Con una perspectiva comparatista, este ensayo acerca dos orillas y dos obras que tratan el control del cuerpo femenino, el problema de la maternidad deseada o no deseada y las imposiciones, prejuicios y prácticas (médicas, sociales, políticas) que cercan estos temas.
La prosa de Annie Ernaux, Premio Nobel de Literatura 2022, construye puentes que facilitan la apertura de diálogo entre experiencias íntimas y discusiones políticas que se suscitan al intentar controlar el cuerpo femenino.Varios de los temas que delinea con su pluma son aquellos que aquejan a las mujeres de manera clandestina y con la punzada que recorre sus vivencias, una característica que ella llama autosociobiográfica.1 Decide tratar, por ejemplo, la temática de la virginidad (Memoria de chica, 2016) o el deseo que trastoca la vida de una mujer (Pura pasión, 1993).
En particular, hay dos novelas suyas que transcriben situaciones “femeninas” desde la experiencia orgánica y que pondré a dialogar entre sí. Ambas gravitan en torno al tema que guía este artículo: la maternidad y, en específico, las dificultades que se presentan en la decisión de ser o no ser madre. La primera de ellas es El acontecimiento (2000) de Ernaux, en la cual relata en primera persona la historia de Annie, una estudiante, que tras quedar embarazada se enfrenta con varios doctores (hombres) que abusan de su conocimiento. Además de forzarla a alargar el proceso de gestación, la orillan a buscar soluciones en los márgenes sociales, científicos e íntimos. Al utilizar un vocabulario casi quirúrgico y despojado de cualquier emoción provocada por un aborto clandestino, Ernaux muestra con gran astucia la relación que se construye entre el cuerpo y la escritura. El estilo crudo y depurado, que permea toda la obra, facilita la expresión de lo sucedido. La utilización de la primera persona corresponde a una narración vívida, desde las entrañas, que no deja de lado la crítica social ante las reacciones suscitadas por el aborto.
En las coordenadas francesas, la ola de escritoras que pone el dedo sobre temas “polémicos” o tabúes como la sexualidad de la mujer y el control sobre su propio cuerpo sigue creciendo. Algunas herederas notorias de Ernaux son Virginie Despentes con su Teoría de King Kong (2006) en la que relata, de manera autobiográfica, un episodio de violación; o bien, entre las más jóvenes, Capucine Johanin (1990) o Louise Chennevière (1993), novelistas que también exploran la condición de la mujer. Ambas con novelas publicadas en 2020 (Nino en la noche y Como la perra, respectivamente) aparecen en la escena literaria francesa de la actualidad para abordar problemáticas como la juventud marginalizada por las injusticias sociales y el imaginario colectivo construido en torno a la figura de la mujer.

Ahora bien, si del lado europeo surge una escritura que plasma el pensamiento alrededor del cuerpo femenino y sus implicaciones sociales y políticas, en América Latina ocurre algo similar con la creciente aparición de escritoras que enfocan su narrativa sí, en la sexualidad de la mujer, pero sobre todo en las maternidades disidentes para desmitificar la idea de ser madre. Es el caso, por ejemplo, de autoras como Gabriela Wiener y su novela Nueve Lunas (2009), Lina Meruane con Contra los hijos (2014), Casas vacías (2017) de Brenda Navarro y Línea nigra (2020) de Jazmina Barrera, por mencionar algunas.2 Dentro de este hervor de escritoras hispanoamericanas, traeré a colación un ensayo de una autora mexicana que, a mi parecer, dialoga con Ernaux en algunos aspectos. La escritura de Isabel Zapata está enmarcada en los géneros de poesía y ensayo; este último representa para ella, según una entrevista para la Revista Purgante, un género que permite gran libertad. En 2021 publicó In vitro, un “ensayo de embarazo” que aborda, como el propio título lo indica, un proceso totalmente diferente —por no decir opuesto— al de Ernaux en El acontecimiento. En In vitro, la autora narra su propia experiencia bajo el microscopio e indaga sobre el deseo de ser madre y los distintos procesos corpóreos que se viven para llegar a serlo. Así que, del lado de Ernaux tenemos una obra que se asume como ficticia —aunque autobiográfica—, y del de Zapata, una que se presenta como experiencia personal repleta de preguntas, interrogantes y matices que permiten relacionar el proceso de la fecundación in vitro con la escritura ensayística.
