Miguel Ángel Asturias, Premio Nobel de Literatura 1967

Hoy hace medio siglo, el día exacto de su cumpleaños, Miguel Ángel Asturias recibía el Premio Nobel de Literatura. Era el segundo autor latinoamericano en obtener el galardón después de que en 1945 la Academia sueca decidiera premiar a la poeta chilena Gabriela Mistral. Reproducimos aquí una de las primeras entrevistas que el autor de El señor Presidente otorgó de manera telefónica en aquel lejano 1967, cuando el mundo era otra cosa.


Alberto Diazlastra: Don Miguel, ¿quiere usted decirnos qué significa para usted la concesión del Premio Nobel?

Miguel Ángel Asturias: Para mí el otorgamiento del Premio Nobel significa un espaldarazo a la literatura iberoamericana. Ya nuestros libros se traducen a todas las lenguas europeas, se estudian en las universidades, interesan a todos los europeos; pero este premio para un novelista latinoamericano significa, por decir así, que nuestra literatura ha sido tomada en máxima consideración por la Academia sueca.

AD: Don Miguel Ángel, ¿quiere usted decirnos desde qué año se tradujo El señor Presidente alsueco?

MAA: El señor Presidente se tradujo al sueco en el año 1962, más o menos. Y luego se han hecho otras traducciones: Karina Lyn es la señora que ha traducido todos mis libros; Clarivigilia primaveral acaba de aparecer traducida por don Arturo Lumbis.

AD: Alguna vez se ha dicho que una sola tirada de una novela suya en sueco fue superior a una tirada a escala continental en América Latina…

MAA: ¿Cómo es esto?… ¡Ah, sí! Lo que pasa es que de El señor Presidente se publicaron 70,000 ejemplares; es decir, superior a muchas tiradas de El señor Presidente en español en Buenos Aires.

AD: ¿El premio Nobel le es concedido a usted por su última novela o por el conjunto de su obra?

MAA: No. El Premio Nobel, según me han explicado, se concede por la obra total; y se concede a un escritor que tiene obra de creación, no obra de comentario u otra clase de obra como ensayo histórico; no, es a la obra de creación que se le adjudica…

AD: El año pasado recibió usted el Premio Lenin de la Paz…

MAA: Sí… cómo no, el año pasado me otorgaron el primero de mayo el Premio Lenin de la Paz.

AD: ¿Qué proyectos tiene usted para el futuro? Cuando estuvo usted en Londres (hace poco más de un mes, para la aparición de la traducción de Viento fuerte y Mulata de Tal en su versión inglesa, Editorial Peter Owen) nos dijo que estaba escribiendo una nueva novela, ¿puede hablarnos un poco de ella?

MAA: Sí, estoy preparando una novela para mediados del año entrante. Una novela que estoy pensando ponerle por título El Ladrón que no creía en el cielo.

AD: ¿Es un asunto relacionado del alguna manera con Leyendas de Guatemala?

MAA: Es un poco eso, pero también es un poco más… es decir, no tiene mucho que ver con Leyendas de Guatemala sino que más bien es una novela de la época de la Conquista que pasa en los Chuchumacanes y en Chiapas.

AD: En esta novela, ¿intentará usted de nuevo la descomposición de lenguaje que intentó en Mulata de Tal, por ejemplo, con relación a la picaresca española?

MAA: Yo creo que sí, que responderá un poco a la temática de leyendas de Hombres de Maíz y de Mulata de Tal.

AD: El crítico Brandstrup (en una de las numerosas críticas que saludaron a la versión danesa de Kirsten Schottlander para la editorial Forlag de Copenhague de El señor Presidente), opina que en su novela hay un elemento de crueldad que debe atribuirse a su ascendencia maya. ¿Cuál es la verdad para Miguel Ángel Asturias?

MAA: A mi juicio, los mayas que poblaron Guatemala mucho antes de Cristo y crearon una de las culturas más portentosas de aquellos siglos, no tienen nada que ver con las sangrientas dictaduras de tipo mestizo, más bien español, que han flagelado a los pueblos latinoamericanos. Por eso me extrañó en el comentario esta mención que se hace de la crueldad de los mayas, ya que no solo este ilustre crítico, sino muchos europeos, cometen el error de creer que los mayas eran una tribu sanguinaria y con sed de sacrificios. Como ya he dicho, y son testigo sus ciudades Tikal, Palenque, Yaxchilán, los mayas alcanzaron un desarrollo inigualado: conocieron el concepto del cero y tuvieron un calendario tan justo como el nuestro, mucho antes de Cristo.

AD: ¿Considera usted su obra influida por el surrealismo?

MAA: En parte sí; pero debo hacer algunas salvedades. Viví en París en los años de la revolución surrealista y en cierta forma participé en ella, pero tengo el concepto de que en mis escritos existe otra clase de superrealismo; me explico. El surrealismo francés es sobre todo intelectual, y en mis obras hay una superrealidad que corresponde a la mentalidad primitiva del indígena culto de nuestra población. Es lo que he llamado la “realidad mágica”, que da nacimiento a una novelística que denomino “realismo mágico”.

AD: Existen muchas suposiciones acerca del nacimiento de la novela que nos ocupa. ¿Cuál fue realmente el origen de El señor Presidente y a quién se refiere concretamente?

MAA: Cuando salí de Guatemala yo había escrito un cuento que se llamó “Los mendigos políticos”, que sumaba unas doce páginas. Con ese cuento llegué a Europa. Luego, releyéndolo aquí, comencé a desarrollar la trama de la novela. La escribí entre 1922 y 1932. El presidente fue en la realidad Manuel Estrada Cabrera, que padecimos entre 1898 y 1920 —más o menos la época de Porfirio Díaz en México, aunque no tienen nada que ver el uno con el otro—; pero la novela no pudo publicarse por causa de otro dictador, el general Jorge Ubico, que gobernó entre 1933 y 1944, año en que fue derrocado.

 

Alberto Diazlastra
Periodista y ensayista.

Texto publicado originalmente en el suplemento La cultura en México, núm. 301, 22 de noviembre 1967, p. IX-X.

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Publicado en: Ciudad de libros, Entrevista