Gravity, existencia y espacio

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Blaise Pascal, físico y filósofo del siglo XVII, estaba consciente no sólo de la infinitud del espacio sino de la guarida cósmica que  la Tierra significa para el hombre. Por ello, ante la revolución cosmológica que se vivía a razón de la ciencia moderna a partir del heliocentrismo, al voltear a ver al cielo no alcanzó sino a escribir una frase con gran resonancia existencialista: Le silence éternel de ces espaces infinis m’effraie (“El silencio eterno de estos espacios infinitos me aterra”).

Es cierto que, como afirma Alfonso Cuarón a propósito de su nueva película Gravity, la vida en el espacio es imposible, pero no sólo en un sentido biológico sino también mental; es un espacio plagado de un sinsentido derivado de parámetros epistémicos que nos permanecen vedados a la razón humana. El tiempo y el espacio (como formas a priori de la sensibilidad) fuera de la Tierra se vuelven un complejo nudo para desenmarañar; sólo con relación a nuestro hábitat logramos establecer sentido de vida.

Gravity, primer trabajo conjunto entre Alfonso Cuarón y su hijo Jonás, es un viaje al espacio exterior a la vez que al interior del hombre que explora la posibilidad de uno de los escenarios más catastróficos a los que se exponen los astronautas al estar en misión: una lluvia de basura espacial que impacta gravemente a la estación y que en la cinta confina a los astronautas, la doctora Ryan Stone (Sandra Bullock) y el veterano comandante Kowalski (George Clooney), a quedar flotando en el espacio donde lo único que significa punto de referencia es un planeta que puede ser perdido de vista en tan sólo unos segundos. En el espacio exterior todo es siniestramente superlativo.

La película cuenta con una serie de aciertos que terminan por agradecerse, pues Gravity es hasta ahora la película que ha logrado brindar al espectador una mayor fidelidad al sentimiento de encontrarse orbitando en el espacio, y lo hace con una línea narrativa sencilla que parece atender en estricto al paradigma dramático de Syd Field. Los Cuarón (padre e hijo) ayudados de un brillante manejo del CGI a cargo del ‘Chivo’ Lubezki y de una musicalización que corre por Steven Price, han logrado una fabulosa ‘experiencia cinematográfica’. La diferencia que se marca con respecto a las odas espaciales se establece desde la escena inicial, 18 minutos de rigor, drama y exigencia que desdoblan la línea del género marcando una pauta difícil de seguir: una cámara viva que nada en el espacio pasando por diferentes tipos de planos y que muestra el impacto de la basura sin el gastado sonido de objetos colisionando, para después, acortar el enfoque pausadamente hasta llegar a una toma de punto de vista al interior del casco de Bullock mientras gira indefinidamente, luego la cámara se vuelve a contraer alejándose del objetivo hasta llegar a un plano panorámico de la doctora Stone perdiéndose en la inmensidad. Una escena que probablemente será recordada en  la ciencia ficción.

Desde el aspecto actoral, Sandra Bullock también logra hacer lo suyo al salir de su zona de confort en la que recientemente había vuelto a caer al con la película The Heat. La personificación que logra de la doctora Ryan Stone, un personaje profundo y con historia, es honesta y empática. La visión de los Cuarón se distancia de la clásica mirada masculina de la ciencia ficción y del espacio que se ha vuelto tradicional, y permite a Bullock apropiarse de un viaje propositivo donde brinda  una actuación armoniosa  mostrando una coreografía impactante, aquí la mujer no es un fin absurdo que mueve simplemente al héroe, la mujer lo es todo.

Si bien se pueden encontrar vestigios de otras cintas, es con Kubrick en 2001: A Space Odyssey, con quién mayor cercanía se muestra en la película, pero el mayor encuentro casi a forma de tributo, es la escena en que Bullock -increíblemente hermosa- se quita la armadura espacial para luego ponerse en posición fetal como punto de renacimiento.  El uso de un cordón que sirve para atar a dos astronautas que flotan en el espacio parece un mero simbolismo que recuerda a la permanencia del humano en el mar de la placenta.

Aún cuando de primera intención la película intenta brindar una percepción de la adversidad (el crecimiento personal) en un escenario interestelar, ésta logra también  ser  un bosquejo de lo que significa la vida del hombre con relación al espacio exterior. Allá afuera, donde lo mismo es al arriba y el abajo, el mínimo postulado que sirve para sustentar la afirmación del ego se borronea ante la exposición con el infinito.

Gravity es un trabajo que a pesar de contar con un argumento sencillo (y que no habría el por qué increpar esto pues nunca hubo la intención de que se buscara algo complejo), termina por mover sensaciones dentro del espectador. Si en gran medida el arte consiste en la eliminación de lo innecesario, los Cuarón han dado un paso dentro de ese concepto tan difícil de transitar. Pulsión escópica en plano secuencia que lucha contra esa velocidad de cutting que ha invadido al séptimo arte y que deja abierta nuevamente esa interrogante también planteada por Pascal: ¿Qué vale un hombre en el infinito?

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Publicado en: Cine