Hoy se presenta en la FIL de Guadalajara La otra aventura (Cal y Arena, 2020), que reúne varios de los guiones del programa de televisión sobre libros del canal ADN 40. Sobre los orígenes del programa, su conductor y creador Rafael Pérez Gay recuerda que “una mañana del mes de enero de 2011, Luis Armando Melgar me invitó a hacer un programa de libros para Proyecto 40. Le dije que sí con una condición, que fuera un programa escrito. Aceptó.” El programa inicial, de 15 minutos, pronto se extendió al doble del tiempo y el formato ganó fluidez: “un tema central, historias de escritores y escritoras, grandes inicios, una mesa de novedades, la lectura de un poema y en ocasiones algún tema polémico de política cultural”.
Tras diez años al aire, La otra aventura al fin cumple con lo que dicta su propio ideal de difusión libresca. Se trata, antes que nada, de un libro de consulta pensado para ser abierto en cualquier página y fomentar la curiosidad, el gusto vicioso por la lectura. Organizado en capítulos temáticos (el amor, el erotismo, las ciudades, el terror, etcétera) o ensayos inéditos monográficos de Rafael Pérez Gay sobre alguno de sus autores de cabecera (Balzac, Bellow, Victor Hugo, entre otros), el recorrido en cada capítulo está señalizado; cada ícono corresponde una invitación a ciertos libros, la cita de un gran comienzo de cuento o novela y un puñado de anécdotas y sucesos literarios. Presentamos a continuación el capítulo dedicado a la locura.

LA LOCURA
Distraer a los dioses
No es que el loco haya perdido la razón, sino que lo ha perdido todo menos la razón.
—G. K. Chesterton
Algunas veces he creído hasta seis cosas imposibles antes del desayuno.
—Lewis Carroll
Immanuel Kant decía que un loco no es más que un soñador despierto. ¿Qué es la locura? Tal vez es abrir una puerta hacia la noche interior de la mente. ¿Cómo saber que se ha llegado a la locura? Si usted ve en el umbral de la puerta a un ser querido que murió años atrás, o si pide unas tijeras para cortar pedazos de aire es probable que la locura lo esté mirando de cerca. La locura es un sistema cerrado de alucinaciones en el que la realidad no puede filtrarse. Una mente en plena locura es capaz de transformar las cosas reales. Puede hacer de un vaso de agua un chubasco inesperado, de una sombra en la pared un gato negro, y de una columna ardiente, fuego. En cierto sentido, la locura es el absoluto. Borges observó que las imágenes de la vigilia inspiran sentimientos, en tanto que en el sueño los sentimientos inspiran las imágenes. Si un tigre entra a nuestra casa nos infunde miedo; si sentimos miedo durante el sueño engendramos a un tigre. La locura sería entonces la creación perfecta, en la vigilia, de un tigre acompañando al miedo.
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El rey Lear
Autor / WILLIAM SHAKESPEARE
Título / KING LEAR
Idioma original / INGLÉS
Año / 1603
Editorial / CÁTEDRA
La gran obra sobre la locura se escribió en el año de 1680, el autor es William Shakespeare y se llama El rey Lear. El argumento de esta obra parte de una decisión que toma el rey: repartir su reino en tres partes, cada una de ellas para cada una de sus hijas, pero no de forma equitativa. A la que más lo quiera le concederá la mayor parte. Goneryl y Regan le expresan su falso amor y reparte el reino entre ellas. La tercera hermana, Cordelia, se niega a halagar al padre, quien la destierra a Francia. Enloquecido, Lear cree que su reino sobrevivirá y que el amor de sus hijas es una mercancía que es posible cuantificar y recompensar. Los desastres que se desprenden son personales, políticos, cósmicos: el propio rey y todas las personas que lo rodean, Albión y el propio universo luchan contra todos y contra sí mismos. En el mundo absurdo que resulta de todo esto, la racionalidad es locura, el disfraz es la verdad y la insania es cordura.
