La novela contra la novela de género

libro pistola

La discusión sobre la novela negra resurge de vez en cuando. Ahora protagoniza el debate la novela negra escandinava, cuyos autores encabezan las listas de ventas como alguna vez lo hicieron Arthur Conan Doyle  y Agatha Christie. Yo soy de aquella vieja escuela. Me gusta más la novela clásica policial antes que la novela negra. Si tuviera que escoger entre Sherlock Holmes y Hercule Poirot me quedaría para siempre con el famoso detective belga. Pero no voy a hablar de gustos personales, sino de las razones por veo una frontera  -arbitraria, se dirá con razón- entre la literatura de género[1] y la literatura.

Para esto es útil echar mano a la teoría de las esencias y los límites. Veamos un ejemplo: considerando los extremos de -50° y  50° de temperatura ambiente podemos rápidamente identificar y definir el calor y el frío en la escala humana. Podemos entender dichos conceptos aún cuando no sea posible distinguir a qué categoría pertenece lo que se encuentra en medio de ambos extremos, aquello que llamaremos: la ambigua zona de los 15°.

Tomemos los conceptos de cultura y cultura pop (relacionados estrechamente con los de literatura y literatura de género).  Yo definiría la cultura como una expresión auténtica individual o colectiva y la diferenciaría de la cultura pop como una forma expresiva con fines principalmente comerciales. Viéndolos con atención la mayoría de los fenómenos culturales se encuentra en los difusos límites de los 15°.

La referencia básica a esta discusión es, por supuesto, el texto de Umberto Eco Apocalípticos e Integrados (1965), título que alude a las dos posturas que Eco discierne sobre el tema de la cultura popular: aquellos que ven en cualquier manifestación de cultura popular (o de masas) como una degradación de la alta cultura (los apocalípticos) y aquellos que ven en la cultura popular una expresión auténtica del espíritu -del ethos- del pueblo y, en consecuencia, le dan valor a todo lo que provenga de la cultura pop (los integrados).

Harry Potter, la novela negra y las comedias románticas.

¿Qué tienen en común Harry Potter, la novela negra y las comedias románticas? podría preguntarse alguien que lee con pasión las novelas detectivescas nórdicas pero que aborrece las chick flicks porque en su opinión, y a diferencia de las novelas policiales, tratan de temas triviales. Lo primero que tienen en común es: usan una fórmula para producir historias.

Veamos la típica trama de la literatura de fantasía: un individuo por lo demás normal es extraído de su mundo ordinario y llevado a otro donde predominan los poderes sobrenaturales. El individuo en cuestión tiene dentro de sí una habilidad que le era desconocida hasta que un grupo, secta o escuela de bienhechores se lo revela. Tiene en sus manos la salvación de este mundo mágico y tal vez del mundo real. No importa si es una película o un libro,  si es un niño mago (Harry Potter) o un adulto (Neo, en The Matrix) o un gnomo (The Lord of the Rings), la formula es la misma y funciona. Ante el más grande de los obstáculos el héroe encuentra, con la ayuda de sus amigos, el punto débil de este grandísimo malhechor y lo derrota.

Las comedias románticas, por su parte, funcionan con el siguiente esquema: el personaje principal (sea hombre o mujer) conoce por accidente al amor de su vida; se trata de alguien por demás disímil al personaje en cuestión. Después de algún incidente se enamoran y todo va bien hasta que llega el momento del rompimiento, producto de una verdad oculta o una situación que pone a la persona amada por nuestro personaje en la actitud de rompimiento por orgullo, siempre por una razón válida y por sus altos valores éticos. No puede tratarse de un rompimiento por infidelidad, por ejemplo, porque eso no pasa en el mundo de las comedias románticas, eso es demasiado ordinario y no va con los altos estándares morales que el público espera de los personajes. Después el héroe puede vencer el obstáculo revelando la verdad y la pareja termina reunida de nuevo. Se han introducido algunas variantes contemporáneas donde los personajes terminan separados pero felices (pero no funciona comercialmente).

Una típica novela negra tiene la siguiente estructura: nuestro héroe, que no es un policía (lo que le permite actuar por encima de la ley) pero que tiene acceso a fuentes insólitas de información porque puede ser un investigador privado o un periodista o hasta un personaje cualquiera que se ve involucrado en una trama detectivesca de una forma fortuita hasta que su propia vida está en riesgo por su obstinación en dar con los culpables de algún caso que la policía habría cerrado o dejado a medio resolver. Por supuesto nuestro héroe posee características sobrehumanas de tenacidad, honradez o erudición que le permiten avanzar en los casos y vencer el complot que hay detrás de un aparente crimen anodino.

