El siguiente pasaje es el segundo capítulo del libro más reciente del historiador inglés Peter Burke: Ignorancia. Una historia global, publicado por Alianza (2023) y ya en librerías del país.

Que sais-je?
—Montaigne
Los filósofos fueron los primeros en tratar el tema de la ignorancia, comenzando hace ya más de 2.500 años. En la antigua China, la colección de dichos atribuidos a Kung Fu Tse, conocido en Occidente como Confucio, incluyen el siguiente párrafo: “Te diré qué es el conocimiento. El conocimiento es saber qué sabemos y también saber qué no sabemos”. De manera semejante, en el texto clásico del taoísmo filosófico, el Libro del camino (Tao Te Ching), atribuido al «Viejo Maestro», Lao Tse, se afirma que «la mejor parte es saber qué no es conocimiento». Esto se ha interpretado en ocasiones como que cualquier cosa que se diga será necesariamente inexacta. Dado que el «Camino» es misterioso, los intentos de describirlo no son más que «palabras huecas».
Por este motivo, otro famoso texto del taoísmo, atribuido a Chuang Tse, estudió el Camino de manera indirecta, a través de una serie de anécdotas como la siguiente: «Nieh Ch’üeh preguntó a Wang Ni: “¿Sabes lo que es cierto según todos?”; “¿Cómo voy a saberlo?”, respondió Wang Ni. “¿Sabes que no lo sabes?”; “¿Cómo voy a saberlo?”».
En la antigua Grecia, Sócrates apuntó en la misma dirección. Según su discípulo Platón, Sócrates afirmaba ser más sabio que el hombre que «cree que sabe algo, y no lo sabe», ya que él no creía saber lo que no sabía. En los diálogos de Platón, Sócrates disfruta haciendo que otros, como Menón, sean cada vez más conscientes de que en realidad saben menos de lo que pensaban. Según una fuente posterior, Sócrates afirmó de manera más definitiva que no estaba seguro de nada excepto del hecho de su ignorancia, el famoso «solo sé que no sé nada». Pero, ¿de verdad lo pensaba o es un recurso retórico? Los estudiosos no se ponen de acuerdo.
Con Sócrates empieza lo que se ha descrito como el «giro epistemológico» en la filosofía griega. La epistemología es la rama de la filosofía que se ocupa de cómo adquirimos el conocimiento y cómo sabemos que es fiable. En contraposición, la epistemología de la ignorancia se centra en cómo y por qué nos mantenemos en la ignorancia. Estos problemas los discutieron los filósofos griegos, sobre todo la escuela de los escépticos, en la que destaca Pirrón de Elis. Al igual que en el caso de Sócrates, las opiniones de Pirrón solo se conocen gracias a una fuente posterior, Esbozos pirrónicos, de Sexto Empírico (ca. 160 ca. 210).
Los escépticos iban más lejos que Sócrates y cuestionaban la fiabilidad de los diferentes tipos de conocimiento, y elaboraron un método basado en desconfiar de las apariencias. Según ellos, los mismos objetos no producen las mismas impresiones en diferentes personas, como le sucede a un individuo con ictericia, que lo ve todo amarillo. También señalaron que el mismo objeto parece diferente si varían las circunstancias. Por ejemplo, un remo que parece torcido en el agua está recto cuando lo sacamos.
Los escépticos creían en la «investigación», el significado original del término skepsis; en otras palabras: examinar los argumentos a favor y en contra de una creencia determinada, sin emitir juicio hasta obtener los conocimientos necesarios. Para ser precisos, hay dos tipos de escépticos: los escépticos «dogmáticos», que están seguros de que no se puede saber nada, y los escépticos «reflexivos», que no están seguros ni siquiera de eso.
Existen unos cuantos textos medievales que «complican, hacen problemático o rechazan el conocimiento», pero la tradición griega del escepticismo se perdió durante la Edad Media. El escepticismo clásico resurgió en el Renacimiento europeo, cuando reapareció el texto de Esbozos pirrónicos. Este resurgimiento llegó en el momento perfecto, aquel que el filósofo historiador Richard Popkin denomina «la crisis intelectual de la Reforma», señalando que tanto católicos como protestantes tenían mejores argumentos negativos que positivos. Los protestantes socavaron la autoridad de la traducción, mientras que los católicos socavaron la autoridad de la Biblia1. Por tanto, ¿qué quedaba?