Uno de los personajes que mejor representa el ambiente delirante de El rey Lear es el bufón. Este personaje es la síntesis perfecta de la palabra locura. Sin nombre y sin vínculos con la moral y la política, el bufón vive en el límite que traza la irresponsabilidad que le confiere su figura cómica. Sin dominio de su voluntad el bufón está capacitado para decir lo que los hombres ordinarios no pueden. Un ejemplo de ello es uno de los diálogos de este personaje, cuando le dice al rey: Me maravilla la clase de familia que son tú y tus hijas. Ellas me dan de azotes por decir la verdad, tú por mentir, y hay veces que me castigan por permanecer callado. Preferiría ser cualquier cosa, excepto bufón. Y sin embargo, no me cambiaría por ti, hombre; tú has recortado tu sentido común de todos lados, y no has dejado nada en el medio.
Sobre el delgado límite entre la razón y la locura dentro del cual se teje la trama de El rey Lear, el crítico literario Harold Bloom escribió que esta obra de Shakespeare nos muestra que “todos somos bobos, salvo aquellos de nosotros que somos directamente villanos. Bobos (fools) en Shakespeare puede significar engañados, amados, locos, bufones o, sobre todo, víctimas. El sufrimiento de Lear no es redimible ni redimido. […] La fe es absurda o sin pertenencia respecto a esta sombría visión de la realidad”.
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“El pabellón número 6”
Autor / ANTÓN CHÉJOV
Título / PALATA NO. 6
Idioma original / RUSO
Año / 1892
Editorial / ALIANZA EDITORIAL
Antón Chéjov es considerado uno de los grandes maestros del realismo ruso. Su aportación al relato breve está marcada por la observación de los aspectos más sombríos de la cotidianeidad de sus personajes. En un prólogo a “El pabellón número 6”, Máximo Gorki escribió: “Nadie ha comprendido tan clara y sutilmente como Antón Chéjov la tragedia de las pequeñeces de la vida”. Chéjov, como médico que fue, logra transmitir en sus relatos el dolor de sus personajes.
En “El pabellón número 6” retrató la enfermedad mental, la desgracia de su diagnóstico, el sufrimiento, la incomprensión, los procesos de marginación consecuentes y la opresión. El escenario de este relato es un hospital rural de la Rusia zarista; un lugar sombrío y maloliente, donde son confinados los enfermos mentales. El personaje principal es el doctor Andréi Yefímych, un hombre alto y fuerte, pero sin vocación médica. Su atención a los pacientes es llevada como una mera rutina, sin el mayor cuidado. El carácter de este personaje puede encontrarse contenido en una de sus frases. En una plática con Mijaíl Averiánych, jefe de correos, Yefímych menciona: “la inteligencia marca la insalvable frontera entre el animal y el hombre, pues ésta (la inteligencia) intuye la divinidad del hombre y, en cierta medida, suple la inmortalidad, que no existe”. Chéjov aprovechó este relato para retratar una deshumanizada situación sanitaria en la que toda una sociedad se vuelve cómplice. Privados de la libertad, en precariedad y con la dignidad ultrajada, los internos son el desecho de una serie de reglamentaciones sociales que enmarcan la locura y la cordura.
“El pabellón número 6” es un relato clave para entender los dispositivos de poder que la modernidad trajo consigo a través del concepto que trazó la frontera más honda en el campo de la salud mental.
En las montañas de la locura
“Me veo obligado a hablar, pues los hombres de ciencia se niegan a seguir mi consejo sin saber por qué. Si explico las razones por las que me opongo a esta planeada invasión de la Antártida —con su extensa búsqueda de fósiles y su minuciosa perforación y fundición del antiguo casquete glacial— es totalmente en contra de mi voluntad y mis reticencias son aún mayores porque es posible que sea en vano. Es inevitable que los hechos, tal como debo revelarlos, susciten dudas, pero si suprimiera todo lo que parece extravagante o increíble no quedaría nada. Las fotografías guardadas hasta ahora, tanto las aéreas como las normales, hablarán a mi favor, pues son tremendamente gráficas y elocuentes. Aun así las cuestionarán por los extremos a que puede llegar una hábil falsificación. Los bocetos a tinta, desde luego, los considerarán evidentes imposturas, pese a la extrañeza de una técnica en la que deberían reparar intrigados los expertos en arte. En último extremo tendré que confiar en el buen juicio y el prestigio de los pocos científicos que disponen, por un lado, de independencia suficiente para sopesar mis datos por sus horribles y convincentes méritos o a la luz de ciertos mitos primordiales y ciertamente desconcertantes, y, por el otro, de suficiente influencia para disuadir a los exploradores en general de llevar a cabo cualquier programa apresurado y ambicioso en la región de esas montañas de la locura. Es una lástima que hombres relativamente desconocidos como yo, vinculados a una universidad pequeña, tengamos pocas posibilidades de influir en asuntos de naturaleza tan descabellada, extraña y controvertida.”
