El 6 de septiembre se conmemora el nacimiento de Mariana Yampolsky, una de las fotógrafas más renombradas de la historia de México. En este ensayo, la autora hace un recorrido por algunos de los momentos en la vida de la artista, circunstancias clave en su carrera y en su vida personal que la llevarían a producir una sustancial obra fotográfica, editorial y de grabado.
“Me han pedido una misión imposible: escoger una sola foto (o incluso que fueron veinte) que me hayan impactado profundamente. Para acercarnos a esta magna tarea ¿por dónde empezar?(…) Tan multifacética es la fotografía, tan bella, tan horrenda, tan íntima, tan pública, tan verdadera, tan falsa, tan importante, tan moderna, que es precisamente esta variedad. esta multiplicidad que la hace tan fascinante”.
—Mariana Yampolsky
Hablar de Mariana Yampolsky es realizar un recorrido por el mundo de una mujer que no tenía miedo, una mujer valiente y llena de esperanzas. Una artista y editora que se dejaba sorprender por todos los rincones del país, un territorio que recorría a bordo de su característico Volkswagen blanco, para retratar aquellos pueblos que aún no habían sido capturados en estos fascinantes documentos que llamamos fotografías.
Yampolsky nació el 6 de septiembre de 1925 en Chicago, Illinois; su padre, Oskar Yampolsky, había nacido en Kiev, entonces territorio ruso. Debido a la persecución y los pogromos en la Rusia del zar, huyó junto con su esposa Hedwig Urbach a los Estados Unidos con el objetivo de protegerse de un continente que sería azotado más tarde por el fascismo y el nazismo.
El contexto familiar de la artista será importante dentro de su obra. Su tío abuelo Franz Uri Boas, conocido como el “padre de la antropología estadounidense”, fue uno de los intelectuales más importantes en la lucha contra las ideologías totalitarias del momento —críticas que Mariana también retomará en su obra gráfica. Con su formación de antropólogo, Boas se sentía profundamente atraído por México, un interés que legó a la artista, así como su preocupación por el estudio de otros grupos culturales. Mariana no solamente era fotógrafa, grabadora y editora, fue una antropóloga nata gracias a las enseñanzas y cercanía con su tío abuelo, de quien heredó el don de escuchar y platicar con las personas con las que colaboraba.

Mariana estudió en la Universidad de Chicago y obtuvo un Bachelor in Arts. En su paso por la facultad, escuchó de un grupo de artistas en México que habían dedicado su carrera al grabado y a combatir el ideario nazi-fascista: el Taller de Gráfica Popular. Esto la convenció de viajar a México, a donde llegó en junio de 1944. Su madre consiguió que una familia suiza, los Hedigger, la acogieran en su casa en la Zona Rosa. En ese entonces se encontraba de visita en casa de esta familia el artista español Antonio Rodríguez Luna, quien le ayudó a llegar al Taller, ubicado entonces en la calle de Regina 114. Fue recibida por José Sánchez quien le mostró un tórculo francés de 1871.
Ella vio… de repente, estaba en el Taller de Gráfica Popular con José Sánchez, que era impresor y curiosamente le faltaba un brazo y él manejaba una prensa enorme, una piedra que pesaba muchísimo. Mariana estaba ahí, esperando a que llegara alguien ya que no podía ni hablar español. José Sánchez no hablaba inglés, pero entendió que algo, algo iba a pasar, que se sentara a esperar. Y dice que ella vio entrar a dos hombres que le parecieron los hombres más guapos que había visto en su vida, que ni siquiera, bueno, que ni Gregory Peck y Alan Ladd…todos los artistas de la época…entró un rubio, que era Pablo O’Higgins, del mismo alto que un moreno, que era Leopoldo Méndez y que para ella fue un shock. Yo creo que le dieron escalofríos; bueno los escalofríos son de horror. Pero alguna otra cosa… le dio emoción de ver esto: hombres que además la trataron muy bien y luego la integraron al taller.1
Mariana fue de las primeras mujeres en convertirse en miembro del Taller; ella, de alguna manera, le abrió pasó a artistas como Andrea Gómez, Betty Catlett y Fanny Rabel. Al ser parte de este círculo, comenzó sus andanzas en el interior de la República a lado de Alberto Beltrán, para retratar lo que observaba en el campo y en sus visitas a pueblos originarios, mediante sus grabados. Por sus largos recorridos, Mariana se convirtió desde aquel momento en la de “las piernas grandes”, “la caminante”. Al inicio, compartió con Beltrán todos esos paseos por la calle y el campo para hacer apuntes de lo observado y aprender a dibujar. Durante esos paseos comenzó su preocupación por el desplazamiento y la invisibilización de los pueblos originarios, aquellos que retratará inquieta por la “inminente occidentalización” del país.
