La poesía: un GPS de lo divino. Entrevista a Luis Felipe Fabre

Julio González: Hace 15 años dijiste que el hada queer de los poemas te dijo que debías “adentrarte en el Camino de los Versos, donde cada verso es un camino hacia quién sabe dónde”. ¿Hacia dónde te ha llevado a ti la poesía?

Luis Felipe Fabre: Qué hermosa pregunta. Lo que he aprendido es una cosa extraña –o descubierto o que estoy descubriendo–, es que la poesía te lleva hacia atrás: que hay algo del verso que va en reversa. A mí me gusta mucho esta idea de que en la escritura versal hay dos movimientos: el movimiento propio del lenguaje (hacia adelante) y el del verso que siempre se repliega sobre sí mismo, es una vuelta. La versura le da nombre al verso, que en latín significa la vuelta que da el arado cuando termina un surco y da la vuelta para hacer el siguiente en sentido opuesto. Entonces ese repliegue que tiene la poesía, a lo que a mí me ha llevado, es a ir cada vez más atrás. Cuando era joven empecé con muchos ánimos de vanguardia y ahorita mi ambición es llegar al paleolítico.

JG: Tus últimos libros publicados son ensayos y has escrito también novelas. Al final de tu nuevo libro Poeta griego arcaico (Sexto Piso, 2024) dices que te cuestionas cómo "amar de nuevo, besar a los dioses, vivir bellamente".  ¿Eso es lo que te hizo volver a la poesía?

LFF: Desde que se publicó Poemas de terror y de misterio en 2013, no había vuelto a escribir poesía. Me había dedicado más bien a cosas de la prosa que tienen que ver con la poesía, pero no exactamente a los versos. Y de pronto tuve una enorme necesidad de alojar algo que antes me parecía demasiado conservador. No pude pensar la poesía como sagrada, pero sí tenía necesidad de dialogar con los dioses. Y el único género que es propio para hacerlo es la poesía, por eso volví. Fue una necesidad de dialogar con los dioses, hacerles unas cuantas preguntas y unas cuantas peticiones.

JG: Eso me recuerda un poema de Octavio Paz que se llama "Conversar", en donde él dice que “los dioses no hablan: hacen, deshacen mundos, mientras los hombres hablan”. En Poeta griego arcaico, accedes a la interioridad de estos dioses, a sus deseos, sus esperanzas y también a sus flaquezas. ¿Cómo lograr eso que dices en un verso: “Cantan, ciegos, los poetas lo que no se puede ver”?

LFF: Yo sí creo que los dioses hablan de maneras extrañas. De pronto en ese libro sentía que entre más exacto es un verso –y lo exacto no significa literal, exacto en su belleza– más te afina el alma, como en un instrumento, y entre más afinada está el alma, mejor captas las vibraciones de lo sagrado. O sea que la poesía te ayuda a percibir lo sagrado que hay en el mundo. A mí me sirve para eso. Es como un GPS de lo divino.

JG: Quería preguntarte sobre los temas del poemario y sus variaciones: belleza, amor, y el desarrollo de un destino que tiene que ver con la hybris. No es sólo hablar a los dioses, es volver a temas muy clásicos de la tragedia. ¿Por qué?

LFF: Me puse a leer muchísima tragedia. De hecho en la fotografía que aparece ahí [en la portada] llevaba muchos años sin escribir, pero aparezco con un libro de tragedia. El regreso a esa lectura fue muy revelador, porque en el inter me he vuelto muy cercano a la astrología y lo que me gusta mucho de ella es que los dioses dejan de ser como mitos o cosas de eruditos, los ves actuando en ti. Es una manera en que vemos que los dioses están vivos. 

En cuanto a la pregunta de destino o libertad, la astrología te plantea un poco de esas mismas preguntas. Cuando de pronto uno ve ciertos tránsitos demasiado precisos, que quizás ya estaban matemáticamente programados para suceder, esos movimientos me marcan: ¿hay libertad o destino? Entonces, mi acercamiento a las lecturas clásicas de la tragedia, de los poetas griegos, se da con una perspectiva distinta de conocer a los dioses actuantes, no como algo que no tiene tanto que ver contigo.

