Las mejores versiones cinematográficas de Hamlet

Sirva este listado filmográfico como invitación para volver a Hamlet y descubrir —o redescubrir— de qué manera los cineastas de mediados del siglo XX hasta la actualidad se han ocupado de la trágica historia del príncipe de Dinamarca.

De todas las obras teatrales de William Shakespeare (1564-1616), Hamlet —probablemente estrenada en Londres hacia 1600— es su tragedia más famosa, la más representada en el mundo entero, quizá la obra teatral más célebre de toda la historia. En estos tiempos de confinamiento, ofrecemos una lista de las principales versiones fílmicas de Hamlet creadas después de la Segunda Guerra Mundial, tomando nota de que el polémico personaje ha sido interpretado tanto por hombres como por mujeres.

Ilustración: Víctor Solís

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En el pasado mes de abril recordamos, si no el nacimiento del Bardo de Avon, sí su bautizo el día 23, y su fallecimiento a los 52 años el día 27, hace 404 años. Y Shakespeare sigue siendo noticia, con tres novedades de reciente actualidad: se acaba de descubrir mediante una investigación lingüística computarizada que el autor de Doctor Fausto, Christopher Marlowe —modelo, mentor y némesis de Shakespeare hasta que éste lo superó, para siempre, por ejemplo, a partir de Romeo y Julieta— colaboró sustancialmente en una de las primeras comedias shakespearianas, The Taming of the Shrew (La doma de la fiera). En marzo, el premio Nobel de Literatura 2016 Bob Dylan regaló al mundo su primera canción original en ocho años, titulada Murder Most Foul —la frase canónica, asesinato infame, que expresa el horror del fratricidio del fantasma del padre de Hamlet—, una larga recitación sobre el asesinato de John F. Kennedy (1963). Por último, en estos tiempos de pandemia y de crisis económica internacional, se menciona cada vez más que King Lear (El rey Lear), la obra más nihilista del máximo dramaturgo isabelino fue escrita probablemente —en confinamiento, y guardando sana distancia— durante una de las varias oleadas de peste bubónica que asolaron Inglaterra desde mediados del siglo XVI hasta ya entrado el XVII, lo que explicaría en parte la violencia implacable y el desasosiego existencial extremo de esta tragedia, cuya carnicería supera incluso las de Macbeth, Titus Andronicus (Tito Andrónico) y la matazón final de la siempre controversial historia del príncipe heredero de Elsinor.

Aquí, en compañía de la traducción de Hamlet del poeta español naturalizado mexicano Tomás Segovia (1927-2011), quien revolucionó la traslación de la obra a la lengua de Cervantes iniciando el más famoso de los siete monólogos del príncipe de Dinamarca con Ser o no ser, de eso se trata, presentamos las seis principales versiones fílmicas de la posguerra, tabuladas según sus méritos.

Como todas las versiones se titulan Hamlet, listamos las producciones por los nombres de sus directores.

6 •  Michael Almereyda, 2000

Inicia como propuesta interesante, pero conforme avanza, va adquiriendo semejanza con ese otro esfuerzo desastroso que fue Romeo+Julieta (Baz Luhman, 1996). Aquí, Ethan Hawke es Hamlet, prisionero no en Dinamarca sino en Nueva York, donde Elsinor y Noruega son megacorporaciones de medios en salvaje lucha por la dominación del mercado. A pesar del elenco de primera —Sam Shepard como el fantasma, Kyle MacLachlan como Claudio y Bill Murray como Polonio—, de usar recursos como cámaras de vigilancia, videos, y de escenas en imponentes rascacielos, la dicción falla en momentos claves, y el suspenso se reduce a adivinar qué pasajes de la obra se saltará Almereyda. Julia Stiles es Ofelia, pero en vez de perder la vida en un río, se ahoga en una gran fuente del lobby. Hamlet se presenta como personaje bipolar, depresivo con tendencias suicidas, y el canónico monólogo, mitad voz en off, mitad recitación —en una tienda de alquiler de videos— decepciona progresivamente por desganado, amén de que la inexplicable gorra peruana del protagonista no ayuda para nada. Es una versión muy podada, que en proporción inversa a sus recortes pierde posibilidades reales de arte. Sorprende brevemente el sepulturero, que canta un fragmento de All Along the Watchtower de Bob Dylan mientras cava la tumba de Ofelia. El duelo final inicia con espadas pero en una secuencia algo incoherente termina a balazo limpio.

