Julieta (España, 2016)
Director: Pedro Almodóvar
Género: Drama
Guionistas: Pedro Almodóvar y Alice Munro
Actores: Inma Cuesta, Adriana Ugarte y Emma Suárez

Almodóvar ya no es lo que era. Para muchos, el toque del cineasta manchego se perdió a finales de los noventa luego de las glorias que alcanzó con Kika o Todo Sobre mi Madre; para otros, Hable con Ella o Volver ya dejaban qué desear —difiero—; sin embargo, queda claro que el Almodóvar que este mes nos entrega Julieta ya no tiene la frescura, soltura u osadía que caracterizaba a sus anteriores trabajos. O, incluso, esos giros inesperados de filmes más recientes, como La piel que habito.

Julieta es una película simplona que, de haber sido dirigida por otro director, probablemente hubiera pasado sin pena ni gloria; no obstante, a pesar de tener el sello del director, no dejó buenos resultados: fue el peor estreno de Almodóvar en 20 años, reuniendo en su primer fin de semana poco menos de 600 mil euros y 80 mil espectadores (comparemos con su mejor cinta, Mujeres al borde de un ataque de nervios, que alcanzó más de tres millones de espectadores), además de no lograr ningún reconocimiento en la pasada edición del Festival de Cannes.

Esta cinta, que marca la número 20 en la carrera del cineasta, toma como base las historias “Chance”, “Soon” y Silence”, de la colección Runaway de Alice Munro, la escritora canadiense ganadora del Nobel. En ella nos cuenta la odisea de Emma (de joven Adriana Ugarte; de mayor, Emma Suárez), quien desea reencontrarse con su hija.

En el presente, Emma está a punto de irse a vivir a Portugal, pero, el fugaz encuentro que tiene con una joven —la íntima amiga de su hija durante la adolescencia— le hace replantearse su situación y desentenderse de todo —incluido al hombre que parecía querer, como en otras cintas de Almodóvar, interpretado por Darío Grandinetti— para volver al edificio de Madrid en el que vivió con su hija Antía, a quien no ve desde hace 12 años.

Sin adentrarnos demasiado en especificidades de la trama, y dejando de lado algunas secuencias rescatables —como la del tren—, el problema principal de esta la película radica en que la anécdota resulta demasiado sencilla y que no logramos simpatizar con sus personajes, además de que deja demasiadas incógnitas sin resolver. ¿Por qué desapareció Antía? ¿Por qué nunca confrontó a su madre? ¿Por qué se nos niega un desenlace claro? Al final, la sensación de ver Julieta es la de haber asistido a un banquete que prometía mucho y nos sirvió poco. Nos deja insatisfechos.

Sí, Julieta incluye bonitas locaciones de La Coruña, en Galicia, además de otras en Sevilla y Madrid captadas por el fotógrafo Jean-Claude Larrieu, y que, como en la tradición almodovariana, están acompañadas con la música de Alberto Iglesias. También incluye momentos de relief cómico, proporcionados por la siempre carismática Rossy de Palma. Pero no es suficiente, no para un autor tan vibrante como Almodóvar y quien nos había acostumbrado a lograr encontrar magia en la tragedia.

Otro problema es que las actuaciones de los hombres resultan casi ornamentales; y aunque Ugarte y Suárez son cumplidoras, nunca logran volverse entrañables. Almodóvar declaraba en entrevistas que les negó poder llorar, que las prefirió contenidas; quizá esa es la sensación tras ver esta cinta: está contenida.

En definitiva, la película número 20 en la carrera de Almodóvar pudo haber sido mejor. Queda a deber. Las expectativas sin duda eran altas, pero eso pasa cuando se lleva por nombre Pedro Almodóvar.

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Publicado en: Cine