Retornar (prólogo a la Relación de viaje de Antonio Pigafetta)

Minerva, una de las editoriales independientes más prometedoras de México, ha sabido conciliar diseño y cuidado editoriales, rescates tipográficos en un palpable amor por el libro objeto con la calidad literaria y el interés histórico de sus textos. La editorial lanza ahora el tercer volumen de su colección sobre viajes “Ínsula”. Esta vez tocó el turno a la Relación del primer viaje alrededor del mundo (1519-1522) de Antonio Pigafetta, uno de los acompañantes del Capitán Magallanes, en aquel siglo XVI de los asombros y las temibles expediciones y conquistas europeas de ultramar. Ofrecemos el prólogo de Gonzalo García Barcha a un libro que ya circula por librerías del país.


Minerva da la vuelta al mundo. Si hasta ahora nos ha deleitado con obras íntimas de grandes plumas y recorridos relativamente breves, no cabe duda de que “el Pigafetta” otea el vasto horizonte de las posibilidades de su empresa editorial. El lector tiene en sus manos un texto que ha gozado de gran popularidad a lo largo del tiempo y que ha dado a conocer una de las más grandes aventuras de la historia: aquella en la que Europa no sólo confirmó la redondez de la tierra sino la verdadera magnitud de nuestro planeta.

Pero antes de adentrarnos en las comisuras de este texto —que pasó de manuscrito a informe confidencial y misterioso, para luego rehacerse por una mano sublime en Francia y después renacer como joya impresa de la Edad de Oro de la Serenísima Venecia— es importante saber qué lugar tiene en un panorama crítico de nuestro pasado, y por ello, sería un error no mencionar que esta reconocida “primera vuelta al mundo” queda en entredicho cuando se revisan las investigaciones sobre las hazañas navales como la del Imperio Chino un siglo antes de que el Capitán General, Fernando Magallanes, el héroe de nuestro relato, iniciara con esta empresa. Los vasos comunicantes del planeta, la interacción entre vikingos, chinos y americanos necesita interpretaciones más diversas que la simple invención del Nuevo Mundo por Europa.

Llamémosla pues primera vuelta europea y ahora fijémonos de cerca al europeo que nos la cuenta, Antonio Pigafetta, quien se describe a sí mismo en el prólogo como salido del buen cortesano de Castiglione: intelectual, científico, aventurero, diplomático recomendado por la nobleza. Suponemos que su educación fue esmerada y acorde con lo mejor de su tiempo. Su curiosidad por las cartas de mar, el conocimiento de los vientos y las estrellas hablan menos de su temor a Dios y más de su atracción por la aventura y las ideas vanguardistas, la mayoría consideradas heréticas, de la época. Solicitó formar parte del viaje de circunnavegación de Magallanes a los 27 años, y dice que obtuvo el lugar en la expedición “Gracias a mis muchas lecturas”, aunque más tarde se representa como hombre de acción. Le creemos, ya que dejó rastro de su vida de guerrero más adelante. Dicen que murió a hierro en el fragor de la batalla contra la flota turca en 1531, apenas una década después de haber publicado su libro, el que en verdad cumplió su deseo expreso de “garantizarme un nombre en la posteridad”.

Este navegante vicentino zarpó a las órdenes de Magallanes el 10 de agosto de 1519, en una expedición conformada por doscientos treinta y siete hombres, repartida en cinco naves, y que, más allá de tener un designio evangelizador, suponía una empresa comercial para abrir una ruta de intercambio en un mundo que ya estaba dividido entre la corona española y la portuguesa, pero que aún no se había terminado de dibujar. El clavo y las especias encontraban un impuesto muy elevado en España —al pasar por India, Medio Oriente y Venecia, donde terminaba de inflarse su precio— y la expedición suponía la búsqueda de apertura de nuevas rutas mercantiles marítimas por el otro lado del globo.

En esta expedición Pigafetta escribió metódicamente, en un cuadernito, la crónica del viaje y anotó vocablos y expresiones, ya que fungió como embajador de la tripulación, y como tal, se hizo a la tarea de compilar las palabras que les servirían para comerciar. Se cree que en el relato de Pigafetta aparece por primera vez una descripción del coco, como también se hace presente el desconocimiento de la existencia del plátano, al cual describen como higo largo. Además, se dedicó a corregir, anotar y traducir al italiano el Tratado de Navegación que Rui Faleiro había entregado a la expedición. Este ingenioso navegante luso había encontrado la manera de calcular la posición de un barco a partir de un lugar de observador y de esa forma contribuyó a la expedición de manera sustancial.

Muchas veces motivado por anécdotas que iba recogiendo al vuelo, Pigafetta narra la presencia de animales fantásticos —como mamíferos acuáticos con el ombligo en la espalda o moluscos que comen corazones de ballenas— y momentos sumamente impresionantes como la batalla en Matán, donde los locales resistieron los embates de los arcabuces y cañones europeos.

Con la fatídica muerte de Magallanes, Juan Sebastián Elcano asumió el timón de la expedición y logró consolidar la épica de la circunnavegación al tocar el puerto de Sevilla, en 1522. Al ser italiano y habiendo estado tan cerca de Magallanes, un capitán tan controversial, Pigafetta no gozó de los mismos beneficios que los marineros españoles al volver a tierra. Sin embargo, con conciencia literaria, Pigafetta sabía que podía obtener alguna ganancia con su diario de viaje. Por ello realizó traducciones al francés y transcripciones al italiano y editó él mismo su propia prosa, pensando en un mecenazgo interesado en conocer las aventuras en alta mar, como también plasmó las tensiones entre la corona portuguesa y la corona española que se manifestaban en la propia cubierta de los barcos. El diario de Pigafetta es entonces un muy luminoso documento para realizar una radiografía de la época, pero también es una lección de cómo mantener la naturalidad al transmitir datos inverosímiles o maravillosos. Su descripción de la actual China, construida de retazos de reportes de segunda mano, nos sorprende por la coherencia que tiene con los reportes actuales.

