Richard Rorty: Filosofía y futuro

When asked his opinion of
pragmatism,
Morgenbesser replied:
“It’s all very well in theory but
it doesn’t work in practice.”

A todo el que le interese la filosofía contemporánea sabe que existe una verdadera guerra entre la escuela analítica y la continental. Los primeros son los herederos de Russel y Wittgenstein, los segundos son hijos de Nietzsche y Heidegger. Los primeros son cercanos a las ciencias naturales y las matemáticas y los segundos leen literatura y poesía. Los primeros acusan de payasos sospechosos a los segundos y los segundos de sofistas superficiales a los primeros.

Más allá de esto, todo el que tenga un sincero interés en la filosofía actual intuye que esto es consecuencia de una cuestión mucho más profunda, a saber: la crisis misma de la filosofía. Esta crisis surge porque hoy, menos que nunca, tenemos claro para qué sirve la filosofía.

La colección de ensayos, Filosofía y Futuro (2002), de Richard Rorty representa un educadísimo y muy claro análisis de esta situación. Para quien no lo sepa, Richard Rorty (1931-2009) es uno de los filósofos contemporáneos más discutidos e influyentes de las ultimas tres décadas. Primero fue educado en la rigurosa academia americana y después fue gran lector de los clásicos y los posmodernos. Impartió cátedra de Filosofía en Princeton y de Literatura en Stanford. Para algunos es un traidor al rigor académico, para otros, un redentor de la filosofía moderna. Escrito en la prosa sencilla que caracteriza al filósofo neoyorquino, este libro presupone solamente un conocimiento básico de algunas corrientes filosóficas y sus representantes más ilustres. Suficientemente raro para este tipo de texto, los ensayos están escritos con todo el afán de ser entendidos. El librito consta de apenas 188 páginas y contiene nueve ensayos. En pocas palabras: esta antología constituye una verdadera obligación para cualquier individuo que desee entender un poco más del debate filosófico actual y esté dispuesto a plantearse la pregunta del fin de la filosofía.

La tesis central de Rorty es sencilla y radical: erramos profundamente al pensar que estamos más cerca de la verdad que nuestros antepasados. En dado caso, podríamos decir que los avances de la humanidad sólo pueden entenderse como progreso en el sentido en que hoy existen más espacios de libertad política e intelectual que antes. La verdad, más que ser correspondencia con la realidad es una herramienta relativa a un tiempo y a un lugar. En ese sentido, el valor de la filosofía radica precisamente en su utilidad. Para Rorty, los filósofos son muy similares a los abogados o ingenieros que cumplen con una función que la sociedad les encarga. La función de filósofo, dice el autor, es la de entender y conciliar diferentes paradigmas. Entonces, a diferencia de la creencia tradicional, el trabajo del filósofo no consiste en buscar la verdad entendida como “la forma en que las cosas son realmente” sino en buscar la libertad, entendida como “hacer el futuro humano más grande que el pasado”. Sencillamente permitir que podamos hacer más, decir más e imaginar más.

 

En el primer ensayo –de tan sólo once páginas– el estadounidense explica cómo en un principio la filosofía trataba de lo eterno e inmutable y después empezó a tomar en cuenta la importancia del tiempo y de la historia. Resume cómo pasamos de Platón y Kant a Hegel y Darwin. Y la forma en que esto significó que pasáramos de preguntarnos “¿qué somos?” a preguntarnos “¿qué podemos ser?”, definiendo así el presente y futuro de nuestras sociedades e introduciendo el concepto de temporalidad en la reflexión humana.

El segundo ensayo es más bien especializado y trata de reconciliar a dos de las figuras más importantes de nuestro siglo: Habermas y Derrida. El primero, un gran pensador público y el segundo, un gran pensador de lo privado y uno de los más ricos en ideas filosóficas que ha habido. También en ánimo comparativo, el tercer ensayo describe la relación entrela filosofía analítica y “la filosofía transformativa”.

Por su parte, el sexto ensayo también está dedicado al pensamiento de un filósofo contemporáneo y es literalmente un regalo que Rorty le hace a Georg Gadamer en su cumpleaños número 100. En este ensayo Rorty sostiene una tesis radical y defiende que todo campo de conocimiento, sea literatura, filosofía o ciencia misma, es finalmente lenguaje y sólo lenguaje.

Me gustaría ahondar un poco más en el cuarto ensayo: “Lealtad y Justicia”. En éste, Rorty nos invita a imaginarnos la siguiente situación: un día algún verdadero amigo nos implora que lo escondamos unos días porque la ley lo persigue por un delito menor. Quien realmente imagine el ejercicio y ofrezca una respuesta sincera coincidirá con Rorty en que todos le ayudaríamos a nuestro querido amigo, aunque sea un poco. Casi todos lo haríamos sin saber que al hacerlo o no hacerlo estamos ante el grandísimo problema de la tensión que existe entre lealtad y justicia, y que esta disyuntiva tiene su origen en otro problema mayor: la pelea entre sentimiento y razón; pugna que ya antes ensayaron Kant y Hume. Este ensayo es importante porque Rorty ofrece una elocuente e innovadora propuesta de como conciliar los dos conceptos y finalmente entender a la justicia como una suerte de lealtad ampliada.

En mi opinión, el mejor ensayo del libro es el quinto que se titula Spinoza, el pragmatismo y el amor a la sabiduría. El ensayo es una bellísima apología de Spinoza y de su crucial importancia en la historia de las ideas. Rorty explica que la principal contribución de Spinoza radica en haber desarrollado la idea de que dos cosas que son aparentemente muy distintas pueden ser muy iguales al entenderse como dos descripciones de lo mismo. Por ejemplo, la conciencia y la materia pueden entenderse como dos caras de la misma realidad. Más allá de Spinoza, esta voluntad de unir lo aparentemente opuesto parece tener un impacto crucial en el pensamiento de Rorty quien ensaya variaciones de este método para diferentes problemas. Por otro lado, este ensayo es una declaración de pertenencia. En él, Rorty delimita con ejemplar claridad que Spinoza es el fundador de una dinastía que hereda Kant, después Hegel, después Nietzsche, luego James y que concluye en Rorty mismo. A esta noble familia, Rorty les llama los pragmatistas –que por cierto, son enemigos a muerte de los platonistas quienes en contraposición a la familia de Rorty, se aferran al concepto de la verdad inmutable y al de la realidad eterna.

Si el mejor ensayo es el de Spinoza, el más bello es sin duda “Orquídeas Silvestresy Trostki”. Este ensayo es más bien un esbozo autobiográfico de la vida intelectual de uno de los grandes pensadores de la segunda mitad del siglo XX, el propio Richard Rorty. La grandeza de este ensayo radica en plasmar con ejemplar contundencia la dicotomía que habita en todos nosotros: la tensión entre belleza y bondad, placer y deber, realidad y justicia.

No es fácil encontrar un libro de filosofía que se entienda y menos fácil es encontrar un libro de filosofía que sea divertido de leer. Este libro logra esa trinidad improbable: es buena filosofía, es entendible y es divertido. Filosofía y futuro de Richard Rorty es una obra obligada para entender sumariamente la situación de la filosofía actual sin recurrir a los arduos volúmenes que la academia produce al respecto.

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Publicado en: Crónica