Difícil hablar concretamente de la poesía de [John] Ashbery [Estados Unidos, 1928-2017] porque su tema es, muy a menudo, la conciencia estética —lo que él llama “la experiencia de la experiencia”—. Por una parte, los poemas tienen el aire apresurado de la posmodernidad, su sensación de cultura pop matizada, y cuya inspiración proviene de las radicales innovaciones de Dadá y el surrealismo francés. Por otra parte son, en el fondo, una especie de anhelo romántico del todo: en cierto sentido, los poemas simplemente tratan sobre su incapacidad para renunciar a ese anhelo. En el centro de un poema de Ashbery no hay, por lo general, un tema (à la Philip Larkin) sino un sentimiento (à la Jackson Pollock). Ese sentimiento es evocado gracias a la interacción entre las convicciones estéticas y una perplejidad cordial e insulsa; en el trajín de la vida cotidiana está la esperanza duradera de que, en palabras de un hablante, “al fin veré mi rostro entero”. Lo mejor que puede hacerse, por tanto, no es buscar comprender los poemas sino sacar provecho de su disposición, de la misma manera en que se oye música. Sólo entonces, para muchos lectores, comienza a permear el significado.
Ashbery bien podría ser el primer revolucionario escéptico de la poesía. Es el primer poeta en alcanzar algo completamente nuevo tras poner en duda la posibilidad (y el valor) de capturar lo que el poema lírico ha intentado por vías tradicionales: la cristalización de un instante, una comprensión epifánica —eso que Wordsworth llamaba “manchas de tiempo”—. Ashbery ha actualizado el poema lírico al rechazar este proyecto y hallarlo esencialmente falso (aunque él jamás lo pondría en términos tan lúgubres).
—Meghan O’Rourke, “Cómo leer a John Ashbery”

* * *
Una bendición oculta
Sí, ellos están vivos y bien pueden tener esos colores.
Sin embargo, en mi alma, estoy vivo también.
Siento que debería de cantar y bailar, por decirlo
de alguna forma, el que se me haya dado conocerte.
Y canto entre la desesperación y el aislamiento
sobre la posibilidad de conocerte, de cantar sobre mí
que eres tú. Ya lo ves,
tú me sujetas a la luz de un modo
que no debí esperar o sospechar, quizá,
porque siempre me dices que soy tú,
y es verdad. Los enormes abetos se avecinan.
Yo soy tuyo para morir contigo, para que me desees a tu antojo.
Nunca puedo pensar en mí, yo te deseo
para un cuarto donde las sillas tengan
sus respaldos de cara hacia la luz
infligida a la piedra, a los caminos, los árboles reales
que parecen brillar desde una celosía en torno tuyo.
Si la salvaje luz de este día de enero es verdadera
prometo ser honesto para ti,
a quien siempre recuerdo.
Recordando olvidar. Recordando que debo entrar al día más allá de ti
sobre las alas de un secreto que no conocerás.
Sacándome de mí, por el camino
que el contorno pastel del día me ha asignado.
Te prefiero en plural. A “usted” y a “ti” los quiero,
vendrás a mí, todo de oro y pálido
como el rocío y el aire.
Y siento esta como exaltación.
Paradojas y oxímoros
Este poema tiene que ver con el lenguaje en un nivel muy básico.
Mira cómo te habla. Miras por la ventana
o finges inquietarte. Lo tienes pero no.
Lo extrañas y él a ti. Se extrañan mutuamente.
El poema está triste porque quiere ser tuyo y no es posible.
¿Qué es un nivel muy básico? Es eso y otras cosas;
pone en juego un sistema de otras cosas. ¿Juego?
Pues, en realidad, sí, pero yo considero al juego como
algo aún más profundo y exterior, un patrón de actitudes soñado
como en las divisiones de la gracia estos largos días de agosto
sin evidencias. De final abierto. De buenas a primeras
se esfuma entre el vapor y el parloteo de las máquinas de escribir.
