La vida no es posible sin los otros

“Estaba espantoso, acostado en la cama, con los pómulos morados, las mejillas amarillas, los labios exangües, con fiebre por todas partes, sin apetito, y todo a su alrededor tan completamente desamparado”. Con estas palabras describía el historiador John Addington Symonds el estado de su amigo Robert Louis Stevenson alrededor de 1881. Luego añade: “la señora Stevenson hace todo lo posible para que las cosas sean cómodas. Aunque Louis continuó su terapia con aceite de pino, su tos era tan violenta por la noche que dormía con hachís y un frasco de hidrato de cloral al lado de su cama para conciliar el sueño”.

En los días de la visita de Symonds, Stevenson trabajaba con prisa para completar los capítulos de La isla del tesoro comprometidos con una revista para jóvenes, era su primera novela. Las circunstancias en que se encuentra el historiador y el papel que desempeñó su esposa, me hicieron preguntarme por las condiciones que posibilitan que alguien escriba. Cuál es la estructura de colaboración base de los procesos creativos e intelectuales, esos que desde siempre los hemos pensado como solitarios y autosuficientes.

Uno de los hallazgos más interesantes de A Wilder Shore: The Romantic Odyssey of Fanny and Robert Louis Stevenson (2024) de Camille Peri, es su capacidad por hacer visible, a través de narrar la biografía de la pareja, el entramado de colaboración que los envuelve mientras hace posible la exitosa carrera literaria de Stevenson, a la par de una afortunada y creativa vida para ella.

Peri parte del interés por comprender el rol de Fanny Van de Grift en la creación artística de su esposo, así como el valor de su propia obra. Está motivada por la imagen deslumbrante de Fanny —“la única mujer por la que valdría la pena morir”, en palabras de su último amante— y el escaso crédito que la crítica literaria le ha dado a ella. No sólo se le ha escatimado su participación creativa en la obra de su marido, sino que se le atribuyen las peores decisiones literarias y personales de Stevenson, por supuesto.

Pero A Wilder Shore alcanza un objetivo más allá de intentar reivindicar a Fanny; al hacer una biografía colectiva de ambos —que en parte se extiende a todo el núcleo familiar—, Peri muestra que la colaboración creativa tiene lugar de muchos modos. Cuando ambos escriben El dinamitero, por ejemplo. Fue la única obra que firmaron juntos, aunque a menudo las ediciones suelen eliminar de la portada el nombre de Fanny. Y por consiguiente, las ocasiones en que ella escucha y sugiere, propone, cuestiona, o pone a consideración de Stevenson alternativas narrativas. Incluso cuando esa colaboración se extiende a Lloyd Osborne, el hijo de Fanny, que participa en la escucha, pero más tarde ayuda transcribiendo y corrigiendo las últimas obras de Stevenson. También cuando ella pone a consideración de él lo que ella escribe. Pero quizás la colaboración más significativa ocurre cuando Fanny genera las condiciones de vida para que la escritura de Louis tuviera lugar.

Sí, la figura dominante de la pareja es Robert Louis Stevenson. Su origen, juventud (era diez años menor que ella), voluntad artística, ambición literaria y fama ascendente serán el motor que mueva a la pareja y defina su rumbo. Pero era un hombre enfermo. Se pensó a menudo que sufría tuberculosis, aunque Peri sostiene que tal vez padecía de una bronquiectasia, una afección de los bronquios que provoca infecciones, tos crónica, sangrado y dificultades para respirar. Presentó estos síntomas a lo largo de su vida y no había ni atención ni solución eficaz, más que buscar mejores aires.

Además, no se ayudaba a sí mismo. Se negó a dejar de fumar, a pesar de que uno de los primeros médicos en estudiar las enfermedades respiratorias le hizo ver que era un hábito que empeoraba su condición. Pero sobre todo, no era una persona preparada para atender necesidades básicas de una familia que a veces con muy poco dinero, cruzaba los mares y se instalaba lo mismo en California, en Suiza, que en las playas de Samoa. No sabía hacer muebles, tapiar ventanas, cocer ropa y un largo y fatigoso etcétera. Todo esto quedaba a cargo de Fanny, quien antes de conocerlo había vivido en el viejo Oeste, entre buscadores de oro, donde se había hecho de las habilidades necesarias para sobrevivir en las condiciones más adversas.

