No hay películas necesarias
Sobre Heroico

En este texto, Nicolás Ruiz, en diálogo con Víctor Hernández, excadete del Heroico Colegio Militar, contrasta dos nuevas películas del cine mexicano: Héroes y Heroico. Ambas cintas, desde posturas opuestas, giran en torno al mito fundacional del héroe, aquel que está dispuesto a sufrir las peores torturas por la defensa de la patria.


I
En estas semanas de celebraciones patrias se estrenaron dos películas sobre el mito fundacional militar en México. Una se llama Héroes; la otra, Heroico. Ambas se centran en la idea del acto de valentía y abnegación que funda la instrucción militar. Y no podrían ser más diferentes.

Héroes es una producción bastante oscura encabezada por Ricardo Arnaiz (La leyenda de la Nahuala). Detrás de ella hay más idea que presupuesto, más conexiones que valor fílmico. El guión fue creado al aventón y el presupuesto se gastó en algunas caras conocidas para vender póster. Todo esto, claro, más allá de la horrible factura de videohome sin ironía de la película, viene a cuento por el tema: una historia de amistad y amor entre cadetes que se sacrifican por México; una representación grandilocuente de los fundadores del mito del Heroico Colegio Militar: los niños héroes.

Heroico, en cambio, es una película independiente que nació gracias a los fideicomisos y la productora de Michel Franco. Es el segundo largometraje escrito y dirigido por David Zonana que ya había sorprendido con Mano de obra, una película llena de matices y dinámicas de poder irresolubles en una lectura intrigante de la lucha de clases en México. Heroico es una crítica abierta a la formación militar en México; una denuncia documentada sobre los abusos que sufren los cadetes en el Heroico Colegio Militar y cómo estos se convierten en el semillero de violencia en el que todos vivimos.

Las dos películas giran en torno al mito fundacional del héroe, del valiente y del abnegado, aquél que está dispuesto a sufrir las peores torturas, hasta el sacrificio de la vida propia, por la patria.

Hay una idea perversa en el mito de los Niños Héroes; una idea que se instrumentaliza como enorme chantaje histórico militarista: si unos niños fueron capaces de suicidarse para proteger la nación, ¿cómo es posible que tú no lo hagas? Esta idea está en todo el sustrato de la crítica de Heroico: los militares llaman “formación de carácter” a las torturas y vejaciones que se usan todos los días en las academias marciales. Es algo que queda muy claramente plasmado en la carta que le envió un militar anónimo a Zonana después del estreno del trailer de la película. La carta concluye con estas inquietantes palabras: “México requiere Soldados preparados y respetuosos del marco legal pero con muchos güevos y dinamismo ante la adversidad y la presión para garantizar la defensa de la Nación, y con besos y abrazos no se forjan a las Tropas en ninguna parte del mundo”.

Como quiere decir la película de Héroes, el aguante a la adversidad es lo que hace a un hombre. El valiente, el que se rifa, el que toma lo suyo, es el verdadero mexicano. La cuna del heroísmo está manchada de sangre porque todo héroe nace de un canto de violencia. Y esa violencia está en la idea misma de patria. Cuando el héroe se sacrifica por la patria, el agente no es el héroe y la acción no es el sacrificio; el agente es la patria y la acción es el asesinato.

II
Víctor Hernández está haciendo una maestría en Inteligencia y Seguridad Internacional  para el King ‘s College de Londres. También es investigador y docente de seguridad nacional en la Universidad Panamericana. Además, fungió como asesor de la Secretaría Técnica del Consejo de Seguridad Nacional durante la administración de Enrique Peña Nieto. Fue cadete del Heroico Colegio Militar en 2014.

Cuando se estrenó el trailer de Heroico, Víctor empezó a contar en Twitter las torturas y vejaciones que sufrió con los militares y que reconoció en los adelantos de la cinta de Zonana. Para Víctor, la película apenas roza un problema que es mucho más grande:

Estoy agradecido con David, pero, honestamente, se queda corta la película. Se queda en el umbral de lo que es consumible por el público mexicano. La realidad es que hay mucha más brutalidad que se pudo haber mostrado. Entiendo que no la mostró porque esta no es una película de gore. El propósito no es ese morbo.

