La vida privada de los hipopótamos: autodestrucción redentora

Momentos antes de encarar a Moby Dick, Starbuck, el primero de a bordo en el Pequod, insta al capitán Ahab a girar el timón y regresar a Nantucket con sus mujeres y sus hijos a llevar una vida de paz y tranquilidad. Ahab, sin embargo, decide seguir su curso a pesar de que en el fondo sabe cuál será su destino. “¿Qué amo escondido y cruel me lleva en contra de todos mis deseos y afectos humanos y me fuerza temerariamente a eso que mi corazón apenas se atreve a pensar? ¿Cuál es la naturaleza de esta cosa sin nombre, insondable y sobrenatural?”, se pregunta.

Una sensación similar a la de Starbuck es la que siente quien ve La vida privada de los hipopótamos, película de Maíra Büller y Matías Mariani que se presentará en la décima edición de DocsDF, y que narra la vida de Chris Kirk, un norteamericano experto en informática que, inmerso en un tifón mental, poco a poco va siendo arrastrado por las violentas aguas de la destrucción. A pesar de que desde el inicio se sabe que está preso en Sao Paulo, queda a cargo del espectador ir anudando los hilos con los que se ha tejido su destino.

hipopotamos

La historia de Kirk parece ser un caso más de lo que Roberto Calasso llamara “ninfolepsia”, es decir, el acto de ser poseído por una ninfa, como le ocurriera a Humbert Humbert en Lolita o a Aby Warburg con aquella figura femenina aparecida en un fresco de Ghirlandaio. Y la posesión, aclara Calasso, puede ser a la vez salvadora y funesta. Kirk, en efecto, actúa como un poseído. V es la primera mujer que conoce en Colombia, país al que acude atraído por los hipopótamos de Pablo Escobar. Y desde esa primera vez queda prendado de ella, de su exótica belleza —mitad japonesa, mitad colombiana—, pero sobre todo de la sensación de estar viviendo una aventura radicalmente distinta de su aburrida vida burguesa en Olympia, Washington.

Mientras uno mira y escucha la historia de Kirk, dan ganas de gritarle que gire el timón, que regrese a Olympia y deje de ver a esa mujer que claramente hará que termine mal. Sin embargo, arrastrado por la obsesión de la aventura y la experiencia, decide seguir con ella, la invita a viajar con él a Estados Unidos y termina mudándose a Bogotá, a pesar de que él mismo sabe que no debe hacerlo y que detrás de la vida de su ninfa se esconde un gran misterio que, como su rostro, quedará por siempre difuso, sin posibilidad de ser identificado. Al igual que Ahab y Pinocho, con quien equiparan a Kirk al inicio de la película por su inocencia infantil, terminará sintiendo una atracción irresistible hacia la ballena, hasta ser tragado por ella, por sus mentiras, por sus labios, por su sexo, por su propia mente.

No importa que Chris note extraños comportamientos, como tener dos celulares y una sola batería, o irse de compras sin un centavo con sus amigos mexicanos de Los Ángeles. Tampoco importan sus hipótesis sobre la verdadera actividad de V: ¿traficante de drogas o prostituta internacional? Y mucho menos que, tras intervenir su correo electrónico gracias a su pericia informática, se dé cuenta de que lo ha estado engañando con otros hombres, con uno de los cuales tiene incluso planes de matrimonio. Nada importa porque Chris no quiere una vida común y corriente, quiere «locura», y una de las fuentes de la locura, como afirma Calasso, son las ninfas. Así que decide otorgar el beneficio de la duda, con la esperanza de que V no mienta cuando dice que lo ama. Apuesta por un 1% de posibilidades de que la realidad que está frente a sus ojos resulte falsa.

Pero la posesión también transforma, es un “conocimiento metamórfico”. Y eso es justamente lo que le ocurrirá a Chris. No se sabe bien hasta que punto V está vinculada con su arresto por traficar cocaína en una maleta de doble fondo, pero es claro que, en su paso por Bogotá, Chris ha tenido que ganarse la vida de algún modo, y ha dejado, por tanto, de ser el niño bueno de Olympia para convertirse en un recluso en una cárcel de Brasil y, más tarde, en un prófugo de la justicia internacional. Los papeles se invirtieron, pues V, en cambio, ha tomado el camino que a Chris le daba náuseas y del que trató de alejarse a toda costa: “Ese camino es muy conocido —afirma—. Empieza con el casamiento, después la hipoteca, la paternidad, la pensión. Eliges una obra social y empiezas a engordar. Te preocupas por las elecciones locales. ¿Hacer bromas sobre el seguro del auto y acostarme a las 11 pm? ¿Cuál suavizante es el ideal para mi estilo de vida? Tal vez empiece a mirar los noticieros en la TV. Encontraré un partido político que exprese mis sentimientos de impotencia y frustración. Quizás me interese la vida amorosa de los famosos o la estadística de personas que hacen que una pelota cruce un campo de juego. ¿Pagué esa multa antes del vencimiento? Cariño, intenta recordar dónde viste al bebé por última vez. Y tal vez todo esté bien, porque con un único dispositivo podré ver películas sobre personas que tienen vidas interesantes, y luego jugar videojuegos para fingir que tengo una vida interesante, ¡y todo eso en Alta Definición! Sí, creo que voy a agradecerle a Dios por ser viernes. ¡Por fin libre! ¡Por lo menos hasta el lunes! Un fin de semana que se hace una semana, que se hace un mes, que se hace un año, que se hace… ¡Oh, aquí está tu silla de ruedas! Y es hora de llamar a la enfermera para que te acomode la cama. Y tú intentas decir: ‘Espera. Yo quería probar cosas. Quería ver cosas, quería algo más’. ‘Demasiado tarde amigo. Tuviste opciones’. Mi padre trabajó en una fábrica en Flint. Llevaba una calculadora científica al cinturón, que contaba todos los días a toda hora, con mucha precisión, cuántos milisegundos faltaban para su jubilación. Ése es el miedo”.

Kirk decide recorrer un camino distinto, aunque éste sea sinuoso, oscuro, doloroso, mortal, incluso. Quiere conocer sus límites, saber de qué está hecho, vivir lo que no había vivido antes. Quiere locura. Para él, el horror no es la cárcel, sino el estilo de vida burgués que todos, nos guste o no, reproducimos día con día y que pareciera ser hoy nuestra única vía para la redención. Por eso no sorprende que cuente su historia con tanta tranquilidad e incluso con alegría y pasión, y que se le vea tan sonriente departiendo con sus compañeros de prisión. A Chris Kirk se le nota contento por no haber girado el timón, aunque ello lo haya hecho pasar por aguas profundas, heladas y negras, como esas en las que decidieron sumergirse los hipopótamos para esconder su fealdad y su maldad tras quedarse sin su bello pelaje. Como las “aguas mentales” que las ninfas donan a Apolo, de las que todo proviene y que son, en última instancia, la respuesta a la pregunta de Ahab –sea que reciban el nombre de ninfa, dios, Dios o inconsciente. Por contradictorio que parezca, Kirk parece haber encontrado la salvación en lo funesto gracias a la posesión, en una especie de autodestrucción redentora.

La vida privada de los hipopótamos se exhibirá en el festival DocsDF de este año. Los horarios son:

20 de octubre a las 18:45-Jaima Parque México
21 de octubre a las 20:00-Foro El Bicho
22 de octubre a las 18:15- Jaima Ciudad Universitaria
23 de octubre a las 19:00- Cineteca Nacional

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Publicado en: Cine