El pasado 21 de marzo se celebró como cada año el Día Internacional de la Poesía decretado por la UNESCO. En el mundo entero se organizaron lecturas, performance, conciertos, presentaciones de libros y otros encuentros entre lectores y autores. De un arte tan masivamente marginal no se suelen celebrar sus inmersiones en el séptimo arte. Sin embargo, hay gran cantidad de material que sorprendentemente nos ha logrado acercar de otra manera a los poetas y sus poemas.
Las voces verdaderas
Great Poets: In their Own Words (dir: Sarah Ager, Kemi Majekodunmi, 2014)
Quien vea este documental de la BBC, dividido en dos episodios por orden cronológico, titulados Make It New 1908-1955 y Access All Areas 1955-1982, encontrará exquisitas sorpresas, más aún si aprecia la poesía en lengua inglesa. Desde T.S. Eliot, Ezra Pound y Dylan Thomas hasta Sylvia Plath, Anne Sexton, Allen Ginsberg o Seamus Heaney, la historia, los hallazgos y la evolución de la poesía del siglo XX aparecerán con una claridad deslumbrante ante el espectador.
Comentadas por investigadores y profesores expertos, ilustradas con imágenes y tomas de época, las obras y sus respectivos contextos están aunadas a materiales todavía más sorprendentes: grabaciones, que pertenecen al invaluable acervo de la BBC, de los mismos poetas leyendo sus versos. Pound explicando, en un breve corto, su fascinación por los ideogramas chinos mientras los pinta en un lienzo sobre un caballete; Eliot leyendo en la radio londinense, con una voz grave y una entonación solemne, los versos memorables de La tierra baldía; o, entre otros ejemplos, los experimentos rítmicos de Edith Sitwell, una de las madres del performance, que combinaba las medidas del jazz modernas con la entonación y prosodia poética, como un antecedente también de lo que habría de convertirse en R&B y en hip-hop. No hay un solo minuto de tiempo perdido en lo que dejan estos dos episodios documentales que, en materia de poesía, no tienen comparación.
Las mentes más brillantes (y obscenas) de mi generación
Aullido (dir: Rob Epstein, 2010)
Muchas películas se han hecho sobre la Generación Beat. Entre ellas, seguramente En la carretera (2012)de Walter Salles sea la más difundida y celebrada. Sin embargo, ni esta última ni otras —como, por ejemplo, la no menos lograda Kill Your Darlings (en la que Daniel Radcliffe protagoniza a un muy joven e irascible Allen Ginsberg)— se comparan en originalidad a Aullido. En referencia al poema que inmortalizó a Ginsberg, Aullido tiene no solo la estupenda interpretación de Jean Franco que encarna al poeta beat, sino que se construye como un falso documental, a partir de entrevistas directas con él. Ese punto de unión entre el documento histórico fidedigno y la ficción cinematográfica sirve para devolvernos a la época en que Lawrence Ferlinghetti es llevado al tribunal por haber publicado en la editorial City Lights de San Francisco (que también fungió como librería y lugar de encuentro mítico de la generación) el poema largo de Ginsberg, Aullido, acusado de obscenidad en 1957. El juicio se transforma en una grandiosa discusión en torno a la libertad creativa y la interpretación de los textos. Los alegatos, por tanto, son dignos del mejor ejercicio de crítica literaria.
Con todo esto, la verdadera originalidad de la cinta radica en el montaje y la apuesta por los recursos de la animación digital. Las escenas del juicio y las entrevistas con Ginsberg se intercalan ingeniosamente con una recreación de las metáforas, imágenes y espacios urbanos que van surgiendo en el poema. Es decir, un poema animado subyace a la trama social y política: una construcción ambiciosa y magníficamente bien lograda.
El crepúsculo de un ídolo
Neruda (dir: Pablo Larráin, 2016)
Al igual que en el caso de los beat, la leyenda de Neruda se ha alimentado del cine. Un ejemplo claro fue la repercusión internacional de la película italiana El cartero de Neruda de 1994, basada en una novela de Antonio Skármeta, en la que el poeta se exilia en Hawai por sus ideas comunistas y entabla una relación amistosa con su cartero. Pero el más reciente Neruda, del galardonado director chileno Pablo Larráin, se atrevió a crear un biopic iconoclasta que desmitifica de una vez por todas al poeta.
Así que Neruda aparece como un burgués sibarita, a pesar de ser comunista, con una actitud depredadora hacia las mujeres que nada tiene que ver con los versos adolescentes que enamoraron a miles en Veinte poemas de amor y una canción desesperada. La participación de Gael García Bernal, que hace el papel de un detective perseguidor de Neruda de nombre Óscar Peluchonneau, es el elemento que le agrega el ingrediente noir a la película y un tono más orientado a la ficción que al biopic (para más información, ver la reseña de nexos aquí).
El poeta en el psiquiátrico
Beatiful Dreamers (dir: John Kent Harrison, 1990)
Esta producción canadiense es un drama insólito basado en hechos reales. Walt Whitman, el bardo decisivo del siglo XIX en Estados Unidos, el autor de Hojas de hierba y de Canción de mí mismo, que tanto aire le dio al verso libre y creyó en la comunión del poeta con la sociedad, aparece con su enorme barba blanca —señero cliché del anciano sabio o el poeta iluminado— y protagonizado a la perfección por Rip Thorn.
Whitman acompaña a su amigo Maurice Bucke, un joven físico y psiquiatra canadiense que luego sería el primer biógrafo del poeta, en su cargo de intendente en un hospital psiquiátrico de la localidad de London, Ontario. El humanismo de ambos crea una relación comprensiva con los enfermos que les quita el estigma de la locura y les abre nuevos mundos: el deporte y la música. El impacto de Whitman en su amigo como en la comunidad es una de las arterias de una trama no muy elaborada que, sin embargo, queda realzada por las estupendas actuaciones de los personajes de Whitman, Bucke y su esposa. Pero el pensamiento liberado, la visión cósmica y poética de Whitman y las prácticas de Bucke, pronto chocarán con los valores herméticos victorianos de la época.
Matrimonio de poeta
Tom and Viv (dir: Brian Gilbert, 1994)
Pocas cosas tan jugosas como las vidas íntimas de escritores y poetas. La de T.S. Eliot, en materia amorosa, estuvo llena de despechos y traiciones que hoy serían el aguinaldo de la prensa rosa. La relación del autor de La tierra baldía con Vivien Haigh-Wood, su primera esposa, pinta un triste matrimonio de incomprensión, frustración y mutuas torturas psicológicas. Son los años de la Primera Guerra Mundial. Eliot ha llegado a Oxford como banquero y ha conquistado a la temperamental, impulsiva y voluble Viv, madre de dos hijos. Las cosas se complican cuando en 1932 se sella su separación y ella es internada en un psiquiátrico.
Eliot, protagonizado por el vigoroso Willem Dafoe, habría promovido, según hace notar la cinta, el encierro de su mujer. Esta afirmación, que fue interpretada directamente como un ataque a la figura de Eliot, fue rotundamente rechazada por Faber & Faber, la editorial donde trabajó el poeta. Para Michael Hastings, autor del guion y de la adaptación teatral homónima, la intención no era juzgar al poeta, sino mostrar una cara más humanizada de un personaje acartonado por la historia literaria y, a la vez, adentrarse en los tormentos de Viv. Es normal que surjan estas polémicas cuando se trata de plasmar un amor difícil, rodeado por las incomprensiones contra artistas y enfermos mentales propias de una época, más si los personajes son un poeta trascendente y su musa.