Pero qué aburrición. Leo la reseña de un libro que hace unos años hubiera sido la comidilla durante un mes, mínimo, pero ahora…
Me asomo por la ventana, abro y cierro los párpados.
¿Qué es esta existencia?
Sentados en el wáter viendo memes. Antes de ir a dormir, los memes de nuevo.
Contar los sueños por la mañana se ha vuelto una actividad interesante.
Llevo semanas leyendo el Ulises con un grupo de amigas y amigos, y es de lo más estimulante que me ha pasado en mucho tiempo. Me sorprende un poco, porque el libro es difícil y a menudo aburrido, y es fácil, muy fácil, en cambio, suscribirme a plataformas de entretenimiento o a revistas, por no hablar de la exposición constante a las redes sociales que me informan sobre… pues, sobre todo.
Además, sigue en marcha la pandemia.
Suspiro. Siento que se mueven mis ojos, y la mirada, y veo un rincón en la habitación donde escribo esto.
¿Irá a parar, este desfile de situaciones psicodeflatorias?
¿Y entonces? ¿Qué es esto? ¿Es posible seguir? ¡Sí! ¡Aún hay razones para vivir! Un servidor público finalmente abre la boca y decide poner en marcha una campaña para reactivar el espíritu. Es claro que alguien ha comprendido entre las esferas del poder que no sólo de hambre vive el hombre. Este hombre astuto es Marx Arriaga. Discreto y sutil, lo olvidamos, como a los trenes eficientes alemanes, hasta que se descarrila. Pero es imposible que estas provocaciones no sean calculadas, que el siniestro no haya sido preparado. Estamos, claro, ante una mente audaz, maquiavélica, siempre un paso adelante, que domina los mecanismos de los medios masivos y se anticipa, clarividente, a las respuestas programadas de todos nosotros. Unas palabras suyas bastaron para sanarnos: es tan amplia la diana que ha dispuesto que miembros del cognitariado, de todos los calibres anímicos (desde Juan Villoro hasta Héctor Suárez Gomís, pasando por las provincias mentales de Fernando Belaunzarán y Javier Lozano) se animen a disparar. El cálculo de Marx Arriaga sólo asemeja la capacidad que tiene la Hora Nacional de unir a todo México, los domingos, en el mismo gesto de apagar la radio. ¡Pero al revés! ¡Nos ha encendido de nuevo! No dejemos, amigos, que su heroísmo sea en vano; no permitamos, nunca, que la flama vuelva a apagarse.

Ilustración: Naranjo
Atento al pulso de la situación intelectual, Arriaga (primer nombre Marx), evade los ciclos noticiosos o las preocupaciones recicladas de la sección de cultura de los periódicos y de las redes sociales (los plagios, los premios, las malas reseñas, los malos libros, el patriarcado) para lograr, ¡oh mente creativa imparable como los trenes alemanes!, uno nuevo. ¿Cómo le hizo? Veamos, en su conferencia “Formación de docentes lectores en las escuelas normales”, nos compartió esta bella fábula:
Antes de la pandemia provocada por el Covid-19, nos encontrábamos en escenarios donde la lectura se interpretaba como una acción vinculada a ciertos momentos del desarrollo ciudadano en donde su valor como herramienta de transformación social se desdibujaba ante su carácter estético. Así, se repetía sin cesar que la lectura era importante porque divertía a las personas, porque las ayudaba a evadirse de su realidad y a sonreír.
¿Quién repetía eso? Una voz misteriosa que emanaba desde un oscuro bosque y nos condenaba a la alegría. “Apreciábamos —sigue la fábula— la lectura desde un plano infantil, como una obligación de los niños en su educación básica. El desarrollo de esta literatura para niños creció en las últimas décadas, pero al centrarse en ellos, se generaron algunos fenómenos en los hábitos de lectura de toda la población”. ¡La fábula ya se puso inmunológica! Pero también técnica:
Los datos demuestran que a medida que los niños avanzan en su educación, se frustran las expectativas en el desarrollo de sus habilidades lectoras. En donde los niños pierden el gusto, el hábito, por la lectura al entrar a la adolescencia. Esta infantilización de la lectura, esta sectorización, es el resultado de una política pública encaminada a una propuesta de mercado en donde se fomenta la adquisición de un producto, pero no el desarrollo del individuo y menos aún su convivencia en comunidad.
Si a alguien le interesa, y ya sé que no, la conferencia puede leerse en el Face del maestro.
