Hacer mi propio Sanborns: Entrevista a Jesús León “Chino”

En la página de Chinolibros en Instagram hay una foto del 27 de octubre de 2023 en la que aparece una mujer acomodándose el pelo en su cama y, en el fondo de la página, dice exhibitionist. El subtítulo dice que la artista es Tracey Emin. Al googlearla aparece su obra, entre la que destaca una tienda de campaña que tiene bordados los nombres de todas las personas con las que Emin se acostó entre 1963 y 1995. Maravilloso. La página de Chinolibros me conduce a artistas de los que nunca había oído.

Jesús León, conocido como “Chino”, es un fotógrafo y artista mexicano. Tiene una librería y espacio de exhibición en la colonia Roma que lleva su nombre; antes de esto, Chino acumuló una extensa obra fotográfica sobre la ciudad y su vida nocturna. Creó el blog Domestic Fine Arts, que tenía miles de fotos de fiestas y eventos, y publicó el libro Vida en 2018. Personaje icónico e ineludible de la vida cultural de la ciudad, nos sentamos a hablar sobre su librería, foto, cine y decadencia. Éste es el resultado.

Chino: Charly y yo nos mudamos en los noventa a la Condesa. Me conseguí una cámara y empecé a tomarle fotos a toda la banda de artistas. No empecé a hacer amigos, pero empecé a fotografiar gente. A fotografiar gente en la noche y en círculos más cerrados, de fiesta y after. Conociendo más casas y espacios underground. Y pues me metía a fotografiarlos con mi cámara de manera muy desfachatada.

María Guillén: ¿Y por qué la noche?, ¿qué te llamaba la atención?

Chino: Siempre he sido nocturno; desde niño me llamaba la atención toda esta cuestión fantasmal. Vaya, me sentía mucho más a gusto por las noches. Tenía un problema muy cabrón para despertar, para ir a la escuela. Entonces fue muy liberador cuando pude vivir de noche, ya emancipado de la casa de la familia y con alguien apoyándome. Tenía diecinueve años y empezamos así a salir de noche.

(Chino me parece modesto. No presume ni dice que tiene una de las mejores selecciones de libros de arte en la ciudad, con un catálogo interesantísimo que incluye un mundo de referencias como Daniela Rossell, Patricia Field, Jonas Mekas, Andy Warhol, Nick Zedd, Wolfgang Tillmans, Richard Avedon, Nobuyoshi Araki, Richard Kern, Enrique Metinides, Helmut Newton, Tracey Emin, Cecil Beaton.

En el local de Chihuahua 136, Roma Norte, suena “Dum Dum Boys” de Iggy Pop y vemos adentro de una transportadora que contiene a una gatita llamada Soda, porque se va a quedar a vivir unas semanas con Chino. Empezamos la reunión siendo tres personas: Chino, Charly, quien ha acompañado a Chino por décadas, y yo. A media entrevista llegan Clau,Francisco y otros. Al parecer es común que “caigan” amigos al local, para visitar a Charly y a Chino, que son muy amables y hospitalarios. Una amiga me dice que al local de Chino siempre llega gente con botellas de vino y comida, que es un espacio de convivencia espontánea ).

MG: ¿Qué artistas o fotógrafos dirías que fueron o son tu mayor influencia?

Chino: Lo de Nan Goldin, por ejemplo; la fotografía de moda como Helmut Newton; o Andy Warhol, cosas así. Pero ha ido cambiando. La ciudad también es una influencia. Después del terremoto del 85, yo vivía en la colonia Doctores y nos mudamos a la Roma, que estaba hecha pedazos. Entonces salía mucho en las noches a caminar y eso me parecía hermoso. Tenía como quince años, yo creo. Y me parecía muy revelador ver tu ciudad de esa manera, después de una tragedia. Y todavía lo hago, ¿sabes? Me gusta mucho ir en bicicleta o caminar. La mayor parte de mi archivo ha sido así. Es decir, primero me gusta un espacio cerrado con gente y con amigos, pero después vagar un poco por las calles y ver qué encuentro.

Por eso te decía de la cuestión fantasmal. Aquí en la Doctores o en la Roma, en algún momento había mucha santería, animales sacrificados. Me interesó combinar eso, que era una cuestión más densa, más oscura, con lo de la fiesta y toda esta onda medio flashy, glamurosa. En ese sentido también me siento mucho más influenciado por el cine que por la foto.

Charly y yo nos conocimos en un cine, en el centro, en San Ildefonso. Había una salita que se llamaba Sala Fósforo. Ahí vimos un ciclo de Alfred Hitchcock. Y antes de eso, desde que tenía catorce, quince años, iba a ver cine. Mucho más que tener una referencia de foto, la tenía de cine. En ese momento me alucinaba toda esta banda expresionista de los años veinte, treinta, alemana. O sea, Murnau, actores como Emil Jannings, directores como Fritz Lang, Pabst. Toda esta banda era mucho más radical, más punk.

