Los ensayos exploratorios de Mudanza

mudanza

Verónica Gerber
Mudanza
Almadía
México, 2017
115 p.


Mudanza de Verónica Gerber Bicecci, reeditado por Almadía y originalmente publicado por Editorial Auieo y Taller Ditoria en 2010, es un texto que explora la noción de movimiento en todas sus aristas. Dicho movimiento se anuncia desde el título, el cual evoca tan desgastante actividad; pasa por un ojo díscolo que se resiste a seguir la trayectoria visual correcta y delega toda la responsabilidad en su igual para irse de paseo; y llega hasta una idea no necesariamente espacial en la que explora la literatura que se escapa de los libros para internarse en otras propuestas.

Si en Conjunto vacío (2015), la primera novela de Gerber, aparecen las relaciones entre áreas del conocimiento aparentemente distantes de la literatura, en este libro de ensayos se perfila una idea de la escritura atravesada por otras disciplinas. A lo largo de siete ensayos, dos con una fuerte carga biográfica y cinco sobre escritores que abandonaron las letras para llevarlas a lo que podríamos considerar literatura más allá de la literatura, Gerber juega con la idea de escribir como un viaje interdisciplinar y recupera artistas que llevaron el suceso literario hasta sus límites. Mudanza entiende las disciplinas como soportes para las ideas y no como universos de conocimiento diferenciados y distantes.

Tanto “Ambliopia” como “Ambigrama”, los dos ensayos probablemente más intimistas, inician con anécdotas personales carentes de interés —las limitaciones visuales del yo ensayístico, el primero, y ser zurda, el segundo— pero se mueven hacia terrenos más fecundos, donde exploran la literatura como un mundo posible y atemporal, en medios cada vez más alejados de la palabra escrita.

Sobre el artista Vito Aconcci, en el ensayo titulado “Papiroflexia”, señala que se había cansado de escribir sobre las cosas, quería que las palabras por sí mismas fueran la obra de arte y no un mero vehículo para transmitir sus ideas. Se presenta la hoja de papel como una superficie transitable con cuerpos, palabras, que la atraviesan. Atrás de tales experimentos se asoma la búsqueda de cercanía con el lector, el ideal de acortar cada vez más distancia entre lo leído y quien lo lee.

En “Equívoco”, probablemente el más fragmentario de los siete ensayos, atestiguamos breves escenas de Sophie (Calles) y Paul (Auster), cuyas identidades se revelan en los epígrafes. Con citas y referencias de sus respectivas obras, vislumbramos que las vidas de ambos personajes transcurren como un performance, con experimentos narrativos que trascienden el papel.

Quizá uno de los artistas que más fuerza cobra en estas páginas es Ulises Carrión, cuya ruptura en la década de 1970 con la noción tradicional de escritura da pie a que el yo ensayístico de Mudanza explore la materialidad del libro como objeto y no sólo como contenedor de un texto. Y finalmente, "Capicúa" recupera los postulados del belga Marcel Broodthaers, quien abrió una disyunción en el rumbo de sus textos: cansado del tradicional papel escribió sobre otros soportes como tela, muebles, cacerolas y jaulas.

Mudanza es un vagabundeo por la intermedialidad. A lo largo del libro se dibujan las preocupaciones de quien escribe y, a pesar de la premisa “haz caso del texto, no del autor”, es inevitable notar que su formación como artista visual atraviesa constantemente sus textos. Igual que se explora la idea de movimiento en diversas vertientes, también hay un juego con la noción de espacialidad en el papel y fuera de él. La voz ensayística concibe la escritura como un happening, un performance o un acontecimiento que no necesariamente ocurre en la página, mientras que esta última es vista como un campo posible entre otras muchas opciones.

Ana de Anda
Becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas.

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Publicado en: Ciudad de libros, Reseña