Así que ella era una figura dominante. Se hacía cargo de las tareas de rutina, pero también de cuestiones insospechadas, como reparar una cabaña en pleno invierno cerca de Boston para que Louis fuera atendido en una clínica especializada, o rentar un barco en San Francisco para navegar por los mares del sur en busca de mejores lugares donde respirar. Era, pues, un factor que hacía posible que Stevenson se mantuviera con vida y en condiciones de continuar con aquello que hacía bien, escribir, casi siempre en su cama donde convalecía en las condiciones que retrató Symons.

Peri comienza su biografía con la historia de Fanny, de lo ocurrido a lo largo de los 36 años previos a encontrarse por primera vez en Francia, en Grez-sur-Loing, con Louis. El relato que hace es minucioso. Busca reconstruir, a partir de un notable uso de fuentes como su correspondencia, sus diarios y los de su madre y hermana, y más tarde los de su hija, la formación de esa mujer independiente, fuerte, autónoma no sólo por su carácter, sino por las condiciones precarias que debió afrontar después de su matrimonio a los diecisiete años con Samuel Osborne. La autora quiere también establecer en qué posición social y emocional se encuentra Fanny al momento de conocer a Stevenson, para entender cómo se forma una pareja en apariencia tan impensable como imposible en la cultura victoriana.

La biografía profundiza en lo fallido de su matrimonio, en el esfuerzo extraordinario que tuvo que hacer para alcanzar, junto con su hija Isobel, a su primer marido en Nevada. Viajó en 1865 desde la Costa Este de los Estados Unidos en barco hasta Panamá, ahí cruzó por tierra para llegar a la otra costa, y desde ese punto se embarcó rumbo a California para después, en diligencia, llegar hasta Virginia City Nevada, donde su vida no será dichosa. Mientras la familia crece, nacen Lloyd y Harvey, su marido le es infiel de forma recurrente y desvergonzada. Es una situación devastadora porque no se siente capaz de divorciarse y la familia ni siquiera lo piensa posible, es un abismo moral para una mujer joven a mediados del siglo XIX.

La solución a este enredo vendría con un viaje a Europa, en 1875, con el pretexto de llevar a Isobel a estudiar arte. La precariedad con la que hace el traslado desde San Francisco hasta Europa hará enfermar de tuberculosis a su hijo menor Hervey, quién poco después morirá en París. Y esa es la mujer a la que Robert Louis Stevenson ve en una posada de Grez-sur-Loing, donde se reunía una comunidad de estadunidenses con aspiraciones artísticas, “a través de una neblina blanquecina de cigarrillos y la luz proveniente del fuego.”

Pero antes de llegar a ese punto culminante, Peri ya nos ha llevado por la vida de Stevenson, en la que han predominado los hospitales y las clínicas. El intento infructuoso de estudiar ingeniería antes de comprometerse con su vida artística. Además de la enfermedad, algunas obras publicadas y un gran entusiasmo, Louis lleva consigo el conflicto con su padre, Thomas Stevenson, ingeniero adinerado, constructor de faros en la costa de escocia, que no comprendía su interés por la literatura y su falta de atracción por cosas prácticas.

Es un acierto que Peri nos relate su encuentro sin tintes románticos. Eran una pareja inconcebible, ella casada con dos hijos, él en la plenitud de sus 24 años, a la que no asalta el furor, sino que se forma por la afinidad cotidiana —él la seduce jugando con su hijo Lloyd—. Pero su vínculo íntimo se construye a partir de sus fragilidades y fortalezas. Podemos imaginar lo que el interés de un hombre joven, inteligente y simpático —la simpatía de Stevenson está muy documentada—, puede despertar en una mujer madura para la época, con un matrimonio fallido y un luto profundo. También cómo su precaria salud puede haber encendido en ella un deseo de hacer por él lo que no pudo hacer por su hijo. Y podemos pensar, de la misma manera, qué atractivo podría encontrar un hombre enfermo y enfrentado a su padre, en la fortaleza y resolución de Fanny. 

