
Presentamos una selección de poemas inéditos de Mariana González. Un cuaderno de campo donde el cuerpo, la voz y la ciudad son territorios en constante observación. Se trata de una poética de la fricción: entre lo orgánico y lo mecánico, entre el impulso vital y su desgaste, entre el deseo de nombrar y la imposibilidad de hacerlo del todo. Cada verso funciona como un registro —corporal, vocal, urbano— que captura el temblor de lo que está a punto de descomponerse o de transformarse.
Matemática del cuerpo fértil
La matemática del cuerpo fértil
es una forma animal, indeseada,
concebida en la joroba de un búfalo,
dispuesta a desequilibrar el asfalto.
Solo hay pasto acumulado,
brotando de un nido de plástico,
con los ojos secos,
llenos de arena.
Exprimía la presión sanguínea
para romper la conciencia,
para iluminar a las hormigas
que riegan sus pequeños renacuajos,
que extraen el oro de la tierra.
Y cada noche se repite la corrida:
para quebrar esas molestas fosas nasales,
para recorrer las líneas verticales
de la entrepierna,
como si fuera el inicio
de una cadena alimenticia.
Entra el cuerno,
embiste al cobre,
traga saliva hasta volverla desgarro.
Última fase de descomposición mental:
multiplica células viejas
para autodestruirse.
Abre las fosas del hormiguero,
gira de cabeza en el vuelo del tigre,
llena la lápida con sal
para descansar, al fin,
rodeado de piedras,
sin desatar la propia evolución:
el nudo, la suma, el cuadro,
una extensión de su piel al cubo.
***
Último registro vocal
Sabes que un día empieza con lo simple:
el lugar, la semana, la hora, la fecha,
esos pequeños detalles que marcan
y agitan una sonrisa espontánea.
Haces lo imposible para no sentirte culpable,
es real estar nervioso en la normalidad,
redactar sin parar una página sobre cualquier día:
interrumpir cada pensamiento
con un color distinto,
soñar un catálogo de palabras innombrables.
Algún día llegará ese diario a su remitente
que hará todo lo posible para entender,
o estirar cada historia con sus palabras,
en centímetros de suposiciones
que son reflejos.
El día de hoy merece ser firmado:
le resto una letra a mi nombre,
le pongo una irradiación a mi último registro vocal.
Al despedirnos fracturo la grieta del tren
que escribí a raíz de un garabato.
Cerré los ojos y brevemente
asumí la culpa de cada decisión
en las curvas diagonales,
en cada trozo roto de papel.
Y entonces entenderás lo simple:
interpretar tus oscuros paralelos,
tu nombre iluminado es mi salvavidas,
mi respuesta diciendo: Perdonáme.
***
Creo que las ciudades…
Creo que las ciudades
nos acercan a la prestidigitación,
a la magia,
donde los indigentes
regalan profecías
al intercambiar algunas monedas:
Así tenía que terminar.
No te asustes,
vas a estar bien, bonita.
Quise profundizar más,
pero solo sonreí.
Su cabeza regresó para mirarme
con pupilas vacías de clarividencia.
Tuve que regalarle mi nombre
y un suspiro de esperanza
del inicio de semana.
Estoy pensando:
¿Por qué no ha salido mi horóscopo?
Porque soy responsable de mis acciones,
porque el dolor es causa de mi postura,
porque mi cadera hace gestos
con las raíces de mis pies.
Quería a un vidente,
y los magos usan curiosos disfraces.
Esconden extraña señalética
entre sus palabras:
frases absurdas,
silbando en los huecos de sus molares.
Mariana González S.
Es poeta y bibliotecóloga. Su obra ha sido publicada en revistas nacionales e internacionales como Humboldt y Gegenüber, Ligeia, Periódico Goooya!, Revista Marvin y Nexos. Es autora de Prácticas de natación (Mano Santa Editores, 2025).