Zapata utiliza un lenguaje metódico y clínico similar al de Ernaux, para develar, poco a poco, la manera en la que su identidad de mujer se ve transpuesta con el deseo de ser madre y el proceso doloroso que este implica. Además, hay otros hilos conductores compartidos entre ambas obras: el control de la mujer sobre su cuerpo, el poder de la escritura en las experiencias que apelan a la corporalidad y la afinidad retórica que surge de una observación aguda. Pese a las similitudes formales y temáticas, las diferencias radican en cómo se lleva a cabo el embarazo: para la protagonista de Ernaux es un suceso completamente involuntario y el relato se centra en cómo interrumpir la gestación en el seno de una sociedad en la que no hay cabida ni siquiera para pronunciar la palabra “aborto”. En cambio, la maternidad en In vitro se presenta como una posibilidad, como algo que debe ensayarse y no como algo que “se da” naturalmente.
El acontecimiento está dividido en cuatro partes, de las cuales la segunda funge como una suerte de metaficción, en la que Ernaux explica el porqué de su escritura: “Hace tiempo que este relato se ha puesto en marcha y que me arrastra a mi pesar. Ahora sé que estoy decidida a ir hasta el final, pase lo que pase, de la misma forma que lo estaba a los veintitrés años, cuando rompí el certificado de embarazo”. Por su parte, Zapata reconoce que al narrar su historia interpela a más experiencias y a más mujeres: “Pudorosa, intercalo algunos fragmentos con anécdotas ajenas que me permitan decir que trabajo en una obra de ficción; la casa es mía, pero otras mujeres recorren sus pasillos”. Además, anuncia sus propósitos ideológicos contra el mutismo político y literario: “Quiero decirlo todo y saberlo todo y escucharlo todo, romper con el pacto de silencio que mantiene en aislamiento los temas dolorosos relacionados con la maternidad”.
Así, ambas narradoras plantean la posibilidad de escribir desde el cuerpo, una especie de escritura femenina como la que propone la francesa Hélène Cixous. En La risa de la medusa (1975), la teórica establece que hay dos lugares en la formación de la escritura desde el ser-mujer. Por un lado, el silencio porque las pautas del discurso que rigen las corporalidades son masculinas; y por el otro, el cuerpo femenino en sí mismo. Además, en La llegada a la escritura (2006), Cixous explicita la relación que se construye entre el texto y el cuerpo: “La vida hace texto a partir de mi cuerpo. Soy ya texto”, apunta la teórica. Bajo esta óptica, Ernaux y Zapata convierten las experiencias de su cuerpo en un texto y tejen tanto emociones como hechos con un vocabulario parco que interpone una distancia en dos sentidos. Primero, establecen una distancia con ellas mismas y su quehacer literario; en segundo, surge una distancia en el lector, al enfrentarse a la retórica utilizada. Así, las dos acepciones de “distancia” están correlacionadas, pues poner al cuerpo en el centro de su obra les permite desasirse de él para narrar desde una posición alejada y puntual los hechos. “La austeridad del vocabulario médico, el desgaste emocional y físico, alternan con fragmentos agudos donde la narradora se pregunta ‘¿cómo se narra una espiral?’”, apunta Gaëlle Le Calvez en el podcast Hablemos Escritoras sobre la obra de Zapata. La utilización del lenguaje en In vitro y en El acontecimiento crea una crudeza corporal en la que los hechos se narran desde una óptica desinfectada o desparasitada de afectos.