Charly: También ibas mucho a ver revistas.

Chino: Sí. En los Sanborns tenían revistas de moda o de arte. Porque por esta cuestión popular mexicana no tenía tanto acceso a un gran libro, y tampoco es que me interesara mucho.

MG: Lo de las revistas me parece importante porque siento que tienes un mundo de referencias muy vasto, de artistas de todas las épocas. ¿Los veías ahí?, ¿ahí los conociste?

Chino: Sí, y se me hace muy chido acordarme de eso, porque a esa edad Sanborns era un espacio donde podías ir a ver revistas sin que te molestaran y también ibas a ligar. Bueno, a veces te decían: “¿sí vas a comprar o no vas a comprar?”, pero generalmente no había ese problema. Entonces era un lugar de ligue gay y era un lugar donde podías ir a ver revistas. A mí me parecía perfecto porque no tenías por qué pagar ni nada. Entonces era todo más completo. Y me interesé en publicaciones muy específicas, como revistas inglesas de cultura pop, revistas francesas de cine o de moda.

MG: Hablamos de que le tomas fotos a gente flashy o gente de la escena. ¿Dirías que si estás en una fiesta buscas retratar a tus amigos? Porque hay fotógrafos que toman fotos de su gente, de su pandilla.

Chino: Es muy interesante porque generalmente a mis amigos no les tomo tantas fotos. A Charly no le tomo fotos. A la gente más cercana tampoco le tomo muchas fotos, ¿sabes? Le tomo fotos a la gente que me llama la atención y creo que soy un provocador en ese sentido, de llegar y hacer todo un performance para, uno, llamar la atención y, dos, conquistar a alguien de manera inmediata. Entonces a veces resulta y a veces no. Es una cuestión de timing, de milagro. A veces tienes algo planeado y no sale para nada, y otras es milagroso cuando sí pasa algo. Tomando fotos te das cuenta de que tienes una capacidad para provocar una escena. Y hacer una gran sinfonía.

MG: ¿Cómo que gran sinfonía?

Chino: Publicamos un libro en Suiza hace un par de años llamado Vida (Patrick Frey, 2018), con toda esta secuencia de gente, de animales y de edificios, sólo en la Ciudad de México, sólo de noche. Tenía esa idea de que ese proyecto de fotografiar gente iba a ser una sinfonía sobre la Ciudad de México. Y lo logramos, lo logré bastante chido, incluso publicar un libro, porque todo esto es digital, entonces lo ves en la compu o en el teléfono, pero hacer un libro, imprimirlo, publicarlo y ya, que viva, que circule, es otra cosa.

MG: Hablando de la Ciudad de México, en todo este tiempo que has tomado fotos, ¿qué ha cambiado y qué se ha mantenido igual?

Chino: Para empezar, yo mismo.

Esa es una de las razones por las que decidí abrir Chino (libros), porque ha cambiado todo. Tuvo que ver también lo de la pandemia y toda la cuestión tecnológica, que además ya no me interesa tanto la foto como tal, siento que está muy desgastada en este momento toda esta cuestión, para mí.

MG: ¿Por qué sientes que está desgastado?

Chino: Porque he visto que es posible tomar una muy buena foto con un teléfono, a mí me encanta, me parece muy buena idea, pero ya no me llama la atención. Al cerrar este círculo de mis fotos con el libro, perdí un poco el interés en mi obra, en continuar tomando fotos. Sin embargo, la foto me parece hermosísima, cualquier tipo.

Por eso abrí un lugar físico para distribuir, hablar de foto o apoyar a fotógrafos también. Entonces, lo que ha cambiado es que no veo, por ejemplo, un lugar interesante para mostrar obra o para que la gente se reúna. O sea, Sanborns es una mierda ahora: la comida es fatal, la selección de revistas ya no va de nada. A la gente ya no le interesa tampoco comprar revistas, por cierto, todo es en línea, qué sé yo. También la cuestión sexual, yo mismo he envejecido. Y me gusta este declive un poco, pero también esta opción de elaborar algo nuevo como un espacio, si es que tienes el chance. Hacer mi propio Sanborns.

MG: ¿Y qué es Chino Libros?

Chino: Es una mezcla de lo que veía en el cine, lo que hojeaba en el Sanborns, una mezcla de que me gusta mucho conocer gente nueva, hacer nuevos amigos. Convocar a eso es muy bello a través de un espacio. Y apoyar a gente —que esa cuestión de apoyar a gente se me hace un poco cursi—, pero eso es lo que hemos estado haciendo. Y siempre lo tuvimos en mente: abrir una galería o una librería.