Puesto en juego nuevamente. Creo que sólo existes
para tentarme a hacerlo, a tu nivel, y al rato ya ni estás
o el ánimo que adoptas es distinto. El poema
me dejó suavemente al lado tuyo. El poema eres tú.
Tan sólo dar la vuelta
¿Qué nombre tengo para ti?
Ciertamente, no hay nombre para ti
en el sentido de que las estrellas tienen nombres
que encajan de algún modo. Tan sólo dar la vuelta,
para algunos, objeto de curiosidad,
pero a ti te preocupa demasiado
esa mancha secreta al fondo de tu alma,
por eso no hablas mucho, y vagar por ahí,
sonriéndote y sonriéndoles a otros.
Termina siendo algo solitario
pero desagradable al mismo tiempo.
Y contraproducente, porque caes de nuevo en cuenta
que el camino más largo es el más eficaz,
aquél que se enredaba entre las islas, y
pareciera que siempre estás viajando en círculo.
Y ahora, ya que el fin se acerca,
los segmentos del viaje se parten como gajos de naranja.
Tienen luz ahí adentro y misterio y comida.
Ven a verlo. No vengas por mí sino por eso.
Si aún estoy allá, ojalá que podamos encontrarnos.
La historia de mi vida
Érase que se era dos hermanos.
Y después uno solo: yo.
Crecí muy rápido, antes aún siquiera de saber
manejar. Y heme ahí: un espantoso adulto.
Consideré el cultivo de intereses
que interesaran a alguien. No al jabón.
Lloraba mucho en los que parecieron
ser los primeros y agradables años. Conforme envejecía
cada vez, fui volviéndome más caritativo
con mis ideas y mis pensamientos,
y los consideré tan buenos como los de otro cualquiera.
Y después una gran nube voraz
vino a echar la flojera al horizonte, y lo bebió
de un solo trago en lo que parecieron meses o años.
Cómo seguir
Hubo una vez una mujer que oh
tenía una tienda
y a los turistas les vendía chunches
no muy lejos de un muelle
y vino a ver cómo podía ser
la vida en lo apartado de la isla
Siempre andaban de fiesta
distinta siempre muy punto y aparte
Nuevos amigos para aconsejarte
o enamorarse cosa muy aparte
y cada quien se hacía de una forma perfecta con los otros
fue un prodigio poético
e irónico
Y mucho en este peligroso barrio
era temible y sucio
pero a ninguno parecía importarle
demasiado
las fiestas continuaron en las casas
Pasaban los amigos y amantes
por la tienda abundantes
Brillaba en invierno la luna
y en verano brillaban las estrellas
todo mundo feliz de descubrir
lo que había descubierto
Pero el barco un buen día zarpó de la bahía
Ya no más soñadores sino sólo durmientes
en el muelle pesados de actitud
desplazándose como si supieran
entre los chunches y los suvenires
y las tiendas casuales de amueblado moderno
vino una chica y dijo
es hora de llevármelos a todos
ustedes de las copas de los árboles a las casas pequeñas
por pequeños senderos aunque estén asustados
Y cuando fue la hora de partir
nadie lo quiso hacer sin los demás
porque habían dicho todos somos aquí uno solo
y si alguno se va los otros no
y lo susurró el viento a las estrellas
todos se levantaron para irse
y luego recordaron el amor
Nota del traductor: Los cinco poemas fueron tomados respectivamente de Rivers and Mountains (Ríos y montañas, 1966), Shadow Train (Tren de sombras, 1981), A Wave (Una ola, 1984), Your Name Here (Ponga su nombre aquí, 2000) y Notes from the Air: Selected Later Poems (Notas desde el aire: Poemas tardíos, 2007).
Hernán Bravo Varela
Poeta, traductor y ensayista. Su libro de poemas más reciente se titula La documentación de los procesos.