Pero fue gracias a Hannes Emil Meyer y Dolores Álvarez Bravo, que se convenció de hacerse a la fotografía. Meyer, arquitecto y urbanista de ascendencia suiza, trabajó por algún tiempo en Alemania como director de la Escuela de Artes y Oficios de la Bauhaus; sin embargo, en 1933 tuvo que huir a raíz del conflicto Nacional Socialista en Alemania. Después de un par de viajes por México, el presidente Lázaro Cárdenas lo convenció de quedarse en el país en donde se acercaría al TGP. En 1948, Meyer promovió la publicación del libro TGP México, El Taller de Gráfica Popular: doce años de obra artística colectiva. Este libro fue medular en la carrera de Mariana, ya que Meyer le encomendó tomar una serie de fotografías con su cámara Rolleicord de los miembros del Taller. Esto levantó el interés de la artista por buscar un profesor de fotografía para profesionalizar su trabajo. Ese mismo año entró al taller de Dolores Álvarez Bravo en la Escuela de Artes Plásticas de la UNAM. Una formación que se sumaría a la que había adquirido los años anteriores en el Taller de Fresco y Dibujo, y un taller de terracota con Francisco Zúñiga en La Esmeralda.
Después de varios años en México, Mariana comenzó el trámite para solicitar su residencia en el país, y a finales de los años cuarenta dejó de vivir con los Hedigger para mudarse a un edificio en la calle Río de la Loza número 10 de la colonia Doctores. Ahí convivió con artistas, estudiantes e intelectuales del momento, como Rodrigo Arenas Betancourt, Héctor García y el estudiante de medicina Héctor Peralta Hurtado. Este último se convertirá en el modelo de algunos de sus grabados, como La Juventud de Zapata; y su padre, el señor Arnulfo Peralta aparecerá en El Agua para el Pueblo.
De acuerdo con Arnulfo Peralta, Mariana entró a trabajar como ayudante de fotografía de Emile Zubrin, quien colaboraba con agencias de noticias como Universal Trade Press, Central Press y France Press; por lo que comenzó a elaborar algunos fotorreportajes y así seguir adentrándose en la fotografía. Uno de sus fotorreportajes más enternecedores y que muestran el fascinante lente de Mariana es el de la vida de Teresita, su ahijada. De quien además existe también grabado. Ese proyecto ya evidenciaba la forma de trabajar de la artista: Mariana se adentraba en el lugar que visitaba, conocía su arquitectura, su olor, su forma, y después buscaba entender a la gente que lo habitaba, con sus dolores y sus alegrías. La cercanía que generaba la fotógrafa con sus fotografiados es evidente en este proyecto. Teresita aparece en doce imágenes de las cuales la mayoría son de su día a día: un abrazo enternecedor de su madre, una mañana tomando pan con leche para el desayuno o comiendo dulces, jugando entre amigos, estudiando y visitando la escuela.
La cercanía de la artista con Héctor Peralta fue fundamental para asegurar su estancia en México; su vida con aquella familia aparecería en algunos de sus trabajos fotográficos. Mariana y Héctor se casaron el 31 de enero de 1954 en presencia de su amigo Leopoldo Méndez y su maestra Dolores Álvarez Bravo. La familia Peralta poseía una chinampa en Xochimilco, lugar donde se formaría el Taller de Artesanías del Tlatil. Ahí, Mariana y sus colegas practicaban pintura, escultura y cerámica, esta última bajo la supervisión de Salvador Magaña, compañero de Mariana.
El vínculo de Mariana con su madre fue uno de los más importantes a lo largo de su vida. En 1954 la fotógrafa pidió ayuda al Departamento de Migración de la Secretaría de Gobernación para lograr que se estableciera en México. Para asegurar que su madre pudiera quedarse en el país, Yampolsky abrió el Centro de Belleza Hedwig, un salón de belleza constituido gracias a Dolores Álvarez Bravo, Raúl Abarca y la propia Mariana. Pero este proyecto duró poco, porque Hedwig decidió dejar el salón y rentar un departamento en la calle de Dinamarca para transformarlo en casa de huéspedes. Este negocio resultó todo un éxito. Elena Poniatowska, amiga cercana de Mariana, recuerda que la casa de Hedwig se llenaba de gente perseguida en Argentina y otros países asediados por las dictaduras; también lo frecuentaban intelectuales y diplomáticos de la época. Ahí Mariana conoció a Arjen Van Der Sluis, su segundo esposo y con quien viajará a bordo de su Volkswagen blanco para retratar docenas de comunidades en México.