MG: Y es mucho más que una librería, es un espacio de encuentro, de exhibición.

Chino: Es un experimento. Y creo que ya lo habíamos hecho en lugares más cerrados, privados. Pero aquí, que esté literal a pie de calle, marca cabrón la diferencia. Que la gente entre o no se atreva a entrar. También esta cuestión de “¿qué está sucediendo en ese lugar?”, o sea, “¿qué hago yo aquí afuera?, ¿de qué se trata?”.

MG: Como que hay algo de misterio también, ¿no?

Chino: Sí, y me gusta que sea así. Es decir, no le damos mucha publicidad al lugar. No me gusta tampoco que sea algo muy conocido o muy popular. Me gusta mantener esa cuestión más privada, pero privada y exhibida a la vez. Y qué maravilla tener un espacio propio y compartirlo con nuevos amigos. Eso es lo que más me ha gustado del proyecto.

Charly: Es interesante pensar quién ha respondido con mayor fuerza, para quién funciona y por qué parece conectar especialmente con una generación. Tiene lógica. Es un espacio muy emergente y muy rápido. Hemos visto gente muy joven, no sólo fotógrafos, también personas de la plástica increíbles, y al mismo tiempo gente con muchos años de trayectoria. Todo se va comunicando y le da sentido a todo esto.

Chino: A mí me sorprende, de la manera más hermosa, que gente que hemos conocido aquí no sepa mi nombre real ni mi carrera antes de abrir este lugar, y tampoco tienen por qué saberlo. Es sólo un espacio: quién es el dueño o quién lo lleva pasa a segundo plano.

Pero en algunos momentos gente muy cercana me ha dicho: “No mames, tú eres el que hizo toda esa serie de fotografías, además de todo”. Es una mutación, una reconstrucción. Me gusta esa fantasía de lo que estás viendo alrededor, que además es muy explícito. Me gusta recrear esa atmósfera. No sé si siempre lo logro, pero lo intento, con todo el bagaje y la carrera que he tenido.

Me gusta mucho cuando la gente se entera de que, además de esto, fui el creador de un blog que tuvo mucho éxito entre gente muy joven que no podía salir a fiestear. Chavos de quince o dieciséis años veían la página y las fotos y así se enteraban de lo que estaba pasando. Se llamaba Domestic Fine Arts. Fue una referencia durante muchos años. Era lo que yo entiendo por un blog: un registro de lo que había pasado un día o un fin de semana. Yo lo retorcía mucho, inventaba historias, todo con fotos. Funcionó muy bien la fórmula.

MG: ¿Y ya cerró?

Chino: Sí, ya no me interesa tanto. Cumplió su ciclo y las cosas cambiaron. Ahora es Instagram, que es lo que más ve la gente. No sé nada de TikTok y no me interesa.

MG: ¿Instagram sí te gusta?

Chino: Me gusta Instagram, pero no me gusta, obviamente, que no haya algo explícito, lo cual también tiene su encanto, ¿no? Pero esta cuestión de censura no me gusta y no va con lo que estamos proponiendo en este lugar, que es lo contrario totalmente.

(Al entrar, hay tres fotos enmarcadas. Son de Chino y, en efecto, son explícitas: un hombre con un pedazo de lechuga entre las nalgas; dos traseros pegados, separados por ropa interior; y una mujer de piernas abiertas orinando en un excusado. Y sin embargo, al mirarlas por mucho rato lo que producen no es asco ni shock. Estos habitantes de la noche semidesnudos adornan el espacio de una manera especial, muy humana, más no grotesca. Unas fotografías profundamente humanas, aunque queda entonces la pregunta de por qué decirles así si, en realidad, todo es humano en nuestro mundo. Quizá porque, donde todos hacen un esfuerzo por ocultar su locura o su vulnerabilidad, por mostrarse sofisticados o parte del chiste, Chino captura aquello que nos perturba o avergüenza, y es de los pocos que se atreve a hacerlo sin ánimo de escandalizar o predicar —algo que también se ha vuelto muy común: el arte que regaña y adoctrina—. Esto es otra cosa: la mirada traviesa de un hombre que ha visto su ciudad de tripas para afuera y que no quiere que le cuenten. Esto también es la fiesta, esto también es la ciudad).

MG: ¿Cuál es tu criterio editorial? Siento que eres un curador; aquí hay cosas que no se encuentran fácilmente en otro lado, hay libros muy especiales.

Chino: Cuando conocí a mis editores en Suiza, yo ya era fan de una línea muy clara de fotografía alemana y suiza, y de ciertas editoriales muy puntuales. Mi favorita era Scalo. Publicaban a Nan Goldin, David Armstrong, John Waters. Todo lo que me interesaba: todos los bandazos, artistas muy distintos, libros radicales, experimentales. Eso me marcó mucho.

