La bomba atómica en origami

Hace setenta años, las ciudades de Hiroshima y Nagasaki fueron atacadas con bombas atómicas en una agresión que prevalece como la única en la historia en la que se hayan usado armas nucleares. Además de las muertes, las bombas dejaron incontables secuelas en los pobladores de esas ciudades. Deformaciones, enfermedades y aislamiento en aquellos a los que inclusó se nombró diferente: hibakusha, supervivientes de la bomba. De éstos, la historia de Sadako Sasaki quizás sea la más conocida.

Sadako vivía en Hiroshima y tenía dos años cuando la ciudad fue bombardeada. Diez años después le diagnosticaron leucemia producto de la radiación del ataque y murió tan sólo un año más tarde. Siguiendo una vieja tradición japonesa que dice que si uno hace mil grullas de origami verá un deseo cumplido, Sadako se dedicó devotamente a la tarea durante su estancia en el hospital.

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Después de su muerte y gracias a la participación de sus compañeros de escuela, se pudieron juntar los fondos suficientes para construir un memorial que recordara a todos aquellos niños que, como Sadako, habían sido víctimas de los ataques atómicos. La estatua que representa a esta niña sosteniendo una grulla de papel fue inagurada en 1958 en el Memorial de la Paz de Hiroshima. Ahí, se siguen depositando grullas de origami como parte del ritual de conmemoración, con el deseo de que no se repita nunca más un ataque similar.

La historia de Sadako salió al mundo y se popularizó muy pronto. Se trata de un episodo constantemente retomado para contar –sobre todo a los niños– la historia de las bombas atómicas en Japón, pero también como muestra de las víctimas inocentes de las guerras. El alcance del símbolo de Sadako y las grullas está retratado en un libro sobre la reconstrucción del Ground zero de Nueva York, publicado recientemente y escrito por Elizabeth Greenspan. La autora cuenta que en una de sus visitas al área en donde se encontraban las Torres Gemelas vio a un hombre depositar miles de grullas de origami en la reja que rodeaba a la zona de desastre. Era un estadounidense que daba clases de inglés en un pueblo cercano a Nagasaki. Los alumnos de primaria de la escuela en donde trabajaba habían doblado cuatro mil grullas en total que le pidieron entregara a Nueva York.

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Publicado en: Crónica