
A propósito de su visita a nuestro país, la poeta Estefanía Arista conversó con la escritora francesa Olivia Rosenthal sobre su novela recién publicada en México ¿Qué harán los renos después de Navidad? (Cantamares, 2025). Presentamos esta entrevista en la que se entretejen el deseo –y transformación– de la propia vida como proceso creativo y el papel del lector para encontrar nuevas claves de lectura.
Estefanía Arista (EA): En tu novela ¿Qué harán los renos después de Navidad? utilizas diferentes discursos para crear el dispositivo textual del libro. Qué ocurrió primero: ¿las entrevistas o la historia de autoficción de la protagonista?, ¿cómo fue el proceso de entretejer ese hilo narrativo?
Olivia Rosenthal (OR): Comencé este libro haciendo entrevistas a personas que cuidan o utilizan animales en su trabajo. Las grabé y luego transcribí. No obstante, siempre es necesario encontrar la transición entre las páginas transcritas y la novela, y no ha sido fácil pasar de esa gran cantidad de documentación a la escritura de la historia. Pensé que, para transformar los testimonios en una historia, podía considerarme a mí misma como un animal de laboratorio y convertirme en material de escritura. La historia de la protagonista, la niña que crece y aprende, se inspira en la mía y se presenta como una autoficción, pero una que se transforma y desplaza constantemente por la presencia de otras voces –voces reales– procedentes de las entrevistas.
La alternancia regular entre la historia de la niña y el recurso a las palabras de los testigos me pareció la forma más adecuada y quizás más divertida de proponer una novela que toma como modelo el relato de aprendizaje. Después, la escritura se fue haciendo poco a poco, es decir, escribía un fragmento de unas pocas líneas sobre la historia del personaje y luego reflexionaba sobre qué parte de los testimonios podía resonar con el pasaje escrito. Por consiguiente, tenía que recordar las entrevistas y el desarrollo de la historia a medida que escribía, en lugar de escribir las dos secuencias por separado y luego montarlas. Esta perspectiva y este proceso son esenciales, ya que me permiten crear un fuerte vínculo entre el lector que descubre el texto a medida que avanza y la autora que también lo descubre a medida que escribe.
EA: Hay varias preguntas que se repiten en el libro y muchas de ellas se han quedado conmigo. Me gustaría saber si tienes respuesta para alguna de ellas: ¿podemos amar lo que no conocemos? Si la dulzura no es un criterio decisivo para distinguir lo salvaje de lo doméstico, ¿qué sí lo es?
OR: Ya he jugado a este tipo de juego y he multiplicado las preguntas en otro libro, On n’est pas là pour disparaître (No estamos aquí para desaparecer, Verticales, 2007). Proponía al lector realizar ejercicios que le obligaban a cuestionarse el papel que asignaba a su propia memoria y a elegir entre varias opciones. Le pedía que realizara un ejercicio en forma de pregunta para la que contemplaba varias respuestas posibles, pero nunca elegía la respuesta “correcta”, no daba mi opinión. Era como una prueba que el lector podía (o no) hacer y que le permitía comprender la relación que mantenía con su propia memoria y con el olvido. Y me doy cuenta de que se trata de un efecto y dispositivo semejantes en ¿Qué harán los renos después de Navidad? Me gusta mucho la idea de que las preguntas permanezcan en la mente del lector después de la lectura. A decir verdad, tal vez tenga algunas respuestas, pero prefiero que el lector las elija por sí mismo ¡Así que no voy a responder a tu pregunta de manera directa!
EA: Me parece que la práctica y ejercicio de la escritura son para ti más un proceso desordenado e intuitivo. ¿Por qué crees que no deberíamos imponer lecciones o grandes ideas a la literatura?, ¿cómo dejarla fluir frase tras frase sin querer construir barreras que detengan su cauce?
OR: Por fortuna yo también tengo ideas, opiniones y convicciones, pero creo que la literatura no está ahí para exponer esas ideas, sino más bien para hacer que se vayan afinando poco a poco hasta convertirse en relatos e historias. Ahora bien, en toda historia real o imaginaria hay muchas cosas que pueden tener varios significados y cuyo sentido no está claro. Creo que la literatura trabaja desde el lado de esta incertidumbre y complejidad. En cuanto expone grandes ideas, corre el riesgo de generalizar y pierde lo que la hace fuerte: su capacidad para dar al lector el poder de captar e interpretar las historias individuales y particulares que se cuentan. Y para lograr este trabajo de soltar, escucho mucho lo que escribo, escribo de oído. Creo firmemente que nuestro pensamiento funciona por analogías y que éstas son tan intelectuales como sonoras.
EA: Has mencionado que “cuando estamos en la fábrica de la escritura estamos ciegos, es una aventura y avanzamos sin saber exactamente a dónde vamos”. Si no podemos hablar de objetivos que cumplir, ¿cuál es tu mayor deseo cuando te sientas a escribir?
OR: Mi mayor deseo es hacer oír las voces de la manera más fiel posible. Cuando me pongo a escribir, trato de abrirme a lo que he escuchado y de encontrar una forma para que esas voces resuenen y se respondan entre sí. Lo que también me gusta es aceptar la aventura que me lleva a un lugar que no había previsto, para así disfrutar del placer del descubrimiento. Así que busco efectos de sentido y de sonido, busco a la vez sorpresa y armonía.