Luego tuve la oportunidad de trabajar con ellos. Cuando Scalo terminó, comenzó Patrick Frey, mis editores actuales, también suizos. Conocía bien su catálogo y se me ocurrió distribuirlos en México. Propusimos hacerlo y dijeron que sí. También traje mi colección personal de libros, que he comprado desde adolescente, para venderlos o mostrarlos a la gente que viniera aquí.

Era exactamente la librería que me hubiera gustado encontrar cuando tenía veinte años: entrar, hojear, comprar, incluso robar.

MG: ¿Te han robado alguna vez?

Chino: Sí, una vez, y sé quién fue. No tengo rencor. Como sé quién fue, estoy tranquilo. No me gusta tener cámaras de vigilancia porque no va con el concepto. En cinco años, sólo un ladrón. Nada mal.

MG: ¿Puedes mostrarme dos o tres libros que sean tus favoritos?

Chino: Helmut Newton, este clásico. Walter Pfeiffer, fotógrafo suizo que publica con mis editores. El mío no lo tengo porque se vendieron todos los ejemplares. Aperture sobre la Ciudad de México, donde sale parte de mi obra. Y el de Nobuyoshi Araki, Sentimental Journey, sobre su esposa, que muere de cáncer poco después de casarse. Es la historia de la boda y de la enfermedad de ella. Triste y hermoso. Es mi favorito de él.

También Pierre Molinier, fotógrafo francés de los setenta. Él se fotografiaba. Autorretratos muy kinky. Me encanta. Rarísimo. Como soy provocador —aunque provocador ya es un cliché—, me llama mucho la atención cosas en esta línea. Y no lo conocía, lo encontré por casualidad y gasté todo lo que me pagaron en un par de libros de Pierre Molinier.

MG: ¿Crees que esta época es provocadora?

Chino: No mucho. Veo exposiciones recientes que buscan escandalizar de forma patética. Lo que hay que hacer es continuar con lo poco que uno puede hacer: producir, mostrar y buscarlo tú. En una ciudad tan aparentemente ruda, visceral, no pasa nada y cuando quieren hacer estas cosas radicales me parece patético, horrendo, horrible, el peor gusto.

MG: Hay quien dice que es un mal momento para la cultura. ¿Estás de acuerdo?

Chino: Quizá porque soy muy flojo, pero nunca he tenido ni buscado una beca del gobierno. Ni me interesa. Si tienes una beca estás aparentemente protegido, o puedes pagar tu renta o algo así, pero siempre me ha parecido una trampa. El estado de la cultura, hablando del gobierno, siempre me ha parecido horroroso. Lo tienes que hacer tú. Una amiga me dijo: “Si no hay lo que estás buscando, hazlo tú”. Y creo mucho en esta cultura de hazlo tú mismo, y suena horrendo en español, pero bueno, así es.

El estado de la cultura siempre me ha parecido aburridísimo. Hay ciertas exhibiciones o proyectos que me interesan, pero siempre he estado involucrado con lo que hago yo. No soy de grupos. Nunca he estado muy involucrado en lo institucional. Me da repele lo burocrático. El estado de la cultura no siento que haya cambiado; yo nunca lo he visto tan bien. Lo veo igual de tibio, cero arriesgado. No he visto algo que me impresione realmente.

MG: ¿Cómo percibes tu rol en el ecosistema cultural y nocturno de la Ciudad de México?

Chino: Me gusta mucho este lugar. Este lugar ya es una referencia. Me interesa llegar a un número reducido de personas que lo entienden o que les llama la atención este tipo de manifestación. No sé si quisiera más, pero lo vamos a continuar hasta que podamos y siento que es importantísimo.

No hay absolutamente nada. Todo es cuestión de dinero, de ganar varo, el negocio. Los bares no me parecen interesantes. Por eso abrimos esto, que es una librería y club social.

Es importante tener un espacio de fantasía, seguro, de amigos. La vida nocturna terminó: se deterioró mucho por las drogas y el crimen organizado. Se metió tanto en la cabeza de la gente que acabó con lo romántico que pudo haber sido. Y a mí me interesa colaborar en la construcción de otra cultura de la noche, bajo otra lógica: ni la del mercado ni la del crimen.

No creo en estas grandes librerías tampoco. Es complicado de explicar, pero siento que el esfuerzo que estamos haciendo vale mucho la pena: mostrar, proponer un estilo de vida que vaya un poco más allá de la burocracia o de un horario de oficina. Estaba hablando con una amiga que abrió una librería y me dice: “Vender libros no es negocio”. Y pues es un hecho, no lo es, pero es necesario. Tenerlos como fetiches. Eso es lo que me interesa.

María Guillén

Editora en nexos

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