—H.P. LOVECRAFT
En las montañas de la locura es una narración sobre las aventuras de un grupo de geólogos que realiza una expedición hacia los insondables territorios de la Antártida. El narrador de la historia, el geólogo William Dyer, nos cuenta la travesía que emprendió con sus compañeros en busca de los rastros de una antigua civilización que siglos atrás abandonó la Tierra. Este relato de Lovecraft es quizás una de sus mejores historias en su búsqueda personal por recorrer formas y territorios cercanos a lo monstruoso, justo en los límites de la cordura y la comprensión de lo humano. Como pocos escritores, H.P. Lovecraft tuvo una fascinación por acercarse a los abismos, por retar al pensamiento humano a mirarse en su justa dimensión frente a la enormidad del universo.
Autor / H.P. LOVECRAFT
Título / AT THE MOUNTAINS OF MADNESS
Idioma original / INGLÉS
Año / 1931
Editorial / ACANTILADO
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El viaje de Kate Millet al manicomio
Poughkeepsie, Nueva York, 1971. Kate Millet escribe en su libro Viaje al manicomio: “Lo tengo todo y hasta he dejado el litio. Sin efectos secundarios. Si el experimento de abandonar el litio funciona significa que estoy sana. Significa que nunca estuve loca. Significa que me he recuperado”. La escritora, perseguida por los fantasmas del trastorno maniaco depresivo, celebraba entonces su cordura, celebraba su vida en una granja convertida en un laboratorio de arte para mujeres, celebraba su amor con Sophie Keir. “Es el verano más feliz de mi vida.” Semanas después. Otro día. La relación con Keir se había enfriado ya: “Despierto junto a Sophie. Algo no va bien. Todo se deshace. Ya no hacemos el amor. En mí hay terror. En ella malicia y acusación. No quiero una esposa. Somos amantes y amigas, pero cuando no somos amantes no parecemos capaces de ser amigas”. Millet se había mostrado desgastada frente a Keir y frente a las otras mujeres en la granja. En medio de una discusión sobre el desempeño de Millet como administradora de su propiedad, Sophie perdió los estribos y le gritó a Millet que era una tacaña, que estaba perdiendo el sentido, que debía volver a tomar el litio. Las palabras de Sophie Keir situaron a Kate Millet a medio camino de vuelta al manicomio. Tal vez para resarcir el daño, Keir insistía a Millet que aprovechara la caída: “Eres artista, no pierdas la oportunidad de registrar lo que vas experimentando, tienes que dibujar”.
En sus palabras había rabia, pensaba Millet, que sólo encontraba una explicación de aquella furia en la carrera de Keir contra sus propios demonios: cuando te-nía veinte años la encontraron delirando por las calles de Toronto. Sufría de desamor por una mujer en una época donde eso no podía hablarse. El miedo de no poder dejar el litio y las peleas con Sophie Keir le recordaban a Millet su primer internamiento en California. Sucedió cuando le dieron un puesto como Distinguida Profesora Visitante en la Universidad de California. Su hermana Sally fue a visitarla, con la intención de ayudarle en algunos asuntos legales.
Tras una noche en que Millet tuvo un malentendido con su entonces marido, Fumio Yoshimura, su hermana le externó su preocupación. De aquella plática, Millet recuerda: “Me dijo que estaban preocupados por mí. Preocupados es quizás la palabra más amenazante que he escuchado jamás”. Millet aceptó hacer una visita al psiquiatra, aunque estaba consciente de que lo que buscaban su hermana y su esposo era encerrarla. En la consulta el doctor le pregunto a Millet si había antecedentes familiares sobre su padecimiento. Millet le respondió con ironía: ¿de verdad es todavía ése un enfoque válido? Protestó en calidad de profesora universitaria y le dijo al doctor que su visita era tan sólo un favor a su hermana. El doctor no tuvo más que avisarle que estaba por comenzar para ella un periodo de reclusión en el hospital psiquiátrico. Al cruzar el umbral del manicomio Millet pensó: “¿Qué hay del otro lado de la locura? ¿Y si tras la frontera de la cordura hay una sabiduría especial o un nuevo nivel de comprensión? En la prisa por reunirnos con los cuerdos, los sanadores, los psiquiatras y la familia, se pisotea la sabiduría de los locos”.