En efecto, Zonana juega con la percepción de la violencia de manera elegante (al menos, al principio de la película). El objeto de la violencia más gráfica siempre está fuera de cuadro, a veces en el límite mismo del cuadro. El montaje, a cargo de Óscar Figueroa, corta siempre a negros en los momentos más álgidos de la violencia. Y la imagen regresa siempre, después de este corte, con el violento estruendo de la fanfarria militar. La idea es que, no importa cuántas veces cierres los ojos, cuántas noches sobrevivas, el infierno continúa. Así, se crea un ambiente hostil y claustrofóbico en las espectaculares tomas abiertas, monumentales. Un paisaje interno se desarrolla frente a la enormidad de la estructura. Explica Hernández:

Estas torturas pueden derivar, por ejemplo, en trastornos disociativos. Disociar es un mecanismo de defensa del cerebro para lidiar con situaciones de estrés. Muchas víctimas de abuso sexual en la infancia tienen periodos de ausencia o disociación porque es un mecanismo de defensa residual que se quedó en el cerebro para lidiar con un evento  traumático. También puede desarrollarse estrés postraumático que se manifiesta con síntomas como el insomnio, la irritabilidad, la hiperreactividad, etc.

A Zonana le interesan más las dinámicas de poder, retratadas en un marco más amplio y abstracto, que la anécdota misma. Zonana, desde Mano de obra, parece interesarse más en cómo una anécdota puede intentar ilustrar, ampliar, una dinámica de poder imposible de retratar. En ese sentido, saca al cine mexicano de su constante círculo vicioso de señalar la miseria y congratularse por haberla desarticulado.

Por eso, también, su película está filmada en el Centro Ceremonial Otomí con la cámara preciosista, simétrica y estática de Carolina Costa. Todo en el encuadre del brutalismo priísta parece oprimir al personaje principal. La idea es mostrar cómo la estructura (esa estructura que escribió en piedra la historia en México institucionalizando la revolución), todavía vive para oprimir al ser humano masticado entre sus fauces. Vemos algunas torturas, cierto, pero puestas como simetría. Los cuerpos (como bien señala Alonso Díaz de la Vega), son una continuación de las estructuras y los edificios. Como la masividad de un desfile en la plancha del Zócalo, los soldados son parte de una formación gigantesca cimentada por valores violentamente impuestos que instrumentalizan la heroicidad, una idea terrible del indigenismo cooptado por el poder, y la capacidad de crueldad patriótica. El caldo de cultivo perfecto para dar a luz al siguiente Juan Escutia.

III
¿A qué se refieren los comentaristas de cine cuando hablan de “una película necesaria”? Más allá de crear frases imprimibles para los pósters y las marquesinas, ¿qué quieren decir? Con “necesario” no están hablando de lo contingente. Si fuera el caso, una película necesaria sería una película que debe existir con la fatalidad de la necesidad, que no podría no ser. Más bien, esta idea de “necesario” responde entonces a un principio didáctico: es una película que “necesitamos como sociedad”. Esto siempre me ha parecido aterrador. Porque al decir que algo es necesario, también decimos que algo no lo es. Hay cosas que nos sirven, como sociedad, (para “mejorarnos”, “progresar”) y hay cosas que no nos sirven. Ese tipo de moral burguesa del progreso social es difícil de desarraigar, particularmente, en nuestro cine, un cine que se sigue volcando hacia una especie de realismo social que se da demasiada importancia.

El otro problema (que es un síntoma del primero) es que, cuando hablamos de “películas necesarias”, el tema se traga la forma. Cuando el cine mexicano se cree necesario, se convierte en un espectáculo morboso de denuncia banal que pone la forma al servicio de un tema. No tengo idea de cómo combatir este círculo vicioso de “lo necesario”. No tengo idea de cómo sugerir de nuevo que la denuncia social y política también puede ser revolucionariamente formal. Pero, por ahora, pienso en una separación metodológica que debería ser más que evidente: el tema no es la película.