Hay una correspondencia más entre las dos protagonistas/narradoras. Ambas intervienen sus cuerpos de manera “contra natural”: una interrumpe un proceso “normal” y la otra lo provoca con una fecundación mediada por agentes externos. A este respecto, Zapata constata que son métodos que consisten en “obligar al cuerpo a hacer lo que por sí mismo no haría. Intervenirlo”. En este sentido, es importante hacer hincapié en la manera en la que las dos narradoras ejercen una decisión sobre sus cuerpos. Los afectos no encuentran un lugar —ni léxico ni emocional— puesto que la manera en la que intervienen sus cuerpos está sujeta a correlatos médicos y sociales que las despojan de cualquier sensación, que deshumanizan así su propia experiencia. A manera de réplica, ambas escritoras deciden adoptar el mismo tipo de lenguaje para revelar y denunciar la aspereza médica y social. Pese a que vivan en circunstancias y contextos muy distintos, ambas tienen una actitud firme frente a su elección: por su parte, Ernaux construye una obra a través de aquello que no se puede decir, ya sea por humillación, por criminalidad o bien por culpa. “En aquel momento maté a mi madre dentro de mí” sentencia la protagonista que prefiere su estatuto de mujer y estudiante frente al de ser-madre. Mientras que la mexicana expresa, con un tono más velado, una percepción en torno a su posición de mujer que se desestabiliza por la llegada de un hijo: “Un bebé, que entonces me parecía un inicio, en mi mente ahora se asemeja más a un final”, como si llegara el fin de su vida como mujer para comenzar la vida-de-madre, cuya coexistencia parece imposible.
Zapata constata que hay procesos corporales femeninos de los cuales no se habla: “La primera regla de la fertilización in vitro es que no se habla de la fertilización in vitro”. Cita que, con todo y sus diferencias de tono, puede extenderse a la vivencia expuesta en la novela de la escritora francesa: no se habla de los abortos, no se menciona el deseo de abortar. En el diario con el que Ernaux lleva registro de su experiencia, explica que no llamaba por su nombre al embarazo porque “esas expresiones contenían la aceptación de un futuro que no tendría lugar. No merecía la pena nombrar lo que yo ya había decidido hacer desaparecer. En la agenda escribía: ‘eso’, ‘la cosa esa’”. Sólo lo que se nombra existe, como dice la famosa máxima de Wittgenstein: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. La palabra tiene el poder de volver palpable cualquier sensación o suceso. En ambas narraciones hay una visión que otorga al lenguaje el poder de crear la realidad, de materializar lo que sucede. Bien lo explica Zapata cuando afirma que: “Las palabras están vivas y, contrario a lo que podría creerse, no son solamente reflejo de la manera en que pensamos, también son motor de ideas y acciones”. Según Freud, para entender el tabú es necesario ahondar en sus dos significados: lo sagrado y lo inquietante o impuro. Este último es el sentido que subyace, como un río subterráneo, en ambas obras, a través el aborto y la fecundación in vitro. Aunque en In vitro el embarazo se busca voluntariamente, es notoria la constante inquietud de la protagonista al enfrentar los cambios corporales y lo que sucederá con su ser-mujer una vez que se convierta en madre. Tanto el aborto como la idea de la maternidad no deseada se sacuden la pesada carga del tabú gracias a la literatura.
Además del poder que le confieren al lenguaje, así sea crudo, el tópico del tiempo como angustia existencial aparece en ambas obras. En los dos casos hay un tiempo de espera que provoca desazón: por un lado, porque la ausencia de la menstruación confirma lo que tanto se teme, y por el otro, por el nerviosismo de que la fecundación no se haya logrado. En ambos textos, el tiempo surge como un agente cuyo movimiento define o no lo que sucederá con el cuerpo de las protagonistas. Tal como lo afirma Mariana Oliver en “La escritura caleidoscópica de Isabel Zapata”: “esta travesía es también un proceso en el cual la maternidad y la muerte se tocan y reconfiguran mientras ocurre la escritura”. Muerte y creación cohabitan en el cuerpo de la mujer, y desafían la temporalidad lineal, como lo indica Oliver: “una madre da a luz a una hija y a las células que podrían convertirse en su nieta”.