Por supuesto, todo jugaba en contra de ellos. Los amigos y la familia del joven escritor no entienden su aprecio por una mujer que les despertaba todo tipo resquemores, comenzando porque era norteamericana. Lo mismo ocurría del otro lado del Atlántico con los familiares de ella. Después de un poco más de un año de convivencia, la pareja se separa. Ella vuelve a California y él, a Edimburgo. Es durante este tiempo que Stevenson toma la decisión de romper definitivamente con su familia para seguir con su carrera literaria. Y esta decisión tiene como instrumento su deseo de seguir a Fanny Van de Grift a otro continente.

La crónica de este viaje la hace él mismo en From the Clyde to Sandy Hook, traducida al español como El aprendiz de emigrante, ahí escribe: “Yo no sólo viajaba lejos de mi país en cuanto a longitud y latitud, sino que me alejaba de mí mismo en cuanto a la comida, la compañía y la consideración que me daban”. Viajó en segunda clase y sin mucho dinero porque sus padres, escandalizados con la idea, se habían negado a pagar su viaje y él quería conocer de primera mano la difícil travesía del inmigrante.

El reencuentro entre ellos fue complejo. Ella no podía recibirlo en casa porque aún estaba casada, aunque no conviviera con el marido. Él está enfermo y debilitado por el viaje de tres semanas en barco y casi un mes en ferrocarril. Son meses de angustia, sin dinero ni el soporte de Fanny. Stevenson sobrevive en parte gracias a la ayuda desinteresada de un granjero. Son notables los detalles que la biografía proporciona de estos momentos, y la angustia que despierta seguir a los protagonistas en una situación complicada en todos los sentidos.

No voy a entrar en detalles de cómo acabarán saliendo de este trance, pero el 19 de mayo de 1880 se casan. Stevenson recuerda así el momento:

No era mi dicha la que me interesaba al casarme; era una especie de matrimonio in extremis; y si estoy donde estoy, es gracias al cuidado de aquella señora que se casó conmigo cuando yo era una mera complicación de tos y huesos, mucho más propia de un emblema de mortalidad que de un novio.

Comenzarán entonces sus aventuras por el mundo, que corren paralelas al recorrido literario de Stevenson. Antes de su matrimonio había vendido algunos cuentos —entre ellos los que componen las Nuevas noches árabes (1882)—, reseñas, algunos ensayos, pero ahora, lejos de su familia y al cuidado Fanny, se entregará por completo al descabellado propósito de vivir de la escritura, siempre, según él, a un lado de muerte.

A Wilder Shore es una apuesta muy interesante en el camino de alejarse de los retratos individuales, para acercarse a las biografías de lo colectivo. Consigue un retrato amplio de Fanny y Louis, más justo si tomamos en cuenta que nuestra vida no es posible sin los otros. Parte de su valor está también en retratar a los hijos de Fanny, a la madre de Louis, que vivirá con ellos en Samoa tras quedar viuda, porque su existencia se entrelaza y está marcada por las decisiones y la deriva de la pareja. Sólo al final, cuando Fanny queda viuda, la biografía pierde fuerza y Peri prefiere pasar con más prisa por esos años, sin examinarlos con tanto detalle.

Hacía mucho que no encontraba una biografía como ésta, cuyo relato se vive más que leerse, pero que además tiene el mérito de despertar ideas y emociones que, más allá de la historia que narra, nos hacen preguntarnos por las formas como colaboramos para crear y vivir, por nuestra vida en común.

Ernesto Priani Saisó

Filósofo y humanista digital. Académico de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Ciudad de libros

Un comentario en “La vida no es posible sin los otros

  1. La reseña del libro de Camille Peri, A wilder shore, hecha por Ernesto Priani Saisó refleja una lectura atenta y comprensiva que nos permite percibir que Peri hizo una exhaustiva investigación documental, en archivos y bibliotecas, una contextualización y lectura apropiadas de los documentos, diarios y libros, así como una comprensión histórica de los biografiados, Fanny Van de Grift y Robert Louis Stevenson, y de la época victoriana que vivieron. Se eligió un interesante y notable libro. Agradezco a Ernesto Priani y a Nexos por permitirme conocer y disfrutar la semblanza realizada, así como los demás contenidos de la revista en forma gratuita. Es para agradecerse de manera sincera.

Comentarios cerrados