¿Por qué nos emborrachamos? 
Una incógnita milenaria

¿Por qué los seres humanos han recurrido desde siempre a sustancias alteradoras de la conciencia? Para contestar a esta y muchas otras preguntas relacionadas, el filósofo estadunidense Edward Slingerland escribe Borrachos: cómo bebimos, bailamos y tropezamos en nuestro camino hacia la civilización (Crítica, 2022), sustanciosa obra interdisciplinar, que a partir de literatura y evidencia arqueológica, histórica, neurocientífica, psicofarmacológica y genética demuestra que nuestro gusto por la intoxicación no es un error evolutivo. La investigación de Slingerland recorre la historia de la humanidad, desde los primeros fermentos de la antigüedad china y la producción de cerveza en Sumeria, pasando por la mescalina mexicana y los opioides europeos, para llegar a nuestra contemporaneidad y el consumo de drogas entre geeks o en el festival Burning Man. Durante el trayecto no faltan anécdotas y curiosidades históricas y literarias. Aquí nos encontraremos borracheras de Engels y Marx, ideas sobre el vino de Aristóteles y Sócrates y críticas de Tolstoi en torno a este consumo. Un libro lleno de incógnitas que definitivamente llamará la atención de distintos estudiosos pero también de todos los amantes de la fiesta, los ajuares platónicos y los rituales tech-geeks de Silicon Valley. 


De China a México: arqueología intoxicada

~.  El primer rastro directo de la existencia de las bebidas alcohólicas producidas ex profeso por humanos data de alrededor del 7000 a. C., en el valle del río Amarillo en China, donde se encontraron fragmentos de vasijas de una aldea del Neolítico temprano con restos químicos de una especie de vino —que seguramente no sabría muy bien, según los estándares modernos— elaborado a base de uvas silvestres y otras frutas, arroz y miel.

~. Como sugiere la existencia de antiguas cervezas alucinógenas —aunque el alcohol sigue siendo la droga preferida en la mayoría de las grandes culturas del mundo—, los humanos han sido muy promiscuos a la hora de elegir su veneno y han añadido al alcohol otras sustancias intoxicantes o han encontrado sustitutos en los lugares donde no había alcohol.

~. Se han encontrado botones de peyote y frijoles con mescalina del 3700 a. C., según su fecha de carbono 14, en moradas en cuevas del norte de México.

~. El opio es otra droga que los humanos disfrutan desde que nuestros antepasados lejanos descubrieron sus efectos sobre el cerebro. Restos hallados en Gran Bretaña y otras partes de Europa indican que treinta mil años atrás la gente ya consumía amapolas opiáceas, y otros rastros arqueológicos muestran que en el Mediterráneo se adoraba a las diosas de las amapolas en el segundo milenio a. C.

Milenaria incógnita: ¿por qué nos gusta emborracharnos?

~. Según las teoría del «pirateo», el alcohol y otros intoxicantes son como la pornografía: algo que sólo desencadena los sistemas de recompensa del cerebro originalmente diseñados por la evolución para fomentar las conductas adaptativas, como el sexo.

~. Sólo cuando analizamos el consumo de intoxicantes desde la perspectiva del pensamiento evolutivo, se manifiesta con nitidez el verdadero y extraño carácter del fenómeno. Dados los costes sociales del alcohol y otros intoxicantes químicos —maltrato doméstico, broncas de borrachos, recursos desperdiciados, resacas e inútiles soldados y trabajadores—, ¿por qué la producción y el consumo del alcohol y otras sustancias similares mantuvieron su centralidad en la vida social humana?

~. Se calcula que, en la antigua Sumeria, la producción de cerveza —un pilar del ritual y la vida cotidiana— se tragaba casi la mitad de la producción total de cereales.

~. La centralidad de la embriaguez continúa hasta hoy en día. En un hogar tradicional de los Andes sudamericanos, por ejemplo, siguen destacando los diversos cacharros necesarios para obtener la chicha del maíz, un proceso que requiere varios días y cuyo producto se estropea enseguida. Una mujer andina dedica buena parte de la jornada laboral a mantener las provisiones; lo mismo ocurre con la cerveza de mijo en África, cuya producción define los roles de género y rige los ritmos agrícolas y domésticos.

