Luis Barragán: un archivo y un diamante

La pretensión de regresar a México el archivo de Luis Barragán que hoy está resguardado en Suiza y la fabricación de un diamante con las cenizas del arquitecto jalisciense, sirven de punto de partida al autor de este texto para cuestionar cuál fue el papel de las autoridades culturales que permitieron que la artista Jill Magid elaborara ese “anillo de comprimiso” y cuál sería el futuro de ese acervo en nuestro país.

A su muerte en 1988, Luis Barragán heredó a su amigo Oscar Ignacio González González todos sus objetos personales; a su amigo de toda la vida Ignacio Díaz Morales le encomendó elegir la institución que considere más adecuada para entregar su valiosa biblioteca. Éste constituye entonces la Fundación de Arquitectura Tapatía (FAT) con el anhelo de formar una importante biblioteca de arquitectura y arte —particularmente arte sacro—, para los arquitectos y estudiantes de la ciudad natal de Barragán. El archivo de su práctica profesional y sus derechos de autor se los deja a su amigo y último socio, Raúl Ferrera Torres, quien lo conserva con devoción. Al morir, en 1992, lo lega a su ahora viuda: Rosario Uranga.

Para entender los hechos recientes en torno a la atropellada polémica del arquitecto Barragán y su archivo, hace falta un análisis serio y desmenuzado. Al parecer, como dueña y responsable del archivo y de los derechos de autor, Rosario Uranga se sintió rebasada y amenazada. Así, entonces, con una buena posibilidad de atender sus intereses y prioridades de tipo familiar y patrimonial, la señora Uranga decidió poner a la venta el archivo Luis Barragán en México. En 1993 lo ofrece al Estado mexicano (el cual, coincidentemente, tiene entonces la misma administración cultural que en la actualidad), a diversas instituciones y universidades, así como a algunos particulares. Desconozco con certeza el precio en que ofrecía el archivo, pero al parecer no llegaba al millón de dólares (un precio comparable al valor monetario de cualquier pieza de arte contemporáneo regular hoy. Incluso quizá en lo que se venda el “Anillo de Compromiso” cuando Jill decida venderlo). Nadie: ni Estado ni las diversas universidades e instituciones o particulares, se interesaron en comprarlo y es de imaginarse que la FAT no logró hacer que el archivo se quedara en México.

Tras dos años de buscar su venta a manos mexicanas y de no encontrar comprador, el galerista estadounidense Max Protetch —a quien lo caracteriza un especial interés en la arquitectura—, adquiere el Archivo Luis Barragán y a su vez se lo ofrece al suizo Rolf Fehlbaum. Éste, además de haber sido jurado del Premio Pritzker por cinco años, es uno de los principales conocedores, coleccionistas y promotores de la arquitectura y el diseño en el mundo. Visitar virtual o físicamente su fábrica, el Campus Vitra, el Vitra Design Museum y el recién inaugurado Schaudepot, da cuenta de ello.  Son sitios en donde se pueden admirar obras de Frank O. Gehry, Nicholas Grimshaw, Zaha Hadid, Tadao Ando, Alvaro Siza, Herzog & De Meuron, Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa, Buckminster Fuller y Renzo Piano, entre otros, además de la que podría ser la colección de sillas y mobiliario más importante del mundo y una serie de documentos de la talla de creadores como Charles y Ray Eames, Alexander Girard, George Nelson, Verner Panton y algunos más.  No es ninguna casualidad que Rolf esté casado con la Doctora en Historia de la Arquitectura Federica Zanco y tampoco es casualidad el profundo interés que tenía la pareja en la obra de Luis Barragán desde antes de que éste muriera.