Si bien en el género de novelas detectivescas el personaje principal se movía en un mundo claramente moral  donde  un criminal rompe el orden habitual, la novela negra se caracteriza, en cambio, por el hecho de que el héroe vive en un mundo sórdido donde los crímenes son cometidos por redes de criminales  posiblemente tolerados y encubiertos por agentes de la ley. El héroe de la novela negra tiene que convivir y ayudarse de criminales menores para poder desenmascarar el complot. Digamos que los escandinavos no le han dado ningún giro nuevo con su afán de retratar aspectos decadentes de una sociedad aparentemente civilizada. Lo hizo hace casi cien años Dashiel Hammet  en El Halcón Maltés (1930).

Entonces, lo primero que tienen en común Harry Potter, las zagas detectivescas escandinavas y las comedias románticas es que producen historias basadas en un molde que muy pocos autores se dignan en romper para explorar el incierto mundo de la creatividad y ambigüedad moral que eso conlleva.

Hasta aquí literatura de género lleva la mitad de la batalla artística perdida frente a la literatura-literatura considerando que un relato literario tiene dos aspectos principales: qué pasa (la trama) y cómo se narra lo que pasa (la narración).

La narración

En una buena novela el cómo se cuenta lo que pasa tiene tanto o más relevancia que lo que se cuenta, aunque esto no sea una regla.

El caso extremo de maestría y franco abuso del cómo frente al qué es el clásico Ulises (1922) de James Joyce,  donde el autor se da el lujo de narrar lo que cruza por la mente de dos personajes (Stephen Dedalus y Leopold Bloom) a lo largo de un día un día cualquiera que empieza como una fría mañana en Dublin. Esto le toma a Joyce más de 800 páginas de un uso delirante del lenguaje donde mezcla vocabulario del inglés antiguo con el irlandés, latín, francés, español, italiano, entre otros, y probablemente algunas cuantas palabras inventadas, en una novela que carece casi por completo de narración secuencial y es mayormente una representación mnemotécnica, onírica, intelectual y visceral de los personajes. Cabe mencionar que leer Ulises traducido al español es tan absurdo e ininteligible como leerlo en el inglés original. Pero bueno, Joyce pertenece a esos artistas de vanguardia de principios del siglo XX que pretendían hacer tabula rasa con todo lo hecho por sus predecesores. Es la creatividad literaria en el extremo de nuestro termómetro.

No es necesario abundar en la general pobreza narrativa que caracteriza a la literatura de género ya sea de ciencia ficción, vampiros, magos o detectives. Esta falta de atributos narrativos se explica por el hecho de que los autores de género no son, por lo general, personas formadas en la literatura. La ama de casa desesperada que un día escribe una historia que vende 20 millones de copias no tiene por qué devanarse los sesos sobre cómo contar su historia de adolescentes vampiros atormentados. Sólo debe explotar el viejo esquema del vampiro melancólico solitario que el viejo Bram Stocker inició hace tantos años.  Tampoco el científico que escribe novelas requiere de mucha maestría narrativa para desarrollar sus ideas sobre un mundo futurista. Lo que le importa es describir ese mundo y esa historia.

Estos géneros tienen tanto o más éxito en el cine que en los libros. Otra característica de la literatura de género: no importa el vehículo por el cual se narre la historia (ni el estilo, ni el medio), la gente las devorará como devora series policiacas de televisión o eventos deportivos.

Ya tenemos entonces dos atributos por los cuales la literatura de género se distancia de la literatura: la formula trillada y la falta de elaboración narrativa.

La intención

El tercer punto a considerar para tratar de definir las categorías de literatura y literatura de género es la intención. Lo único que distingue al mingitorio de Duchamp del mingitorio en el que uno orina todos los días en el trabajo es la intención estética del primero. Lo entre el dibujo de un anuncio publicitario y el dibujo de un libro de comic: técnica y creativamente son iguales y lo único que hace a uno de ellos arte es la intención del creador.

