En muchos rincones del mundo el invierno empieza a declinar, y con él algunos de los retos más descarriados que se puedan imaginar, como subir picos de 6 000 metros en la temporada más hostil del año. El 28 de enero pasado, el alpinista polaco Thomas Mackiewicz falleció al intentar conquistar la cumbre del Nanga Parbat. Es una víctima más que se agrega al cementerio de las montañas. ¿Qué demonios lleva a tantas personas a sobrepasar los límites humanos para alcanzar la gloria en aquellos gélidos infiernos verticales? La siguiente lista busca ofrecer algunas respuestas a la odisea de los alpinistas antiguos y modernos.
Un hito colonial
Epitafio (dir: Yulene Olizaiola y Rubén Imaz, 2016)
Disponible en: Filminlatino
1519. Tres hombres deben subir al Popocatépetl por órdenes de Hernán Cortés. Diego de Ordaz, el capitán, dirige la expedición. Saben que esa montaña les entregará el azufre —y por tanto la pólvora— necesaria para la conquista de Tenochtitlan, y acaso otra ruta de asedio a la ciudad. Su camino será arduo, literalmente lleno de alucinaciones y obstáculos que no suelen ser comunes en la ascensión de montañas: gases tóxicos y sacudidas propias de un volcán activo. No hay ningún sueño de escalador deportista por aquí, pero los conquistadores tenían un ansía de reconocimiento parecida. Epitafio es un fresco histórico nunca antes visto, con diálogos fieles a las crónicas de Bernal Díaz del Castillo y a los diarios del mismo Diego de Ordaz. La película también es una oda a la montaña y sus paisajes de nubes siempre cambiantes. Muy pocas cintas han encontrado una forma de tratar la épica de la Conquista en el cine como ésta: tres personajes reducidos a la máxima escasez y enfrentados a la más dura supervivencia contra una montaña mítica.
Turismo mortal
Everest (dir: Balstasar Kormákur, 2015)
Disponible en: Netflix
Aquí está la versión más dramática y hollywoodense de las miles de películas sobre el techo del mundo, con actores como Josh Brolin y Keira Knightley. Un guía turístico experimentado, Rob Hall, lleva a uno de sus grupos a la cima en 1996. Las condiciones climáticas cambian drásticamente y todo conduce a una catástrofe, uno de los días más mortíferos para el montañismo en ese entonces. Este docudrama sigue la ansiedad de los alpinistas en problemas y de sus seres queridos que aguardan en el calor del hogar. Sobre todo, es la muestra más taquillera del problema en el que se había convertido el Everest en los noventa y que no ha dejado de empeorar: el parque de atracciones más caro y peligroso del mundo, un vertedero de basura insostenible (en su campo base) y un cementerio en el que un total de 200 cuerpos, la mayoría imposibles de repatriar, son ahora sórdidas marcas de referencia. Desde que Mallory, cuyos restos fueron encontrados hasta 1999, intentó la primera ascensión en 1924, el Everest provoca horror, fascinación y ahora mucho dinero, como lo muestra esta película.
El Sísifo italo-alemán
Gasherbrum, la montaña luminosa (dir: Werner Herzog, 1984)
Disponible en: YouTube
Audaz y veloz como nadie, Reinhold Messner ocupó la terna de leyendas del alpinismo muy pronto, al lado de nombres como Mallory o Hillary. Primero en subir al Everest en solitario y sin oxígeno; más veloz en ascender el K2; primero en completar todos los ochomiles del mundo son solo algunos de sus sencillos récords. Pero en su primera cima internacional, el Nanga Parbat, perdió a su hermano —episodio dramatizado en la menos lograda Nanga Parbat (2010). De ahí su vida de aventurero intrépido cobra otro interés.
En una cámara que ya se percibe antigua, Werner Herzog acompañó en 1984 a Messner y a su compañero Hans Kammerlander al Gasherbrum, en Pakistán. Los alpinistas se proponen subir al Gasherbrum I y luego al Gasherbrum II sin volver al campo base. En ningún momento Herzog sube un milímetro con ellos; se limita a entrevistarlos largamente mientras se preparan y a hacerles preguntas punzantes como: ¿para qué lo haces? ¿no tienes un extraño deseo de morirte en el intento? Las respuestas de Messner y su visión del alpinismo como conciencia no de la fuerza sino de la fragilidad y la vulnerabilidad extremas, revelan a un deportista radical que considera su actividad un arte, una creación pura. Para los fanáticos de Messner, existe también una versión más actual y completa de su biografía, con entrevistas indirectas tanto con él como con su círculo familiar y amistoso, el documental Messner (2015). Aunque nada como las entrevistas de Herzog, otro lunático, al pie de la montaña.
Terror en los Andes
Tocando el vacío (dir: Kevin Macdonald, 2003)
En 1985, dos jóvenes ingleses de 21 y 25 años con cierta experiencia en los Alpes deciden enfrentarse a una cara sin escalar del Siula Grande, un pico de 6,344 m en Perú. Narrado a partir de las entrevistas con los dos escaladores, Simon Yates y Joe Simpson, del bestseller de este último y de una fidelísima reconstrucción dramática, el documental plantea no solo la idea (tratada una y otra vez en este género), de la supervivencia en montaña, sino el problema del descenso. La lucha por supuesto implica un sinfín de preocupaciones: falta de oxígeno, avalanchas, riesgo de edema, congelación, vientos fuertísimos, fallas con el equipo, heridas y accidentes. Entre estos últimos, para cualquier alpinista queda claro que un evento menor como torcerse un tobillo, ya no digamos romperse una pierna, es cuestión de vida o muerte. Pues bien, eso le ocurre a Joe Simpson en el momento crítico de la bajada. El descenso se convierte en una verdadera gesta más allá de los límites humanos. Una historia sobre compañerismo, decisiones dificilísimas, ingenio, instinto y una potente lucidez al borde de la muerte. Son muchos los elementos que hicieron de esta experiencia en los Andes un hito del alpinismo mundial, y la película ha sabido retratarlos a la perfección.
La pared imposible
Meru: Odisea en el Himalaya (dir: Jimmy Chin, 2015)
Disponible en: Netflix
Aunque no es de los picos más famosos ni codiciados del Himalaya, el Meru (6 600 m) tiene una de las rutas más complicadas y largas del alpinismo internacional, la llamada ruta de la “Aleta de tiburón”. Los protagonistas de este documental —tres alpinistas de élite— lo saben y aun así lo intentarán una y otra vez. Con cámaras de alta calidad y filmada por uno de los escaladores, esta película es una tremenda inmersión en la pesadilla de subir una pared de más de 1 200 m durante nueve días, dormir colgado de ese muro, esperar “ventanas” de oportunidad (es decir, clima despejado) y resistir tormentas de nieve a 40 bajo cero. Lo más interesante aquí es la psicología de los deportistas, sus miedos, sus aprehensiones y ambiciones y su moderación para aprender a no morir. Además de la calidad visual, la mayor virtud de esta cinta es acercarnos al verdadero día a día del tortuoso proceso de la ascensión y a la obsesión de volverlo a intentar frente a todos los impedimentos imaginables. El arco dramático es de lo más previsible, detalle menor en una cinta donde probamos muy de cerca otra forma extravagante del vértigo, la ambición y la libertad.