En las propias fotos de Yampolsky se puede leer parte de su proceso; la artista buscaba siempre ser respetuosa de la intimidad de sus fotografiados. Capturaba los momentos que vivía a lado de ellos, sin ser invasiva o pedirles poses innecesarias. Para retratar a los pueblos originarios de México, primero se adentraba con respeto en sus comunidades, buscaba comprender su clima, sus olores y costumbres.
Pero Mariana no se dedicaba exclusivamente a la fotografía; trabajó un tiempo como maestra de literatura inglesa en el Colegio Garside. En una entrevista, Elena Poniatowska comentó que en su auto la artista solía llevar muchos libros en inglés, pues era fanática de los pocketbooks. Fue una maestra muy querida, en uno de los folletos que se pueden consultar en el Archivo Fotográfico Mariana Yampolsky de la Universidad Iberoamericana, hay uno elaborado por sus estudiantes:
To our respected teacher who has opened doors for us, to our understanding sponsor whose counseling has enabled us to appreciate life’s true values and to our beloved mentor who was extended to us the rare gift of genuine friendship, we, the Classes of ‘57 and ‘58, dedicate this year book to…
Durante su trabajo como profesora promovió una serie de viajes con sus alumnos a distintos países de Europa, Egipto y otros lugares. En esos recorridos tomó algunas fotografías que más tarde se presentarían en la exposición Imágenes del Medio Oriente, en la Galería José María Velasco.
Mariana se aleja poco a poco del grabado para darle más visibilidad a su carrera como fotógrafa y, después, como editora de libros. Más allá de su interés y su talento por la fotografía, esta decisión también nace de motivos económicos y de una serie de conflictos al interior del TGP que resultaron en la salida de Mariana, Leopoldo Méndez y Pablo O’Higgins del Taller.
Era mucho más difícil para ella grabar —apunta Poniatowska—. Era muy difícil, le costaba más trabajo y en cambio, ella era una maestra extraordinaria. […] Ella vivía de eso porque en el Taller de Gráfica Popular, pues no podía mantener ni una pulga. Nunca tenían un centavo. Por eso ella se fue, entre otras cosas, del Taller porque siempre había algún fragmento que le costaba trabajo. Entonces ya se inclinó al grado de convertirse en una de las grandes fotógrafas mexicanas.2
Mariana era muy activa. En 1963, a lado de Leopoldo Méndez, Manuel Álvarez Bravo y Rafael Carrillo publicó José Guadalupe Posada. Ilustrador de la Vida Mexicanaen el Fondo Editorial de la Plástica Mexicana.

Más tarde realizó algunos viajes a lado de su entrañable amigo Leopoldo para capturar fotografías de México y sus comunidades para Lo efímero y lo eterno del arte popular mexicano. En estos viajes surge nuevamente la preocupación de Mariana por conservar aquellas costumbres, documentándolas por medio de la fotografía. En este libro también se puede apreciar cómo Mariana se hizo, poco a poco, de una colección de objetos provenientes de distintos pueblos, producto de sus viajes, de su constante observación y de su cercanía con las comunidades fotografiadas. Usualmente se recuerda mucho más la fotografía de Yampolsky en blanco y negro, pero en este libro aparecen algunas de sus excelentes fotografías a color. Una particularmente llamativa es Nahuas del municipio de Huejutla en Hidalgo: en una zona sumamente arbolada un grupo de mujeres y niñas van cargando la compra en canastas que sostienen con la cabeza, mientras cruzan un río, vistiendo camisas bordadas, con collares, rebozos y faldas de colores. Esa fotografía nos permite imaginar la larga caminata que tuvo que realizar la fotógrafa para internarse hasta ahí y lograr capturar ese momento.
Ella tenía unas piernas muy fuertes de caminante, unas piernas hermosas —recuerda Poniatowska—. Así que a mí me conmovían mucho, decían muchísimo de ella y ella iba a todas las casas; además Mariana, su español, no era bueno, pero sabía cómo comunicarse con la gente y sacar lo mejor de ellos. Se le quedó el acento. Pero ¡ojo! no es un defecto. Ella hablaba español cómo podía.3
Mariana no se permitía invadir la vida de quienes aparecían en sus representaciones sin antes integrarse y conocerles. Esto se vuelve evidente en la composición de cada una de sus fotografías. Composición que, además, no hubiera sido posible sin sus conocimientos rigurosos del uso de la luz. Todo esto, lo sabemos en buena medida gracias a las secuencias de sus fotografías, que van mostrando el proceso de cada foto: desde su descenso del vocho hasta sus extensas caminatas. Estas secuencias son estudios exhaustivos de las formas de vida y las relaciones humanas de los lugares que recorría, y que se pueden observar en algunos de sus libros, como: La casa que canta, La casa en la tierra, La raíz y el camino, Tlacotalpan, Estancias del olvido, The Edge of Time, entre otros. Y que recuerdan al fotorreportaje de Teresita.
