Sabemos que la primera editorial de América se estableció en la esquina de las calles de Moneda y Licenciado Primo de Verdad, en la llamada “Casa de las Campanas”, en 1539. Financiada por Juan Cromberger (impresor alemán radicado en Sevilla y único autorizado por Carlos V para imprimir y vender libros). La “Casa de Cromberger” fue administrada por Juan Pablos, un italiano de Bresca, su oficial Gil Barbero y otro ayudante, aparentemente un esclavo. Sin embargo, ha habido bibliógrafos quienes dicen que Esteban Martín fue el primer tipógrafo y que, entre 1536 y 1539, imprimió La Escala Espiritual para llegar al cielo de San Juan Clímaco, traducido del latín al castellano por fray Juan de la Magdalena. Este libro -se dice a veces- fue el primero en América, aunque hasta la fecha nadie lo haya visto. Sin embargo, de la Casa Cromberger de Juan Pablos, dos de las primeras publicaciones de la que se tiene registro fueron un Manual para Adultos y la Breve y mas compendiosa doctrina christiana en lengua mexicana y castellana que contiene las cosas necesarias de nuestra santa fe catholica para el aprovechamiento de los indios naturales y salvación de sus ánimas. Ésta última firmada por el primer obispo de México, fray Juan de Zumárraga, y considerada por varios otros historiadores como la primera publicación veramente originaria del nuevo mundo. (1)
Pero no todas las primeras publicaciones salidas de la imprenta regenteada por Juan Pablos fueron manuales salvífico; una de ella fue la narración de una catástrofe que bien puede considerarse como la primera noticia publicada en México. El origen del periodismo impreso en el continente puede encontrarse en La Relación del espantable terremoto que agora nuevamente ha acontecido en la ciudad de Guatemala (impreso en 1541). El original está perdido, y las imágenes que se citan son de una edición española que presenta ligeras variantes.
Pero esta primera noticia impresa en América, la del terremoto, está asociada con una anécdota trágica y muy romántica: la de la muerte del conquistador Pedro de Alvarado, en esos tiempos ya gobernador de Guatemala, el luto de su esposa Beatriz de la Cueva (apodada la “Sin Ventura”) quien sería gobernadora en sustitución de su esposo, pero sólo por un día, el día del terremoto que acabo con su vida. El historiador Marco Fabrizio ha narrado la que aconteció en ese trágico día y aquí lo reproducimos:
El terrible suceso de 1541 se convirtió en la primer noticia impresa en el continente, en parte se debe a que tan desafortunado evento, fue el último eslabón de una serie de desgracias que comenzaron unos meses antes cuando Don Pedro de Alvarado quien se encontraba a punto de lanzar su expedición a las Californias, acude al llamado del virrey para ayudar a terminar con la rebelión indígena que se gestaba en la Nueva Galicia conocida como la guerra del Mixtón.
Pedro de Alvarado en una de las acciones fue arrastrado cuando cayó el caballo de su ayudante Baltazar Montoya, tras sufrir graves heridas es trasladado para su atención a Guadalajara lugar donde fallece el 4 de julio de 1541. La noticia de su muerte no tardó en llegar a Doña Beatriz de la Cueva, quien esperaba su regreso a Guatemala. Se cuenta que los llantos y gemidos que salían del palacio solamente cesaron para ordenar que el edificio se pintara de negro por dentro y fuera como señal de luto.
Las autoridades civiles y eclesiásticas determinaron nombrar a la viuda gobernadora. Durante la investidura a su nuevo cargo, prestó juramento sobre la cruz que remataba la vara de gobernación y firmó el libro de Cabildo en donde escribío “Doña Beatriz La Sin Ventura”. Ese mismo día comenzó una fuerte lluvia, la precipitación se extendió durante todo el día siguiente sábado 10 de septiembre, el temor de una desgracia llevó a las vecinos a resguardarse en sus hogares, la lluvia arreció y en la noche un fuerte temblor sacudió la tierra, descendiendo del volcán una enorme riada que arrasó con todo, cegando la vida y el efímero mandato de la primera gobernadora de América “La Sin Ventura.”
Hay que agradecer a Marco Fabrizio por recordarnos esta historia. Ahora queda asegurarse ¿habrá sido La Sin Ventura la primera gobernadora de las Américas? Si lo fue, su historia merece ser recordada no sólo por sus implicaciones políticas y de género, sino también por estar asociada con la primera noticia, y porque su historia mezcla dos de las formas comunicativas más viejas y más populares: la del reportaje de catástrofes naturales y la de la prensa del corazón. Q.E.P.D La Sin Ventura.
Para una versión menos romántica de Doña Beatriz, leer aquí


Interesante, pero algo descuidado. En el texto se afirma que “Las primeras dos publicaciones de la[s] que se tiene registro fueron un Manual para Adultos y la Breve y más compendiosa doctrina christiana”. Esta afirmación se sustenta, como puede verse por la nota 1, en un documento titulado Introducción de la imprenta en México; pero allí lo que se lee es que “De la primera etapa de la imprenta […] se pueden mencionar las siguientes obras: Breve y mas compendiosa […], Manual de Adultos […] y La relación del espantable terremoto.” En ningún lado se afirma que la Breve y el Manual sean “las primeras dos publicaciones” de la imprenta mexicana. Echo un ojo a la Bibliografía mexicana del siglo XVI, de Joaquín García Icazbalceta, con lo que confirmo que el primer libro del que se tiene registro, impreso en la ciudad de México y en el continente, fue la Escala espiritual de San Juan Clímaco, tal vez en 1537.
Muchas gracias por su comentario. La observación se ha registrado y he corregido lo que corresponde. Ahora me deja con la enorme curiosidad de averiguar más de Esteban Martín y de sus esfuerzos pioneros como impresor. Una etapa fascinante para la letra impresa en el mundo.
Los sin ventura, fueron los que tuvieron la mala ventura de toparse con ese hijo de perra, mala bestia que fue Alvarado, asesino sadico, feroz genocida, que bueno que la prostituta de su mujer sufrio un poco por lo que ese maldito hizo.
En efecto: El primer libro publicado en la Nueva España y en el continente fue La escala espiritual de San Juan Climaco, libro del que por cierto no se conoce ejemplar alguno…
Entendido y corregido.Gracias por la observación.