El escéptico más famoso del Renacimiento, la figura más importante en la recuperación del antiguo escepticismo que se dio en el siglo XVI, fue Michel de Montaigne, que vivió en persona las guerras entre católicos y protestantes cuando era alcalde de Burdeos. Montaigne convirtió en su lema personal la pregunta Que sais-je? (¿Qué sé yo?). Y no estaba solo. Su seguidor, Pierre Charron, adoptó el lema «No lo sé», mientras que Francisco Sánchez, profesor de filosofía en la Universidad de Toulouse, publicó un libro en el que defendía «Que nada se sabe» (Quod Nihil Scitur). Charron y Sánchez parecen escépticos dogmáticos, de los que están seguros de que no se puede saber nada. En contraste, el lema de Montaigne sugiere que era un escéptico reflexivo, que extendía el escepticismo al propio escepticismo.
En su Discurso del método (1637), Descartes respondió a Montaigne sin nombrarlo, en un ejercicio de «ignorancia metodológica» para pasar de la duda a la certeza. Pese a todo, la tradición de la duda continuó gracias a buen número de escépticos franceses, entre ellos François La Mothe Le Vayer, quien «heredó el manto de Montaigne», y Pierre Bayle, el «superescéptico». El famoso artículo sobre Pirrón en el Historical and Critical Dictionary (1697) de Bayle presentaba argumentos a favor y en contra del escepticismo, con lo que dejaba en suspense las dudas y a los lectores.
El escepticismo del siglo XVII se puede considerar una expresión filosófica de una conciencia más general de la brecha entre la realidad y las apariencias, conciencia que tuvo una importancia vital en la visión del mundo del Barroco. La famosa obra La vida es sueño (1636), de Pedro Calderón de la Barca, ilustra de manera espectacular el famoso argumento escéptico sobre la dificultad de distinguir entre el sueño y la vigilia.
Dos de los filósofos más importantes del siglo XVIII, George Berkeley y David Hume, compartieron la preocupación del siglo XVII por el problema del conocimiento. En contraste, los filósofos del siglo XIX ignoraron la ignorancia, con la importante excepción de un escocés, James Ferrier, autor de Institutes of Metaphysic (1854). Ferrier acuñó el término «agnología» (agnoiology) para referirse a la teoría de la ignorancia. También introdujo en inglés el término epistemology (epistemología) para referirse a la teoría del conocimiento. En tiempos de Ferrier ya se estaba desarrollando el interés por la ignorancia. Por ejemplo, Thomas Carlyle la describió como «la verdadera privación de los pobres» y subrayaba el «amplio universo de la nesciencia», comparado con la «miserable fracción de ciencia» de la humanidad. Karl Marx habló de los obstáculos sociales que se oponen al conocimiento, entre ellos el interés de la clase burguesa y la «falsa conciencia» de quienes pertenecen a la clase obrera. Una generación más tarde, Freud se ocupó de un obstáculo psicológico, el rechazo inconsciente del conocimiento, que incluye la tendencia a olvidar los hechos que nos avergüenzan. La «amnesia de cita» de la que hemos hablado antes es un buen ejemplo de lo que se podría denominar «psicopatología de la vida académica».
Epistemología social
En los años ochenta del siglo pasado, algunos filósofos dieron un giro social y empezaron a estudiar el conocimiento y la ignorancia de manera diferente. La epistemología tradicional se había centrado en la adquisición de conocimiento por parte de los individuos. En cambio, la epistemología social se centra en las comunidades «cognitivas», como pueden ser los colegios, universidades, empresas, iglesias o departamentos gubernamentales.
En cuanto a la epistemología de la ignorancia, el programa consiste en «identificar diferentes formas de ignorancia, examinar cómo se generan y cómo se sostienen, y qué papel desempeñan en las prácticas del conocimiento». En la práctica, el programa se ha centrado en la ignorancia atribuida al género, la raza y la clase social. Este enfoque tiene un motivo evidente: la entrada generalizada en el mundo académico de las mujeres, las personas negras y miembros de la clase trabajadora, primero como estudiantes y luego como profesores y académicos, que puso de relieve las ignorancias y sesgos de los varones blancos de clase media que habían monopolizado los puestos dominantes.
• Peter Burke. Ignorancia. Una historia global. Trad. de Cristina Macía Orio. Madrid: Alianza, 472 p.
Peter Burke
Historiador pionero de la historia cultural, es autor de más de una veintena de obras entre ellas: ¿Qué es la historia cultural? O Historia social del conocimiento. De Gutenberg a Diderot.