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Nadie me verá llorar
“Cómo se convierte uno en un fotógrafo de locos? Dentro de la cabeza de Joaquín Buitrago hay un zumbido de abeja que no lo deja dormir ni descansar en paz. Matilda. Una palabra, un batir de alas. Despierto, con los músculos tensos y los ojos abiertos, enciende un cerillo. La luz anaranjada del fósforo alumbra sus dedos manchados de nicotina y la carátula del reloj de bolsillo bajo la cual las dos manecillas doradas, encima la una sobre la otra, parecen haberse detenido para siempre a las 12 en punto. Con la misma llama enciende la lámpara de petróleo, el quemador izquierdo de la estufa y un cigarrillo Monarca. Hay sobre su rostro una sombra casi violeta a punto de convertirse en sonrisa que, sin embargo, se queda congelada en una mueca sobre los labios. Aun sin verla, la expresión lo molesta, lo avergüenza, pero no puede hacer nada para borrarla. Está alegre. Pero no sabe qué hacer con la alegría. Sin camisa, Joaquín se pasa de cuando en cuando el pañuelo por la frente y alrededor del cuello para eliminar el sudor. Al mismo tiempo pone a hervir agua en una olla de peltre azul. Está preparando la emulsión de almendras dulces, clorhidrato de morfina y jarabe de flor de naranjo que ya no mitiga su insomnio crónico pero cuyo olor de cualquier manera lo hace soñar, aun con los ojos abiertos y los músculos tensos. Lo ha intentado todo… Entonces, entre las seis y las ocho de la mañana, duerme sobre su catre justo cuando todos los demás despiertan y la ciudad vuelve a juntarse en su nudo de ruido y velocidad.”
—CRISTINA RIVERA GARZA
Cristina Rivera Garza nos adentra en una historia de amor y locura enmarcada en una ciudad devastada por la guerra de la Revolución. El escenario de su relato es nada más y nada menos que La Castañeda, el hospital psiquiátrico inaugurado en 1910, símbolo de la modernización urbana. Este gigantesco complejo estaba dividido en pabellones como el de “Distinguidos”, “Epilépticos”, “Peligrosos”, “Infecciosos” e “Imbéciles”. El estallido de la Revolución dio al manicomio un destino muy distinto. Sin recursos y con cada vez más pacientes, recluidos por razones cada vez más diversas: por ser homosexuales, prostitutas, disidentes, aquello se convirtió en un infierno. De esta obra Carlos Fuentes escribiría en 2003 lo siguiente: “En esta novela de negras faldas largas, Cristina Rivera Garza imagina como nadie lo ha hecho en México después de José Revueltas las opciones trágicas y los desgarramientos psíquicos entre la teoría y la acción revolucionaria”.
Autor / CRISTINA RIVERA GARZA
Idioma original / ESPAÑOL
Año / 1999
Editorial / ANAGRAMA
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Ojalá enloquezca o muera pronto
En 1957 la poeta Alejandra Pizarnik escribió en su diario: “Ojalá enloquezca o muera pronto”. En un texto escrito dos años después en el mismo cuaderno insistía: “Cierro los ojos y sueño la locura. Un estar para siempre con los fantasmas amados, llámese paraíso, vientre materno, o lo que el demonio quiera… Allí, una niña llamada Alejandra aprende a sonreír con menos amargura”. Alejandra Pizarnik fue una poeta atormentada, más cercana a la percepción corporal que a la percepción espiritual. Uno de sus poemas dice: “Triste cuando deseo y cuando no. Triste cuando en un cuerpo y cuando no. Triste cuando con su sonrisa y cuando no”. Pizarnik nunca encontró un lugar en el mundo, sufrió de asma y tartamudez como manifestaciones de su inquebrantable fragilidad. La poeta se define:
¿mis alas?
dos pétalos podridos.
