Los detalles de Las horas contigo

Esta semana vi Las Horas Contigo, una película de la cual hasta el título sale de corridito para platicar: “Vi esta película que trata de… Las Horas Contigo.” Contigo abuela, contigo mamá, contigo primo gringo que nunca veo, contigo enfermera. Contigo Gra, mi madrina, con quien la fui a ver. Una película que me sacó más que un par de lágrimas; me hizo revivir mis recientes duelos en sus peculiaridades, principalmente por las consecuentes preguntas en torno a la fe.

Las_horas_contigo-975757369-largeEl escenario es uno evidentemente mexicano. Y hablo no sólo de los volcanes, también del jardín de Doña María, sus azaleas, el verdor de esa casa que huele a nuestra eterna temporada de lluvias. Las pequeñeces idiosincráticas, la cocina de Juanita, la cocinera, o la relación entre Julieta y el cura que va a darle los santos óleos a su madre convierten a Las Horas Contigo en un baúl de reflexiones.

Platicándola, no pudimos dejar de decir que era una película sensible. (Perdonarán mi redundancia a continuación.) “¡Esta chava, qué sensibilidad!” Las Horas Contigo es la Ópera Prima de esta chava. Catalina Aguilar tiene un ojo agudo para el detalle, una pluma audaz para la creación de sus personajes, y una voz que cuida y pone a prueba temáticas delicadas, entre ellas la muerte, la fe y las diferencias generacionales a conciliar en torno a ella.

La concepción del guión es inteligente y asume a una audiencia inteligente. Una idea que parece simple: la muerte de quien está “en primera fila” en una familia es, sin embargo, hilada de tal modo, que retrata la situación más allá del núcleo de la historia. Desde el lenguaje: el diálogo capta la frescura de su creadora y habla de la perspectiva desde la que se cuenta esta historia. Es un respiro, por ejemplo, ver una escena en donde la palabra pendejo no es un insulto, sino que va de cariño, entre la protagonista joven, Ema y su novio Manu: “―Que pendejo eres. ―Que pendejos somos.”

Entre los logros de la película que hacen que la historia se relate con cercanía, están los de la fotógrafa y el compositor. Las tomas a close-up, en una escena en el baño, por ejemplo, en combinación con la música, resultan en una atmósfera de intimidad, compartida con el público.

El reparto está bordado a mano. Cassandra Ciangherotti está magnífica, interpreta a Ema con verdad y arrojo. María Rojo dibuja a una Julieta grandiosa en su “rareza”, según Ema y su propia madre. Por otro lado, Doña María, la Abu, es interpretada con absoluta maestría por Isela Vega. Las acompaña, además, un reparto de primerísimo nivel: Arcelia Ramírez, Humberto Busto, Evangelina Martínez, entre ellos. Tampoco hay escena que no tenga atención minuciosa al detalle interpretativo, la especificidad con la que estos actores abordan sus relaciones es  sin duda entrañable.

Las Horas Contigo dice “¡Acción!” a los cuestionamientos de vida a los que Ema se enfrenta con  la muerte de su Abu y un “accidente” con su novio “El Católico”. El personaje de María habla de que Ema no ha tenido que “poner a prueba semejantes contradicciones” en su relación con alguien creyente tanto en el cuerpo de Cristo como en el derecho a elegir de la mujer. Aplaudo que Las Horas Contigo sí se dé a la tarea de poner a prueba estos temas ante el público.  El resultado de un buen guión, llevado a cabo por un talentoso equipo, es una película que cuenta una historia emotiva, pero con inteligencia y sin caer en sentimentalismos.

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Publicado en: Cine