~. Dados los evidentes costes de la intoxicación, no sorprende que muchos líderes políticos vean la abstemia como el secreto para el éxito cultural. Por ejemplo, para Tomás Masaryk, pensador checo de principios del siglo XX y primer presidente de Checoslovaquia, la abstemia era clave de la liberación del pueblo checo.

~. Muchos que se toman más en serio prohibir la intoxicación, como los pentecostales o los sufíes, sustituyen los placeres de la bebida con alguna forma de éxtasis no químico, como el don de lenguas o la danza extática.

~. Todo esto sugiere que la intoxicación está desempeñando una función crucial en nuestra sociedad. Esto la hizo resistir a los intentos de eliminación mediante decreto cultural y creó un vacío que llenar en los raros casos donde sí se ha hecho desaparecer del todo.

¿Son culpables el estrés y la ansiedad?

~. Lev Tolstoi era un intransigente y acérrimo defensor de afrontar la realidad. Y, como era de prever, tenía una severa opinión sobre el consumo de intoxicantes. En su ensayo de 1890 titulado ¿Por qué los hombres se aturden a sí mismos?, afirma que «la causa del consumo mundial de hachís, opio, vino y tabaco no reside en el gusto, ni en ningún placer, recreo o dicha que puedan proporcionar, sino sólo en la necesidad del hombre de esconderse de las exigencias de la consciencia».

~. Reducir el estrés o la ansiedad ha sido la función social que con más frecuencia han atribuido al alcohol los antropólogos inclinados a intentar explicar el consumo de intoxicantes.

~. En un estudio sobre el consumo de alcohol en 56 sociedades pequeñas, publicado en 1943, Donald Horton afirmó que «la función primordial de las bebidas alcohólicas en todas las sociedades es reducir la ansiedad».

~. A pesar del afán de las aerolíneas por abaratar sus servicios —que pasaron de almuerzos completos y gratuitos a la actual tacañería de repartir bolsitas de galletas a la clase turista—, una cosa que jamás se abandonó fue la disponibilidad del alcohol. Una de las formas cruciales en que los humanos han conseguido no arrancarse una pierna unos a otros cuando son apiñados en espacios pequeños.

Los que vomitan juntos permanecen juntos

~. En la obra clásica de la antropología escrita por Dwight Heath sobre el apartado pueblo camba del Amazonas boliviano, se documenta cómo los hombres consumen abundante alcohol, a menudo hasta perder la consciencia, para potenciar su solidaridad social y superar conflictos interpersonales. Los que vomitan juntos permanecen juntos.

~. En muchas sociedades, si no en todas, la embriaguez no sólo sirve para crear lazos entre personas potencialmente hostiles, sino que también se considera un rito de paso colectivo, una prueba de carácter de cada cual.

~. La capacidad de tolerar el alcohol es señal de una mayor confiabilidad general, o incluso de más virtud moral. Una de mis frases favoritas de Confucio, que encontré al final de un largo relato sobre lo quisquilloso que era con todo lo que comía y bebía, es: «A lo único que no ponía límites era el vino». Que Confucio pudiera beber por placer, pero nunca cayera en la indisciplina, es una muestra de su sabiduría.

~. Sócrates era alabado por mantenerse despabilado a pesar de participar, como cualquier ateniense de pro, en las maratones alcohólicas públicas. «Beberá cualquier cantidad que se le ofrezca, y aun así nunca estará ebrio», escribió Platón.

~. Si participar en sesiones de bebida comunitarias merma tu capacidad para mentir, aumenta tu sentido de conexión con los demás y te permite poner a prueba tu carácter latente, entonces es comprensible por qué se suele sospechar de los abstemios. «Bebedor de agua» se utilizaba como insulto en la Grecia antigua.

~. Desde la Antigüedad, abstenerse de participar en los frecuentes brindis rituales que salpican los banquetes chinos tradicionales ha sido un acto de descortesía casi inconcebible, que provocaba la inmediata expulsión de la sociedad civilizada.

