Resucitada en podcast, la radio no ha muerto, pero tampoco ha podido superar el magnetismo del cine. Con esto en mente, el siguiente texto nos invita a escuchar el podcast de Quentin Tarantino y Roger Avary en el que ambos cineastas resucitan viejas películas desdeñadas, discuten la idea de lo que es un archivo y buscan contagiarnos sus pasiones por el séptimo arte. Una sincera recomendación.
A los cinéfilos que aman la radio (o radioescuchas que aman el cine):
Como tantos, yo me había resignado a la idea de que Quentin Tarantino no tenía mucho más que ofrecer. Niño y adolescente en los exultantes años noventa, admiré con dicha sus dos primeros largometrajes: Reservoir Dogs (1992) y Pulp Fiction (1994), heraldos de una voz que irrumpía gozosa y violenta en el cine independiente norteamericano y que había dado lugar, en tan sólo unos pocos años, a un nutrido grupo de obsesos cultores. Su vertiginosa consagración como ícono pop global —el figurar en Los Simpsons, por ejemplo, un obligado rito de paso— lo elevó muy pronto al mismo estatus con que él honraba sus múltiples referencias fílmicas: lo “tarantinesco” se tornó inmediatamente reconocible, un estilo tan distintivo como parodiable. Cuando se estrenó Jackie Brown (1997), una película inesperadamente sobria, contenida y muy lograda que al día de hoy sigue siendo su única adaptación, muchos creímos que Tarantino iba a ser capaz de mantener a raya las tentaciones de la fama y la autocomplacencia. La esperanza duró poco: Kill Bill (2003-2004), magnífico y delirante popurrí de elevada estilización formal, anunciaba una propensión a la vacuidad de la trama y la delgadez de los personajes; e Inglorious Basterds (2009), pese a algunas escenas que deben contarse entre las más logradas del director, se veía muy cómoda en la reescritura de la historia y el regodeo en la estructura fragmentaria. Lo que siguió no hizo sino acentuar ciertas propensiones inquietantes, pues tanto Django Unchained (2012) como The Hateful Eight (2015) perpetuaron su inveterada obsesión con el “spaguetti western” —Morricone incluido— y su creciente incapacidad para editar unos guiones cada vez más desmesurados, cada vez más irritantes. Y si bien es cierto que Once Upon a Time in Hollywood (2019) sugiere la apertura de nuevos derroteros, y quizás un abandono de los guiños a Sergio Leone, también es verdad que aún no se ve con claridad lo que el futuro aguarda. Total, que yo aprobaba con desengaño el propósito expreso de Tarantino, repetido más de una vez en la prensa, de no hacer más de diez películas. Queda sólo una, suspiré.
Pero entonces decidí escuchar su podcast y caí en cuenta que mis ásperos juicios habían sido prematuros. Poco a poco me fui convenciendo de que el agotamiento de su filmografía no clausuraba posibles aportes en otros medios, formatos, géneros. Titulado Video Archives, como la legendaria tienda de video californiana en la que trabajó durante los ochenta, cuando no era más que un geek aficionado, el podcast es un deleite para los cinéfilos.

Cada dos semanas, Tarantino se reúne con su antiguo compañero de trabajo, el productor, guionista y director Roger Avary, para discutir dos o tres películas. No se trata, sin embargo, de analizar los últimos estrenos ni de revisitar las obras consagradas del séptimo arte. Tarantino y Avary eligen, más bien, películas que cumplan con los siguientes criterios: que hayan pertenecido al catálogo que manejó Video Archives —la tienda— hace ya cuarenta años; que se encuentren en formato VHS; y, por último, que hayan marcado y moldeado sus vidas. En su mayoría son obras desdeñadas, oscuras creaciones que bien merecen una reconsideración. El resultado es una avalancha de datos, referencias, intuiciones, un festín dialógico en que dos viejos amigos, profundos conocedores, practicantes y divulgadores del séptimo arte, reevalúan sus largometrajes favoritos. Más allá de lo anterior, el podcast plantea preguntas interesantes y urgentes sobre la noción de “archivo”, esclarece la cuestión del soporte o del material fílmico y, de paso, pone en entredicho las fronteras entre “alta” y “baja” cultura.