Asimismo, el tiempo que atañe al cuerpo de la mujer es completamente cíclico; en ambas obras hay una constante alusión a la repetición ininterrumpida de los sucesos. “In vitro es un ejercicio de paciencia”, dice Zapata; en cuanto a la protagonista de Ernaux, la menstruación de cada mes es el ciclo que la rige. Para Annie, la personaje de Ernaux, el tiempo es un registro fechado, por lo que utiliza su diario como apoyo cronológico para dictar su sentencia. La aparición de innumerables fechas pone en evidencia la naturaleza angustiante del paso de los días: “Y es una fecha lo que, en un momento dado, […] para todo el mundo, separa la vida de la muerte”, afirma Annie a modo de pie de página. En In vitro, el paso del tiempo se desarrolla entre dos sensaciones: primero surge la angustia de saber si se realizó correctamente el procedimiento; después viene la espera latente que la convertirá en madre. En cambio, en El acontecimiento, la protagonista concibe el tiempo como una máquina que terminará por devorarla. No es una casualidad que la tercera parte del relato, en la que cuenta la historia del aborto, comience de la siguiente forma: “El tiempo dejó de ser una insensible sucesión de días que había que llenar […] para convertirse en algo informe que avanzaba en mi interior y que había que destruir a cualquier precio”. Vale la pena rescatar la estructura de la versión cinematográfica de la novela de Ernaux, dirigida por Audrey Diwan en 2021. La cinta está dividida en el número de semanas que pasan antes del aborto y en múltiples ocasiones la pantalla se vuelve negra para anunciar la cifra que, pase lo que pase, no deja de aumentar.
Con dos décadas de diferencia, estos relatos desde la primera persona persisten en la urgente convicción de poner sobre la mesa temas tabú como el aborto, el embarazo y la maternidad deseada —o no— para desmitificarlos y redimirlos de las expectativas sociales que les son constantemente impuestos.
Alexandra de la Colina
Estudió Literatura Latinoamericana. Ha publicado en la revista digital El toro salvaje.
Obras citadas
Cixous, H. La risa de la medusa, Ensayos sobre la escritura, traducido por Ana María Moix, Anthropos, Barcelona, 1995.
—. La llegada a la escritura. traducido por Irene Agoff, Amorrortu editores, Buenos Aires, 2006.
Courchay, D. “Annie Ernaux: tránsfuga del olvido”. nexos [en línea], 18 de ocubre del 2022.
Ernaux, A. El acontecimiento. Traducido por Mercedes y Berta Corral. Barcelona: Tusquets, 2022.
Le Calvez, G. “El cuerpo como obra negra. In vitro”. Hablemos escritoras, capítulo 249. López, Sebastián. “La poesía como lente para observar el mundo: Isabel Zapata”. Revista Purgante, 4 de enero del 2023.
Oliver, M. “La escritora caleidoscópica de Isabel Zapata”. Revista de la Universidad, noviembre 2021, pp. 142-145.
Zapata, I. In vitro, Almadía, México, 2021.
1 Término que ella misma recupera para definir su obra, como lo explica entre otros Diego Courchay en “Annie Ernaux: tránsfuga del olvido” (nexos, 2022).
2 En cuanto al surgimiento del cuestionamiento sobre la condición de la mujer, Simone de Beauvoir en El segundo sexo (1949) es, claramente, la obra pionera. Asimismo, vale la pena ahondar en escritoras y feministas como Silvia Federici (1942-) y su volumen Revolución en punto cero: trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas (2014), en el que desmonta la idea “tradicional” de ser-madre. También se puede visitar el trabajo teórico de Francesca Gargallo, quien pone el dedo en las labores denominadas como domésticas, ergo, femeninas, como el bordado en Las bordadoras de arte (2020).