El éxtasis líquido

~. La palabra éxtasis proviene del griego ek-stasis, o, literalmente, «estar fuera de sí mismo». Además de posibilitar que individuos potencialmente hostiles confíen unos en otros y se tengan mayor simpatía, los niveles extremos de intoxicación —sobre todo cuando se combinan con la música y el baile— pueden ser una herramienta para borrar las distinciones entre el yo y el otro. Ese abandonarse que produce la ebriedad sirve como señal cultural para indicar que uno se ha identificado plenamente con el grupo o sido absorbido por él.

~. La eficacia con la que el alcohol y otras sustancias desplazan al yo explica por qué el éxtasis inducido por los intoxicantes es tan antiguo como el propio ritual humano. Los recipientes de nuestra bebida alcohólica más antigua documentada —un «grog neolítico, a base de hidromiel, cerveza de arroz y vino de frutas»—, hallados en las tumbas de Jiahu (7000-6000 a. C.), en el valle del río Amarillo, fueron «cuidadosamente colocados cerca de la boca del difunto, quizá para que le resultara más fácil beber en el más allá».

Sirve vino y vencerás: alcohol y política

~. La función política del alcohol es práctica y también simbólica. Quien controlase la producción de la cerveza en Göbekli Tepe controlaba la mano de obra que atraía y sin duda extrajo beneficios prácticos al sistema ideológico creado, reforzado y difundido por los consiguientes festines religiosos con alcohol.

~. Los empleadores incas se servían de las promesas de comida y chicha para atraer el inmenso número de trabajadores que necesitaban para atender sus maizales y construir su propia arquitectura monumental.

~. Hasta hoy, en todo el mundo, en los grandes proyectos comunitarios que dependen del trabajo no remunerado, como la construcción de edificios o el mantenimiento de canales o vías de riego, se suele recompensar a los trabajadores con copiosos banquetes regados con abundante alcohol o festines financiados por las autoridades o los patrones del lugar.

~. Paul Doughty señala que la práctica del «trabajo festivo» en el Perú contemporáneo, donde se celebran fiestas de trabajo voluntario con abundantes dosis de alcohol y música, sigue  siendo la única manera de llevar a cabo grandes proyectos a falta de un sistema bien desarrollado de trabajo asalariado formal.

~. En algunas partes de la Europa de la Edad de Hierro, eran las tumbas de las élites femeninas, en vez de las masculinas, las que contenían grandes y valiosos recipientes para servir hidromiel y vino. Por ejemplo, la lujosa tumba de una mujer de la élite, enterrada en Vix (Francia) en torno al 500 a. C., contenía un carro, joyería de oro y otros recipientes para servir alcohol importados de Grecia.

~. Los intoxicantes —y, por encima de todos, el alcohol— parecen haber sido la herramienta química que permitió a los humanos escapar los confines impuestos por nuestra naturaleza de simios y crear niveles sociales de cooperación de modo similar a los insectos.

Odiemos a The Lancet

~. La literatura científica sobre los beneficios para la salud del consumo del alcohol es, en realidad, contradictoria y confusa. Esto se refleja en las políticas de los gobiernos modernos, que han oscilado entre la condena total del alcohol y las recomendaciones de un consumo moderado.

~. Mucha gente conoce la llamada «paradoja francesa», divulgada a bombo y platillo por la industria vinícola. A pesar de la esperable catástrofe cardiaca que es la cocina tradicional francesa, muy basada en la mantequilla, la leche y el foie-gras, la tasa de cardiopatías de los franceses es sorprendentemente baja. Se venía a decir que el secreto, al menos en parte, residía en la cantidad de vino —en especial el tinto— que bebían los franceses.

~. Esa feliz idea de que los médicos prescribiesen dos copas de vino con la cena se hizo añicos cuando la prestigiosa revista médica The Lancet publicó en 2018. Aunque en él se admitía que el consumo moderado de alcohol, en efecto, puede proveer ciertos beneficios modestos para la salud, matizaba que eran muy pequeños en comparación con los enormes costes que conlleva en forma de accidentes, daños hepáticos y otras causas de muerte prematura.

