Las biografías noveladas suelen adolecer ciertos problemas. Es fácil sospechar que un autor emprenda esta tarea narrativa por un legítimo interés en el personaje histórico. Esto implica que, de cierto modo, lo tenga idealizado desde antes de escribir la primera línea. Siendo así, la novela no será sino el argumento con el que busque convencer al lector de que su obsesión es válida. Por otra parte, la vida no suele ser como las novelas. Al menos no en el sentido estricto de la trama. Ésta no se construye a partir de una simple concatenación de anécdotas sino que busca un sentido desde las primeras palabras. Sentido que, claramente, la vida no tiene. Sentido que, en el mejor de los casos, la vida adquiere mucho más tarde. De ahí que, al igual que muchas novelas históricas, las biografías noveladas, suelan tener un exceso de pasajes: respetar los hechos atenta contra la construcción de una trama sólida.

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No pasa eso en Peste & Cólera. Patrick Deville (1957) se propuso retratar la vida de Alexandre Yersin, un discípulo de Pasteur que supo hacer grandes aportaciones a la medicina en sus primeros años. Baste decir, por ejemplo, que fue capaz de encontrar a la bacteria responsable de la Peste y crear una cura contra la terrible enfermedad. Sin embargo, su ansiedad por el conocimiento lo llevó a derroteros lejanos a la medicina. Quizá por ello nunca ganó el Premio Nobel. Al parecer eso no le importaba demasiado. A cambio, fue capaz de construirse una vida basada en sus pasiones. La principal de ellas fue mudarse a Nha Trang, un pequeño poblado en China donde fue construyendo un hogar que pronto alcanzó varios miles de hectáreas. Ahí, pudo dar rienda suelta a su conocimiento. Si al principio todo fue investigación científica, pronto llegó la necesidad de crear plantaciones, producir quinina, entender los rudimentos de la mecánica, relacionarse con un mundo que pronto volvió propio. Tanto, que apenas hizo unos cuantos viajes de vuelta a Europa. En ellos tuvo tiempo de atestiguar los estragos de las dos guerras mundiales, algo incomprensible para él. La política le resultaba tan burda como irrelevante.

Con el pretexto de la biografía de Yersin, Deville se dio a la tarea de hacer un doble retrato. Por un lado, el de los inicios del siglo XX, con toda la problemática que trajo a cuestas una centuria que comenzó tarde. Por el otro, la carrera desbocada por encontrar avances científicos que definieran la época. Fue en esos días también cuando la medicina evolucionó de tal modo que fue capaz de curar las peores enfermedades que habían asolado a la humanidad. Época, pues, de contrastes. Los médicos sabían cómo prevenir y sanar mientras que los políticos orientaban sus esfuerzos a diezmar a la población.

Peste & Cólera se convierte, entonces, en una enorme viñeta que busca comprender el mundo. Para conseguirlo, el autor apela a los más finos recursos del lenguaje. Aquéllos que le permiten construir una narración desde la poesía; ese lugar donde pueden tener cabida los horrores más absurdos. El contraste, claro está, es la vida del propio Yersin, quien supo huir de la fama a cambio de encontrar su felicidad. Una felicidad casi al margen de lo humano. Más allá de la biografía del personaje, el gran mérito de Deville consiste en presentar un modo de vida sustentado en convicciones demasiado particulares. Tanto, que es imposible no suspirar cada tanto mientras se lee la novela: la pasión también deviene en una serenidad envidiable, incluso en un contexto en donde todo podría parecer caótico. Por ese contexto que, a fin de cuentas, es responsable de la vorágine vital en que vivimos, Yersin se convierte en un remedio para nuestros propios días. Deville consiguió trascender la biografía para crear una novela en donde tienen cabida muchas de las contradicciones fundamentales del ser humano y eso, en sí mismo, es una gran proeza.

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Publicado en: Ciudad de libros