Sam Shepard como el fantasma de Hamlet padre, más corpóreo que espectral: Asesinato infame…


5• Tony Richardson, 1969.

Primera versión de Hamlet en color. Nicol Williamson como Hamlet, y en el papel de Ofelia, Marianne Faithfull (recientemente hospitalizada por COVID-19 pero dada de alta hace escasos días, a sus 73 años). Esta versión para cine de una exitosa puesta en escena del propio Richardson no acaba de convencer. El célebre monólogo, To be or not to be… lo declama Williamson tumbado en la cama, y en la dramática escena con Gertrudis, el director hizo hincapié en vapores freudianos, en sombras edípicas de su relación con su hijo el príncipe. Sobresale Anthony Hopkins como Claudio.

En el duelo final, destaca la desesperación del usurpador cuando la reina bebe la copa envenenada.


4• Laurence Olivier, 1948.

Ganó el Oscar a mejor película y mejor actor, pero es una versión polémica por los recortes y con un detalle que se ha discutido como un grave error de Olivier, que sentó precedente: desde el inicio del filme, anuncia en off que “esta es la tragedia de un hombre que no podía decidirse” (a cumplir la venganza que le exige el fantasma). De entrada, Hamlet queda definido como un pusilánime. Aunque Olivier en el papel de Hamlet destaca en muchas escenas, durante el To be or not to be…, daga en mano, depresivo, la pusilanimidad anunciada alcanza las nubes. Guildenstern y Rosencrantz, así como Fortimbrás desaparecen por completo en esta versión. También ofrece intimaciones de incesto reprimido y de pulsiones edípicas; la lóbrega escenografía desconcierta; llega a parecer que en el castillo de Elsinor los protagonistas están prácticamente solos, cuando en la obra original rey, reina, príncipe y otros personajes —salvo durante los monólogos— siempre están acompañados de guardias o asistentes palaciegos.

Jean Simmons es Ofelia, realmente enamorada, inocente, manipulada a pesar suyo. Aquí, intenta devolverle a Hamlet sus obsequios. Olivier tarda en explotar, y sólo lo hace cuando se percata de que son espiados. Con todo, esta escena resulta menos violenta que en muchas otras versiones.


3• Franco Zeffirelli, 1990.

Cuando el espectador logra suspender su incredulidad para no ver al energúmeno Mad Max o al policía trastornado de Arma letal en vez de un príncipe renacentista estudiante de filosofía, esta versión alza el vuelo, desplegando un elenco de primer orden, aunque el director también eligió destacar la tenebrosidad edípica, con Gertrudis (Glenn Close) y Hamlet dándose besos en la boca. Zeffirelli ya había tenido gran éxito filmando obras de Shakespeare: La doma de la fiera (1967) con Richard Burton y Elizabeth Taylor, seguida por Romeo y Julieta (1968), y Hamlet también fue un éxito de taquilla. Con Gibson —esforzado— como el príncipe, esta versión se convierte por momentos en película de acción, una variante bienvenida. Ofelia, interpretada con hiriente vulnerabilidad por Helena Bonham-Carter, en el maelstrom palaciego es tan víctima de Hamlet como de su propio padre, siendo que Polonio (Ian Holm) la espía en pasajes cruciales, no señalados en la obra original. Por otra parte, ésta es quizás la versión cinematográfica en la que menos se siente la total ausencia de la trama secundaria —siempre importante en un último análisis— de los Fortimbrás. Ah, y en el monólogo de la escena 1 del 3.er acto, Gibson incluso sorprende, y ni siquiera toca su daga.

Ay, pobre Yorick; yo lo conocí, Horacio…


2• Grigori Kozintsev, 1964.

