Este obituario honra la memoria del ilustre historiador inglés Malcolm Deas, cuyo legado intelectual es importantísimo no sólo para la Universidad de Oxford, su alma mater, sino para América Latina en general y Colombia en particular.
El sábado 29 de julio, reconfortado por su hija Felisa, murió en su casa al norte de Oxford, Malcolm Deas, historiador, maestro, investigador, latinoamericanista, editor y autor.
Aunque Malcolm era muy respetado y reconocido por sus conocimientos acerca de Colombia, Venezuela, Argentina y Ecuador, también tenía un conocimiento amplio y profundo sobre el pasado y el presente de México. Varios estudiantes mexicanos de historia, política y asuntos latinoamericanos lo tuvieron como maestro o supervisor de tesis de grado en la Universidad de Oxford.
Malcolm Deas se había graduado con honores en New College, teniendo como tutor al historiador e hispanista Raymond Carr. Deas fue el académico más joven en la historia de Oxford en ser invitado como Fellow por el prestigiado All Souls College. A los 25 años la Universidad lo nombró profesor de Política y Gobierno de América Latina y pasó a ser Fellow de St. Antony’s College, hasta su retiro en 2008.

La formación de Malcolm todavía se inscribió en la añeja tradición humanista de Oxford que se remonta a Cicerón y Quintiliano, quienes en sus tratados acerca de la educación (De oratore, 55 A.C., Institutio oratoria, 96 D.C.) se propusieron adoptar y adaptar un concepto griego —enkyklia paedeia— al mundo y la lengua latinos. Ese concepto refería una enseñanza basada en un recuento del conocimiento humano en siete grandes disciplinas, sistematizada en Grecia en los siglos V y IV a.C., y con el cual, quizá, los griegos inventaron la educación al menos en Occidente. Hacia finales de le Edad Media, esta tradición dio pie a la studia humanitatis, en que se agrupaban materias como la gramática, la retórica, la historia, la literatura y la filosofía. Estas materias eran estudiadas en textos anteriores al cristianismo, principalmente escritos en latín o traducidos del griego al latín. Su cultivo fue decisivo para el surgimiento de las grandes universidades europeas como La Sorbona en París, Heidelberg en Alemania, Boloña en Italia, Salamanca en España, Oxford y Cambridge en Inglaterra. En Oxford, el área que mantenía esta tradición se llamó Literae Humaniores o Letras Humanas. No sorprende que para encauzar su inteligencia extraordinaria, Malcolm haya contado con una sólida formación humanista, una enorme curiosidad intelectual, un pensamiento riguroso y crítico, y una notable capacidad para expresarse con precisión y elegancia.
Cuando se le preguntaba a Malcolm Deas por qué había elegido América Latina como materia de estudio, respondía que le había impresionado la nula preparación diplomática, de inteligencia y académica del Imperio británico ante el estallido de la revolución cubana de 1959. Y cuando se le cuestionaba por qué no haberse dedicado a un país más grande e ¿importante? como México, contestaba que a su paso por nuestro país había encontrado “muchos turistas norteamericanos, disfrazados de historiadores pero con muchos recursos”.
En el frontispicio del New College está labrado un escudo con la frase “Manners makyth man”, que es el lema elegido por su fundador, William of Wykeham, archidiácono de Lincoln y colaborador del rey Eduardo III a mediados del siglo XIV. Justamente Malcolm personificaba este ideal: al hombre se le conoce por sus maneras. Malcolm desplegaba con naturalidad y sencillez todas las formas de un gentleman inglés en la sala, en la mesa, en el aula, en la discusión.
Forjado en los usos y costumbres oxonienses, Malcolm Deas solía vestir un pantalón gris (gris oxford, por supuesto). Una camisa clara a la que se añadía un cuello duro y redondeado que se prendía con un botón metálico por la parte de atrás. Utilizaba corbatas de diversos colores y prefería el verde oscuro. Sobre la camisa usaba un chaleco oscuro en el que siempre destellaba su reloj de bolsillo con su leontina. Y remataba con un saco casi negro que en los pocos días veraniegos de calor agobiante para él, cambiaba por uno un poco menos grueso y de color marfil.
Por encima de todo, Malcolm Deas era un hombre de una bondad infinita. Buen padre, buen guía, buen amigo, buen asesor, buen maestro, buen funcionario universitario y siempre generoso. Casi invariablemente, quien acudía a él en busca de un consejo, una ayuda, un favor, una recomendación, obtenía lo que había pedido. Tenía una manera desprendida para sugerir una lectura, explorar una línea de investigación, indagar una fuente histórica alternativa, adentrarse en un campo de conocimiento complementario.
Malcolm Deas tenía la agudeza histórica y política para entender a América Latina como una región que comparte multitud de lazos de todo orden y, a la vez, para explicar a cada uno de los países de que se ocupó, en su especificidad y circunstancia propia. Era un auténtico latinoamericanista.
Malcolm Deas deja un importante legado académico. Fue uno de los fundadores del Centro de Estudios sobre América Latina de Oxford, que dirigió en diversas ocasiones. Como lo señaló Roger Goodman, director (Warden) de St. Antony’s College en su tributo a Malcolm, una bibliografía reciente comprende más de 130 títulos de libros, artículos y colaboraciones diversas. Destacan sus libros Intercambios violentos, su colección de ensayos Del poder y la gramática, y sus biografías Vida y opiniones de Mr. William Wills y Barco. Malcolm, además, dirigió alrededor de 60 tesis de posgrado. Durante más de diez años fue editor de la colección de monografías sobre América Latina que publica Cambridge University Press.
Así como entre sus contactos mexicanos hubo una gama muy variada de personajes de la academia, la política, el gobierno y los liderazgos, en el caso de Colombia fue maestro de investigadores y maestros, de dirigentes políticos y sociales, legisladores y mandatarios. Fue un asesor importante de al menos dos presidentes colombianos y contribuyó brillantemente a la política de pacificación en ese país. Por ello recibió la “Cruz de Boyacá” —máxima condecoración de Colombia— y se le concedió la nacionalidad honorífica. Asimismo, se le hizo miembro de la Orden “Andrés Bello” de Venezuela y de la Orden al Mérito de Ecuador. La reina Isabel II le otorgó el honor de pertenecer a la OBE (the Most Excellent Order of the British Empire), por su participación en el fortalecimiento de las relaciones entre el Reino Unido y Colombia.
En mi caso personal, además de ser beneficiario de sus grandes cualidades humanas e intelectuales, tuve el privilegio de que Malcolm me guiara a lo largo de una paciente introducción a la Historia, de Tucídides a Plutarco y a Tito Livio; de Powicke a Stubbs y a Acton; de Thiers a Bloch y de Soboul a Furet, pero también a Braudel y a Louis Chevalier; de Morison y Commager a Boorstin, y no menos a sus colegas de Oxford, Lawrence Stone, Hugh Trevor-Roper y A. J. P. Taylor. Mi deuda vital para con él es impagable.
Descanse en paz Malcolm Deas.
José Luis Barros H.
Es sociólogo por la UNAM, donde fue profesor de carrera, y Doctor en Historia Moderna por la Universidad de Oxford.