
En un libro publicado recientemente, La maquinaria del poema. Poesía y materialidad en México, Tania Favela emplea el concepto de “materialidad poética” para indagar en
lo que el libro es y hace, su presencia, las estructuras en las que se inserta, las articulaciones que propicia … las condiciones de producción del libro, el movimiento del proceso de su escritura, las herramientas utilizadas, los diversos materiales que se ponen en juego, el entramado físico que lo configura.
Atender a “la materialidad del lenguaje en la que ya no reina el signo” es hacer caso a las partes móviles, piezas y engranajes que conforman la maquinaria del poema, el aparato de producción que vuelve al texto posible. Sin embargo, abrir el panorama para considerar todos aquellos influjos provoca preguntas acerca de los límites de la materia poética: si cada proceso en la cadena de producción se halla entrelazado el uno con el otro, ¿dónde empieza y acaba el poema?, ¿dónde y cómo se marca el límite entre los aparatos de producción y el texto?, ¿cuáles son los límites del aparato: el dispositivo electrónico o analógico que se usa para escribir, las circunstancias en que es escrito, el sujeto que presiona las teclas para que las palabras aparezcan en la pantalla, las razones que lo motivaron a escribir, sus vivencias, la institución que subsidia el trabajo artístico, la imprenta, la editorial que lo comercializa, la persona que acomoda el libro en el estante, el lector? Una posible respuesta se esboza en la peculiar labor poética de Gloria Gervitz.
Migraciones es uno de los proyectos literarios más significativos para la poesía mexicana contemporánea, pues es una demostración del quehacer poético como parte integral de la vida, como práctica de la cotidianeidad, del envejecimiento, de la existencia y de la muerte. Así, llama la atención a quienes conocen por primera vez el trabajo de Gervitz la condición de su hechura: un poema escrito a lo largo de más de cuarenta años; un proceso que inició en 1979 con Shajarit, una plaquette editada por la Imprenta Madero y el germen textual de la materia poética de Migraciones, centro gravitacional al que Gervitz regresaría una y otra vez para transformarlo con sumas, modificaciones, escisiones, omisiones. Aunque la poeta quiso inaugurar nuevos proyectos, por nombrar Pythia (1993) o Blues (2014), todos se encontrarían tarde o temprano adosados a aquél mismo cuerpo prostético. Ensanchándose como los anillos de un tronco, Migraciones fue creciendo hasta convertirse en el proyecto escritural que acabó por amalgamar al menos veinticuatro publicaciones diferentes.
En Reescritura y creación poética en Migraciones de Gloria Gervitz, Perla Sueiras analiza la obra de la poeta para ceñirla en la noción de ‘poéticas de la reescritura’. A los hallazgos de Sueiras podría añadir que aquello descrito como una ‘poética de la reescritura’ no es sino una poética de la (re)publicación, por llamarla de algún modo, de la (re)intervención constante de la poeta en su misma obra y que tiene todo que ver con nuestras prácticas editoriales y de publicación que suelen establecer los límites de una obra literaria, más que con una indagación específicamente escritural pues, en el mayor de los casos, toda obra siempre es editada, perfeccionada, reescrita, reelaborada en el proceso de creación antes de ser publicada; escribir, como lo entendemos, siempre ha implicado borrar, modificar, rehacer.
Así, al momento de hacer crítica, debemos considerar que la historia editorial de Migraciones es parte constitutiva del poema, sin embargo, las condiciones materiales nos obligan a tomar una decisión: ¿qué versión elijo?, ¿la última por razones de progresión cronológica?, si es así, ¿cómo leo las otras ediciones?, ¿como antecedentes, versiones incompletas?, ¿o es mejor aproximarse al todo como una red intratextual?, ¿puede cada edición ser leída como un texto independiente de los otros o no se entienden si no es a la luz de sus transformaciones? Una vez más: ¿dónde empieza y acaba el poema? Cabe la sospecha de que en Migraciones la mínima unidad de sentido (los límites de acción del poema para significar) no se satisface en su materialidad de libro, sino in extenso, en el dossier completo de sus publicaciones.