Es una ironía que, para no pocos, incluyendo a Sir John Gielgud (1904-2000), el mejor Hamlet sea una producción soviética. En traducción al ruso de Boris Pasternak, con una pista musical firmada por Dimitri Shostakovich, con Innokenti Smoktunovski como Hamlet, filmada magistralmente en blanco y negro, ésta es una producción sobria, ejemplar, rayando en perfección cinematográfica, dentro de sus limitantes como una producción de la era estalinista (tanto Shostakovich como Smoktunovski tuvieron problemas con Stalin, y pasaron tiempo en prisión). Con una secuencia del fantasma —   quizá la mejor de todas— que evoca a Eisenstein, con paisajes y escenografías que corresponden a la vastedad de la tragedia, con el célebre monólogo recitado completamente en off mientras Hamlet pasea solitario ante un mar agitado, este Hamlet posee una fuerza, una gravitas, únicas. Hamlet no es presentado como depresivo, ni con tendencias suicidas, y el filme evita connotaciones edípicas.  Smoktunovski interpreta un Hamlet que remite a la serenidad, a la ecuanimidad de Montaigne (cuyos Ensayos leyó Shakespeare en la traducción al inglés de Florio). Los recortes a la obra original, estratégicos, aquí y allá,  resultan en un Hamlet más sujeto a las complejas, delicadas circunstancias de Elsinor que un vengador excesivamente emocional, fallido, indeciso o cobarde. En este tenor, por ejemplo, fue eliminada  la escena en la que Hamlet, rumbo a su confrontación con Gertrudis, sorprende a Claudio arrepentido, y considera matarlo. Aunque este pasaje queda recortado, Claudio sí confiesa su crimen, justificando su muerte durante el duelo final. El parlamento de Hamlet, ante Guildenstern y Rosencrantz, Qué espléndida obra es un hombre, es quizá el más sobrio, el más natural presentado hasta ahora en cine. Hamlet no muere en la sala del duelo, sino que sale hacia la playa, seguido por Horacio, mientras una solitaria gaviota grazna en el ventoso cielo, acaso representando el espíritu de Ofelia, con el cual se reunirá ahora Hamlet. Entretanto, al fondo, las huestes de Fortimbrás ascienden hacia el castillo, en una toma que recuerda al Bergman de El séptimo sello.

Ser o no ser, de eso se trata… en ruso, pero eminentemente disfrutable si se conoce la cadencia del monólogo. Y Hamlet ni siquiera toca la daga que trae al cinto. ¿El más elegante y mesurado de todos los canónicos soliloquios?


1• Kenneth Branagh, 1996.

Entre otros factores que colocan a esta producción en el sitial No. 1 de nuestra lista, está una indiscutible realidad: es la única versión cinematográfica que respeta íntegro del texto original completo de Shakespeare. El filme dura poco más de cuatro horas. Se ha dicho que esta versión tiene tintes de película épica, trasladada al siglo XVIII, filmada en el Palacio de Blenheim, con un elenco de primera línea. Branagh (Hamlet) —quien también participó en la adaptación— altera mínimamente, con inteligencia cinematográfica, el orden de algunas secuencias, y cambia sutilmente de lugar algunos parlamentos, pero esta versión contiene todas las palabras del Hamlet del 1.er Folio, junto con las líneas adicionales del 2.o Quarto que integran lo que hoy se considera la obra completa, y prácticamente se puede ver la película entera siguiendo la traducción de Tomás Segovia (Penguin Clásicos, edición bilingüe, Barcelona, 2016).1

Este Hamlet contiene secuencias visuales ideadas por Branagh que no se ven en ninguna otra versión: la representación del asesinato del rey Hamlet por Claudio, pasajes eróticos entre Hamlet y Ofelia (Kate Winslet), y a manera de flashbacks ilustrativos, escenas de la caída de Troya y de la muerte de Príamo (John Gielgud) a manos del hijo de Aquiles, ante Hécuba (Judi Dench), declamadas por el “player king” (Charlton Heston, excelente). Desde luego, las últimas palabras habladas son de Fortimbrás, ya sentado en el trono de Dinamarca, y la última escena es la del cuerpo de Hamlet llevado al campo de batalla imaginario por los cuatro capitanes.

Lo demás es silencio… La muerte de Hamlet, y el desenlace, incluyendo otro detalle que sólo a Branagh se le ha ocurrido: el dandi Osric también muere.

Para quien tenga la paciencia de ver (y de volver a ver) esta versión, será claro, evidente, que todas las demás —por muy inteligentes que sean sus recortes de la obra original— le quedan a deber a Shakespeare; en tal sentido este Hamlet de cuatro horas es una revelación. Muestra en toda su amplitud, como fue creada de origen, no sólo la destrucción de una casa real, de una dinastía maldita, sino la tragedia de la caída de un reino, irremediablemente corrompido.

Se ha dicho que, originalmente, Shakespeare pensó trazar al personaje Hamlet como un hombre sencillo, una ingeniosa personificación del Renacimiento. Poco imaginó su autor que Hamlet —además de un papel para actores— acabaría siendo epítome literario del intelectual en Occidente. Paso a paso, a lo largo de más de 420 años, personaje y drama trágico han ido creciendo, rebasando la obra misma, rebasando al mismo Shakespeare, hasta que hoy —como ha explicado con detalle Harold Bloom— se han convertido en mito.

