De niña pensaba que Laika había vuelto intacta a la tierra después de su viaje espacial. Hace algunos años, demasiado pocos, supe que murió en el espacio y nunca, ni siquiera, se planeó su regreso. En este número de Poemas periódicos les comparto un poema que escribí recientemente sobre su historia.

Laika o del regreso
aquí en la tierra
empezaste
en una ciudad con todo
idéntica a las otras
algunas noches
las calles de Moscú
son más oscuras
que el espacio exterior
las farolas son soles
parpadeantes y rotos por el frío
oculta bajo una hora
de cartón y placenta
a ciegas como todos
empezaste
en el laboratorio
pesaron tu hambre
y te dieron un nombre
laika: la que ladra
así empezaste
te bautizó tu voz
tuviste suerte
luego tuviste
que quedarte quieta
días y semanas
en una cápsula diminuta
pequeña Laika
la docilidad mata
aprendiste
a pertenecer a tu ataúd
así empezaste
así empezamos
todos
en camino al espacio
tu vida y milagros
(almohadillas moteadas
cincuenta músculos
tan sólo en las orejas
todos los dientes que tenías
y los que te faltaban
tu linaje de esquinas
y mañanas al sol)
aquí en la tierra
quedaron resumidas
a la clave morse de tus signos
vitales a la línea
y punto de tu pulso
y a la frecuencia
de tu respiración
acelerada
viviste siete días
en el espacio sola
qué viste
llena de hambre
ladrándole a la tierra
se terminaba tu aire
y tú seguiste
dócil como el olvido
te alejaste
aunque querías vivir
los hombres no planearon
tu regreso
los hombres no notaron
la selección antrópica
de tus cruces oscuros
al fin y al cabo
sabían que no hay regreso
te quedaste sin aire
te quedaste sin voz
te bautizó tu muerte
ahí empezaste
vaya logro el nuestro:
a la mitad de la nada
el cadáver de un perro
nos orbita
Elisa Díaz Castelo
Poeta y traductora