IV
Heroico es una película frustrante. Por un lado, Zonana muestra una capacidad analítica interesante, juega con las concepciones morales del espectador, con sus límites, con la manera en que va a reaccionar a la tortura en pantalla. La violencia no está ahí, frente al espectador, porque siempre está fuera de campo, en el mundo que habita. En ese sentido, Zonana no deja de retar los horizontes de expectativas de la sala. Al final, incluso, con esa toma fundacional que cita The Great Train Robbery (1903), interpela al usuario con un dilema moral. Luis (Santiago Sandoval) realizó su venganza, mató a sus abusadores cuando ellos mismos abusaban (la violación aquí, más que un acto sexual, es una dinámica de poder torpemente retratada). Pero luego, quedan los testigos. Los testigos somos nosotros, los espectadores, que vemos la punta del arma, claro, por extensión de la familia a la que apunta Luis en la ficción. Aquí, el personaje central se plantea la idea revertida de lo heroico: hacer lo correcto sería dejar vivir a la familia y enfrentarse a la posibilidad de pagar por su crimen; por otra parte, convertirse en lo que repudia significa matar a la familia y no dejar testigos. 

Todo esto muestra una intención formal interesante que va mucho más allá del retrato banal de la violencia. Y, sin embargo, Heroico es tan frustrante porque también cae en simplificaciones dignas del peor Michel Franco. El crimen no es, finalmente, el resultado más funesto de estas vejaciones. Estas vejaciones son la consecuencia más funesta de la instrumentalización de la idea del macho, del aguante. Víctor Hernández explica:

Siento que, narrativamente, la película se va por la libre, nos enseña este personaje cuyo principal dilema es que lo metieron a una red criminal. Pero es demasiado fácil decir que el crimen es malo. El verdadero problema es la frecuencia, la intensidad, la malicia con la que estas novatadas ocurren todo el día a todas horas en cada momento de tu estancia. Eso es lo que viven los militares. Y creo que el crimen está ahí, no en que el personaje sea o no un asaltante.

Heroico por torpeza, desidia o satisfacción, abandona la más robusta y formal crítica de estos horrores confrontados al ojo del espectador nacional por una línea de causalidad mucho más sencilla y, tal vez, tramposamente ideológica: la miseria causa resentimiento, y el resentimiento lleva al crimen. Sin mencionar, además, la muy problemática reproducción de las dinámicas del racismo (un miedo que permea también en Michel Franco) del cine de oro mexicano que nota, con perspicacia, Ernesto Diezmartínez: “No hay peor pesadilla que un indio armado. Y con poder”.

V
“Ese es el tipo de persona a la que le das la autoridad”, me explica Víctor Hernández:

Chavos, entre 18 y 23 años a los que golpearon, abusaron, torturaron, extorsionaron y agredieron sexualmente durante cuatro años. De pronto les sueltas una pistola, una sección de 27 elementos y les dices: ‘Ahora eres la autoridad’. Esto no es un fenómeno autocontenido. Esto es algo que te puede explotar en medio de un enfrentamiento o con tu familia. Hay una nota de Animal Político que muestra cómo los policías son los que tienen más denuncias en la Ciudad de México por violencia intrafamiliar. En los hospitales militares es muy común que venga el hijo o la esposa golpeada. Llega la gente de trabajo social, la gente del MP, les quieren tomar su denuncia, pero no se puede porque el marido es el general tal o el coronel tal y todos se pueden meter en problemas. Esa agresividad se sigue desplegando en todos los ámbitos de la vida.

Entre 2006 y 2023, según datos de transparencia que me cita Víctor, han habido casi 200 mil elementos del ejército mexicano han desertado o solicitado su baja. Esto representa un porcentaje sustantivo del grueso actual de las fuerzas armadas mexicanas en funciones. Hay un ejército de soldados entrenados, marcados por el trauma, que no están en activo. ¿Por qué? ¿Por qué solamente uno de cada tres estudiantes que ingresan a un colegio militar terminan su educación?

Las evidencias se empiezan a acumular. No nada más en los testimonios que dieron origen a la película de Zonana, sino en Víctor alzando la voz, en muchos otros cadetes que han denunciado a superiores, en las notas periodísticas que comienzan a acumularse.