Una característica de la cultura pop (al que pertenece la mayoría de la literatura de género) es que usa la creatividad y la intención del artista para producir y mantener cautiva una comunidad de consumidores. En un producto de la cultura pop la intención artística puede o no existir, pero si existe es sólo un vehículo para la intención comercial final, mientras que en el caso del producto cultural la intención artística es lo primordial, lo único en muchos casos. Que el artista necesita vender su producto para vivir, dirán algunos: es válido pero no condición necesaria para el arte. Basta pensar en los Van Gogh y los Kafka que nunca vendieron su obra en vida y sin embargo produjeron obras extraordinarias de arte. Vender, por tanto, no es requisito para el arte. Ser un éxito comercial, por otra parte, tampoco le quita pizca de mérito artístico alguno a los Dalí del mundo.

El público

Por último, y aunque no es lo que define a un arte, convendría mencionar al público de la literatura de género. Si los autores de dicha literatura no necesitan ser personas con formación artística, mucho menos lo requiere el público. Y no hablamos aquí de ignorancia: por lo general los lectores de géneros de culto, como la ciencia ficción o la fantasía, son personas ilustradas y brillantes que desarrollaron esa afición desde la niñez y siguen cultivándola a lo largo de su vida.

Para los escritores y los lectores de literatura de género lo importante es seguir las aventuras de sus personajes a través de libros y libros y colecciones de libros. Otra característica de la literatura de género es que no se escriben novelas sino zagas. Y mucho mejor si hay vasos comunicantes entres varios autores y entre de diferentes medios (cine, comics, series de televisión, videojuegos), pues en este tipo de  literatura la novela o el cuento no son más que un mero vehículo para la historia. Para un autor de literatura-literatura la novela o el cuento lo son todo cuando se escribe, lo mismo para el lector cuando los lee.

Conclusión

El estilo, la intención, el uso de formulas y el público de la literatura de género son esencialmente distintos de los de la literatura. Podríamos resumir con estos criterios que la primera no pertenece al mundo de eso que llamamos arte. Lo cual no le quita, es cierto, mérito alguno como forma de entretenimiento o hasta como forma de vida –si pasa. La literatura y las expresiones culturales no deberían ser, por otra parte, excluyentes de la cultura pop y la literatura de género en los gustos del público. Uno puede ver, hablando de cine, una película de zombis y una película buena y disfrutarlas por igual. Uno sólo esperaría que pueda notar la diferencia entre una y otra usando algún criterio.

Y claro, como en todas las categorías, las excepciones son la regla: podemos encontrar infinidad de casos en la zona difusa de los 15° que, según cómo se les mire, pueden ser más literatura o más literatura de género. Y, claro, hay artistas que rompen los esquemas de cualquier categorización arbitraria como esta.

 

 Enrique de Lafuente

@enlafuente

lafuente1979@hotmail.com



[1] No género masculino-femenino, sino policial, terror, fantasía, etc.

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Publicado en: Ciudad de libros

5 comentarios en “La novela contra la novela de género

  1. Creo que hay un problema con tus definiciones de lo que entiendes por ciertos géneros. Cuando te dices novela negra creo que más bien te refieres al «thriller» de misterio. En él un personaje (o personajes, como pasa con Camilla Lackberg y sus «detectives») se ve inmiscuido en un enigma que se va desentrañando poco a poco hasta la resolución final. Sucede con los narradores norteamericanos de bestseller y con los suecos… pero también con franceses, ingleses y demás. La novela negra es un territorio más amplio que habla sobre la criminalidad y los bajos fondos. Ejemplos claros son los libros de Don Carpenter, Jörg Fauser, Vázquez Montalbán, Nelson Algren, Dan Simon, Elmore Leonard, George Pelecanos o George V. Higgins.
    En los «thriller» de misterio el lector se siente seguro, conocen el camino aunque los nombres cambien los personajes siempre son los mismos. En la novela negra el camino es oscuro, no hay una resolución esperada y muchas veces puede acabar en un final abierto. Además, acepta más lecturas porque lo importante no es un enigma sino la creación de personajes y ambientes.
    Por último, hay una gran diferencia entre un gnomo y un hobbit. Tal vez la pantagruélica novela “El señor de los anillos” te haya espantado y no la leíste pero leyendo la primera parte sabrás la diferencia.

