“Yo no nací para hacer ejercicio. Si Dios hubiese querido que yo hiciera ejercicio, hubiese puesto diamantes en el piso”. (Joan Rivers, citada por @MisterTirado)
Heroínas olvidadas
No me refiero a las que vistieron el brillante yelmo del guerrero como Juana de Arco; ni a las que reinaron para cambiar el curso de la historia como es el caso de las reinas Isabel de España e Isabel I de Inglaterra, no, no me referiré a estas grandes mujeres, sino a otras que actuaron discreta pero eficazmente, guiadas por su instinto, por su avidez de saber y de comprender, por su cultura, por su fortaleza y por su valentía personal.
Lápices de colores
Claudio Magris recibió el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2014. Presentamos el texto que leyó en la premiación.
Cartelera 28 de noviembre – 5 de diciembre
Birdman; Chicos y Guillermo ¡A comer!; Club Sándwich; El juez; El médico alemán; Grandes héroes; Interestelar; La dictadura perfecta; La última profecía; Los juegos del hambre Sinsajo: Parte 1; Paddington; Quiero matar a mi jefe 2; Rec 4: Apocalipsis
SoHo, reconociendo una estética futura
¿Y qué mejor que un struggling artist para aprovechar la situación? En las décadas de los 60 y 70, jóvenes artistas con poco dinero para pagar las que, por lo visto, siempre han sido altas rentas de Nueva York encontraron en este lugar desamparado el espacio idóneo para vivir. A esto cabe añadir que los espacios amplios y la enorme cantidad de luz que recibían los interiores fungieron también como tentadores elementos que determinaron la mudanza artística al SoHo. Los edificios, al ser pensados originalmente como espacios industriales, no contaban con las condiciones mínimas indispensables, según el gobierno de la ciudad de Nueva York, para ser considerados habitables (calefacción, aislamiento térmico, interfones), por lo que se regularon los espacios del barrio de forma que sólo aquellos que garantizaban ante la ley ser artistas podían habitarlos. Para dejar saber a las autoridades que en determinado edificio vivían “artistas legales” se colocaba una placa con las iniciales A. I. R. (Artist in Residence).
Sobre La guerra de Galio
Cal y arena relanza tres novelas de Héctor Aguilar Camín —Morir en el golfo, Un soplo en el río y La guerra de Galio—, acontecimiento que marca el retorno del escritor a la editorial que lo proyectó como autor de ficción. Con este motivo rescatamos un ensayo de Carlos Fuentes sobre La guerra de Galio publicado en las páginas de esta revista en octubre de 1991.
Viejas sagas para nuevos éxitos
Revivir viejas franquicias está de moda y era inevitable que algunas sagas cayeran en la mira de los estudios. Para mí es una lástima porque, sin importar lo que resulte de los nuevos capítulos, siempre serán fiascos que arruinaran buenas o malas historias que tuvieron su momento y abrieron paso a nuevas ideas. Revivirlas puede ser una gran estrategia de mercadotecnia, pero sin lugar a dudas es un paso atrás en una industria que no toma riesgos para generar nuevas experiencias, sino que prefiere montarse en éxitos confirmados.
Otro 20 de noviembre
Todo son voces, las siete de la tarde menos diez minutos. Las mujeres balancean los nervios en tacones altos mientras los hombres de delantal transportan de un lugar a otro algunos cuadros que se mostrarán. La diversidad de momentos en un sólo minuto es abrumadora: meseros, compradores, curiosos, trabajadores, la fe de erratas que comienza a circular y el más impresionante políptico de la noche que no es sino la propia subasta.
Una viajera sin viaje
El principal hallazgo de México-Pekín es que la estadía en China adquiere una connotación de exilio: la poeta se extraña de la ciudad que la vio nacer al mismo tiempo que se apropia del contexto en el que vive. La ciudad que la ve nacer puede ser México o Pekín, capitales que son “espiral luminosa” de primera o segunda infancia.
Lecciones de museo: Museo del Bicentenario argentino
No es inútil preguntarse por la historia que enseñan los museos y la manera en que lo hacen. Como nos dice Ludmilla Jordanova: los museos satisfacen la curiosidad del pasado al tiempo que le dan forma a esta curiosidad. Como cualquier otra historia, la que cuentan los museos es forzosamente una historia parcial, pero esta autora describe el pasado que presentan los museos como uno “refinado, de la manera en que lo están los alimentos manufacturados”. Es decir, que los materiales originales de su discurso y los medios por los cuales han sido procesados son relativamente invisibles y mantienen muchos silencios. No hay que esperar que las exposiciones tengan notas al pie, nos dice, pero sí estar conscientes de que moldean el pasado de formas engañosas.