Heroico es, en ese sentido, un extraordinario primer ejercicio que le lleva la contraria a toda la otra corriente cinematográfica. Películas como Cuna de Valientes (1971) que es una propaganda asquerosa del Colegio Militar. O la que salió hace dos semanas de los Niños Héroes. Esto se filtró en los canales extraoficiales de la Sedena: cuando salió la película de Héroes, obligaron a todos los soldados a ir a verla. Los dejaron salir temprano y, de regreso al cuartel, les hicieron un examen sobre el contenido de la película. Hoy, militar que vaya a ver la de Heroico, tiene boleta de arresto. Es un callo enorme para la Sedena. Fíjate en mi Twitter. Llevo  cuando menos tres meses bajo ataque de una red de bots de Sedena, muy probablemente de la Sección Segunda del Estado Mayor de la Defensa (contrainteligencia). En su modus operandi son bastante obvios: siempre escriben con cuentas de Twitter sin followers, recién creadas, y tienen el mismo guión para increparme, no es un fenómeno orgánico. Están tratando de hacer control de daños porque ya no pueden tapar el sol con un dedo. Coincidió con lo que sacó Latinus ayer, con las notas que han habido a lo largo de los años. El caso del cadete violado en la Escuela Médico Militar en 2013; el homicidio  del cadete de artillería Jorge Eduardo Sánchez Ortega que mataron en el Colegio Militar en 2017, etcétera. Si le vas sumando te das cuenta que los militares perdieron control del flujo de la información. Y eso era algo que antes monopolizaban.

David Zonana también entiende la importancia de este contexto. La vida militar está cada vez más cerca de la vida civil. Porque ya no existe una policía federal, porque los militares (en particular la Sedena) han tomado un papel preponderante tanto en las labores policiales, como en muchos otros aspectos de la vida pública. “Comprendo que el Ejército no esté acostumbrado a estar bajo el escrutinio de los civiles”, escribe Zonana. “Pero por la situación que padecemos en México, donde el Ejército ha tomado funciones nuevas y que afectan directamente a los mexicanos, tendrá que irse acostumbrando a estar bajo la lupa de una sociedad democrática y crítica”.

Sólo en ese sentido, Heroico sería una película necesaria. No digo que esta película necesite ser vista para curar males sociales. Más bien, creo que Heroico es un síntoma de lo contingente. La importancia de los militares en la vida pública de México es innegable. Esta es la realidad de los que están encargados de la seguridad pública del país. Víctor continúa:

López Obrador militarizó más allá que Calderón la seguridad pública. Ni siquiera el intento de reforma de la Ley de Seguridad Nacional de Calderón, ni las reformas que hizo en la Orgánica del Ejército, llegan tan lejos como lo que hizo López Obrador. Lo he dicho de forma irónica en varios foros: la 4T es el sueño húmedo del calderonismo.

Aquí, podemos hablar de lo que implica, en este marco, la deserción de militares y su cooptación por el crimen organizado; podemos hablar de cómo los campos de reclutamiento forzado del narco usan las mismas tácticas de “formación de carácter” que los cuarteles; podemos hablar de la desensibilización de los militares evidente en las ejecuciones extrajudiciales; de los problemas psicológicos que se vuelven patentes en la creciente violencia intrafamiliar y de género. Podemos hablar de todo esto como síntomas sin nunca pretender resolver las causas (ahí, tal vez, la torpeza de ciertos gestos en la película de Zonana que muestra causalidades en vez de dinámicas).

Lo que es claro es que el tema no se agota en la película y la película no se agota en el tema; la discusión que inicia una obra de arte no puede bastar para entender la obra de arte en su contexto. Heroico es una película importante como documento histórico (necesaria como contingente). También es una obra de arte criticable en forma y contenido.

En este aspecto doble está su riqueza. En nuestra comprensión de esa ambigüedad está, tal vez, la posibilidad de una discusión más lúcida en la que el cine no sea necesariamente político y la política no sea necesariamente un espectáculo.

 

Nicolás Ruiz Berruecos
Editor y crítico de cine
 

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Publicado en: Cine