia los otros.
Tengo la impresión de que el público de Rooney hace largas filas fuera de las librerías porque sabe que, entre sus páginas, se sentirá extrañamente reconfortado, a pesar de que el desenlace no es predecible en realidad (sus enamorados no siempre terminan juntos, por ejemplo). Sospecho que quien la lea, confiará en que sus peores defectos son más comunes de lo que imagina y más fáciles de perdonar. Se sentirá capaz de tomar el teléfono y dar voz a lo que se había guardado, no porque haya algún tinte de autoayuda, sino porque se identificará con personajes capaces de crecer y reconectar mediante experiencias cotidianas. Querrá romantizar su vida, tal como Rooney romantiza el día a día; y no me refiero con esto a una idealización ciega o a la supresión del pensamiento crítico, sino al esfuerzo de encontrar fuentes pequeñas, pero constantes, de satisfacción y gratitud incluso en lo rutinario. Se trata de buscar o proyectar la belleza posible ahí donde no es evidente; vivir como si la “normalidad” fuera digna de plasmarse en un libro, porque lo es.
Por eso consideré nombrar este ensayo “el acontecimiento de lo cotidiano”. Pensemos en el “acontecimiento” más o menos en términos deleuzianos: un evento que, aunque quizá no sea grande en el mundo, se vuelve significativo en nuestra conciencia; tanto, que nos brinda sentido y propósito. La representación de la fricción entre el mundo interior y el exterior, lo que dijimos que hace a Rooney tan exitosa, genera entonces una vibración. Lo finito, lo fugaz, reverbera en nosotros hasta marcarnos. Para que quede más claro, veamos, por ejemplo, lo que recuerda Eileen en Dónde estás, mundo bello:
En aquel momento, me sentía como si estuviese absorbiendo vida, y al final del día no tenía que esforzarme nunca por encontrar algo bueno que hubiese visto u oído. Me venía a la mente sin más, incluso las palabras venían, porque mi único objetivo era plasmar la imagen de manera clara y simple, para recordar después la sensación. Y al leer esas entradas ahora, sí que recuerdo lo que sentía, o al menos lo que vi y oí y noté. Andando por ahí, incluso en un mal día, veía cosas: me refiero a las cosas que tenía delante. Las caras de la gente, el tiempo, el tráfico. El olor a gasolina del taller, la sensación de la lluvia cayendo sobre mí, cosas del todo cotidianas. Y hasta los días malos eran buenos, porque los sentía y recordaba haberlos sentido. Había cierta delicadeza en esa forma de vivir: como si yo fuese un instrumento y el mundo me tocara y resonara en mi interior.
Rooney va un paso más allá y transforma la resonancia de la belleza cotidiana en, como mencionábamos, un coro. Las voces de nuestros seres queridos también moldean nuestra expresión y experiencia; su eco permanece incluso cuando han dejado de hablar. Por eso “estaba cansada”, le confiesa Eileen a Alice, “era tarde, iba sentada medio dormida en el asiento trasero de un taxi, recordando por un impulso extraño que allá donde voy, tú vas conmigo, y también él, y que mientras ustedes dos estén vivos, el mundo será bello para mí”.
He ahí lo que distingue las historias de amor de esta autora irlandesa. Sus personajes pueden juntarse, amarse, separarse, reunirse, dejarse; no importa si al final no terminan juntos, porque el valor del romance no está en su duración, sino en el mero hecho de que ha acontecido y, por ende, “resuena” en quienes lo experimentaron. En las novelas de Rooney, el amor no siempre es definitivo, pero siempre es definitorio. Puede irse, pero no sin marcarnos. “Él sacó a la luz la bondad en ella como un regalo”, piensa Marianne, “y ahora le pertenece. Mientras tanto, la vida se abre ante él en todas direcciones a la vez. Se han hecho mucho bien el uno al otro. De verdad, piensa ella, de verdad. Las personas de verdad pueden cambiarse una a la otra”.
Esta certeza es la materia prima del fenómeno Sally Rooney. “Pero si en sus libros no pasa nada” es la queja que leo y escucho con frecuencia en las reseñas negativas sobre sus libros. Y es más o menos cierto. Seré la primera en admitir que el trabajo de Rooney no es para todos, porque claro que hay “acción”, pero mucha de esta se desarrolla al interior de los personajes. La gran transformación del mundo o de la sociedad cede el paso a la transformación de alguien, por alguien. Y no es un evento menor. El final de sus libros, una y otra vez, consiste en alguna variante de “lo que compartimos, grande o chico, fugaz o no, moldeó una parte de nosotros”. ¿Qué podría ser más humano?
Obras citadas
Novelas:
- Sally Rooney. Conversaciones entre amigos. Penguin Random House, 2018.
- —. Gente normal. Penguin Random House, 2020.
- —. Dónde estás, mundo bello. Penguin Random House, 2021.
- —. Intermezzo. Penguin Random House, 2024.
Entrevistas:
- Louisiana Channel. “Sally Rooney on ‘Conversations with Friends’ | Writer Sally Rooney | Louisiana Channel”. YouTube, 6 de junio de 2019, www.youtube.com/watch?v=pqWEiiELzfo.
- —. “Writer Sally Rooney on Transforming Life Into Novels | Louisiana Channel”. YouTube, 22 de junio de 2021, www.youtube.com/watch?v=ho5ja2trqrs.
- David Marchese. “The Interview: Sally Rooney Thinks Career Growth Is Overrated”. The New York Times, 21 de septiembre de 2024, www.nytimes.com/2024/09/21/magazine/sally-rooney-interview.html.
- Maura M. Lynch. “A Conversation With Sally Rooney”. STET Magazine, 23 de abril de 2018, stetmag.com/interviews/sally-rooney-interview-conversations-with-friends.
- Fintan O’Toole. “Sally Rooney: ‘We’re trapped in a cultural moment’”. The New States Man, 25 de septiembre de 2024, www.newstatesman.com/culture/books/2024/09/sally-rooney-interview-were-trapped-cultural-moment.
- Adrienne Westenfeld. “Sally Rooney Is More Than ‘The Great Millennial Novelist’”. Esquire, 18 de abril de 2019, www.esquire.com/entertainment/books/a27194707/sally-rooney-interview-normal-people/.
- Rosa Lyster. “‘What Does it Mean to Love a Person Who Doesn’t Exist? What Does it Mean to Love a Person Who Does?’: An Interview with Sally Rooney”. Hazlitt, 8 de septiembre de 2021, hazlitt.net/feature/what-does-it-mean-love-person-who-doesnt-exist-what-does-it-mean-love-person-who-does.
- Toronto Public Library. “Appel Salon | Sally Rooney | April 24, 2019”. YouTube, 13 de mayo de 2019, www.youtube.com/watch?v=Fc987xN2Yns.
Televisión:
- Gente normal [serie de televisión], producida por Element Pictures para BBC Three y Hulu, 2020.
Siham El Khoury Caviedes
Es licenciada en Literatura Latinoamericana