No es un pormenor que Migraciones haya transgredido el sentido común de lo literario: que una obra publicada es una unidad cerrada –sí, unidad en tensión intertextual, en redes genéricas o históricas, pero unidad al fin y al cabo. Migraciones, como afirma Sueiras, se fue dando de forma orgánica; partió de una pulsión de libertad creadora; nunca se pensó como un proyecto o una serie de libros. Del mismo modo que la literatura crea géneros y no los géneros literatura, Migraciones ensayó una poética fuera de las definiciones literarias que no son sino sinónimo de nuestras prácticas editoriales y gestó un cuerpo poético para el que no había materia ni vehículo previo. La materialidad poética de Migraciones no es el libro, porque no se concibió como libro (o libros), sino como algo diferente, pero ¿qué?
Si deseamos hallar una respuesta, propongo suspender nuestros usuales hábitos de lectura, y mejor preguntarle al poema cómo quiere ser leído. Por ahora, puedo destacar un verso, muy al inicio del poema, que sobrevivió intacto a las migraciones de Migraciones: “estoy viviendo superposiciones de instantes en una perspectiva plana”. Las repeticiones que hay en el poema, los ecos de sus versos, de sus modificaciones y preguntas, este “continuo plagio de mí misma”, sugiere una materia poética en la que “todo está anegándose/ no hay bordes”. Un espacio paradójico de posibilidad donde todo “lo inesperado de estar siendo” converge tautológicamente en lo que podemos llamar un campo cuántico-poético.
Erwin Shrödinger propuso en 1935 un experimento mental que hoy se conoce como ‘el gato de Schrödinger’. En éste, un gato es encerrado en una cámara de metal, junto con un contador Geiger (un dispositivo utilizado para medir la radioactividad) con una sustancia radioactiva tan pequeña que, en el curso de una hora, tal vez su núcleo decaiga o no, con igual probabilidad. Si el contador Geiger detecta el decaimiento radiactivo, accionará un mecanismo que liberará un veneno letal y acabará con la vida del gato. El átomo, en un estado cuántico, se halla indeterminado pues no ha sido colapsado con una medición. En ese sentido, mientras no abramos la cámara, el estado del gato estará también indeterminado y entrelazado con la superposición cuántica, no vivo y muerto a la vez, sino en un estado diferente sin correlación en el mundo macroscópico.
Más allá de las discusiones científicas que suscita este experimento, el argumento que deseo plantear es el siguiente: la materialidad poética de Migraciones, sus límites, no sólo depende del aparato de lectura con el que abordemos el poema, sino que está también indeterminada hasta que lo ponemos en práctica: es decir, así como el gato de Schrödinger, Migraciones no es una serie de poemas independientes ni una red intratextual ni una progresión poética, todas o ninguna a la vez, sino esa otra alternativa cuántica, no vivo ni muerto, sino en superposición. También como el gato de Schrödinger, el estado de sus límites ontológicos, materiales y, en este caso, poéticos, depende de la práctica de lectura y se determina según el aparato elegido. Hacer crítica es dar cuerpo y estructura, rematerializar el texto y no sólo una reconfiguración discursiva. Cuando elegimos un aparato crítico, lo que está en juego son los límites materiales del poema: si decido leer las Migraciones como textos independientes, si decido leerlas como una red intratextual, como una continuación en progresión lineal, entre otras posibilidades, el texto aparecerá en cada ocasión con distintas propiedades material-discursivas. Todas las reconfiguraciones permanecen indeterminadas hasta que no nos relacionamos con el poema mediante la lectura y, entonces, materializamos una de sus configuraciones a excepción de todas las otras posibles. No se trata, pues, de definir sustancialmente las Migraciones, sino que Migraciones, al desfamiliarizarse de las prácticas editoriales comunes, puso en perspectiva que la literatura no es un producto con sus límites determinados, sino un espacio de posibilidad.
Para leer Migraciones como un poema en superposición, esto es, leer las Migraciones a través de las Migraciones, permitir que el poema acontezca en una reorganización material de límites flexibles en cuanto a sus múltiples publicaciones (las cuales, como he insistido, producen cortes en la materia textual, definen el espacio interno y externo del texto), es necesario hacer uso de un aparato crítico otro, que no trate al texto como un referente cerrado y suficiente, sino que admita su contaminación, la plasticidad de sus fronteras. Comprometerse a que la lectura, como práctica, rematerializa el texto y que es dentro de esa práctica que la objetividad aparece como posibilidad de la separación performada, del corte acontecido, permite plantearse el uso de nuevos aparatos de lectura que, si bien extraños al usual ejercicio de la crítica, aún generen conocimientos objetivos de los textos literarios.