JG: ¿Crees que hay una vuelta al destino, no sólo en la sociedad sino también en la literatura?

LFF: No lo sé. En la misma astrología, por ejemplo, ves que los astrólogos más modernos, humanistas, tratan todo el tiempo de estar hablando de la libertad personal –uno de los grandes valores modernos. Pero nuestras vidas a veces nos sorprenden sabiendo que hay libertad individual o que la libertad es cómo vives o manifiestas ese destino. Pero sigue habiendo un enorme esfuerzo por creer que somos libres y que podemos tener decisiones y control sobre nuestras vidas. Creo que es lo que te venden muchas ideas terapéuticas y políticas. No siempre tenemos control sobre determinadas cosas, pero muchas veces hay situaciones que te hacen sentir que uno no tiene el control de absolutamente nada.

JG: Algunos críticos han dicho que eres uno de los poetas más tradicionales de tu generación. ¿Qué libertad encuentras tú en las formas clásicas cuando has tratado temas de asuntos tan diversos?

LFF: Para mí la forma es como tener el instrumento adecuado para llegar a un sitio determinado. Hay formas que te permiten llegar a un lugar, hay otras que te permiten llegar a otro. Uno no puede llegar a la épica con un soneto. Las formas tienen su inteligencia y tienen sus posibilidades. Para mí el problema para escribir es ¿desde qué forma voy a trabajar este asunto que me interesa? Además, la forma tiene memoria; entonces, al trabajar con determinadas formas entras en contacto con todos los que han trabajado esa forma a lo largo de los siglos. La forma es cultural, es colectiva, es histórica.

JG: ¿Además de leer tragedia griega, historia, etcétera, qué poetas has leído para encontrar la forma?

Hay dos poemas que no pertenecen exactamente al mundo grecolatino. Uno lo menciono al comienzo casi como un epígrafe: el soneto de Rilke del “Torso de Apolo arcaico”. Es un poema de una revelación, una epifanía. Lo leía todos los días, todas las mañanas. Y otro poema que me parece fantástico es "Oda a una urna griega" de John Keats, que es como el sol para aproximarse al mundo griego desde su momento.

JG: Has hablado sobre tu poesía como un juego de des-identidades. En tu obra se asume que, como Rimbaud, “yo es otro”.

LFF: Absolutamente. Rimbaud era Libra como yo. Y esa es la frase más libriana: “yo es otro” –salvo ser o no ser.

JG: ¿Qué piensas de la tendencia en la literatura contemporánea a ser confesional?

LFF: Me parece una idea muy narcisista y muy limitada de lo que es la literatura. Yo creo que es un fenómeno que vale la pena estudiar. Yo nunca he sido exactamente un poeta lírico en el sentido tradicional.  Siempre he desconfiado del yo. Y el yo como identidad me parece cada vez más sospechoso; porque cada vez se revela más que gran parte de nuestro propio cuerpo está compuesto de la macrobiota de otros seres. Somos muchos seres. Y cada vez me queda más claro que muchas cosas de las que pensamos, por ejemplo, en las redes sociales, no es un pensamiento personal, es un pensamiento cardumen. Los mejores momentos del arte son eso: cuando siento que realmente llegué a algo es cuando lo que escribo me resulta extraño. Como diciendo "¡Ay! ¿Yo escribí esto? ¿No lo habré plagiado?" Te desconoces en lo que escribes, no te reconoces. Cuando se manifiesta esa otredad, ahí pasó algo, pasó algo a nivel de la escritura.