En mi caso, mi interés consciente por Barragán comenzó hace poco más de 10 años, al enterarme de que el Fraccionamiento Jardines del Pedregal de San Angel al sur de la ciudad de México —en donde he vivido prácticamente toda mi vida— había sido creación suya, con apoyo intelectual de Diego Rivera, Miguel Covarrubias, Chucho Reyes, el Dr. Atl y Matthias Goeritz. Desde muy temprano comencé a ver con tristeza cómo eran destruídas a pasos acelerados las magníficas casas de los que entonces eran los mejores arquitectos de México; casas que antes podía admirar desde la calle o incluso visitar. Este fenómeno de destrucción llamó mucho mi atención, como lo llama desde hace unas semanas la práctica demolición de lo que fue la segunda casa del Pedregal, la “Casa Rosa” (Luis Barragán con Max Cetto, 1949, avenida de las Fuentes #140) y respecto a lo cual, a pesar de que se alertó el caso, no parece haber autoridad o entidad alguna que se preocupara por salvarla. En 2013 tuve la fortuna de adquirir la entonces llamada “Casa Prieto” (hoy “Casa Pedregal”), construida por Luis Barragán en el Pedregal entre 1948 y 1951. Y, como se dice coloquialmente, “las buenas obras atraen buenas personas”.

Entre las personas que he conocido desde el proceso de investigación y restauración de esta casa destaca particularmente Federica Zanco. Pese a todo lo que me gustaría decir sobre ella, me limitaré a hablar de su gestión al frente de lo que es, desde la adquisición del Archivo Luis Barragán en 1995, la Barragán Foundation basada en Birsfelden, Suiza, en la periferia de Basilea en donde Federica vive junto a su hija Anna y su esposo Rolf.

A Federica la contacté en 2013, antes de mi adquisición de la Casa Prieto, con temas relativos al Fraccionamiento Jardines del Pedregal de San Angel. Distintas personas del mundo de la arquitectura y algunos “Barraganistas” se referían a ella como “frívola” (por no repetir otras cosas), pero ¿a mí que más me daba? Yo quería conocer la fundación y sus objetivos y ver la posibilidad de obtener información que me sirviera para un proyecto de regeneración del Pedregal y, posteriormente, para restaurar la casa. Federica me contestó personalmente al día siguiente y así comenzamos una comunicación profesional basada en el intercambio de información. Pocas semanas antes de adquirir la casa, la visité en Suiza por primera vez y no sólo tuve pleno acceso al archivo que mantenía, sino que ella y su discreto equipo tenían ya preparada para mí y para Jorge Covarrubias que me acompañaba, cuanta información estaba disponible de la casa y del Pedregal.    Sin su ayuda, el Proyecto Pedregal y la restauración de una de las ocho casas que aún existen del Barragán posterior a 1947 no hubiese sido posible. Quizá la casa misma ya sería también un “tablarrocoso condominio horizontal”.

Sobra decir que el estado del arte contemporáneo atraviesa actualmente un momento de mucha credibilidad y es parte de un mercado desbordado que permite y compra todo sin el mínimo cuestionamiento. En este sentido, Jill sin duda logró una gran pieza, aunque sería magnifico preguntarle y nos respondiera quién le contó la historia de que el Archivo Luis Barragán fue un regalo de compromiso de bodas de Rolf a Federica. En relación al ridículo que Jill y sus cómplices chilangos, tapatíos y algunos estadounidenses nos ha hecho pasar con la exhumación, traslado y conversión de las cenizas de Barragán en un diamante mercantil, así como con todas sus implicaciones, las voces respetadas de Elena Poniatowska, Juan Villoro, Jesús Silva Herzog Márquez, Carmen Aristegui, Andrés Casillas, Fernando González Gortázar, Daniel Garza Usabiaga entre muchos más, ya hablaron atinadamente. Yo sólo tengo que desear que, a un precio e indignación altísimos (e innecesarios), el mundo cultural en México haya aprendido que hay mejores formas de hacer las cosas. Después de esto, me parece que quedan tres anotaciones y varias preguntas por realizar:

La Familia Fehlbaum Zanco no usa “diamantes de compromiso”, alhajas o accesorios banales. La leyenda que le contaron a Jill —o que inventó— y alimentó con sus ocultos cómplices, es totalmente falsa. Muchas personas, críticos, curadores, arquitectos de prestigio creyeron y exacerbaron esta leyenda sin hacer la mínima investigación al respecto.

El Archivo Barragán en Suiza está en condiciones físicas inmejorables, de equipo humano, e instalaciones. Lleva muchos años de clasificación, certificación, limpieza, restauración y fijación de miles de documentos para poderlos catalogar, escanear y compartir virtual y físicamente cuando el caso lo amerita. Una publicación de cerca de dos mil páginas en dos volúmenes de la que vi la primera maqueta final, que se trata de un gran catálogo razonado próximo a ser publicado, es todo lo que Federica Zanco debería de decir.