Karen Barad, en su libro Meeting The Universe Halfway, construyendo sobre las ideas de Donna Haraway, desarrolla el método de la difracción como modelo de pensamiento alternativo a la reflexión. Respecto de las metaforizaciones del pensamiento, dice Haraway, se ha vuelto un lugar común aludir al fenómeno óptico de la reflexión, sin embargo, como apunta Barad, la reflexión supone una relación fija, es una operación que busca homologías y analogías entre dos entidades separadas. La difracción, por otro lado, es un fenómeno relacionado al comportamiento de las ondas. Las ondas, clásicamente, pueden ocupar un mismo lugar al mismo tiempo, es decir, superponerse y, como resultado, participar de una difracción/interferencia constructiva o destructiva. Cuando las ondas se encuentran, se reorganizan en una nueva posibilidad material, cuando la luz rebota sobre un objeto y es reflejada, regresa siendo la misma.
Considerando lo anterior, podemos renegar de la reflexión y dejar de buscar semejanzas y diferencias entre las ediciones de Migraciones y, mejor, superponer sus versos como si se trataran de ondas para leer las posibilidades poéticas que se materializan de la difracción constructiva y destructiva de sus encuentros. Este método no sería viable sin renunciar también a la idea de la obra literaria como una entidad cerrada y suficiente, previa a la práctica de lectura. Para este experimento, entendemos que la materialidad poética de Migraciones estará alimentada y acontecerá sólo dentro de nuestra relación con el texto, dentro del aparato de difracción.
Para ejemplificar las posibilidades de este método, hagamos un corte en las Migraciones. Si extirpamos el mismo fragmento de una muestra suficiente: Shajarit (1979), Migraciones (2000) y Migraciones (2020), y los hacemos difractar en un plano analógico, para que aquellos versos coincidentes se intensifiquen, los derroteros de sus posibilidades se hagan presentes y, como fantasmas, sus ecos esporádicos resuenen inversamente por el peso de su ausencia, obtenemos una propuesta como la siguiente:

Aun si la pregunta ‘¿dónde está Dios?’ ha abandonado la versificación, resultado de una interferencia destructiva, pues su presencia en el cuerpo poético es menor, es decir, las probabilidades de que aquel verso se materialice a costa de otros es mínima, remanece sin embargo como una huella textual en el plano analógico que responde a la pregunta: ¿dónde estás?/¿dónde está Dios?, ¿en cuál recoveco, en qué posibilidad material del poema, en cuál de sus restos quedó Dios para rematerializarse implícito en la conjugación verbal? Ahí: en uno de los dobleces del poema, en los intersticios del campo cuántico.
No hay nada que pueda decirse que supla la experiencia de lectura del poema. La última edición del mismo (2020) se publicó en 2024 por primera vez en Latinoamérica por la Universidad Iberoamericana. Las temporalidades cíclicas, las repeticiones, los espejismos, en toda la geometría de Migraciones hay una propuesta temporal-espacial que invita a un análisis riguroso de su materia superpuesta para la que el marco teórico de la física cuántica podría sernos útil. El trabajo de Gervitz implica una forma diferente de hacer literatura, porque establece una relación diferente con la publicación, por lo tanto admite otras posibilidades de lectura enmarcadas en nuevas materialidades y, al mismo tiempo, suscita nuevas formas de hacer crítica que quizás desplacen los límites de su labor en consonancia. La revolución Gervitz: modificar las prácticas de escritura; modificar las prácticas editoriales supone modificar las prácticas de lectura y, en consecuencia, las prácticas de la crítica. Todo el aparato que permite que la literatura acontezca.
Santiago Bustillo
Licenciado en Literatura Latinoamericana por la Universidad Iberoamericana Ciudad de México
Bibliografía
Barad, Karen. Meeting the universe halfway. Quantum physics and the entanglement of matter and meaning. Duke University Press, 2007.
Favela, Tania (coord.). La maquinaria del poema. Poesía y materialidad en México. Universidad Iberoamericana, 2024.
Gervitz, Gloria. Migraciones. Poema 1976-2020. Universidad Iberoamericana, 2024.
Sueiras, Perla. Reescritura y creación poética en Migraciones de Gloria Gervitz. Universitat Pompeu Fabra, 2021. http://hdl.handle.net/10803/673672.
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