Cuando escribes lo que tú querías, no llegas muy lejos porque uno es muy limitado. Hay algo ahí como chamánico, de devenir otro o que se manifieste otro, o el lenguaje a través de ti: eso es lo que me interesa. Entonces hablar de escrituras del yo me da un poco de pereza, me parece un poco chiquito. Está bien para Instagram –y claro, incluso en Instagram te das cuenta que casi todas las selfies son imitación de otra selfie, una selfie inexistente. Qué rara manera de hacer autorretratos que realmente son copias de otro autorretrato. A mí me parece que ni siquiera llegan a ser realmente escrituras. No se nos revela un yo como en el caso de Montaigne o San Agustín, que están indagando en su yo con profundidad, sino más bien están siendo un yo estereotipado, un yo que ni siquiera son ellos. Creo que se está acotando mucho el arte. Como si nada más uno pudiera escribir sobre uno mismo, porque lo demás sería como una especie de apropiación de la experiencia ajena. El arte siempre ha servido para experimentar algo más que tu propia vida. Eso es lo que me parece interesante. ¡Qué flojera! Ya me experimento todos los días, ¡para qué escribo de eso! Hay algo de ese juego también en este libro [Poeta griego arcaico], poner ese título, poner mi foto, pero al mismo tiempo, soy yo y no soy yo.

JG: Ahora que estás próximo a llegar a tu 50 años, no eres en absoluto un poeta viejo, pero ya, digamos…

LFF: Ya maduro.

JG: ¿Qué significa para ti la madurez de un poeta?

LFF: Es raro. Hay toda una mitología romántica, del poeta como joven: la juventud y la poesía, de alguna manera parece que se dan casi naturalmente. Pero también me parece que uno va adquiriendo otro tipo de herramientas. El amor se profundiza. Y también creo que como todo, no podemos generalizar. Hay artistas y escritores de juventud que lo que tenían que decir lo dijeron a los 17 años, y después nada. Y hay poetas también de vejez, gente a la que se le revela algo bueno en el invierno de la vida. Me acuerdo del entusiasmo que tenía yo por la poesía cuando era joven. Es distinto. Para mí ahorita cada vez es más revelación. A mí cada día que pasa es muy distinto, no digo que puedo amar [la poesía] igual que entonces: la amo distinto, con esa profundidad, después de haberme peleado con ella de otras maneras.

JG: ¿Qué consejo le das a un poeta joven?

LFF: Me resisto a dar consejos para los jóvenes. Si están haciendo poesía, les aplaudo; porque en este mundo de la literatura, la poesía no es lo central. La idea del éxito está más presente que nunca en el mundo literario. Ponerte del lado de la poesía, me parece, es estar del lado correcto de la fuerza.

JG: ¿Qué piensas acerca del ecosistema literario actual de México y su relación con la fama?

LFF: Siempre han habido autores, desde el siglo XX, que tienen más fama y éxito. Sor Juana tenía grandes poemas desconfiando de la fama, la llamaba "sirena atroz". Pero al mismo tiempo, le encantaba ser famosa. Tenemos esa contradicción de vanidad.  Pero sí creo que de pronto hay una especie de trastocamiento de valores. Hay gente escribiendo para la fama literaria, no tanto para escribir buenos libros, sino tratando de hacer libros atentos a lo que está buscando el mercado editorial. Creo que tiene que ver mucho también con las redes sociales.

JG: Hay una relación mucho más clara y natural entre poesía y ensayo. Tú mismo eres un poeta y un ensayista, ¿cuáles crees que son las correspondencias?

LFF: Eso es un fenómeno muy del siglo XIX. El papá de todo esto es Baudelaire. Se inventa la idea del poeta moderno, que es el poeta crítico. Esta es la idea moderna: la poesía como crítica, la crítica como poesía. El poeta tiene que ser crítico de su sociedad y del arte. Baudelaire no era novelista, era poeta y un gran crítico y ensayista.

JG: En ese sentido, está la revalorización de poetas hecha por otros poetas. Por ejemplo, ¿tu libro sobre Novo qué lugar ocupa?