El borracho, motor de la innovación

~. La disposición del típico establecimiento de bebidas moderno, con una distribución de los asientos que permita que la gente coma y beba cómodamente en grupos de varios tamaños, está diseñada a la perfección para catalizar la creatividad colectiva.

~. Ian Gately señala que, en la antigua Persia, no se tomaba ninguna decisión sin haberla tratado con alcohol, aunque luego no se ejecutara hasta ser revisada con la sobriedad del día siguiente.

~. La gente dice un montón de cosas estúpidas cuando está borracha. Sin embargo, las que son nuevas o innovadoras tienden a flotar a la superficie del torrente de ideas que van y vienen en un grupo cuando todos están relajados y contentos, con las defensas bajas y abiertos a las intuiciones creativas.

~. Una de las ideologías políticas más importantes de los tiempos modernos, el comunismo, fue fraguada por Frederich Engels y Karl Marx durante «diez días empapados en cerveza».

(Sólo) tus amores son mejor que el vino

~. El alcohol puede potenciar y facilitar todo tipo de interacciones sociales. Merece la pena pasar ahora a su función facilitadora de unas facetas de la vida social má personales: el sexo y la intimidad.

~. En El banquete de Platón, Sócrates prescribe el vino para hacer el amor. «El vino humedece el alma y adormece las penas, y despierta sentimientos de generosidad» dice, pero debe consumirse con moderación para que uno pueda «llegar al jugueteo».

~. La idea de que la embriaguez nos hace percibir a los demás como más atractivos también es antigua. Se puede seguir su rastro hasta Aristóteles, que señaló que «un hombre bebido puede incluso sentir el impulso de besar a personas que, por su aspecto o edad, nadie besaría estando sobrio».

~. Es un poco menos conocido que a esta tendencia que provoca el alcohol —ver a los demás más atractivos y sentir menos inhibición ante el sexo— se le suma que una leve embriaguez también lo hace a uno más atractivo. Cuando estás tomado, los demás te ven físicamente más atractivo. Las fotos de personas ligeramente embriagadas son puntuadas como más atractivas que otras fotos de esas mismas personas cuando están sobrias.

Elogio de la juerga dionisiaca

~. Tal vez la borrachera más épica que uno pueda imaginar sea la fiesta del Burning Man que se celebra durante un fin de semana al año en el desierto de Black Rock, al oeste de Nevada. El Burning Man es probablemente lo más cercano que experimentará una persona a las antiguas juergas dionisiacas; un vivificante y frenético caos de calor y polvo, arte y sexo, música y baile, vehículos mutantes y atuendos disparatados, actvisimo social y experimentos de vida colectiva, todo impulsado por unas impresionantes cantidades de alcohol, psicodélicos y estimulantes e intensificado por una considerable falta de sueño.

~. Como apunta el sociólogo Fred Turner, ir al Burning Man se ha convertido en una especie de rito de paso para los trabajadores de la tecnología y la información de Silicon Valley. En 1999, los fundadores de Google, Larry Page y Sergey Brin, incorporaron el logotipo de Burning Man en la página de inicio de Google para anunciar al mundo que ellos —junto con muchos de sus empleados— se dirigían al festival, y el consejero delegado, Eric Schmidt, fue contratado supuestamente porque él también era un asiduo.

~. Es bastante posible que algunas veces la meditación, la poesía o la virtud sean mejores opciones que el vino, la cerveza o el whiskey. En cualquier defensa de la intoxicación química, el chute físico de etanol que alcanza la frontera del cerebro, también se deben reconocer los aspectos caóticos y peligrosos de los excesos bacanálicos.

 

• Edward Slingerland, Borrachos: cómo bebimos, bailamos y tropezamos en nuestro camino hacia la civilización, Crítica, Barcelona, 2022, 398 p. Traducido por Verónica Puertollano.

 

Melissa Cassab
Editora

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Ciudad de libros, Fragmentos