EA: La protagonista busca dejar de pertenecer a su madre y mientras va creciendo, se le dificulta separar la dependencia del amor. ¿Por qué era importante para ti retratar la infancia distanciada de cualquier animal doméstico?
OR: Los animales domésticos son seres que viven con nosotros y que, en cierto modo, son de nuestra propiedad. De hecho, en la ley francesa, la mayoría de las veces se les considera no como seres vivos, sino más bien como objetos. Por eso quería asociar esta clasificación con el amor que les profesamos para ver si, en efecto, el amor implica considerar al objeto o a la persona amada como una cosa.
EA: ¿Qué papel desempeña lo lúdico y el sentido del humor en tu libro?, ¿qué relación crees que existe entre lo que nos hace reír y entre otros medios por los que encontramos placer?
OR: El humor se produce aquí por los paralelismos, a veces incongruentes, entre dos secuencias que, a priori, no encajan bien. Surge cuando el lector descubre una conexión entre lo que le sucede al personaje y lo que les sucede a los animales en las granjas. Yo misma he encontrado muchos vínculos, pero no se explicitan en el libro y, si el paralelismo existe, sólo aparece por medio de elipsis, es decir, se construye en los espacios en blanco entre las secuencias. Por lo tanto, se trata de una risa cómplice, de entendimiento entre el lector y yo, ya que el lector también establece vínculos, llena los espacios en blanco y comienza a elaborar relaciones entre secuencias que sólo están yuxtapuestas. Por otra parte, la risa permite establecer una distancia entre la narradora y mi historia real. Esta risa me permite salir de la autoficción estricta y crear un espacio entre el personaje y yo, me da la oportunidad de mirarme desde fuera. La risa tiene realmente una función liberadora a la que soy muy sensible y es una de las particularidades del placer de reír: a diferencia de otros placeres más adictivos, no crea dependencia, nos libera.
EA: Si traicionar implica renunciar a vivir una vida normal, renunciar a los cuentos de hadas y a una hegemonía de familia patriarcal, ¿por qué es importante la imaginación cuando salimos de ese cautiverio?
OR: Sin imaginación no podríamos encontrar otros modelos posibles, modelos alternativos a los que ya conocemos y para los que hemos sido educados. Es necesario imaginar otros caminos posibles para luego recorrerlos.
EA: En ¿Qué harán los renos después de Navidad?, la voz en segunda persona del singular (el usted) es una elección consciente y estilística. ¿A qué limitaciones narrativas te enfrentaste escribiendo así?, ¿qué efectos y otras libertades te dio?
OR: Por supuesto, al utilizar el “usted”, no se puede entrar en la mente del personaje tan profundamente como se haría con un “yo”. El “usted” crea una distancia entre la narradora y el personaje. Quería mirar al personaje como si fuera yo y, al mismo tiempo, como si fuera una persona distinta de mí. Así me resultaba más fácil trabajar en la descripción de las cosas, en hechos casi objetivos, y dejar de lado lo que pertenecería a una intimidad psíquica. Desde este punto de vista, el libro construye la psicología del personaje por vía del paralelismo con los animales y sólo a través de ese paralelismo, sin entrar de forma directa en la psique del personaje. Para mí, es menos un libro psicológico que un libro de acción.
EA: Como seres humanos, deseamos y perseguimos la libertad. Pero ejercemos sobre los animales un cuidado opresor. ¿Puede haber una domesticación de los humanos hacia otros humanos?, ¿si el lenguaje también es domesticación, qué papel tiene la escritura?, ¿es su responsabilidad ir más allá del libro?, ¿es necesario esforzarnos por salir del límite del libro y poner el cuerpo en otros espacios?
OR: Al leer, todo lector sale de los límites del libro porque incorpora lo que lee y lo transforma. Este fenómeno de apropiación es absolutamente necesario y gratificante. Así, toda obra de arte concede un lugar fundamental a quien la recibe, y ese lugar constituye un espacio de libertad para el lector/espectador/oyente. Estoy muy apegada a esa libertad, a la necesidad de no dar las claves al lector, de dejar que trace su propio camino. Y para ello, me parece que debo encontrar formas abiertas, no preestablecidas, lo cual significa también que, en mi opinión, un buen libro va a contrariar las expectativas del lector, lo va a sorprender, desconcertar e incluso conmocionar, porque no tendrá la forma esperada y tranquilizadora del relato tradicional. Desde esa perspectiva, un libro puede tener efectos duraderos en un lector y conducirlo a cambiar algunas de sus formas de pensar, de hablar, incluso de actuar. Como ves, soy decididamente optimista: creo que la literatura tiene el poder de hacernos pensar y cambiar.
La traducción de las respuestas de Olivia Rosenthal se debe a Melina Balcázar
Estefanía Arista
Editora de la Revista Casa del Tiempo. Ha publicado dos poemarios, Hipocampo (Dharma Books, 2021) y Algo tibio que matar (El toro celeste, 2025)