De entre todos los podcasts sobre cine que han surgido en los últimos años, únicamente Video Archives aborda la noción de “archivo” o de “archivos”, en plural, de modo explícito. Ni You Must Remember This, de Karina Longworth, ni The Haunted Screen, de Travis Mushett, que funcionan como historias documentadas del cine, se aproximan al problema del archivo fílmico en términos de producción, almacenamiento, conservación y accesibilidad. Tampoco lo hacen, salvo de modo excepcional, los podcasts de crítica como Film Comment, Colors of the Dark o Kermode and Mayo’s Take, por mucho el más ligero y divertido.
Video Archives, por el contrario, apunta al tema desde su mismo título: “archivos de video”. Por estos debe entenderse, primeramente, el archivo de la video-tienda, un novedoso espacio de acopio y circulación cuya existencia dependió de la invención de la cinta magnética. Lo mismo el Betamax que el superior VHS (Video Home System) prometían la (casi) infinita reproducibilidad, en el espacio doméstico, de lo presentado en la pantalla grande de los teatros. Además de las franquicias como Blockbuster, tan ubicuas como Starbucks hoy en día, florecieron pequeñas tiendas especializadas que, como la de Tarantino y Avary en California, fueron cultivando un público refinado, ávido de una degustación selectiva. Las películas se organizaban por géneros, su categorización generaba debates e incentivaba eruditas aficiones. Se abría la posibilidad de que cada persona formara, de acuerdo con sus inclinaciones y en la privacidad de su casa, un mini-archivo individual. Así, la memoria visual de cada uno se incrementó a pasos agigantados y a niveles antes impensables.
En este sentido, el podcast ofrece una ventana al archivo personal de Tarantino. Cada episodio es una invitación a recorrer, como si asistiéramos a un museo, el catálogo visual que lo educó y transformó en cineasta de culto y popular. En términos cronológicos, el gusto del director se concentra en las décadas de los setenta y los ochenta, época que adora al punto de exigir que Once Upon a Time in Hollywood —no la película sino la novela basada en ella que publicó en el 2021— se vendiera a precio de bolsillo, en pasta blanda y con carátula vintage. Fueron esos años los mismos en que hicieron su aparición ciertos géneros cinematográficos considerados “extremos”: el exploitation film, el thriller erótico y el terror contemporáneo, el slasher, el rape revenge film, el body horror, etcétera, sobre todo en los Estados Unidos.
Si es cierta la afirmación del sociólogo alemán Siegfried Kracauer de que el cine ofrece una puerta de acceso al inconsciente colectivo, entonces el miedo y el deseo de aquellas décadas navegaban desbocados entre el cuchillo asesino, la violencia explosiva y la desnudez provocadora. No era una mera casualidad: robustecido por una pujante y globalizada industria de bajo presupuesto, y envalentonado tras la abolición en 1968 del código Hays que prescribía lo moralmente aceptable y que había aprisionado al Hollywood clásico, el cine no tardó en entregarse con frenesí a la experimentación temática y formal. Puesto que los directores ya no dependían de los circuitos tradicionales de distribución, antes monopolizados por los teatros, ahora podían pasar directamente del rollo fílmico al formato VHS y, de este, a la televisión doméstica, eludiendo el proceso de los predecibles conatos de censura —circunstancia que alarmaba a los puritanos y que Censor (2021), la ópera prima de Prano Bailey-Bond, aborda con destacada agudeza. La gran mayoría de las películas que se comentan en el podcast —Dressed to Kill (1980), de Brian de Palma; Women in Cages (1971), de Gerardo de León; Demonoid (1981), del mexicano Alfredo Zacarías o The One Armed Executioner (1983), del legendario director filipino Bobby Suárez—, hubieran sido inimaginables en otro contexto. Y son ese tipo de películas, en efecto, de las que Tarantino se nutrió y a las que rinde homenaje en Death Proof, Kill Bill y muchas otras de las suyas.
