Robin Williams 1951-2014

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Toda muerte es, por definición, trágica. Pero las circunstancias —y las personas— contribuyen en ocasiones a enturbiar la tragedia. 2014, hasta ahora, ha sido un año de muertes escandalosas, inesperadas, particularmente sorpresivas. En febrero, el cuerpo de Philip Seymour Hoffman fue encontrado en su departamento de Nueva York. La causa de muerte: sobredosis. Sin embargo, uno de los policías que presenciaron la escena comentó que era tal la cantidad de drogas halladas —tanto en el muerto como en el departamento— que no podía tratarse de otra cosa que un suicidio. La noticia conmocionó. Hoffman, de 46 años, era reconocido merecidamente como uno de los mejores actores de su generación. Se lamentaba el futuro: aún tenía muchos grandes papeles, muchas grandes historias que contar.

La muerte de Robin Williams es similar —y al mismo tiempo distinta. Similar por el contexto y las circunstancias; distinta por la persona. Si bien no puede hablarse de Williams como un actor a la altura de Hoffman, sería pedante y deshonesto no reconocer el lugar que ocupa en el imaginario de varias generaciones —la mía incluída— y la cantidad de películas con las que se asocia su cara, la mayoría de ellas películas infantiles o familiares. Robin Williams es el Peter Pan de Spielberg; es Popeye y Patch Adams; es Mrs. Doubtfire; es el niño que creció dentro de Jumanji y el prematuramente anciano Jack —¡es el creador de Flubber!

Eso es lo realmente desconcertante de las circunstancias de su muerte: en el cine, al menos, era un tipo feliz. El paso de Williams por el cine dramático fue menos afortunado. Se le recordará principalmente como el profesor Keating de Dead Poets Society, y el terapeuta de Good Will Hunting, de van Sant, por la que ganaría el Oscar. Acaso su mejor papel dramático sea en The Fisher King, de Terry Gilliam. Lamentablemente, sus posteriores incursiones dramáticas serían de lo olvidable —Insomnia, One Hour Foto, The Final Cut— a lo terrible —Bicentennial Man—.

Y sin embargo, su alegre presencia será extrañada; si en caso de Hoffman se lamenta el porvenir, de Williams se extrañará el pasado. En sus Confesiones de un payaso, Heinrich Böll describió el desamparo que puede esconderse detrás del maquillaje blanco y la roja nariz. Williams, para muchos, no dejará de ser eso: un payaso. Siempre desconcertará saber que también un payaso pueda sufrir. 

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Publicado en: Cine

2 comentarios en “Robin Williams 1951-2014

  1. Clásico del TBP: La sonrisa en su rostro era tan GRANDE como la tristeza de su corazón.

  2. Lamentable q no haya podido superar la depresión, todos somos vulnerables

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