¿Pero cómo se traduce la fábula en periodiqués? Cómplices incautos, los titulares retoman, o reinterpretan, o citan, o mascan las bellas palabras de Arriaga, y sale por ejemplo “‘Leer por goce, acto de consumo capitalista’, afirma Marx Arriaga”, o también: “Marx Arriaga afirma que la lectura debe ser una acción emancipadora, no un puro acto de placer”. Da igual con qué versión, matizada o no, se case uno: la máquina del —digamos— pensamiento ha sido detonada. Pronto aparecen nuevos titulares: “Escritores y lectores critican dichos de Marx Arriaga”, reza el titular de un periódico; “¿Quién es Marx Arriaga, el funcionario que dijo que leer es capitalista?”, pregunta otro. Pero hasta la pregunta ofende, porque es claro que no hace falta saber quién es este líder en las sombras. No es lo importante. La cuestión es el efecto. Como ocurre cuando tiembla, no parece haber mente genial que no comente el suceso evidente. Y la voz de la intelligenstia ha hablado: “YO LEO POR PLACER”, nos comparte, en mayúsculas, el simpático Jorge F. Hernández, y a uno le dan ganas de decir: AH OK. Elocuente, L. M. Oliveira declara: “Leo por placer y goce, por aprender, por trabajo, para entretenerme. Pobre tipo el tal Marx de México, que se mete a juzgar la vida de otros en aspectos que no dañan a nadie. Odia la libertad”. Total que el placer es bueno, el dolor es malo, y la libertad de lo mejor. La fuerza telúrica de Marx Arriaga ha hecho un Karl Kraus de cada uno de nosotros.
Por supuesto, el maestro Marx (primer apellido, Arriaga) nos ha prestado este servicio antes. ¿Recuerdan cuando Arriaga despidió a Daniel Goldin de la Biblioteca Vasconcelos y le pidió que bajara uno de los escritorios al sótano? ¿Recuerdan cuando, ya en la SEP, a su administración se le ocurrió no remunerar a los diseñadores que participaron en el rediseño de los libros gratuitos provocando así la “anticonvocatoria”? ¿Recuerdan cuando le explicó a las mujeres cómo emanciparse de sus opresores? ¿No ven que mañana volverá una de sus palabras a los titulares? ¿No es claro, ya, ante la calidad de persona que estamos? Marx Arriaga sacrifica su posición, buen nombre y gran prestigio para hacer como si fuera el abogado del diablo, colocándose del lado incorrecto de la historia, invariablemente. Pero no lo malinterpreten. Su meta es otra y noble: fomentar la unión, la solidaridad conceptual, sembrar una grandísima fraternidad mental entre nosotros. El prudente, pian pianito, vuelve a recordarnos quiénes somos y en qué creemos.
No en vano la carrera, meteórica, de Arriaga lo encuentra hoy como Director General de Materiales Educativos de la SEP. Increíble. Yo acababa de ver y era Director General de Bibliotecas, cuando ideó el catálogo über-bibliotecario Zapata 1.1. La idea, fabulosa, era que sería el primer catálogo colectivo que permitiría localizar un libro, consultar su temática e identificar, a través de la tecnología de geolocalización, cuál era la biblioteca pública más cercana según la ubicación del usuario. El día de las madres de 2019 Arriaga anunció que ya estaba en línea y que, se suponía, podría consultarse aquí. El Dr. Arriaga (primer nombre Marx) también fue Lector Sinodal de la Tesis de Doctorado de la Ahora Doctora, Por Tanto, Beatriz Gutiérrez Müller. Una tesis sobre Quevedo que, ¿acaso no es evidente?, fue tan emancipadora como sabia. Pero es obvio que el puesto más importante del doctor es ser Maestro Orquestador De Mentes.
Marx Arriaga es uno de los pocos funcionarios de quien da gusto leer en las noticias, devolviéndole, en efecto, el placer a la lectura de los periódicos y las redes sociales, antiguas necrópolis, hoy redivivas. Desde su seso, Arriaga, él solito, le ha vuelto a insuflar vida a la creatividad irónica (ya veo el titular: “Los memes no se hicieron esperar” y las variaciones a la fórmula “Karl Marx > Marx Arriaga”) y a lo que a veces pasa por crítica. Francamente, ¿para qué sigo leyendo el Ulises o contratando Netflix si puedo, sencillamente, sentarme a esperar a que abra de nuevo la boquita?
Guillermo Núñez Jáuregui
Escritor, filósofo y librero en La Murciélaga. Es parte de la mesa de redacción de La Tempestad.
Muy buen artículo
Gracias Guillermo por esta interesante perspectiva y GRACIAS MARK.
Cuando hay necesidad de arrastrarse entre las redes del poder porque nuestras limitaciones no dan para más. Y dispuesto a recibir las migajas el hambre es canija pero más el que la aguanta
Muy bien, nomás te recuerdo que Daniel es Goldin, sin g. Ver https://es.wikipedia.org/wiki/Daniel_Goldin
Saludos
Falsa apología del vano resplandor, emitido en seriedad solemne, por un peculiar espécimen fiel a su roma esencia 4Tera.
El discurso presidencial está por encima de la narrativa del maestro Marx, todos los días, y se suman otros actores de cuarta, lo que crea un especial cóctel…entonces el efecto tiene otros campos no previstos, sin dejar de considerar las noticias falsas y ahora las editadas o las que alguien desee ver. Los resultados, dudo mucho estén calculados por el genio de la lectura. Ya hay varias víctimas de su propio batallón, sin contar los ánimos de una población fifi insolente que no tiene el mínimo gusto por la simple sátira, de quinta. Saludos al celofán.
Muy buen texto.