Ilusión Nacional

Una de esas frases que flota por internet, atribuida a Einstein, a Franklin, y en una de ésas hasta Celia Cruz, dice que la definición de locura es hacer lo mismo y esperar resultados distintos.
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Yo diría que se trata más bien de la definición de la palabra ilusión, y lo ilustraré con el siguiente ejemplo.

El viernes 4 de abril se estrenó el nuevo documental de Olallo Rubio, Ilusión Nacional (2014). Se trata de la cuarta película del ex-locutor de la difunta estación Radioactivo. Con anterioridad dirigió el documental ¿Y tú cuanto cuestas? (2007), la apocalíptica This is Not a Movie (2011) y un homenaje a Molotov, Gimme the Power (2012).

En tres de los cuatro casos –no he visto el documental de Molotov–, la estrategia de Rubio ha sido la misma: atacar un tema amplio en suficiencia (o una arista del mismo) y elucubrar sobre él. This is Not a Movie es una diatriba sobre el fin del mundo y la influencia mediática/el control que el gobierno y “los poderes fácticos” ejercen sobre el ser humano. ¿Y tú cuánto cuestas? es una diatriba sobre el mundo actual y el control que el gobierno “y los poderes fácticos” ejercen sobre el ser humano. E Ilusión Nacional es un recuento bastante directo de la historia del futbol, mezclado con el control que el gobierno “y los poderes fácticos” ejercen sobre el ser humano.

A pesar del párrafo anterior, la nueva película de Rubio es mejor que las anteriores (lo cual no es muy difícil: This is Not a Movie  apareció en varias listas de lo peor de 2011), en parte porque ha aterrizado el concepto un poco más y en su mayoría porque el tema en el que se centra es interesante por sí solo: el fracaso que azota a la selección mexicana cada cuatro años, la eliminación del mundial de futbol.

Con pequeños videos editados a manera de película vieja, Rubio lleva al público a través de los fiascos de cada cuatrienio: el primer autogol en un mundial es mexicano; México tarda 28 años en conseguir su primer punto –un empate con Gales–; los penales de los que todos sabemos (incluso aquellos que aborrecen el deporte).

Esto en clara contraposición a cada inicio del torneo: un país desenfrenado, ilusionado y privado de lógica. Este año será el nuestro. Estamos jugando como nunca. Pero el cruel refrán termina en la segunda ronda eliminatoria: perdiendo como siempre. He ahí la ilusión de la que habla Rubio; una desconexión con la realidad sustentada en un sentimiento, no en hechos.

Para cualquiera con incluso un interés superficial en el futbol, y en particular para aquellos con un desconocimiento total, Ilusión Nacional entretiene por el puro uso de los clips de antaño, y eso se le puede celebrar a Rubio: como recopilador de fragmentos dispersos es bueno. Ver a la selección subiendo al barco en Veracruz en 1930, a los jugadores entrenando en Ixtapan de la Sal en 1957 es un retrato del país en esos tiempos. Como la cuenta de tuiter de La Ciudad de México en el Tiempo (@cdmexeneltiempo), que ofrece pequeños flashazos de lo que alguna vez fue el DF.

El problema es que la película no aporta mucho más y que Rubio se basa en su propia ilusión. No presenta una explicación profunda de algo fundamental: por qué cada cuatro años esperamos un resultado distinto. No ahonda en las eliminaciones previas al mundial (como cuando Trinidad y Tobago goleó a la selección 4-0 en 1973); a Rubio sólo le interesa lo que sucede durante el verano de copa del mundo, no lo previo ni lo posterior. Como si el contexto no existiera en la historia y cada mundial fuese un evento aislado.

Cuando Rubio tiene oportunidad de explorar uno de los grandes escándalos del futbol mexicano (la suspensión de dos años de toda competencia internacional por falsificación de documentos en 1988), recupera sus filias y fobias a modo de causa, y las trata de hacer embonar con calzador: es la época en la que Salinas “se robó” la presidencia. De ahí se puede seguir cualquier cosa.

He ahí la gran falla que aqueja al cine de Rubio, la falta de cohesión argumental. En las tres películas que he mencionado, Rubio hace juicios deductivos con premisas sesgadas, las cuales funcionan como una especie de dogma. La televisión y los periódicos corrompen la mente. El gobierno quiere subyugar al ciudadano y mantenerlo ajeno de cualquier búsqueda de verdad. Todo medio puede ser utilizado para fin malo. Con base en esto, la podredumbre de lo posterior es inevitable. Si la televisión está inmiscuida en el deporte, no puede haber salvación. Si el deporte se asocia al gobierno, es imposible que pueda tener tintes positivos. Las premisas, para Rubio, son auto-justificables, tan fuertes por sí solas que el desarrollo de ellas servirá para confirmar lo que ya todos sabemos: el hombre es el lobo del hombre.

Es innegable que el futbol, como todo, tiene su lado gris, y las pruebas de su corrupción son más que visibles. Pero en un documental que se llama Ilusión Nacional, el director es víctima de su propia complacencia.

La ilusión es un “concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos”, como dice la definición del diccionario que él mismo cita al inicio. La ilusión termina por ser triple: del director por utilizar la suya como fuente de argumento, de los mexicanos por creer que esta vez sí ganaremos el mundial y del espectador por creer que el cuarto largometraje de Rubio sería distinto a los anteriores.

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Publicado en: Cine

3 comentarios en “Ilusión Nacional

  1. Totalmente de acuerdo con la crítica a este director , por decirlo de algún modo, intenté ver gime the power pero no la continúe! es de un dogmatismo ideológico que se justifica así mismo pero que no resiste un pensamiento crítico , parece redactor de la jornada o proceso! que viven encerrados en sus dogmas y creyéndoselo dueños de la verdad, gracias por la advertencia para no ver su nuevo bodrio

  2. Gracias por escribirlo, el comentario sobre Rubio y su viejo argumento (herramienta) para intentar proyectar una supuesta realidad que solo él considera cine.

  3. En el marco del mundial 2014 es una propuesta muy acertada, tengo muchas ganas de ver y por qué también compararla con documentales bien estructurados sobre este apasionante deporte, por ejemplo serie Destino Brasil que se distingue por la calidad de sedes para los mundiales y de la estupenda forma de jugar.

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