¿mi razón?
copitas de vino agrio.
¿mi vida?
vacío bien pensado.
¿mi cuerpo?
un tajo en la silla.
¿mi vaivén?
un gong infantil.
¿mi rostro?
un cero disimulado.
¿mis ojos?
¡ah! trozos de infinito.
En 1961 escribió en su diario que “trabajar para vivir es más idiota aun que vivir”. Pizarnik se esforzó por recha-zar con vehemencia las reglas de una vida ordenada, cotidiana y productiva. A pesar de ello, estaba cierta del riesgo de su postura. Como Hölderlin, entendió que la poesía es un juego peligroso, pues la suerte de los poetas suele medirse por la distancia que su obra reduce entre la vida y la poesía. Entrada la década de 1970, Alejandra Pizarnik se sumió en un abismo de autodestrucción irreversible. Su íntimo amigo Julio Cortázar alguna vez le dijo: “No te quiero así, yo te quiero viva, burra”, pero Pizarnik no escuchaba de amistades, ni de cariños. A los treinta y seis años, en 1972, decidió poner fin a su vida con una sobredosis de Seconal, un medicamento para controlar la angustia y la ansiedad. En los últimos versos de El infierno musical, una de sus últimas obras publicadas en vida, Pizarnik escribió:
Las palabras hubieran podido salvarme, pero estoy demasiado viviente. No, no quiero cantar muerte. Mi muerte… el lobo gris… la matadora que viene de la lejanía… ¿No hay un alma viva en esta ciudad? Porque ustedes están muertos. ¿Y qué espera puede convertirse en esperanza si están todos muertos? ¿Y cuándo vendrá lo que esperamos? ¿Cuándo dejaremos de huir? ¿Cuándo ocurrirá todo esto? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Cuánto? ¿Por qué? ¿Para quién?
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Elogio de la locura
Autor / ERASMO DE ROTTERDAM
Título / MORIAE ENCOMIUM, SIVE STULTITIAE LAUS
Idioma original / LATÍN
Año / 1511
Editorial / ALIANZA EDITORIAL
Erasmo de Rotterdam fue el hijo ilegítimo de un sacerdote. Por ello su formación estuvo a cargo de la congregación de los Hermanos de la Vida Común, una orden que se caracterizó por el estudio y la libertad individual. Rotterdam fue un pensador clave en su época y su entorno. Sus estudios lo llevaron a ser un personaje crítico con las formas tradicionales de la teología para tratar con las cuestiones relativas al espíritu. Una de las obras más representativas de su pensamiento, Elogio de la locura, es sin duda una obra clave en el humanismo y en el desarrollo de la retórica. El título de esta obra en griego es Encomio de la moría. Esta última palabra puede ser entendida como necedad, tontería, locura o insensatez. El tono del texto de Rotterdam es satírico. Situándose en la voz de la locura, aprovechó este ensayo para cuestionar las devociones, la inteligencia y la moral. Dice el filósofo, sobre la obsesión por la virtud, que:
Los mortales que se esfuerzan por alcanzar la sabiduría son por lo mismo los más alejados de la felicidad. En realidad son doblemente estúpidos, primero porque ignoran su condición de hombre, y segundo porque quieren emular a los dioses inmortales y, a ejemplo de los gigantes, hacen la guerra a la naturaleza, valiéndose de las armas de la ciencia.
Rotterdam aprovecha la sátira para señalar las contra-dicciones y la complejidad del trabajo intelectual. Para él, el trabajo filosófico es primordialmente una insensatez, pues no hay ruta más directa a la infelicidad que la que recorre un pensador. Justamente por ello, defiende que nada mueve al mundo como la locura, pues sin ella no existiría “nada agradable en la vida”, nada haría reír a los dioses y a los hombres.
• La otra aventura. Historias de escritores y escritoras, recomendaciones literarias, grandes inicios de novelas, crónicas y diarios, Rafael Pérez Gay, Bibiana Camacho, Mauricio García, Alonso Pérez Gay J. (guionistas), México, Cal y Arena, 2020, 400 p.
