Rimbaud y Verlaine, tres (nuevas) cartas de amor

Tres cartas y una de las relaciones más complejas de la literatura: Arthur Rimbaud y Paul Verlaine vivieron con intensidad mientras estuvieron juntos y después de separarse. No es sencillo definir lo que vivieron. A pesar de que Verlaine estaba casado y de la juventud de Rimbaud, su amor trascendió lo personal y dejó testimonios de gran valor literario en ambos casos.

Ilustración: David Peón
Ilustración: David Peón

Rimbaud, por su parte, ha quedado para la historia como el eterno rebelde, el adolescente que pidió libertad a los nuevos para execrar a los antiguos, el ladrón de fuego, el poeta. Rimbaud no mintió, su rebeldía está más en su obra que en su vida. Lo más fascinante de su idilio tumultuoso con Paul Verlaine —que concluyó con el encarcelamiento de éste, pues le disparó a Rimbaud, hiriéndolo en la muñeca, luego de un pleito— es que su intensidad es universal. Al leer las tres cartas que le escribió desde Londres el 4, 5 y 7 de julio de 1873, después de que Verlaine lo abandonó, se reconocen las contrariedades del amor, su estira y afloja, el abrazo y el dedo que señala la culpa, la admiración y el resentimiento.

“Sobre Rimbaud se ha dicho todo, y todavía más”. Las palabras de Camus animan esta nueva traducción de las cartas. ¿Qué le dicen hoy a los lectores? Con seguridad cosas muy distintas a las de su tiempo, en que la homosexualidad era vista prácticamente como delito y pecado. Por fortuna, hoy podemos celebrar este amor —por más tormentoso que fuera— con muchos otros nuevos significados en el mes del orgullo LGBT+

—Carlos Rodríguez

* * *

Londres, tarde del viernes

Regresa, regresa, querido amigo, mi único amigo, regresa. Te juro que seré bueno. Si fui horrible contigo, es una broma en la cual me excedí, de la que me arrepiento más de lo que te imaginas. Regresa, olvidemos esto por completo. Qué desgracia que hayas creído en esta broma. Heme aquí, hace dos días que no dejo de llorar. Regresa. Sé valiente, querido amigo. Nada está perdido. Solo tienes que hacer el viaje de nuevo. Volveremos a vivir aquí con mucha valentía, pacientemente. Ah, te lo suplico. Además es por tu bien. Regresa, recuperarás todas tus cosas. Espero que ahora sepas bien que no había nada real en nuestra discusión, ¡el momento terrible! ¿Por qué, cuando te hacía señas de parar, no lo hiciste? ¡Vivimos dos años juntos para llegar aquí! ¿Qué vas a hacer? Si no quieres regresar acá, ¿quieres que vaya a encontrarte donde estás?

                Sí, fui yo quien se equivocó.
                Oh, di ¿no me olvidarás?
                No, no puedes olvidarme.
                Te tengo siempre aquí.
                Di, responde a tu amigo, ¿ya no debemos vivir juntos?
                Sé valiente. Respóndeme rápido.
                No puedo quedarme aquí más tiempo.
                No escuches más que a tu buen corazón.
                Rápido, di si debo alcanzarte.
                Tuyo, toda la vida.

Rimbaud

 

Rápido, responde, no puedo estar aquí después del lunes en la noche. No tengo siquiera un penique, no puedo poner esto en el correo. Encargué a Vermersch tus libros y manuscritos.

Si ya no debo verte, me alistaré en la marina o el ejército.

Oh, regresa, a todas horas lloro de nuevo. Dime que vaya a tu encuentro, iré, dímelo, telegrafíame. Tengo que irme el lunes en la noche. ¿A dónde vas?, ¿qué quieres hacer? 

* * *

Querido amigo, leí tu carta emitida “En el mar”. Esta vez te equivocas, estás muy equivocado. Para empezar no hay nada positivo en ella: tu mujer no vendrá o vendrá en tres meses, tres años, qué sé yo. Con respecto a dar el portazo, te conozco. Así que, mientras esperas a tu mujer y tu muerte, te vas a doblegar, divagar y hartar a las personas. ¡Todavía no reconoces que la rabia era tan falsa de un lado como del otro! Pero eres tú quien cometería los últimos errores ya que, incluso después de que te insistí, continuaste con tus falsos sentimientos. ¿Crees que tu vida será más agradable con otros que conmigo? ¡Piénsalo! ¡Ah! ¡Desde luego que no!

Solo conmigo puedes ser libre, y dado que te juro ser muy amable en lo venidero, que por mi parte lamento los errores, que por fin tengo la mente despejada, que te quiero, si no deseas regresar o que me reúna contigo, cometes un crimen del que te arrepentirás por muchos años, por la pérdida de toda libertad, y por las penas quizá más atroces que todas las que has vivido. Después, recuerda lo que eras antes de conocerme.

Con respecto a mí, no vuelvo a casa de mi madre: voy a París, trataré de irme el lunes en la noche. Me habrás obligado a vender toda tu ropa, no puedo hacer otra cosa. Aún no se ha vendido: no se la llevarán sino hasta el lunes en la mañana. Si quieres mandarme cartas a París, envía a L. Forain, calle St Jacques 289, para A. Rimbaud. Esa será mi dirección.

Por supuesto, si tu mujer regresa, no te comprometeré escribiéndote. No escribiré nunca.

La única palabra verdadera es: regresa, quiero estar contigo, te amo, si escuchas, demostrarás valentía y un espíritu sincero.

De lo contrario, me das lástima.

Pero te amo, te abrazo y volveremos a vernos.

Rimbaud

8 Great Colle[ge Street] hasta el lunes en la noche o martes a mediodía, si me buscas.

* * *

Lunes a mediodía

Mi querido amigo,

Vi la carta que enviaste a la señora Smith.

¡Desgraciadamente ya es muy tarde!

¡Quieres regresar a Londres! ¡No sabes cómo te van a recibir todos aquí! Y la cara que me hará Andrieu y demás si me vuelven a ver contigo. Pese a ello, seré muy valiente. Dime lo que piensas con sinceridad. ¿Quieres volver a Londres por mí? y ¿qué día? ¿Es mi carta la que te aconseja? Sin embargo, ya no hay nada en la habitación. Todo se vendió, menos un gabán. Tenía dos libras con diez. Pero la ropa aún está en casa de la lavandera, y conservé un montón de cosas para mí: cinco chalecos, todas las camisas, calzones, cuellos, guantes, y todos los zapatos. Todos tus libros y manuscritos están a salvo. En resumen, nada más se vendieron tus pantalones, el negro y el gris, un gabán y un chaleco, la maleta y el sombrerero. Pero ¿por qué no me escribes?

Sí, mi pequeño, me voy a quedar una semana más. Y vendrás, ¿o no? Dime la verdad. Habrás dado una señal de valentía. Espero que sea verdad. Fíate de mí, tendré muy buen carácter.

Tuyo. Te espero.

Rimb.             

 

Carlos Rodríguez
Traductor y periodista cultural

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Publicado en: Ciudad de libros