El tango como teoría política

Crónica

El tango como teoría política

Cuando viví en Buenos Aires visité Caminito, la zona turística del barrio de La Boca, al menos quince veces. En una de ellas finalmente pregunté acerca del origen del tango, esa música con la que Jacobo Zabludovsky termina su noticiero y esa danza que cada restaurante en Caminito replica para el disfrute de la mirada turista. El tango nació en los burdeles para acompañar a los inmigrantes, me dijo un porteño.


Ciudad de libros

Allá en el fondo está la muerte

Con frecuencia pienso en mi muerte. La imagen es siempre similar: un funeral, amigos cercanos, pocos familiares, discursos conmovedores, algunas risas intercaladas con algunos llantos, arreglos florales. Nada demasiado excéntrico. Con frecuencia pienso en mi muerte porque me sabe ajena y distante y, por tanto, amable para el juego y el simulacro.




Lecturas para la resaca

Ciudad de libros

Lecturas para la resaca

Presentamos un fragmento de Sobrebeber de Kingsley Amis —libro publicado por Malpaso Ediciones—, “una cima del pensamiento etílico”. En el libro “se cruzan la guasa del filósofo y la sapiencia del crápula para impartir doctrina sobre materias de tanta envergadura como la naturaleza ontológica de la resaca, la dieta del beodo, los ardides del tacaño o las fórmulas (seguramente conjeturas) para eludir una borrachera. Aquí se sirve un delicioso coctel de sosa cáustica y experiencia destilada. Pasen y beban”.


Curadero

Tocar la historia: indumentaria en el Castillo

La iluminación tenue de la muestra crea una sensación de interioridad. Entre las sombras, descubrimos un sinfín de pliegues y detalles. Los colores vívidos y los trajes prístinos exponen la destreza de la restauración, la posibilidad de domesticar el tiempo y darle cierta resistencia a la fragilidad precaria de las telas.




Crónica

Inventar el impresionismo y otras cosas

Hacia finales del siglo XIX un grupo de pintores quería organizar su primera exposición grupal en París, para lo cual le pidieron ayuda a su amigo Paul Durand-Ruel. Por entonces este galerista francés estaba en bancarrota luego de pagarles a aquellos artistas sus gastos de materiales de trabajo, la renta de vivienda y alimentación, y comprarles cuadros que después no podía vender.