“‘Mi vida’ es la autobiografía mental con la que todos vivimos y para la cual vivimos. Lo que ocurre en realidad es algo del todo distinto […] Al ir en busca de un yo perdido también busco un tiempo perdido.”1
Con el argumento de que “no es cosa seria”, la ficción parece ser sólo un pasatiempo para los historiadores, pero el presente de alguna manera también se ha convertido en una realidad paralela a los papeles de antaño. Así que la fama tampoco caracteriza a estos intelectuales, a quienes se les relaciona más bien con el pasado, con lo viejo, con lo antiguo, con datos, libros y archivos, incluso con lo aburrido. Para algunos, los historiadores están recubiertos de polvo, muy lejos de la luz de los reflectores, y si bien de vez en cuando se les reconoce el papel que juegan en la construcción de una o varias memorias, pocas veces importa y se evoca su memoria personal como parte de la historia misma… A menos de que estén muertos: como si el tiempo fuera el único garante de objetividad, el juez incuestionable que otorga el prestigio en la historia.

Por suerte, hoy podemos celebrar una historia viva que se sacude el polvo: el historiador británico Timothy Garton Ash cumple —apenas— sesenta años. Es profesor en la Universidad de Oxford, se ha dedicado a estudiar la historia del presente y la política europea. Desde su primer libro, The Polish Revolution: Solidarity, publicado en 1983, que trata sobre la huelga de 1980 del sindicato polaco “Solidaridad”, el historiador británico dejó claro su interés en el estudio histórico de lo actual, de lo vivo. Tan sólo tres años después de ocurrido, el autor aventura un análisis sobre un suceso que le fue contemporáneo. En general, todo su trabajo ha seguido esta línea de inmediatez. Es por eso que habrá quien dude de su filiación historiadora y lo coloque bajo el título de periodista, analista político o algo por el estilo, mas ninguno de los adjetivos tendrían por qué serle negados.
A pesar de haber nacido en uno de los países más occidentales, el hombre se interesa por la otra Europa: de Alemania al Este. Me aventuro a decir que, a partir del estudio de las diversas realidades en los países de la Europa Central principalmente, Garton Ash se topó con la necesidad de problematizar sobre el viejo continente que se convulsiona constantemente. Hoy día, el historiador británico colabora como columnista y analista en periódicos como The Guardian, New York Times, Washington Post y otros; además, como era de esperarse, su interés historiador ha desbordado fronteras y ahora aborda temas políticos del mundo entero: desde la confrontación entre Europa y Estados Unidos en Free World (2004) a conflictos políticos y sociales polémicos en el mundo entero con Facts Are Subversive (2009). En cuanto a las publicaciones en español, El País se encarga de algunos de sus artículos y sólo tres de sus libros sido traducidos: Mundo Libre (2005), Historia del Presente (2000), y El Expediente: Una Historia Personal (1997), éste último es una autobiografía que apela a la memoria, sobre la cual vale la pena profundizar con el pretexto de su cumpleaños —y leer, claro—.
En dicho libro, Timothy Garton Ash se examina a sí mismo —costumbre sorprendentemente socorrida entre historiadores, basada en una curiosidad, en una sospecha, a veces quizá en delirios de grandeza que pocos les conceden. ¿Una autobiografía para recordarse? Prefiero ver al Expediente como una escrito donde la memoria se problematiza y comprende mejor.
A diferencia de otras autobiografías, ésta no es un relato de un montón de acontecimientos que se articulan para explicar el ser de quien la escribe, sino que a lo largo de la reconstrucción personal el acento está en los recuerdos y lo olvidos, quienes componen a la memoria, y también a la historia. El autor narra la parte de su vida que se inserta en el periodo de la Guerra Fría a finales de la década de 1970; momento en el que Alemania estaba dividida y el famoso muro se imponía delante o tras la Puerta de Brandemburgo, según el lado del que se estuviera.
Timothy Garton Ash inició este proyecto a partir del hallazgo del expediente que le había dedicado la Stasi,2 pero también echó mano de otras fuentes: su diario, sus recuerdos y algunas entrevistas. El pasado que el británico poco a poco reconstruye le parece “otro universo.”3 Ante la confusión que puede provocar entretejer recuerdos, algunos antiguos y otros recién recuperados, sale a relucir la profesión de historiador: “Hay una auténtica línea divisoria entre el recuerdo —ya sea difuso o enriquecido— de algo que realmente ocurrió, e imaginar algo que nunca ocurrió. Están los hechos históricos.”4 Para él, todo este collage de memoria se forma al integrar fuentes de diversas texturas, con distintos recuerdos y olvidos que han pasado por una serie de pruebas.
El propósito de utilizar su historia como una ventana a un proceso histórico mucho más amplio no le es fácil, pero a pesar de la innegable dificultad de no enjuiciar a los informantes de la Stasi, el historiador halla una pieza del rompecabezas que explica las acciones de aquellos hombres: la debilidad humana. Aún con la relatividad como un factor que emerge en el relato, Garton Ash subraya la necesidad de comprender al otro, ya sea literalmente otra persona o un yo lejano. En un intento por reconstruir una memoria personal, el autor descubre distintos obstáculos que le dificultan conocerse a sí mismo, lo cual le posibilita comprender la complejidad que compone a los demás.
La memoria como recuerdo y olvido a la vez, no sólo está plasmada en la reflexión que Garton Ash hace sobre sí mismo, sino también en la memoria evasiva de Alemania: “Cuán cómodo resulta, un par de veces al año, juntarse de nuevo y olvidar los tiempos de antaño.”5 Cómo negar que existe una manera en que las personas —en general, y no únicamente los alemanes— evaden la responsabilidad del pasado al marcar ciertas fechas conmemorativas oficiales a modo de disculpa o rectificación ¿Quién recuerda cuándo inició o terminó la Segunda Intervención Francesa en México? Sin embargo, no se olvida el día de asueto a principios de mayo que los calendarios marcan como “La Batalla de Puebla”. En numerosas ocasiones las historias nacionales oficiales parecen articularse con base en una memoria compuesta de recuerdos no necesariamente asimilados, los cuales, a decir verdad, propician olvidos.
Tanto El Expediente como el mismo Timothy Garton Ash demuestran que todos somos seres humanos de nuestro tiempo, capaces de recordar y olvidar, partícipes de una fracción de la historia. Al fin y al cabo, la memoria articula la historia y la vida. Así que no sólo habría que recordar a los muertos, sino también a los vivos, y como Garton Ash, empezar con uno mismo.
Garton Ash, Timothy, El expediente. Una historia personal, Barcelona, Tusquets Editores, 1999.
http://www.timothygartonash.com
1 Timothy Garton Ash, El expediente. Una historia personal, Barcelona, Tusquets Editores, 1999, p. 35.
2 Ministerio para la Seguridad del Estado, es decir, la policía secreta de la República Democrática Alemana.
3 Ibídem, p. 122.
4 Ibídem, p. 123.
5 Ibídem, p. 59.