La obra de Mariana Yampolsky está llena de fiestas patronales, objetos de arte popular, niños, familias, juegos, escuelas, comercios, mujeres, obreros, trabajadores, bodas, panteones, graffiti y objetos del día a día que para ella muestran el México que le maravillaba; el que la hacía dar un volantazo en medio de la carretera y meterse por un camino de terracería para encontrar algo inusual y enigmático.
Aunque su trabajo como editora es menos conocido, no es menos importante. Yampolsky también trabajó como editora de distintos libros de Texto Gratuito de la Secretaría de Educación Pública. Uno de los más recordados, sin duda, fue el papel que desarrolló en la elaboración de los libros de primaria en el año de 1971, a lado de artistas y fotógrafos como Felipe Dávalos, Felipe Delgadillo, Rogelio Naranjo, Pablo O’Higgins y Abel Quezada, entre tantos otros. Ella revisaba los textos y las imágenes y supervisaba la diagramación de los libros de manera minuciosa, siempre a lado de los especialistas encargados de sus contenidos. Se puede apreciar la simbiosis entre el grupo de artistas, diseñadores y fotógrafos que participaron en él. Son libros que con pocas palabras y un sin fin de imágenes, lograron comunicarse con sus lectores.
Otros valiosos trabajos editoriales de Yampolsky fueron libros para Educación para Adultos (CEMPAE), manuales de instructores comunitarios de la CONAFE, o libros para el ISSSTE como Y la Comida se hizo. Fue también editora de la Enciclopedia Infantil Colibrí, proyecto en conjunto con la Secretaría de Educación Pública y Salvat Editores. Tanto su papel en la elaboración de los libros de Texto Gratuito como la Enciclopedia Infantil nos hablan del interés que tuvo por aquello que tantas veces retrató en sus fotografías: la infancia. La Enciclopedia salía de manera semanal con fascículos coleccionables y se convirtió en una colección de doce tomos, que trataban temas como el cuerpo, la salud o las plantas, y combinaban el trabajo de escritores, artistas e intelectuales como Miguel León Portilla, Felipe Dávalos, Elena Poniatowska, Arnaldo Coen, Alberto Beltrán y la misma Mariana. Tal parece que desde sus inicios y hasta su llegada a la industria editorial, Mariana siempre se interesó por el mundo y la imaginación de los niños, cómo vivían y qué hacían.
Yampolsky era sumamente perfeccionista y exigente consigo misma. A pesar de ello, o gracias a eso, logró generar más de setenta y cinco mil negativos; todos ellos son tomas sobre espacios, rostros, objetos o momentos que la maravillaban, capturas que escogió especialmente para que nosotros también miráramos y nos maravilláramos con ella.
Feliz cumpleaños 98, Mariana.
Sara M. Benítez
Historiadora por la Universidad Iberoamericana y maestra en artes visuales por la UNAM. Es creadora del proyecto Historia Chiquita, enfocado a la divulgación de la Historia.
Bibliografía
Carbot, Alberto. “B. Traven en palabras de Héctor Peralta, médico y amigo”. La Revista de México. Septiembre 2016, México.
Leidenberger, George. “‘Todo aquí es vulkanisch’. El arquitecto Hannes Meyer en México, 1938 a 1949”. México a la Luz de sus Revoluciones. México D.F.: Colegio de México, Centro de Estudios Históricos, 2014.
Archivo Fotográfico Mariana Yampolsky de la Universidad Iberoamericana
Matabuena Peláez, María Teresa. Mariana Yampolsky: Realidad Compartida en Facetas: El Legado de Mariana Yampolsky en la Universidad Iberoamericana. UIA, México, 2019.
Matabuena Peláez, María Teresa. Alegría: El legado de Mariana Yampolsky en la Universidad Iberoamericana. UIA, México, 2018.
Racismo Científico. Consultado el 3 de agosto de 2023.
Mariana Yampolsky: Mirada que Cautiva la mirada. UAM-X, CyAD; 2010, México.
1 Entrevista a Elena Poniatowska del 11 de febrero de 2022. Archivo personal.
2 Entrevista a Elena Poniatowska el 11 de febrero de 2022. Archivo Personal.
3 Entrevista a Elena Poniatowska el 11 de febrero de 2022.