LFF: Ese es el ejercicio del poeta como crítico literario. A partir de la modernidad  ya era muy inseparable la idea de la poesía y la crítica. Y escribir también es inventarte una tradición. La poesía ha ido perdiendo protagonismo a nivel cultural. En algunos momentos la poesía pudo ser una de las cuestiones más centrales para todo el mundo. La poesía ha ido eligiendo lugares más secretos, pero de manera crítica lo que hace es generar una caja de resonancia que pueda reverberar en la sociedad. Creo que los narradores no han tenido tal necesidad, porque tienen bastante protagonismo social. Pero el poeta no. El poeta es muy secreto. Tiene que hacer esa otra cosa para que reverbere en el mundo.

JG: Estaba leyendo unos ensayos de Mario Montalbetti, y decía algo similar, que es muy común que al novelista le pidan opinar de política o de economía, pero es muy raro que se lo que le preguntes al poeta, porque su opinión parece ser marginal, distinta, peligrosa. ¿Crees que el poeta todavía ocupa este lugar marginal o extraño que produce desconfianza?

LFF: No creo que sea desconfianza. Pero nadie va a entender muy bien qué es la poesía, ni los poetas. La excepción fue Octavio Paz, un poeta, pero también una figura cultural importante. Yo creo que tiene que ver con la forma. Los narradores hablan el lenguaje de la historia, porque la prosa es el lenguaje de la historia y los poetas del mito. Es una generalización inexacta, pero sí creo que la manera en que se utiliza el lenguaje es tan distinta que el narrador está más cercano a la prosa del mundo. Es el lenguaje que más va hacia adelante. Y hay algo del poeta que parecería que lo suyo no es el lenguaje de las ideas. La poesía parece que se mueve en otro ámbito. Cuando se necesita algo sagrado, generalmente invitan a un poeta.

JG: Por ejemplo, en el discurso de toma de protesta de los presidentes en Estados Unidos…

LFF: Se invita a un poeta; no se ponen a leer un cuento. Si hay una manifestación política o una conmemoración, le viene mejor un poema a ese acto. Creo que la poesía opera también socialmente. Conecta con otra gravedad.

JG: ¿Qué estás leyendo ahorita?

LFF: Soy alguien que se está mudando para el siglo VI antes de Cristo. Tengo planes de ir por milenios atrás. Ahorita sigo leyendo a poetas arcaicos griegos. Estoy fascinado leyendo griegos.

 

Julio González
Ensayista y editor de Nexos


Un comentario en “La poesía: un GPS de lo divino. Entrevista a Luis Felipe Fabre

  1. «la poesía como fundamento
    Hace del hombre
    Una vela! Que se quema»
    Más no por dentro.

    El poema debe de generar
    Un cuento, lleno de fantasía
    Hecha verdad
    Desde el tiempo! Que se echo
    Al techo.

    El leerlo» debe de ser algo personal
    Será tan absurdo, al no saberlo!
    Que leer, puede generar otro drama.
    Sin perder el rumbo
    Especial» es muestro.

    Como el que declama
    Los versos!
    Con su propia vida»
    Sin pensar, e. El elefante
    Que hace maravillas
    Sin entenderlo.

    Así es la poesía»
    Cuando de ama!
    Lo que esta, hirviendo.

    Adonde nacen los poemas?
    Será aveces
    De los más grandes sufrimientos»

    Aveces de la felicidad, esa que se vive
    Y se plasma»
    Como collar
    En un cuello, aveces se da»

    Por sacar del alma
    Tantos tormentos»
    El poeta ve la vida.

    Y la justifica
    Con sus pragmáticos
    Pensamientos! Que nacen con vida
    Y después de estar,
    Sigue estando! Y no se van
    Mientras los sigan observando

    Aquellos que serán
    Llamados
    Como locos! Que no comprender
    Al cuerdo».
    Complejos., de ser. Humano!!!

    Jesús armando Maldonado guerra
    Venezuela……..

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