La tradición de lo insólito: Cecilia Eudave

La escritora mexicana Cecilia Eudave acaba de publicar El verano de la serpiente, novela corta inquietante sobre los años setenta mexicanos, cuyo motivo principal es indagar en la crueldad y en sus derivas violentas. Eudave es creadora de una interesante narrativa de lo inusual y lo insólito, como nos muestra la siguiente entrevista.


El telón de fondo de El verano de la serpiente (Alfaguara, 2022) de Cecilia Eudave es el año 1977, en Guadalajara. Sus protagonistas son los miembros de una familia poco ortodoxa; es más, se podría decir que cada integrante se escapa de los costumbrismos de una época muy religiosa y enraizada en sus tradiciones.

Con esta obra, Cecilia Eudave retoma el género novelístico, sin dejar a un costado la brevedad que tanto le atrae, pues ésta es más una nouvelle, y vuelve a tejer con los hilos del asombro y lo insólito su ars poética, donde lo asombroso se presenta en cada acción de los protagonistas, así como el azar y la sentencia de un pasado y un futuro laberínticos, con secretos que deben ser revelados y destinos que se deben alcanzar.

Alberto González: Tus personajes cuentan su propia historia sobre una misma familia: son perspectivas sobre el mismo tema, y hay en ellos cierta maldad. A cada uno le otorgas cualidades muy distintivas, ya sea su comportamiento o su enorme capacidad de sentencia, como de oráculo. Cuéntame un poco de ello, Cecilia. 

Cecilia Eudave: El verano de la serpiente para mí es entrañable porque siempre había querido escribir una novela cuyo telón de fondo fueran los setenta, y los personajes que habitan la obra son deformaciones de personas que en mi vida y, sobre todo, cuando era niña me llamaron mucho la atención. Nada de lo que pasa, por otro lado, tiene que ver con mi vida, pero era muy sugerente el tiempo y la manera en cómo nosotros vivimos la niñez y nos fuimos insertando en los procesos que vivíamos en México.

Ciertamente, quería que todos los personajes pudieran darle al lector, mediante estas frases un poco sentenciosas, aforísticas o premonitorias, claves para la lectura. Son personajes crueles, y esa crueldad es el motivo esencial de la novela, ya sea de manera consciente o no. Pero todos ejercen esa crueldad con sus semejantes, y de acuerdo a esta exposición de la crueldad es el grado que violencia que se va a suscitar. Y yo como autora doy un augurio, cuando una de las protagonistas dice “ve más allá de lo visible, déjate llevar por los ojos de la serpiente”: ver más allá es un augurio para ustedes los lectores.

Sin duda, El verano de la serpiente es una novela inquietante, es perturbadora, y creo que los momentos más perturbadores son el resultado de esta crueldad, que de repente redunda en actos crueles, como le pasa a Ana, como le pasa la misma Maricarmen, a Matías, al hombre que cuelga a su perro, a Carlos, y en cómo esas crueldades giran en violencia.

AG: Nos das muchas pistas, Cecilia, a lo largo de la obra, llena de guiños al lector. ¿Por qué decidiste hacerlo?

CE: Quiero que el lector coescriba la obra conmigo, me gusta la sugerencia.

AG: Los juegos narrativos en tu obra son constantes, lo cual produce mucho ritmo, y acerca la novela a la polifonía. Cuéntame más de los narradores.

CE: Hay tres tipos de narradores: la primera persona, el omnisciente y la segunda persona, que es cuando la fantasma le habla a la serpiente. Entonces con este juego de narradores el lector no se ciñe sólo a una perspectiva exclusiva, pues la primera persona siempre es sólo un narrador testigo poco confiable (ya que todo parte de su perspectiva). El narrador omnisciente nos da una panorámica donde depende de ese otro tipo de narración mucho más complaciente, pues quiere que veamos, y nos acerca. Y la segunda persona desafía mucho más, por eso aquí ensayé mucho esa voz en segunda. Fue un tremendo ejercicio literario.

AG: Tú rehúyes a la poesía, en tu obra no se infla la historia con una frase poética, porque ya no aporta nada para lo que se quiere contar. ¿Cómo es este proceso de distanciarte completamente de la prosa poética? Háblanos de tus decisiones de estilo narrativo.

CE: Yo soy una narradora natural. Me gusta contar algo. No podemos entregarle al lector una historia donde no pase nada. En esta novela dejo que lo poético se presente en ciertas frases que se deslizan, pero sin atorar el texto. Considero, pues así me lo han dicho, que mi prosa es elegante. No tengo que recurrir a la reproducción del habla tal cual; a veces se piensa que recurrir al lenguaje soez es necesario para volver verosímil la historia, pero no se necesita, pues estamos en un universo literario, y el autor hace pacto con el lector. El lector no necesita eso si la obra no lo demanda, ni tampoco ese lenguaje elevado. Quiero que mis novelas sean lo más cercano a nosotros.

AG: Con lo anterior, podemos decir que ya tienes una voz propia.

CE: Está mal que yo lo diga, pero creo que sí. Ya son muchos años y porque pulo y trabajo mucho mis textos. Desde mi primer libro, Técnicamente humanos, ya se ve mucho que estoy procurando, por ejemplo, esa constante de crear cuentos que, al estar tan relacionados, da la impresión de que se está en una novela, como ocurre también con Al final del miedo. Entonces estoy jugando con los tiempos. Ya también, desde el inicio, se ponen en escena mis preocupaciones fundamentales, y mi voz como quiero usarla. Pero si es que tengo voz propia, el hecho de que los lectores lo reconozcan es el mejor premio.

AG: El verano de la serpiente consolida la idea de que te gusta romper géneros, es una característica tuya.

CE: Cuando escribo algo no me cuestiono nada —si es novela o libro de cuentos— pues a mí me gusta la hibridez, y muchas autoras están apostando por ello. Y no es nuevo. Yo crecí leyendo a autores del Nonsense: a Italo Calvino, a Borges, con quienes te preguntas ¿qué es esto, un cuento o un ensayo? Crecí fascinada con este tipo de literatura, donde también no había miedo a tocar lo insólito, pues estamos rodeados de ello, aunque lo insólito no suceda manera frecuente.

Ahora, lo insólito es una perspectiva donde se amparan muchos géneros: el terror, lo fantástico, lo extraño, la ciencia ficción. Y más que ser una representante de lo insólito, creo que la mía es una narrativa de lo inusual, y no es un género, sino una modalidad de la escritura, y es porque me gusta jugar, es algo natural, como que me brota así, y me gusta. Una marca distintiva de mi obra es que la realidad toque lo insólito. Siempre habrá ese tránsito o esa contaminación de la realidad con lo inusual, a veces más, otras no tanto, y entonces se puede jugar con lo alegórico.

AG: ¿Qué autores crees que están contigo en la novela, Cecilia?

CE: Mi novela tiene mucho de Elena Garro, con los juegos temporales; de Francisco Tario, sobre todo con La noche de Margarte Rose; de la misma Amparo Dávila, de Virginia Woolf, con el manejo de la sutileza; hay mucho de Carlos Fuentes, en la construcción de los fantasmas, no sólo en Aura; también hay una tradición del fantasma mexicano,  y podríamos hablar de muchos autores; autorreferencialidades también, pero esas se las dejaremos a los lectores que hayan leído la novela, porque uno va construyendo su propio universo.

 

Alberto González
Poeta y editor en Ediciones del Lirio

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Ciudad de libros, Entrevista