Por otro lado, es muy interesante rastrear de dónde viene el término “Relación” para referirse a una serie de documentos como los que se presentan en este libro. Se sabe que el documento original que escribió Antonio Pigafetta durante la travesía se perdió, por lo tanto, la edición realizada por el académico italiano Andrea Cánova, de la cual se origina esta traducción, es la reconstrucción crítica de la variedad de ediciones y manuscritos disponibles en los que se relacionan la prosa y las experiencias narradas para poder conocer la historia de manera fidedigna. La edición francesa que entregó el propio Pigafetta, dedicada al noble francés Phillipe Villiers de l’Isle-Adam, es una de las reminiscencias aún palpables de un documento que se cree que fue robado por piratas.

La primera edición impresa que narró la expedición Magallanes-Elcano, la “Historia Oficial”, fue La epístola de Maximiliano Transilvano; reúne los relatos de los sobrevivientes españoles de la epopeya. Shakespeare, en su Tempestad, hace mención de los dos amotinados que traicionaron a Magallanes y curiosamente los llama Sebastián y Antonio, como Elcano y Pigafetta. Quién sabe qué llevó al dramaturgo a confabular a los dos marinos, pero en el texto de Pigafetta, desde luego, no existe evidencia alguna de complicidad entre ellos. Pigafetta sencillamente ignora a Elcano y no lo menciona ni de pasada. Transilvano sí narra su navegación y capitanía y también menciona otras hazañas ausentes del relato de Pigafetta, como la de Cortés en tierras mexicanas.

La epístola de Transilvano y El viaje alrededor del Mundo de Pigafetta son complementarios, de hecho se imprimieron juntos más adelante, siendo que el texto de Pigafetta aparecía por vez primera editado en italiano, en 1536, por la prestigiosa casa editorial Giunta. Esta joya es un ejemplo más de la calidad que alcanzó el arte editorial en Venecia en el Renacimiento. No se han hecho libros más sobrios y generosos que los de esos tiempos. Son muy conocidas las ediciones que se sumergen en la figura de Magallanes. La biografía escrita por Stefan Zweig es un claro ejemplo del interés y potencia de un personaje como el Capitán General. A diferencia de la edición realizada por Alianza Editorial —con una extraordinaria traducción de Isabel de Riquer— la edición que presenta Minerva Editorial en este ejemplar rescata la condición narrativa de Pigafetta, y está apoyada de ilustraciones y cartografía que enfatizan el contenido literario que tiene este libro. Además, al aparato de ilustraciones se suma una nueva fuente tipográfica en el inventario de Minerva, utilizada para realzar las láminas: se trata de una interpretación de la caligrafía de Luis Lagarto, maestro de las letras que trabajó en La Nueva España a finales del siglo XVI y qu fue dibujada por Gabriel Martínez Meave en la Ciudad de México a principios del siglo XXI.

Con un meticuloso cuidado de edición a cargo de Andrea Pliego Rentería y Catherine Rendón, la presente edición de la Relación pone en la mesa muchas reflexiones a propósito de un documento en el que se habla de manera peyorativa de las poblaciones originarias, las mujeres y las latitudes que los marineros iban encontrando, pero que, más allá de evitarlas, nos ayudan a leer muchos equilibrios de nuestro presente: ¿Qué tanto hemos cambiado en realidad?

La traducción que realizó Laura Origa toma como base la Relación de Andrea Canova de 1999. Dentro de los criterios de traducción, llaman particularmente la atención algunos gestos que esta edición sugiere en los que se respeta la voz y la conjugación temporal de Pigafetta, apostando por un tono casi cervantino. Asimismo, esta edición prefiere dejar en mayúsculas al Capitán General, como indicio de esa admiración devota que deja entrever Pigafetta sobre Fernando de Magallanes, pues es la única persona para la que hay afecto. Hacia el resto del género humano —y su encuesta abarca nada menos que el planeta entero— se limita a descripciones acertadas y bellas, pero distantes. Describe desde los rasgos más generales de un pueblo y las costumbres sexuales más íntimas de sus individuos como si existieran en un ámbito ajeno al suyo. ¿No encontró este navegante otro ser afín en toda la vuelta al mundo que mereciera una mención afectuosa o galante en su memoria escrita? ¿No dejó este marinero una novia siquiera en un puerto olvidado? Esa distancia arma al narrador con un gran poder de convicción científica pero también delata con fuerza la displicencia con que todavía muchos miramos a los que son distintos de nosotros.

Esperamos que con esta deslumbrante edición de Minerva Editorial, el “Pigafetta”, encuentre nuevos lectores. Hay ecos que retumban en nuestros tiempos de la época asombrosa de los exploradores. Haríamos bien en mirarnos con más detenimiento en sus espejos y baratijas, pero con nuevos ojos. El comercio planetario que inauguró Magallanes hace cinco siglos ha dado como resultado un planeta enfermo. Nuevos exploradores en sus cacharros siderales traman la huida sin retorno, dejando atrás nuestro planeta exhausto. Los que no estamos en esa lista de a bordo tendremos a Pigafetta para enseñarnos cómo era el mundo justo antes de que empezara a irse a la mierda.

 

Gonzalo García Barcha

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Publicado en: Ciudad de libros, Fragmentos