El interés del podcast por rescatar del olvido lo injustamente desdeñado sitúa a Avary y a Tarantino, guardando las debidas proporciones, al nivel de Martin Scorsese y su Film Foundation, una iniciativa que ya ha restaurado joyas como Senso (1954), de Luchino Visconti, o re-descubierto otras como El fantasma del convento (1934), de Fernando de Fuentes. Hay algo en los episodios del programa que nos hace pensar en documentales como Be Natural: The Untold Story of Alice Guy-Blaché (2018), en que se desentierra de la desmemoria a una directora crucial; o que recuerda el monumental empeño de Mark Cousins, en The Story of Film (2011), por volver a contar, se podría decir que a re-escribir de cero, la historia oficial del cine. Como Scorsese, como Cousins, Avary y Tarantino son conscientes de que no hay ruptura historiográfica sin remezón archivístico. Por eso van añadiendo títulos, episodio tras episodio, armados de paciencia, a un repositorio cambiante, en vías de consolidación y abierto a taxonomías y vínculos inopinados.
El hecho, por otra parte, de que Tarantino haya comprado hace poco las existencias completas de Video Archives, corrobora que de la fiebre del archivo a la manía del coleccionista no hay sino un pequeño paso. Es fácil pasar de la “tesaurización” sistemática, como diría el filósofo contemporáneo Peter Sloterdijk para hablar de la acumulación de tesoros, a ese fetichismo que acosa a los acaparadores de vinilos y que no debe ser ajeno, por lo demás, a un director reconocido por sus repetitivos close–ups a toda suerte de zapatos, botas e incluso un yeso. En el podcast, la naturaleza religiosa del fetichismo se revela en la sacralización exagerada de sus objetos: las películas comentadas suelen ser de culto; y siempre, como siguiendo un ritual prescrito, se discuten sus carátulas y se leen —o se recitan— las sinopsis que contienen.
Por fortuna, Tarantino es menos partidario de fundar sectas herméticas que de evangelizar e incrementar el número de adeptos: como si no bastara con el podcast y el New Beverly Cinema, propiedad suya desde 2007, el director acaba de publicar su primer libro divulgativo de no-ficción, Cinema Speculation (Harper, 2022), que promete ser un éxito de ventas y que algunos ya colocan en la estantería de los clásicos. De lo que no cabe duda, por lo tanto, es de su ambición ecuménica de difundir y fomentar el amor al cine.
No sobra anotar, para cerrar, que las historias que se suceden en el podcast resquebrajan, una y otra vez, la distinción problemática entre “alta” y “baja” cultura, una diferenciación que Tarantino, con toda seguridad, desecharía por inservible. ¿Cómo explicar, si no, la existencia misma de Pulp Fiction (1994), una oda, precisamente, a la llamada “baja” cultura? ¿Cómo explicar que ese guión, premiado en Cannes, pueda contar entre sus influencias a una película italiana de bajo presupuesto como Black Sabbath (1963), de Mario Bava?
Quien escuche Video Archives debe estar dispuesto a dejarse sorprender por innumerables anécdotas de ese estilo, oscilando entre el chisme y la epifanía: que 1979 fue el mejor año para el género del terror; que el gran Michael Mann trastabilló con su extrañísima The Keep (1983); que el compositor Pino Donaggio ha trabajado con Joe Dante y Ruggero Donato pero también con Brian de Palma y Nicolas Roeg; que la extravagante Moonraker (1979) era la respuesta de James Bond a George Lucas; o que el diseñador de producción Ron Cobb empezó su brillante carrera con la subestimada Dark Star (1974), de John Carpenter, mucho antes de que elevara su magia a Star Wars (1977), Alien (1979), Back to the Future (1985) y Total Recall (1990).
Enciclopedias ambulantes, Tarantino y Avary van desglosando estas y otras anécdotas con la familiaridad del conocedor y la impaciencia del adolescente. Sí, en ocasiones el humor es más agotador que divertido, y sí, a veces los monólogos se hacen demasiado largos, tanto que cada episodio puede durar dos horas. Al final estos son defectos menores. Poco importa la soberbia de Tarantino y su avasalladora locuacidad cuando todavía hay tanto que podemos aprender de él, en sus libros, podcasts y, quizás aún, en sus películas.
Alejandro Quintero Mächler
Filósofo e historiador, es doctor en Culturas Ibero-y Latinoamericanas por la Universidad de Columbia.