El Archivo Barragán es accesible al público profesional, con las limitaciones normales de una obra en proceso, de contener documentos originales únicos y por su ubicación geográfica (que está lejos de hacerlo excepcional). Ciertos préstamos y proyectos especiales están disponibles y, como yo, muchas otras personas lo pueden corroborar. Por citar uno sólo de varios ejemplos posibles: el gobierno mexicano y la FAT saben que la exposición conmemorativa del centenario de Luis Barragán México en 2002 y viajó por varias ciudades del mundo, con publicaciones en cuatro idiomas, bajo la organización y el patrocinio total de la Barragán Foundation. No era mi intención hacerla aquí pero va la primer pregunta: ¿Quién ha visto el Archivo Privado de Luis Barragán que se supone que está en México? ¿Alguien ha comparado las condiciones de éste con el que está en Suiza? Si está en la Casa Barragán y es accesible al público, ¿por qué no usar los fondos que ésta destina a hacer exposiciones de arte contemporáneo, a dar a conocer el archivo, la biblioteca y la casa misma?

Al Museo de Arte de Zapopan que dirige Viviana Kuri (incidentalmente esposa de Juan Palomar, fundador y consejero de la FAT) no le cuestiono su programa curatorial. He asistido y volveré a hacerlo con verdadero interés. Pero me sorprende que ahí se haya organizado la cena con Magid para convencer a cierta parte de la familia Barragán, encabezada por su sobrino octogenario Hugo Barragán Hermosillo, para exhumar los restos del arquitecto y convertirlos en anillo de compromiso. ¿Le contaron a Hugo que todo era un supuesto basado en un rumor sin sustento, que la posibilidad de devolución del archivo era más que remota y que no se había buscado la posibilidad de repatriación bajo ningún otro medio? Se sabe que en esa cena hubo algunos invitados ajenos a la familia Barragán (quizá curadores, críticos y arquitectos) ¿Quiénes eran? ¿Quién facilito y con quien asistió Jill a la reunión con la Secretaría de Cultura de Jalisco que ahora se cuestiona si fue mal aconsejada?

La devolución del archivo sin duda le interesaba menos a Jill Magid que su obra de arte. Ella misma narra que hasta hace tres años no sabía de la existencia de Barragán. Si la repatriación del archivo hubiese sido su verdadero objetivo, fácilmente hubiera podido tomar otro camino, habría comenzado por contactar a Federica para tal fin y gestionado los fondos para su probable adquisición y futura conservación. (Por cierto, ¿quién pagó el costoso anillo, exhumación, filmación, viajes y todos los gastos hasta hoy implícitos en el proyecto? ¿Sólo su galerista?)

Por otro lado, esta otra situación hipotética lleva a hacernos otras preguntas relevantes: ¿En dónde quedaría instalado el Archivo Barragán si regresara? ¿Con qué fondos operaria, a cargo de quién? Difícil saberlo, si no se ha leído comentario u opinión alguna de las autoridades culturales federales de nuestro país. Esto, aún cuando la Directora del INBA conoce a Federica Zanco, las instalaciones y el trabajo que está haciendo en la Barragán Foundation. Magid narra a Alice Gregory en el New Yorker que, antes de viajar a Suiza, el anillo fue presentado a los familiares de Barragán en la Casa Clavijero del ITESO, pero no sabemos quién facilitó este encuentro, ni quiénes participaron o qué opina el Rector y el equipo cultural de la univerisidad de todo esto.

Sin duda, para la artista y quien la ayudó, el haber tomado el asunto con la seriedad y responsabilidad debida era mucho más complejo, más costoso, menos visible y nada comercial.

Si Magid y sus seguidores tienen razón y su procedimiento es válido y exitoso, propongo intercambiar la pierna que nos queda de Santa Anna por la devolución de Texas. Aunque mejor California: tiene mejor arquitectura y menos republicanos. ¿Quién se apunta?

 

César Cervantes trabaja desde hace siete años en el Proyecto Pedregal, el cual tiene como objetivo la preservación y regeneración de la arquitectura del Fraccionamiento Jardines del Pedregal de San Angel ideado por Luis Barragán.

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Publicado en: Curadero