  2. 1) Introducción, desarrollo, conclusión: parece un trabajo de preparatoria
    2) Cuando se habla de géneros y novelas y crítica literaria, mínimo deberías utilizar una terminología adecuada que nos indique que el autor tiene idea de lo que habla
    3) Lee por favor: Devil Take the BlueTail Fly y deja a Harry, la calidad de este «articulo literario» es idéntica a Harry.
    4) Si tienes una fórmula mágica para que el personaje deje de ser eso: un personaje, uno que sortea dificultades, las resuelve, se impone, fracasa o lo que sea [ es imposible imaginar una novela sin personaje] por favor te suplico que me escribas y me la vendas. Personaje, proviene de persona, que en latín significa máscara. Las personas por lo general pertenece al mundo real [ [si es que existe otra realidad, también te suplico que me escribas y me envíes pruebas] el personaje es ficción, quizás por eso los personajes deben resolver los obstáculos del camino. Las novelas son palabras que construyen personajes, imagenes. Quizás no entiendes las diferencias entre los diversos tipos de personajes y seguramente por eso hiciste este «artículo». Tampoco entiendes el retrete del francés, ni la época, criticas que no exista un público «ilustrado» y te lees muy torpe criticando una época artística que visiblemente no entiendes.
    4) «Uno puede ver, hablando de cine, una película de zombis y una película buena y disfrutarlas por igual» no creo, no podría leer con la misma atención «Juventud en éxtasis» y «El jugador» ¿sabes por qué? porque mis esquemas mentales no me lo permiten [ay, qué prejuiciosa soy] uno lo ocuparía para el boiler, el otro ocuparía el buró junto al vodka.

    1. Pero estarás de acuerdo que el que una película adopte convenciones de género o, para seguir el ejemplo, sea de zombis, no es sinónimo de que sea mala. Lo mismo con las novelas. El autor del artículo se encierra en la visión maniquea y poco respetuosa para con los lectores de que cualquier texto con convenciones de género no es literatura, y que las «verdaderas» novelas torres de marfil que no se contaminan con la realidad, sino que la inventan. De hecho tiene también problemas con el concepto de género. Yo entiendo que la novela, en sí, abarcando TODAS las buenas y malas, SON UN GÉNERO. El cuento es otro género, la crónica otro. La poesía difícilmente puede ser pensada en términos de géneros porque se construye de un modo muy distinto a los géneros narrativos. A veces me da la impresión de que en la literatura pasa cada vez más lo mismo que ha pasado hace tiempo en la música, y es que el género es un concepto demasiado poroso como para que signifique algo concreto, mucho menos para que sea garantía de calidad. Ya en el siglo XIX la música de concierto adoptaba elementos de género de la música popular y tradicional a voluntad del compositor. No porque Dvorák o Brahms hayan compuesto piezas sinfónicas con forma de danzas populares quiere decir que lo que hicieron no es música-música. ¿O sí? ¿Por qué una buena novela no podría tener elementos de género y ser una obra maestra por todo el conjunto? Desde luego que hay cosas que de entrada sabremos que son malas, como las novelas de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, pero la autoayuda tiene un propósito muy concreto, y no pocas veces lo persigue sin adoptar para nada la forma de novela. Y El jugador adopta varias convenciones de la literatura de la época, pero lo que la vuelve una obra maestra es la forma en que esas convenciones son peldaños para escalar más arriba en el retrato de lo humano universal a medida que se cuenta una historia. Mi conclusión es que no hay lugar a estas alturas de la literatura para que nos sigan imponiendo a los lectores una visión tan maniquea como la de la alta cultura vs. la baja cultura: sólo hay cosas buenas o malas, y estamos en el derecho de que no nos gusten obras maestras si tenemos suficientes razones.

  3. Estoy muy de acuerdo con todo lo que aquí escribes. Creo que es completamente indecente mezclar a la «literatura de género» con la verdadera, única y extra-real literatura-literatura. Ya viene siendo hora de que las personas que leen ese amasijo antiestético de palabras que conforma la literatura de género queden excluidas de cualquier interacción social. Deberían ser enviadas a campos cercados donde sólo haya los de su especie. Por supuesto, como bien dices, están los casos difíciles del 15%, la «zona gris», los libros y lectores que al menos se acercan esporádicamente a la literatura real. Lo que propongo es eliminar esa zona gris, finalmente quién la necesita cuando podemos quedarnos con la literatura-literatura y con sus lectores. Siento que sólo cuando podamos exiliar a esa literaturucha barata podremos estar tranquilos tú y yo.

  4. Por fin alguien escribe algo que ponga en su lugar a esos fantásticos…. lo que en verdad es literatura pura. Esa detractora mejor que se ponga a vender su novela en el metro porque se andan quedando sus libros en el almacén de Tusquest junto con la marranada de otros autores como él Élmer Pop. Ya la Vero Castro anda llorando por las pérdidas.

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