La FIL de Guadalajara ha actualizado una larga y estimulante polémica en torno al arte contemporáneo: la transformación de las cenizas del arquitecto Luis Barragán en un anillo de diamante, creado por la artista contemporánea Jill Magid. El ensayo 525 gramos. Jill Magid: la transformación de Luis Barragán editado por Artes de México indaga en este caso, aportando una nueva y balanceada perspectiva sobre aquel “escándalo”, que nexos atendió desde distintas facetas. ¿El acto de Jill Magid fue acaso un parricidio? ¿O fue más bien una forma de convertirlo en una venerable reliquia, digna de las peregrinaciones de esos “templos contemporáneos en que se han convertido los museos”? Son algunas de las preguntas que plantea la autora y curadora de arte Laura Ayala.

A varios años de presentarse en México el trabajo de Jill Magid dedicado a la figura y la obra del arquitecto Luis Barragán, The Barragán Archives, y de las múltiples reacciones que desató, considero que ya se cuenta con suficiente perspectiva para empezar a dar respuesta a diversas preguntas que me he formulado desde que me enteré de la transformación del arquitecto Luis Barragán en diamante.
Para hacerlo, inicié mi búsqueda compilando las críticas que aparecieron en la prensa nacional e internacional y me propuse rebasar el escándalo para adoptar un punto de vista “neutral”: tratar de entender el momento que se vive en el arte contemporáneo y contrastar, en un solo proyecto, las expresiones artísticas del siglo XX y del siglo XXI.
He intentado analizar las formas, diferencias y preceptos que dan validez al arte moderno y al contemporáneo. Para ubicar el arte contemporáneo recurro, en primer término, a hacer un pequeño recorrido por algunos ejemplos representativos de las propuestas estéticas que han surgido desde principios del siglo xx y con las cuales se han puesto en entredicho los principios por los que alguna pieza pudiera ser considerada arte: el arte como la belleza y lo sublime —conceptos que Kant logró abstraer y definir—. La belleza que ha sido venerada y perseguida, hasta el punto de considerarla inadmisible (en el islam, por ejemplo) debido a que aspira a acercarse a la divinidad. A partir del postulado de Sol Lewitt de que “una idea puede ser considerada arte”, quedarían justificados muchos artistas y sus obras.
Es así como nos encontramos con manifestaciones de distintos exponentes como Marcel Duchamp con su famosa Fuente (1917), hecha a partir de un urinal de cerámica; Andy Warhol con su simulacro de cajas de fibras para lavar platos Brillo Box (1964); o John Cage en la música, con su más célebre obra, 4´33” (1952), que se ejecuta sin sonido alguno de instrumentos musicales y que se conforma con el “silencio” y lo que se pueda percibir en el ambiente de una sala de conciertos, sean estornudos, chasquidos, toses o movimientos en las butacas.
Desde estas obras tempranas me transporto hasta 1995 para presenciar cómo, en video y fotografía, Ai Wei Wei deja caer al suelo un jarrón de la dinastía Han. Denuncia, a través de esta obra performática, la destrucción que está sufriendo el legado artístico chino. Sacrifica una pieza para causar un choque en el espectador. Encontramos ahí un diálogo entre dos momentos históricos de la cultura china. ¿El controvertido artista chino estará “matando al padre”?
En el caso de The Barragán Archives, la colisión que se produce es aún más brutal. Se trata de enfrentar a un venerado arquitecto mexicano del siglo XX con una artista neoyorkina del siglo XXI. No podría yo imaginar dos sensibilidades más opuestas, Barragán y Magid. ¿Magid recurre también al parricidio? ¿O tal vez, de forma metafórica, mata al santón o “padre” de los arquitectos mexicanos? ¿O lo convierte en una reliquia que recibirá la veneración de los peregrinos en los templos contemporáneos en que se han convertido los museos? ¿Pero qué permite que estas ideas sean aceptadas como arte? A este respecto, Larry Shiner nos presenta una teoría cuyo planteamiento es que la legitimación se da a partir de las instituciones que conforman el Sistema del Arte, es decir, museos, galerías, curadores, críticos, coleccionistas, etcétera. Después de conocer y ver el desarrollo de las diferentes fases de Los archivos Barragán, me surgen aún más preguntas: ¿Cómo logró Jill Magid gestionar, ejecutar y financiar la transformación de Luis Barragán en anillo de compromiso? ¿Qué importancia y repercusión tienen las reacciones mediáticas en la comprensión del proyecto de Jill Magid? ¿Constituyen Los archivos Barragán un homenaje a la vida y obra del arquitecto mexicano? ¿El proyecto de Magid abona a la comprensión del manejo de los legados artísticos? Me convenzo de que el arte contemporáneo está muy lejano de las preconcepciones que se tienen, y sobre todo que sigue cambiando constantemente, al igual que la vida actual. Me he planteado revisar y tratar de desmenuzar este complejo episodio de la vida cultural de México y del arte contemporáneo mundial. Sobre el enigma barraganiano se ha escrito muchísimo; yo abordo otro enigma: ¿cómo es que dos seres de galaxias tan distantes coinciden en el espacio-tiempo de manera tan inusual?
• Laura Ayala Castellanos. 525 gramos. Jill Magid: la transformación de Luis Barragán. Ciudad de México, Artes de México ediciones, 2022.
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Sobre el caso Jill Magid-Barragán, nexos publicó:
• “Luis Barragán: un archivo y un diamante”, César Cervantes, agosto 2016
• “¿Y el archivo Barragán?”, Arturo Ortiz Struck, abril 2017
• “Obra, fetiche y ley. Una narrativa artística en disputa”, Sandra Sánchez, abril 2017
Laura Ayala Castellanos
Investigadora y curadora de arte del Museo de las Artes de la Universidad de Guadalajara (MUSA)