Otras versiones destacadas:

• Greg Doran, 2009

Versión filmada de una producción de la Royal Shakespeare Company, con un hiperactivo David Tennant como Hamlet, y Patrick Stewart como Claudio (y también como el fantasma del rey Hamlet).

¿Soy un cobarde? … ¡Ay, Dios, qué burro soy!

• John Gielgud, 1964

Richard Burton como Hamlet. Filmada durante una exitosísima temporada en Broadway, mediante electronovision, un proceso técnico hoy olvidado.

El inmortal soliloquio, con la impecable dicción de Burton, y sin atisbo alguno de intenciones suicidas. Fiel a la obra original, le sigue la secuencia con Ofelia: Ninfa, en tus oraciones, recuerda todos mis pecados…

• Philip Saville, 1964

La única versión filmada en el auténtico castillo de Elsinor, coproducción de la BBC y Radio Dinamarca, para televisión. Con Christopher Plummer como el príncipe danés, y Michael Caine como Horacio.

En su único papel shakespeariano en el cine, Caine ejecutó a un Horacio notable, en crescendo dramático, logrando un singular equilibrio con el Hamlet de Plummer, inusualmente sereno y por momentos, decididamente místico.

Para concluir:

En la época de Shakespeare los papeles femeninos eran representados por varones; éste es el giro principal de la historia de Shakespeare in Love (Shakespeare apasionado, John Madden, 1998), con un guión de Tom Stoppard y Marc Norman. Sin embargo, la célebre actriz francesa Sarah Bernhardt (1884-1923) rompió ese paradigma, lo paró de cabeza e interpretó a Hamlet en muchas ocasiones, tanto en el escenario como en una versión fílmica (1889) de la que sólo quedan fragmentos, como éste, del duelo con Laertes…

Bernhardt demuestra que además de actriz controversial era más que hábil con la espada.

Cereza en el pastel:

En una versión británica de 2018, escenificación de la obra completa, filmada en una réplica del teatro original The Globe (Shakespeare’s Globe), tanto Hamlet como Horacio, y algunos otros personajes secundarios tradicionalmente masculinos son interpretados por mujeres.

Este teatro filmado ofrece la posibilidad de ver realmente cómo se ofrecían las obras teatrales en la época de Shakespeare (disponible mediante suscripción en YouTube).

Regresar del siglo XXI al siglo XVI y XVII, de la mano de William Shakespeare.

 

Rémy Bastien van der Meer
Guionista, traductor. Entre sus traducciones recientes: El cielo es azul. Una historia de la fotografía en color, de Nathalie Boulouch (Ediciones Vestalia, 2019), y los episodios 21 a 24 de Astérix (Ediciones Hachette Livre México, 2019).


1 Es de lamentarse que esta edición bilingüe de una de las mejores traducciones de Hamlet jamás hechas al español esté tan plagada de erratas. Son decenas de errores: en nombres de personajes, en inclusión de otros, inexistentes en el libreto original, en ausencias de instrucciones escénicas, e incluso directamente en los diálogos. Es obvio que faltó una lectura final a profundidad, una mejor revisión general de esta segunda reimpresión (2016) de la primera edición de 2015, publicada cuatro años después de la muerte del traductor. Un ejemplo: cuando Hamlet llega a confrontar a Gertrudis (páginas 174-175), ella le reclama que habla with an idle tongue, reclamo traducido por Segovia como con una lengua absurda. Enseguida, Hamlet le responde a su madre que ella interroga with a wicked tongue. En la versión impresa, sin embargo, Hamlet replica —en español— …interrogáis con lengua absurda. ¡Se repite el adjetivo de Gertrudis!, cuando en inglés son dos: idle y wicked. Podría traducirse quizás: interrogáis con lengua perversa. También podrían considerarse otros adjetivos: (lengua) malévola, peligrosa, pecaminosa, inicua. O, más de glosario isabelino: (lengua) dañina, ofensiva, destructiva, perniciosa, mortal, venenosa. El cervantista y traductor español Luis Astrana Marín eligió para este intercambio: lengua insensata (Gertrudis) y lengua procaz (Hamlet). Es imposible adivinar qué adjetivo hubiera elegido don Tomás Segovia, pero esa repetición de lengua absurda es ilógica e inexplicable.

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Publicado en: Carta de recomendación, Cine